Los Invasores anual nº02

Título: La Última Batalla Por Avalón
Autor: Miguel Ángel Naharro
Portada: Javier Díaz
Publicado en: Enero 2007

Los Invasores son convocados a la mítica ciudad de Avalón, para impedir que Morgana LeFay y los Fomor tomen la ciudad, además, por fín sabremos todos los misterios ocultos tras el retorno de Druida. Estrellas Invitadas: El Caballero Negro y Diamante Azul.
 El primer grupo que lucho por la libertad durante la segunda guerra mundial. Un grupo que inspiró a generaciones de héroes. Ahora los héroes han decidido volver a primera Línea.
Stan Lee y Action Tales presentan a

Creado por Roy Thomas, Sal Buscema y Frank Robbins

Prólogo

“Espoleaba a su fiel corcel para impedir que el enemigo no escapase. Las tropas musulmanas intentaban huir velozmente. Su espada trazó un arco de sangre y varios enemigos cayeron sin vida.

La guerra era cruel por ambos bandos, ninguno sería el ganador en esta contienda que tantos años llevaban sus contendientes librando. Un guerrero musulmán saltó de detrás de una roca, con su afilada cimitarra enfilada para decapitarle la cabeza…”

Dane Whitman despertó con un sobresalto y con las sabanas pegadas a su cuerpo.

Se levantó con las imágenes del sueño aún recientes en su mente. Hacía mucho tiempo que no recordaba su época como guerrero en las cruzadas y después como defensor de Avalón. Era realmente extraño recordar esos hechos en estos momentos. Se puso el albornoz y pensó que quizás habría quedado algo del asado de Jarvis en la nevera. Se había desvelado y ya no podría dormir.

- Dane Whitman, el Caballero Negro.- Dijo una voz que venía de todas partes.

- ¿Quién es? ¿Quién esta ahí?

- Avalón necesita de nuevo de la espada del Caballero Negro.

- ¿Avalón?

Una bruma lo rodeó y en un instante, la habitación quedó desierta, sin rastro del Caballero Negro.


Hidrobase, cuartel general de los Invasores.

En la página en blanco que tenía, empezó a esbozarse un dibujo. Steve Rogers movía al lápiz con destreza y habilidad propia del que sabe crear de la nada. La vista que se podía contemplar desde la playa de la Hidrobase era excepcional e intentaba plasmarla en el papel. Últimamente no había tenido tiempo para dedicarle a su trabajo, a una de las cosas que más le agradaban. Dibujar le relajaba, le hacía olvidar la otra faceta de su vida y pensar que era una persona totalmente normal. Pero en el fondo sabía que no lo era, era el Capitán América y tenía responsabilidades que le reclamaban constantemente. Al menos, cuando dibujaba nada más tenía importancia, sólo él y sus dibujos.

- Bonito dibujo, Steve.- Dijo la voz que reconoció como la perteneciente a Joey Champman, su compañero Union Jack.- Si quisieses, serias toda una estrella del mundo del comic, tienes un talento inherente.

Joey se sentó a su lado, de pie, limpiándose los cristales de sus gafas, se encontraba el profesor Henry Hunter, al que el mundo conocía como Albión.

- Cuesta creer que es una isla artificial, es un lugar paradisíaco.- Comentó el profesor Hunter admirando el paisaje.

- Y eso que no hay nativas desnudas.- Bromeó Joey.

Steve apartó su blog de dibujo y miró fijamente a Hunter.

- Lo hiciste muy bien en el Cairo, Henry. Tu ayuda fue muy valiosa para derrotar al Monolito Viviente. (1)

- Fue un placer poder ser útil, para variar, Capitán. Me recordó a mis viejos tiempos con los Caballeros de Pendragón ¿verdad, Joey?

- Me entra la nostalgia, profe. Y pensar que en aquella época tenía superpoderes. Lo que daría por poder disponer de ellos ahora. (2)- Dijo Joey.

- Tienes que confiar más en tus habilidades, amigo mío.- Observó Steve dándole una palmada en el hombro a Joey.- Quería proponerte algo, Henry.


- Te escucho, Capitán.

- Como te decía, tus habilidades y tu experiencia resultó muy útil para el grupo. Sé que no quieres ser miembro del grupo a tiempo completo, pero ¿Qué te parecería unirte a la nomina de reservistas?

- ¿Ser un invasor? Me halagas, capitán, pero no sé que puede aportar una antigualla como yo a este equipo.

- Los veteranos aún tenemos mucho que decir, profesor.- Dijo Steve con una sonrisa.- ¿Y bien? ¿Aceptas?

- Yo… Será todo un honor, Capitán.- Dijo Hunter visiblemente emocionado.

- Profe, va a ser genial tenerte por aquí.- Comentó Joey a su viejo amigo.

- ¿Y quien más hay de reservista?- Preguntó con curiosidad Hunter.- No me gustaría ser el único al que tuvieseis que recurrir si hubiese un problema.

- El Halcón y Phestos son los otros reservistas, profe.- Dijo Joey.- Espero no que…

El zumbido del comunicador que llevaba el Capitán América en su muñeca zumbó e les interrumpió la conversación.

- Capitán, es mejor que vengas, tienes una visita.- Dijo el doctor Walter Newell, el oceanográfico que vivía también en la isla artificial.

Al entrar en la sala de reuniones, que actualmente se encontraba en obras tras el ataque el Escarabajo Escarlata (3), se encontraron con un hombre que estaba al lado de Aarkus, era fornido y musculoso, de unos cincuenta años muy bien llevados. Tenía el cabello castaño, sus sienes estaban teñidas de blanco. Fumaba tranquilamente en una pipa, con aire ausente, como si su mente estuviese muy lejos de allí.

- Yo te conozco, eres Elton Morrow, Diamante Azul (4).- Dijo el Capitán América con expresión de sorpresa.

- ¿Diamante Azul?- Preguntó Joey con cara de extrañeza.- ¿Tu sabes quien es Aarkus?

El ykraiano permaneció impasible ante el comentario de su compañero.

- Así me llamaron en la segunda guerra mundial, amigo. Reconocería esa voz donde fuese, Capitán América ¿verdad?- Dijo Morrow sonriendo.

- El mismo. Me alegro mucho de volver a ver a un compañero de la gran guerra. ¿Qué te trae por aquí?

- Bueno, pensé que seria buena idea volver a ver a Jack Frost, ambos fuimos compañeros de la Legión de la Libertad(5) y no lo veo desde hace más de cincuenta años, también quería visitaros a ti, a la Antorcha y a Spitfire y quizás recordar viejos tiempos.- Comentó Morrow.

- Lo lamento, pero Spitfire esta convaleciente tras una reciente batalla y ni Frost ni Jim se encuentran en la Hidrobase en estos momentos. Pero será un placer poder charlar un rato contigo.- Dijo el

Capitán América esbozando una sonrisa.

- Buff, seguro que ahora se ponen a contar batallitas de la segunda guerra mundial.- Dijo Joey mirando al profesor Hunter.

Anthony Ludgate permanecía levitando a varios metros del suelo, con los ojos cerrados y en un completo silencio. Los árboles que le rodeaban eran mecidos por el viento, y los pájaros habían dejado repentinamente de cantar, el bosque se hallaba completamente en silencio. Alrededor de su cuerpo flotaban varias runas druídicas de diferentes tamaños y formas, que no dejaban de girar velozmente.

Druida abrió los ojos y sintió una presencia. Una energía mística y elemental poderosa, que de algún modo que no podía entender le era familiar.

El Capitán América y Elton Morrow, caminaban por una de las playas de la Hidrobase. Morrow se había parado y estaba poniendo tabaco en su pipa.

- No sabía que fumases.

- Oh, no te preocupes, soy invulnerable, no me afecta a los pulmones. Es un viejo hábito que tenía cuando daba clases en la universidad y que he retomado desde que regrese.

- ¿Dónde has estado todo este tiempo? Ben Grim me dijo que estabas viajando por el espacio.

- Así era, Capitán. Me había retirado y me estaba concentrado en mi carrera de antropología. Era ya un anciano, que recordaba con añoranza sus años de gloria e intentaba vivir con dignidad sus últimos años. Entonces apareció ella. Venía de más allá de las estrellas y se llamaba Shanga, la danzarina estelar.

Me eligió como su consorte y me llevó con ella a viajar por el cosmos (6). No puedes ni siquiera imaginar las maravillas inimaginables para el hombre que he contemplado, la belleza, los sueños hechos realidad que se formaron, vimos estrellas nacer y estrellas morir, planetas alienígenas sin igual, con hermosos parajes, tan extraños como bellos. Recorrimos la galaxia, enamorados, inseparables. Mi anterior vida se tornó un sueño lejano, hasta que nos encontró y nos secuestro la criatura conocida como el Extraño. El Extraño nos llevó a su planeta y nos mantuvo cautivos, como a miles de seres para estudiarlos, como si fuésemos meras ratas de laboratorio. Hubo una fuga cuando el vengador llamado Quasar llegó al planeta del Extraño y fuimos liberados finalmente (7).

Volvimos a estar libres para vagar entre las estrellas, pero sentí anhelo por regresar a casa, por volver a la Tierra.

Shanga accedió a mi deseo y regresamos juntos a este mundo. Como todos los enamorados, tarde o temprano, tuvimos una pelea, ella quería regresar a su hogar entre las estrellas y yo quería permanecer un poco más aquí. Shanga se marchó enfadada, dejándome atrás…

- Estoy impresionado, menuda historia ¿Y se fue sin más?

- Al principió pensé que era algo momentáneo y que regresaría para buscarme. Pero nunca lo hizo. Cuando revertí a mi forma normal supe que nunca lo haría.

- ¿Forma normal?

- Si, para que pudiese viajar por el espacio con ella, alteró mi estructura y mi aspecto, haciéndome que mi piel se tornase en diamante. Tras recuperar mi aspecto habitual sentí que jamás volvería. Es curioso, tengo más de setenta años y mi cuerpo parece estar en la cincuentena y estoy en plena forma, mejor que nunca, supongo que es un último regalo de Shanga.- Dijo Morrow con melancolía.

- Se te ve triste, Elton.- Dijo el Capitán.

- Desde que ella se marchó, he estado perdido, sin rumbo, sintiendo un vacío en mi corazón, ahora desearía no haberle pedido nunca que viniésemos a la Tierra. No puedo retomar mi carrera como profesor de antropología, ni mi antigua vida, soy una persona fuera de su época, sin rumbo. Así que se puede decir que me encuentro en una auténtica encrucijada.

- Sé lo que se siente estar desplazado, quizás podamos hacer algo para ayuda…

Se calló al observar la expresión del rostro de Morrow, que era de completa incredulidad. Enseguida averiguó el origen de la misma. La Hidrobase se hallaba totalmente envuelta en un manto de niebla. Era una niebla tan espesa que no se podía ver fuera de los limites de la orilla. No podía ser un fenómeno natural.

- Regresemos con los demás, esto no me gusta.

Tras entrar al edificio que usaban como viviendas e instalaciones, observaron que Joey se había puesto su uniforme de Union Jack y el profesor Hunter había cambiado a su forma de Albión. El Capitán América se desprendió de sus ropas, mostrando debajo el familiar traje azul, blanco y rojo y se acomodó su legendario escudo.

- Aarkus, dime que la niebla es cosa tuya. A aparecido de repente, esta claro que no es normal.

- En absoluto, Capitán, estoy tan sorprendido como vosotros.- Observó el héroe esmeralda sin cambiar la expresión de su rostro.

- La niebla es de origen místico.- Dijo una voz que hizo que se volviesen para observar al siempre enigmático y misterioso Druida.- No sé definirlo, pero me es familiar de algún modo que no puedo explicar.

- Quizás yo pueda ayudaros, valientes caballeros.- Dijo una voz que sólo uno de ellos reconoció de inmediato.

- ¡Morded! (8)- Exclamó el Capitán América.


Delante de ellos se encontraba un hombre de larga melena, cuyos cabellos eran completamente blancos, al igual que sus ojos, que no tenían pupilas visibles. Vestía una larga capa de color verde, acabada en una capucha que llevaba puesta. Sus ropajes eran antiguos, como si perteneciese a otra época.

- No tenéis que temer nada de mí. Ya no soy la persona con la que te enfrentaste, noble Capitán (9). En aquella época me encontraba bajo la influencia maligna de Cthon y el

Darkhold.

- Creo que dice la verdad, Capitán, no siento mentira en sus palabras ni el mal en su corazón.- Dijo Druida observando atentamente al místico.

- ¿Puede realmente hacer eso?- Comentó Union Jack con sarcasmo.

- ¿Qué es lo que quieres, Modred? ¿Por qué has venido aquí?- Preguntó el Capitán América, sin fiarse demasiado del que fuese su enemigo en más de una ocasión.

- He venido por él. – Dijo señalando a Druida.- Largo tiempo hemos esperado tu regreso, Anthony Ludgate, heredero directo de Amergin, señor de los druidas.

Union Jack, Albión y Elton Morrow se miraron entre ellos como si no supiesen nada de lo que estaban hablando.

- ¿Amergim? Me suena ese nombre.- Dijo el Capitán.

- Regresar ¿A dónde?- Preguntó Druida con anhelo y curiosidad.

- A tu hogar, Anthony, a la ciudad mística de Avalón.- Dijo Modred el místico.

- ¿Avalón? los Vengadores y yo estuvimos allí, siglos atrás. Salvamos a la ciudad. (10)


- Vuelve a estar en peligro, mi buen Capitán, y necesita de nuevos campeones que impidan su caída, pues de producirse, la oscuridad inundaría de nuevo este mundo.

- ¿Qué es lo que sabes de mí? ¿Conoces el secreto de mi retorno al mundo de los vivos? ¡Habla! ¡Me es negado desde que volví a tener consciencia!- Exclamó visiblemente alterado Druida.

- Todos los misterios serán revelados en su debido momento, Anthony.- Dijo simplemente Modred el místico.

Druida miró a sus compañeros.

- Tengo que acompañarle. La verdad tiene que serme revelada al fin.

- No estarás solo, amigo mío, te acompañaremos.- Dijo con firmeza el Capitán América.

- Yo también voy con vosotros.- Dijo Elton Morrow abriéndose la camisa y desvelando debajo un uniforme azul y dorado.

- ¿Estas seguro, Elton?

- Puede ser divertido volver a jugar a ser superhéroe. Y llámame Diamante Azul, Capitán.

El profesor Hunter se envolvió con el fuego verde del Pendragón y se convirtió en Albión.

- Estoy listo.

- Sea, los campeones de Avalón están prestos para la batalla que decidirá el destino del mundo.- Dijo Modred.

Y tras decir esto, hizo un gesto y la niebla mística los envolvió por completo hasta que desaparecieron sin dejar rastro.



El líquido hervía y humeaba mientras con un largo palo se removía en el inmenso caldero de hierro, lleno de ornamentos y símbolos. Paso uno de los dedos por superficie y después se lo relamió. El líquido vital, la sangre de varias víctimas era lo que alimentaba el Caldero de Sangre. Las imágenes comenzaban a fluir, a aparecer en la sangre que contenía el caldero místico. Las imágenes oscilaban, podía ver a sus enemigos reuniéndose, intentando eludir su inevitable destino. Su mano movió la sangre y las imágenes desaparecieron.

Varios cuervos negros entraron y se posaron cerca de ella. Eran negros como la noche y sus ojos brillaban con malevolencia.

- Si pequeños míos, lo sé, ya han llegado a Avalón. Insensatos, no les servirá de nada, la ciudad arderá hasta sus cimientos y al finalizar ¡Morgana LeFay será quien obtenga la victoria!

La hechicera posó su mirada en una pequeña rata de pelaje blanco que intentaba huir asustada. La agarró y la sujeto enfrente de su cara.

- Ah, Jerome, serás testigo de nuestra victoria. (11)

Sabía que este momento, este instante llegaría. Cuando los Vengadores frustraron sus planes de crear un mundo a su imagen y semejanza, estuvo a punto de ser destruida, si no llega a ser por un hechizo de salvaguarda que le protegió del ataque de la Bruja Escarlata, ahora no existiría. Esa humillación, ser derrotada por una simple aprendiz de magia, le llenó de ira. En un primer momento pensó en acabar con los llamados Héroes más poderosos de la Tierra (12), a modo de venganza, pero reflexionó y ideo un plan para poder llegar a acabar con todos sus enemigos y que su voluntad fuese suprema. La ciudad mística de Avalón era la clave, si conseguía hacerse con sus secretos, con el poder del fuego del Pendragón que ardía en sus entrañas, nada podría detenerla. Atacó, pensando que podría atravesar sus murallas y derrotar fácilmente a sus habitantes, su error le costo caro, consiguieron rechazarla.

Los defensores de la ciudad eran gente con recursos, y cuando regresó al mundo de los mortales el hombre llamado Druida, heredero directo de Amergím, el gran druida y protector de Avalón, sospechó que estaban tramando algo que podría poner en peligro sus actuales planes. Por ello, envió a sus espías, para que vigilasen sus movimientos, para averiguar si realmente el descendiente de Amergim era una verdadera amenaza (13). Era hora del asalto final, ya no habría marcha atrás.

Una caverna ancestral y legendaria, situada en lo más recóndito del denominado reino oscuro, hogar de las criaturas llamadas los Fomor.


Los seis fomores más importantes se hallaban reunidos ante un pozo excavado en la profunda roca. Todos ellos miraban con más temor que respecto a una figura de piel dorada, con barba y cabello blanco como la nieve, se trataba de Elathan, el rey de los Fomor. A su lado se encontraba Bres el hermoso, que era hijo de humana y del mismo Elathan. La corpulenta, viscosa y amorfa forma de Indech no dejaba de moverse. Tethra era un fornido guerrero cubierto de poderosas escamas azuladas, Dulb era el armero de los Fomor, a la vista de cualquier mortal, se asemejaría a un fauno de las leyendas, sólo que retorcido y malvado. Apartada del resto se encontraba Cethlann, con rasgos burdos y animales, despreciada por el resto y temida, ya que era la esposa de Balor mal de ojo, el más terrible de los Fomor, pero dominado por una rabia incontrolable que le hacía atacar por igual a amigos o enemigos.

- Aliarnos con esa hechicera no trae buenos presagios, Elathan.- Dijo malhumorada Cethlann.- Te recuerdo que es medio humana.

- Recuerda tu sitio, mujer. Si hemos de aliarnos con humanos para derribar los muros de Avalón, lo haremos. Durante muchos siglos hemos esperado para pisotear las ruinas humeantes de esa maldita ciudad ¡Nadie nos arrebatara esa victoria!

- Como ansió llegar al mundo de los mortales y transformarlo a nuestra voluntad.- Dijo Bres el hermoso.- Si ese mil veces maldito Modred el místico no hubiese cegado mi visión premonitoria estoy seguro de que vería acabamos con cada uno de esos desagraciados humanos que habitan tras esa ciudad.

- Una y otra vez rechazan vuestros ataques, que se estrellan en esos muros, como las olas en los acantilados. Pasaría otra eternidad, y no conseguiríais conquistar Avalón, no sin mi ayuda.

Los Fomor se volvieron hacía la entrada a la caverna, donde se encontraba una mujer cuyos rasgos reconocían muy bien.

- ¿Hay divisiones en tus filas, Elathan?- Comentó Morgana con una sonrisa retorcida.

- Mi palabra es ley. Nadie osará desafiarla, Morgana. Los humanos son nuestro único enemigo ahora.

- Es la hora, hoy empieza la caída de Avalón.- Afirmó con rotundidad la hechicera.



Tras materializarse, lo primero que vieron los Invasores fue que se encontraban en los límites de una gran ciudad, una ciudad tan antigua como el tiempo, cuyas torres se alzaban hacía el cielo. Sus murallas eran altas y sólidas, construidas para que ningún enemigo pudiese atravesarlas. La ciudad transmitía una paz y serenidad que incluso hizo mella en el normalmente lacónico Aarkus.

- Contemplad la ciudad de Avalón, último baluarte de una época olvidada y cuna de héroes, magos y filósofos.- Dijo en voz alta Modred.

- Esta ciudad es majestuosa. Me recuerda a Haldorian, la capital de mi mundo de bruma.- Dijo el ykraniano con algo de nostalgia.

- Bienvenido, Anthony Ludgate. Eres bien recibido en tu casa.- Dijo una gentil voz femenina.

Druida no pudo menos que admirar la belleza de la muchacha. Tenía la piel clara, algo pecosa, su pelo era de color castaño, vestida con túnica corta, sus brazos y piernas eran esbeltos, llevaba muñequeras de cuero negro y de un estrecho cinturón con tachonaduras de hierro colgaba una espada corta de hierro, embutida en una vaina gris.

- Soy Guiwenneth, alta sacerdotisa de Avalón. Bienvenidos, nobles caballeros.

- Encantado, hermosa dama.- Dijo Druida cogiéndole la mano y besándosela. La mujer se ruborizó levemente.

- ¡Amigos míos! ¡Como me alegro de veros!

El Capitán América fue el primero en ver a alguien muy familiar acercarse a ellos. Era el Caballero

Negro, que iba acompañado de otra persona. Alto, fuerte, con tatuajes en los brazos y en el pecho, cabeza afeitada y un abundante mostacho, ojos grises, parche en el ojo izquierdo. Lleva una capa de pieles, y lleva una imponente arma una maza de Hierro

- ¡Dane! ¿Cómo has llegado aquí?

- Avalón me llamó, Capi. Durante años estuve protegiendo esta ciudad con mi vida y la llamada de

Avalón es poderosa. Mi espada siempre estará al servicio de la gente de este lugar, en esta vida y en cualquier otra.- Dijo el Caballero Negro a su viejo compañero.

- Me llamo Magidion, no sabéis cuanto esperábamos vuestra llegada.- Dijo el hombre que acompañaba al Caballero Negro.

- ¿Estas más informado que nosotros? Ya sabia yo que los Vengadores tienen más enchufe.- Dijo Union Jack.

- La última vez que pise este lugar no quedaba nadie con vida, no sé más que vosotros.- Dijo el Caballero Negro.

Albión se acercó a Union Jack y le dijo algo a su amigo.

- Mira a Druida, Joey.

Todo el cuerpo del Druida brillaba con un potente fulgor verde, un color vivo e intenso que rodeaba como un aura al místico.

- Nadie más parece darse cuenta. Es el Pendragón ¿verdad?

- Nuestro contacto con el fuego del Pendragón da capacidad a nuestros ojos para verlo, el resto no puede percatarse.- Observó Albión intrigado.

- Nunca había visto a nadie envuelto de esa manera por el Pendragón.- Apuntó Union Jack.

Diamante Azul no se encontraba del todo fuera de lugar. En sus viajes había visto ciudades que empequeñecían la belleza de Avalón.

- Milady, necesitamos saber que es lo que ocurre aquí, y todo mi ser ansía conocer las respuestas a todas mis preguntas.- Dijo cortésmente Druida.

- Acompañadme todos a la Torre de Amergim y os explicaré la situación.

Dane Whitman no pudo evitar estremecerse al escuchar el nombre de su antiguo mentor y amigo, durante la época que su espíritu ocupo el cuerpo de su antepasado y donde fue unos de los campeones de Avalón.

Siguieron a la sacerdotisa por una larga y amplia escalinata, hasta llegar a la cima de la torre. Allí se hallaba la sala del consejo, donde se discutían los problemas que afectaban a la ciudad. Guiwenneth se puso frente a sus invitados y comenzó a hablar.

- Avalón es una isla mística, que no se asienta sobre el agua, si no entre dimensiones, una encrucijada entre diferentes planos. Amergin, el gran druida, condujo a un numeroso grupo de gente en un viaje

entre mundos, atravesando el velo, llego a las brumas de Avalón. Se convirtió en un refugio para sabios, para sanadores, para filósofos y bardos, un templo para el conocimiento y para el saber, Cuando Amergin los trajo aquí, no sospechaba que a un lado de Avalón se encontraba la Tierra y al otro el llamado Reino Oscuro, habitados por los crueles y monstruosos Fomor. Los Fomor estaban exiliados en su dimensión de eterna noche, tras una guerra contra los dioses.

Cuando el poder de Amergin declinó, Avalón estuvo a punto de caer ante el ataque de los Fomor, sólo la ayuda de los Vengadores y el sacrificio de Amergin evitó que cayese la ciudad y que los Fomor llegasen a la Tierra.

Druida recordaba perfectamente todo eso. No en vano fue él quien con un hechizo envió a los Vengadores a Avalón, mientras él permanecía en la Tierra manteniendo el hechizo.

En estos momentos, le parecían tan lejanos aquellos tiempos, casi irreales.

- Gracias al último hechizo de Amergin estoy aquí ante vosotros.- Dijo el Caballero Negro.- Lo que no comprendo es quienes sois vosotros. En aquella última ofensiva, murieron todos los habitantes, excepto Amergin y yo mismo. Cuando yo regresé a mi mundo y mi tiempo, y Amergin murió.

Avalón quedo desierta, sin vida.

- No es del todo exacto. Amergin ocultó a un buen número de habitantes de la ciudad, para evitar que su legado desapareciese. Lanzó un hechizo que los envió a un plano diferente. Cuando la amenaza de los Fomor desapareció, el hechizo terminó y regresaron. Reconstruyeron la parte de la ciudad que fue arrasada y empezaron de nuevo.- Dijo Guiwenneth.

- ¿Y cual es la amenaza que se cierne sobre vosotros?- Preguntó el Capitán América.- Los Fomor fueron derrotados ¿o no?

- Fueron derrotados, pero sobrevivieron. Se retiraron al Reino Oscuro a recuperarse, lanzando maldiciones sobre nosotros. Hemos tenido una gran época de paz y tranquilidad. Hasta que apareció Morgana LeFay.- Dijo Modred el místico.

- Morgana.- Repitió el Caballero Negro.- Otra vez se cruza en nuestro camino.

- ¿Estáis hablando de la Morgana de las leyendas? ¿La medio-hermana del Rey Arturo?- Preguntó Diamante Azul sorprendido.

- Es la misma Morgana, y es muy real, créeme.- Dijo el Capitán América.- Lleva intentando conquistar el mundo desde hace catorce siglos. Los Vengadores se han enfrentado a ella en diversas ocasiones.

- Nos atacó por sorpresa, su ataque fue brutal, perdimos a varios amigos nuestros. Sin embargo, por alguna razón que no es ajena, Morgana no se encontraba en el cenit de su poder, era como si estuviese debilitada y pudimos rechazarla.- Comentó Guiwenneth.

- Es posible que fuese por que la Bruja Escarlata y los Vengadores la derrotamos cuando consiguió alterar la realidad según sus pensamientos usando la espada del Crepúsculo asgardiana. – Dijo el Caballero Negro.

- Sigo sin comprender mi papel en todo esto, lady Guiwenneth. Yo estaba muerto, había fallecido victima de mis propios pecados, consumido por el ansía de poder. Y un día, sin más, estaba de nuevo en la tierra de los vivos, con muchas preguntas y sin ninguna respuesta. – Dijo Druida con aire de impaciencia.

- Es hora de que sepas toda la verdad, Anthony Ludgate. – Dijo la sacerdotisa de Avalón.- Tras conseguir hacer que Morgana se marchase, sospechamos que intentaría una alianza con los Fomor. Por separado son enemigos temibles, pero juntos... Significarían nuestra destrucción. Estudiamos los antiguos pergaminos y las enseñanzas, buscando un método para derrotar a nuestros enemigos, de una vez por todas. La conclusión a la que llegamos es que la única manera era usando el Ojo del Mal.

- ¿El Ojo del Mal? ¿Y eso que es?- Preguntó Union Jack.

- Es una antigua reliquia, un objeto de poder.- Dijo el Caballero Negro.- La última vez fue con el Ojo del Mal como conseguimos derrotar a los Fomor.

- Sigo sin comprender ¿Qué tiene que ver eso conmigo?- Inquirió Druida.

- El Ojo del Mal tiene suficiente poder para defender por si solo a Avalón.- Dijo Modred. Por desgracia, es un arma única e inestable. Cualquier persona no puede manejarlo o le destruiría y a todos nosotros con él. Sólo Amergin podía utilizarlo sin peligro, o en su defecto, alguien de su linaje…

El rostro de Druida palideció. El Caballero Negro puso cara de sorpresa. El Capitán América pareció comprenderlo todo.

- Yo soy del linaje de Amergin. Su único descendiente directo, su sangre corre por mis venas. – Dijo Druida en voz baja, casi en un susurro.

- En efecto. Desciendes de un linaje de grandes druidas. Amergin dejó un hijo antes de marcharse de la Tierra y venir a Avalón, tu desciendes de aquel hijo.- Dijo Guiwenneth.- Tuya era la sabiduría de los antiguos druidas y el poder, podrías haber sido el más grande de todos ellos, pero fracasaste, una y otra vez.

Dane recordaba perfectamente como Druida estuvo apunto de acabar él solo con todos los Vengadores, siendo influenciado por Nebula. Sin duda seria una carga difícil de soportar para el místico.

- Finalmente moriste. Sumido en el olvido, nadie pareció acordarse de Anthony Ludgate. Caíste en el pozo de almas, en la más profunda sima de los infiernos, para sufrir una eternidad de tormentos bajo los cuidados de Mephisto.- Prosiguió Guiwenneth. De entre las innumerables almas atormentadas, hicimos que tu alma escapase del averno y la depositamos en la Tierra. Renaciste, como un ave fénix, limpiado de todos tus anteriores pecados, empezando de nuevo, capaz de alcanzar por fin todo tu potencial, de ser quien deberías haber sido y no llegaste a ser.

- Me trajisteis de vuelta ¿para qué? ¿Por qué no me dejasteis descansar en paz?

- No lo comprendes, Anthony. Te necesitábamos, Avalón te necesitaba. Y tú merecías una oportunidad para la redención. Por fin podrás ser el más grande de todos los druidas que jamás haya existido. Pero tu adaptación a tus nuevos poderes llevaba un tiempo de adaptación, por eso no te llamamos hasta ahora, cuando estas preparado para asumir tu destino.

- Ahora entiendo el por qué de mis nuevas habilidades, del aumento de mis poderes. Lo entiendo todo.- Dijo Druida con la mirada perdida.- Tenéis razón, desperdicie mi vida anterior y no desaprovechare esta, seré un digno heredero del señor de Avalón.

- Bueno, entonces Druida utiliza el Ojo del Mal para barrer a Morgana y a los Fomor y todo solucionado ¿no?- Dijo Union Jack.

- No es tan sencillo, caballero.- Dijo Modred.- Dominar el Ojo del Mal no es una tarea sencilla. Antes de poder utilizarlo, deberá de pasar una última prueba.

- Tendrá que ser pronto, lady Guiwenneth. El enemigo ya esta aquí.- Anunció Magidion entrando a la sala del consejo.

- Entonces, será mejor que nos demos prisa.- Dijo Druida.

- ¿Estas seguro, Anthony? Si no estas dispuesto, encontraremos otra manera de proteger Avalón.- Dijo el Capitán América poniéndose cara a cara con Druida.

- No hay otra forma, mi buen Capitán. Esta gente confía en mí y no los defraudare. – Dijo Druida con la mirada fija en Guiwenneth, que daba órdenes a sus hombres.

Aarkus, que había permanecido escuchando atentamente lo dicho por los señores de Avalón, se acercó a Magidion.

- Puedo ayudaros, en mi mundo participe en incontables batallas. Sé mucho de estrategias de combate.- Comentó Aarkus.

- Tu ayuda es muy bien recibida, noble caballero.

- Es hora de ponernos en marcha. Tenéis mi palabra de que defenderemos esta ciudad con todas nuestras fuerzas.- Dijo el Capitán América.

- No esperábamos menos de vosotros. No habrá mejores campeones para Avalón.- Dijo Guiwenneth.- Anthony, debes acompañarme.

El místico asintió en silencio.

Druida y la sacerdotisa de Avalón se marcharon por una de las puertas de la sala.

El Caballero Negro se acercó a Modred.

- ¿Me puedes hacer un pequeño favor?- Le preguntó Dane al místico.


Los Fomor avanzaban hacía la ciudad de Avalón. Escuadras de guerreros Fomor caminaban con paso firme. Los seis señores fomores se impacientaban y discutían entre ellos.

- ¿Y bien, bruja? La paciencia no es una virtud de los Fomor.- Dijo Elathan a Morgana.

- Os dije que Avalón caería, ¡y Avalón caerá!- Gritó la hechicera para inmediatamente después comenzar a susurrar palabras arcanas, los ojos se le pusieron en blanco y su cuerpo comenzó a agitarse violentamente y ha alzar los brazos. De su garganta surgió un alarido espantoso y algo más. Una luz verde, un geiser de energía y después miles y miles de formas que comenzaron a volar en todas las direcciones. Eran espectros, criaturas más allá de la vida y de la muerte, asemejaban guerreros con armaduras y yelmos gastados y sucios, con la carne putrefacta y ensangrentada y ojos muertos y vacíos. Los espectros soltaron una risita maliciosa y se dirigieron volando hacía la ciudad, dejando una estela fantasmagórica tras de si.

- Impresionante, Morgana, quizás no me equivocaba al aliarme contigo, mujer.- Dijo Elathan al tiempo que con un gesto hizo avanzar a sus guerreros.

- Aún no he terminado.- Dijo Morgana.


El suelo bajo sus pies comenzó a temblar, la tierra se resquebrajo y de su interior surgió una colosal y titánica figura. Media más de quince metros de altura, su cuerpo tenía unos brazos largos y fuertes y unas piernas cortas, acabadas en pezuñas. Tenía dos grandes cuernos que salían de su cráneo y un solo ojo que permanecía cerrado.

- B-balor.- Dijo con voz temblorosa Elathan.

- ¿Cómo te has atrevido? ¿Cómo osas llamar al esposo de Cethlann?- Exclamó la esposa del gigantesco cíclope.

-Tenéis a un poder formidable para respaldaros y no lo aprovecháis por temores irracionales. Balor participara en el ataque y su poder será un valioso aliado para la batalla.- Dijo Morgana.

- Balor destruirá la ciudad mágica, piel dorada. La hechicera me ha prometido que podré devorar a sus habitantes, sorber sus huesos ¡Y Balor quiere acabar con los humanos!- Gritó el gigante.

Elathan estaba rabioso. La participación de Balor no entraba en sus planes, sospechaba de la hechicera y esto no traería nada bueno para ellos. Aplastarían a los humanos y a su ciudad y después se ocuparía del cíclope y de la hechicera. Si ese mujer pensaba que Elathan, rey de los Fomor, se dejaría utilizar como un mero peón, estaba muy equivocada.

- Tu ayuda es bien recibida, Oh, gran Balor. Atravesaremos sus muros y sus habitantes serán tu alimento.

El cíclope soltó una carcajada, satisfecho por las palabras de Elathan.


Dane Whitman se arrodilló y cerró los ojos. Permanecía en silencio respetuoso ante la tumba donde reposaban los restos de Amegrin. El anciano druida fue su amigo en todos los años que estuvo atrapado en el cuerpo de su antepasado. Hacía mucho tiempo que no pensaba en él, en su perdida, pero volver a caminar por las calles de Avalón le había traído muchos recuerdos, tanto recuerdos agradables, como muchos otros desagradables. Le debía presentarle respectos a su viejo amigo.

- Descansa, amigo, allá donde estés, espero que veles por nosotros.- Dijo el Caballero Negro incorporándose.

- Tenemos que reunirnos con el Capitán América.- Dijo Modred que había permanecido en silencio todo este tiempo.

- ¡Esto es fantástico! -Exclamó Union Jack

Cuando Magidion les había dicho que les llevaría para prepararles sus monturas, pensaron que se tratarían de simples caballos. Cual fue su sorpresa cuando vieron que se trataban de caballos alados.

- Yo no necesito montura.- Dijo Aarkus elevándose hasta el cielo.

- Yo tampoco, ¿quieres que te lleve, Joey?- Dijo Albión.

- ¿Estas de broma? No me perdería esto por nada del mundo.- Dijo Union Jack subiéndose al caballo alado.

- Me recuerdan a Aragorn, mi antigua montura.- Dijo el Caballero Negro que acababa de llegar junto con Modred el místico.

Diamante Azul subió a su montura de su salto, y con gran habilidad hizo empezar a volar a su caballo.

- Lo haces muy bien, Diamante.- Dijo el Capitán América.

- Comparado con las bestias aladas de Ank-Mark-khoor del planeta S’hil, cabalgar estas monturas es un juego de niños.- Comentó Diamante Azul divertido.

- Magidion ¿nos acompañaras?- Dijo el héroe abanderado al fornido guerrero.

- También es mi hogar, daría mi vida por proteger este lugar.- Dijo Magidion sujetando con fuerza su maza de combate.

El Caballero Negro desenvainó su espada de ébano y la alzó al cielo.

- ¡Por Avalón! ¡Por la Tierra! ¡Por Amergin!- Gritó dirigiendo su caballo alado hacía las afueras de la ciudad.

Los Invasores y un grupo de guerreros de Avalón se quedaron formando una línea de defensa por encima de las murallas de la milenaria ciudad.

- Allí están.- Dijo el Capitán América

Cientos de figuras caminaban hacía su posición, jaleaban y gritaban. Por detrás de ellos sobresalía la gigantesca figura de un cíclope de piel rosada.

- Balor.- Dijo el Caballero Negro que se había puesto al lado del Capitán América.- Pensaba que estaba muerto.

- Esto se pone cada vez más interesante.- Dijo el héroe de las barras y estrellas.- Por si no tuviésemos bastante, traen al Fomor más poderoso.

- ¡Mirad!- Gritó Albión que volaba cerca de sus compañeros.

Unas estelas de energía de color verde esmeralda se acercaban a gran velocidad. Soltando una risita malévola y chirriante.

Una de las estelas pasó rápidamente al lado de Union Jack y su montura, golpeándole con dureza. El espectro miró fijamente a Union Jack con sus ojos muertos y este sintió un escalofrío, antes de que pudiese hacer nada, volvió a golpearlo, derribándolo y haciendo que se cayese de su montura alada.

- ¡Joey!- Gritó el Capitán América.

Antes de que ningún otro acudiese al rescate de su compañero, Aarkus desaparecido envuelto en una nube de humo y apareciendo por debajo del héroe inglés. El ykraiano recogió a Union Jack antes de que se estrellase en el suelo.

- En momentos como estos desearía poder volar.- Dijo Union Jack.

Aarkus lo dejó en el suelo y algo atrajo su atención. Los espectros entraban en la ciudad, sembrando el caos y el desconcierto. Uno de los espectros cambio de rumbo y se lanzó a por el Caballero Negro. Dane no se inquieto cuando la visión proveniente del averno se acercaba, riendo con su risa macabra e infernal. La espada de ébano trazo un arco, atravesando al espectro translucido y inmaterial, que desapareció en un rasgón de su cuerpo inmaterial.

- Sea lo que sean estos engendros, son vulnerables a mi espada.

De repente sonó un trueno y del cielo comenzó a caer una lluvia de proyectiles pétreos que impactaron contra el Caballero Negro, el Capitán América, Diamante Azul y Albión.

- ¿Habéis olvidado que Elathan es el señor de las tormentas, mortales?- Gritó el rey de los Fomor.


- Nos volvemos a ver las caras.- Dio el Capitán América saltando desde su montura, girando en el aire, hasta caer dando una patada en pleno rostro del Fomor.

- ¡Pagaras cara tu osadía!- Dijo Elathan lanzando un golpe contra el Capitán, que a duras penas pudo poner delante su escudo, con el que impacto el puño de Elathan. El impacto lanzó al Capitán a varios metros de distancia.

Albión voló lo más rápido que pudo y de las palmas de sus manos surgieron haces de energía mística que cayeron sobre el Fomor.

- ¿Te encuentras bien, Capitán?- Dijo Diamante Azul ayudando a levantarse al Capitán América.

- He recibido golpes más duros.- Dijo el Capitán intentando sonreír.- ¡Cuidado!

El Capitán esquivó dos proyectiles luminosos que impactaron de pleno contra el cuerpo de Diamante Azul.

- ¡No podréis resistir a Dulb el armero de los Fomor!

El humo se despejó y Diamante Azul se encontraba intacto, sin un rasguño.

- Ahora soy yo el que te tendría que preguntar, aunque veo que no hace falta.

- Ventajas de tener la piel con la dureza de un diamante.

Dulb comenzó a hacer girar su honda y lanzó sus proyectiles mágicos contra Albión, que estaba intentando resistir el ataque de Elathan.

El veterano héroe inglés vio venir los proyectiles y giró en el aire intentando esquivarlos, pero los proyectiles le seguían como si tuviesen vida propia.

- ¿Qué demonios son esas cosas?- Se preguntó Albión.- Me siguen como si fuesen misiles teledirigidos.

- Vuela donde quieras, humano, te seguirán donde quiera que vayas, una vez lanzados, nada puede detenerlos hasta encontrar a su blanco.- Dijo Dulb.

- Pues tendremos que hacer algo al respecto.- Dijo el Capitán América golpeando con el escudo en pleno rostro del Fomor, que cayó al suelo aturdido.

No ha servido de mucho-Pensó- Los proyectiles mágicos siguen persiguiendo a Albión.

- Me acuerdo de ti.- Dijo una voz gutural a sus espaldas al mismo tiempo que una enorme mano viscosa, lo agarró y lo arrojó con fuerza a un lado.

La corpulenta y viscosa masa informe de Indech fue hacía un levemente aturdido Capitán América.

- Deberías meterte con alguien de tu tamaño amigo.- Dijo Diamante Azul antes de lanzar un puñetazo contra el cuerpo amorfo del Fomor.

- ¿Pero qué?

El brazo se había hundido en la masa de Indech y ahora estaba atrapado, sin poder liberarlo.

- Ahora morirás, humano.

De pronto, la mitad del rostro de Indech estalló en varios trozos de la sustancia viscosa que formaba su cuerpo.

- ¿Necesitas ayuda, Diamante?- Dijo Union Jack con su pistola humeante en una mano.

La masa informe del Fomor se comenzó a recomponer rápidamente.

Aarkus aparece tras la enorme figura de Indech y tocó su cuerpo, decelerando las moléculas de la criatura, hasta que el Fomor se comienza a congelar. No sin esfuerzo, Diamante Azul se liberó al fin.

En otra parte, no muy lejos de allí, Magidion y sus hombres se enfrentan a la infantería de los Fomor. La maza de combate esta envuelta por brillo azulado, ya que en el arma se pusieron varios encantamientos, los guerreros Fomor caen ante la furia del guerrero.

Mientras tanto, los espectros convocados por Morgana, atacan a los soldados que defienden las murallas de Avalón, en algunos casos los atraviesan, enloqueciendo a sus victimas, o matándolas de puro terror, en otras ocasiones simplemente los agarran y los tiran de las alturas para que mueran.



Guiwenneth llevó a Anthony Ludgate hasta las catacumbas de la ciudad, por debajo de las viviendas donde residían sus habitantes. La sacerdotisa de Avalón se detuvo ante una larga y escarpada escalera que descendía hacía las profundidades insondables.

- Hemos llegado, Anthony, tu destino y el de todos nosotros te espera al final de esta escalera.

- ¿Qué es lo que me espera ahí abajo, milady?- Preguntó Druida mirando hacía la escalera.

- Más allá de la escalera sinuosa te espera la verdad sobre ti mismo, tu redención o tu muerte. Tuya es la decisión.

Guiwenneth se acercó a Anthony Ludgate y la puso su mano en la mejilla. Después, y para sorpresa del místico, le dio un profundo y apasionado beso, que él no rechazó.

- Suerte, Anthony Ludgate. Nuestras vidas están en tus manos.- Dijo ella mirándole fijamente, la preocupación se veía en ellos, y un profundo sentimiento... ¿Por él?

La sacerdotisa se marchó por donde habían venido sin mirar atrás, dejando a Druida con una sensación agradable, antes de descender hacía un destino incierto.

Bajo por los escalones de piedra con paso firme, descendiendo hacía la oscuridad.

El trayecto se hizo atemporal, como si el tiempo se hubiese detenido alrededor suyo.

Finalmente llegó al final de la escalera. La escalera se desvaneció ante su sorpresa y todo se tornó borroso, como en un sueño. Se encontraba en una gran meseta, estaba completamente cubierta por los restos de una gran batalla. Los cadáveres de los vencidos sembraran toda la tierra hasta donde le alcanzaba la vista. Todo estaba en silencio, solo rotó por el sonido de las aves carroñeras descendiendo sobre los fallecidos. Alguien caminaba por entre los muertos, un pequeño carromato de madera, tirado por un viejo y delgado caballo, a los lados del carro, andaban tres arrugadas y delgadas ancianas, que se acercaban a los cadáveres y les quitaban cualquier pertenencia de valor que pudiesen tener. Las ancianas vestían unas túnicas roídas y desgastadas y en sus manos llevaban un afilado cuchillo con el que remataban a los moribundos. Una de Las ancianas se acercó a él con un caminar errático.

- ¡Tú! ¡El último de los druidas! ¿Te crees digno de semejante legado? Eres indigno y siempre lo has sido, jamás has merecido tener los dones que los dioses te dieron. Me das asco y lastima.- Dijo la anciana para después escupir en el suelo.

- N-No, yo he ayudado a muchas personas con mis habilidades místicas, he cometido errores, pero intento enmendarlos.- Dijo Druida con la voz temblorosa, se sentía inseguro y con miedo.

- Heredero de los antiguos druidas, desperdiciaste tu talento, una y otra vez.- Dijo otra de las ancianas.- Traicionaste a tus compañeros, te dejaste manipular, dejándote llevar.

-No fue culpa mía, las circunstancias... Era mi geis, mi debilidad mística céltica, el ser seducido por mujeres con poder…

- Excusas y más excusas. Un verdadero druida, hubiese utilizado su sabiduría de incontables eras para resolver sus debilidades, sin embargo, tu dejaste que te dominasen, que pudiesen más que tu. ¡Insensato! ¡Siempre fuiste un insensato!

Druida se sentía empequeñecer, le parecía ser algo insignificante, un mero espectador, alguien a quien le gustaría desaparecer, eludir sus responsabilidades.

- Cuando más te necesitaban ¿Qué hiciste? Frustrado por tus fracasos, y determinado a tomar el control de tu propio destino, dejaste que tu ambición por el poder te cegase. Te embarcaste en una búsqueda obsesiva para aumentar tu poder a toda costa. ¿Recuerdas lo que hiciste para obtener ese poder? ¡Sacrificaste a tus propios amigos! ¿Recuerdas a tu amigo Hemingway?

Hemingway. Fue su compañero y amigo, le ayudo a buscar su camino ¿y como se lo pagó? Asesinándole. Sacrificando su carne y su sangre en un ritual para darle el poder absoluto de los antiguos druidas. Jamás podría olvidar la mirada en los ojos de su amigo al ver como hundía la afilada cuchilla en sus entrañas, sin entender que era lo que estaba ocurriendo, mientras su vida se escapaba de cuerpo.

Druida se arrodilló y gritó con fuerza.

- ¡Si! Sacrificaste a tus propios amigos, a tus seguidores, cegado por tu ambición, creyendo que el poder lo arreglaría todo.- Gritaba la tercera anciana, que tenía una de las cuencas oculares vacía.

Druida estaba tumbado en el suelo, recogido, en posición fetal, con los ojos cerrados, intentando no escuchar las palabras. Para no recordar todos sus actos.

- Daimon Hellstorm tenía razón. Eres un lunático, un maniaco, una mala idea. Deberían haberte matado al nacer.- Dijo una de las ancianas ahogando una risita.

Recuerda lo que sintió cuando su alma abandonaba su cuerpo agonizante, humillación, fracaso, perdida. Y los ojos crueles de Hellstorm burlándose de él, riéndose de su patética existencia.

- Es mejor que no hubieses regresado. ¡Estabas mejor muerto!

¿Acaso no tenían razón? La verdad era la más cruel de las armas. ¿Había sido toda su existencia un fracaso? La mayor parte de ella lo fue, sin duda. Buscando, también encontró momentos de felicidad, de buenas intenciones, ayudo más de una vez a salvar su mundo, a buenas personas. Tuvo el honor de ser un vengador, de ser un místico reputado. ¿No era también verdad que en ocasiones fue un héroe? ¿Qué a veces hizo el bien? ¿Qué intentó expiar sus pasados pecados desde su retorno?

Se incorporó lentamente, mirando fijamente a las tres ancianas.

- Puede que mis fracasos superen a mis éxitos, no pongo en duda que los pecados que he cometido me perseguirán por toda la eternidad, pero rechazó el olvido, eludo huir de mi culpa y de mis responsabilidades y la asumo ¡luchare con ella! ¡Me enfrentaré a mis pecados! ¡Y saldré triunfante!- Gritó Anthony Ludgate con todas sus fuerzas.

Anthony Ludgate se sintió liberado, todas sus dudas, todo su odio, su oscuridad interior pareció desaparecer. Sabía que no era así, que siempre estaría con él, y tenía que aprender a convivir con ella. La oscuridad y la luz en un equilibrio constante, esa era la respuesta.

Su alrededor se tornó en una neblina, el campo de batalla, las tres ancianas, todo desapareció.

Ahora se encontraba frente a un gigantesco roble que crecía hasta traspasar las nubes del cielo. En las ramas de sus árboles se hubiesen podido albergar ciudades enteras. Sus raíces fuertes y gruesas se extendían hacía las profundidades de la tierra.

Unos pasos sobre la tierra mojada le hicieron darse cuenta de una presencia detrás suyo.

La figura estaba envuelta en una larga capa, y su rostro ensombrecido por la sombra de una capucha. Un nudoso y retorcido bastón le servia de apoyo. Comenzó a recitar algo:

Se echo atrás la capucha, mostrando su rostro.

- Bienvenido, mi descendiente.

Druida no escondió su sorpresa al contemplar el anciano rostro de Amergin, señor de Avalón y de los druidas.


Guiwenneth observaba con desesperación como los espectros conjurados por Morgana estaban atravesando sus defensas y derrotando a sus hombres. Tenía que tomar parte en la contienda.

- ¡Avalón!- Gritó la sacerdotisa y una espada y un escudo aparecieron en sus manos.

Hacía poco que la misteriosa y legendaria Dama del Lago se la apareció en uno de sus paseos por las afueras de la ciudad, cuando parecía que los tiempos de las guerras eran cosas del lejano pasado.

Se encontraba sentada al lado de un roble, en la orilla de un lago, cuando vio como una forma surgía de las profundas agua. Era una hermosa mujer, de larga caballera de color castaño claro, vestía un largo vestido blanco, su cuerpo parecía estar hecho de la misma sustancia del agua.

- Lady Guiwenneth, tiempos de penuria y muerte os esperan, los enemigos de la ciudad mística conspiran para derrocaros y pronto se pondrán en marcha. En los tiempos de necesidad, deben surgir héroes para proteger Avalón y esos héroes os ofrecerán su ayuda desinteresada.

- ¿Cómo podremos derrotar a nuestros enemigos, Oh, Dama del Lago?

- Todos tendréis vuestra oportunidad y vuestro coraje para vencerles. Como gran sacerdotisa, tienes que tener armas para combatir al mal.

En sus manos aparecieron una larga y luminosa espada, y un gran escudo.

- Estas son la Espada de la Luz y el Escudo de la Noche. Pertenecieron a un gran guerrero, el Caballero Negro. Ya no le son necesarias y ahora son tuyas, sacerdotisa, cuando las necesites, grita la palabra Avalón y aparecerán, utilízalas con sabiduría, Lady Guiwenneth.

Y eso haría. Era la hora de usar los dones que le habían concedido. Guiwenneth se encaró hacía varios espectros que planeaban sobre los cadáveres de dos guerreros que se mataron entre ellos, gracias a que enloquecieron debido a su sobrenatural contacto. Los espectros al verla, soltaron una enfermiza carcajada y se lanzaron sobre ella. Elevó su escudo y el espectro chocó contra él, desapareciendo con un grito agónico. La sacerdotisa sintió como la energía del ente había ido a parar a la Espada de Luz. Movió la espada hacía el otro espectro y un rayo de energía fue lanzado desde la hoja de la espalda, dispersando al espectro y haciéndolo desaparecer.

Con la confianza de quien sabe que la razón esta de su lado, se dispuso a acabar con el resto de engendros.

El Caballero Negro se enfrentaba a un numeroso grupo de guerreros Fomor. Con la pericia de un ducho en el arte de la espada, Dane intentaba ver que es lo que ocurría con sus compañeros mientras seguía combatiendo con firmeza.

- Tú, ¡el mil veces maldito Caballero Negro! ¡Disfrutaré arrancándote la carne de tus huesos!

Conozco esa voz-Pensó Dane- Bres el Hermoso, el hijo de Elathan, y uno de los Fomor más poderosos.

Bres lanzó una descarga de energía mística sin importar alcanzar a sus propios hombres, el Caballero Negro la repelió con su espada de ébano.

- Tu odiosa espada mágica no te salvara humano ¿recuerdas que soy un gran cambiaformas?

El cuerpo del Fomor comenzó a temblar, a oscilar y cambiar. Nada quedaba de la forma de Bres, ahora era un titán oscuro, negro como la noche, con grandes brazos acabados en garras, dos apéndices que le surgían de la cabeza, seis ojos que brillaban con un fulgor rojo y una enorme boca abierta recubierta de afilados colmillos.

- Madre mía.- Pudo decir Dane antes de ser atrapado por una de las enormes zarpas de la bestia en la que se había transformado el Fomor. Intentó liberarse dando mandobles con su afilada espada de ébano, pero la piel de Bres estaba acorazada y no conseguía penetrarla. Decidió intentar alcanzar los ojos o el interior de su boca, donde seria más vulnerable, y en ese momento la presa sobre él se cerró más fuerte sobre su cuerpo, presionando sobre sus costillas. El dolor le hizo soltar su espada.

Union Jack luchaba lo mejor que podía contra los guerreros Fomor, en una mano llevaba su cuchillo y en la otra su pistola. Aunque lo estaba haciendo más que bien, llegó el momento que se vio superado por el número de sus adversarios.


Cuando las fuerzas le flaqueaban y pensaba que no saldría de esta, algo sucedió. Entra la nube de cuerpos que forcejaban, consiguió atisbar a alguien que no participaba en la batalla.

Un caballero protegido con una coraza y un yelmo de color verde. Le saludo un gesto de su mano, y en las puntas de sus dedos, se pudo ver un brillo verde intenso, nadie más parecía verle excepto él. Lo reconoció de inmediato, y Union Jack sonrió bajo su mascara, al mismo tiempo que comenzó a brillar con un aura vede y sintió como el fuego del Pendragón lo envolvía. Se deshizo fácilmente de sus oponentes, lanzándoles lejos de allí con su fuerza sobrehumana recuperada.

Se sentía con una vitalidad y un poder que le hacía no temer a nada ni a nadie. Sus puños se convirtieron en auténticas armas contundentes que derribaban a sus adversarios como si fuesen juguetes. Contempló como el caballero se marchaba, y le saludo con un gesto. El Caballero Verde se marchó sin que ninguno más se hubiese dado cuenta de su presencia en la batalla. (22)

El fiel escudo de metal del Capitán América voló con rapidez derribando a tres enemigos y regresando a su mano.

- Aún no he acabado contigo, humano. Esta vez no podrás escabullirte como una serpiente. No eres más que un simple y débil mortal, sin poderes excepcionales ¡Y yo soy un dios y el señor de los Fomor!

La figura de Elathan se vio rodeada por haces de energía mágica que salieron de su cuerpo en dirección al héroe. El Capitán hizo una serie de saltos gimnásticos para poder evitar los devastadores rayos.

- A veces hasta un simple mortal puede marcar diferencias, Elathan.- Dijo el Capitán América lanzando su escudo con habilidad, el escudo rebotó en varios árboles hasta impactar en el pecho del Fomor.

Elathan gritó por el dolor del impacto, pero más por la rabia contenida de que un mero mortal pudiese dañarle. La furia desencajaba su rostro y con su mano hizo un gesto, y de la misma tierra surgió una mano gigantesca, formada por rocas, tierra y vegetación que atrapó el héroe abanderado.

- ¡Este es tu fin, mortal! Pero no te preocupes, que pronto te seguirán el resto de tus amigos.

- Creo que no.- Dijo una voz detrás del Fomor.


Aarkus se había materializado sobre Elathan y golpeó con toda su fuerza al rey de los Fomor. Este salió despedido por la fuerza del impacto, derribando varios árboles en su trayecto.

Rápidamente, el ykraiano se envolvió en su capa y desapareció rodeado por el humo. Apareció justo delante de un confundido Elathan, y sujetando uno de los troncos arrancados de los grandes robles, lo lanzó encima del Fomor, que quedó sepultado bajo el peso del árbol.

Aarkus decidió regresar para ver como se encontraba el Capitán América, cuando el tronco del árbol que aprisionaba a Elathan se convirtió en un montón de madera quemada y el Fomor se levantó, con chisporroteando energía de sus ojos.

- Hacía centurias que nadie me golpeaba así. ¡Pagaras cara esta humillación!

Energía arcana se concentró en las palmas de sus manos y Aarkus se encontró inmóvil, sin poder mover ni un músculo de su cuerpo. La fuerza mística lo atrajo hasta Elathan, que lo sujetó por el cuello, estrangulándolo. Aarkus sintió la furia vengativa del Fomor, que amenazaba con acabar con su larga vida.

- ¡Suéltalo, Elathan! ¡Enfréntate a alguien versado en las artes de la magia!

Elathan se giró y observó a Modred el místico, que se bajo la capucha, dispuesto a disputar un duelo con el Fomor. Elathan apartó a Aarkus como si hubiese perdido todo interés y concentró toda su atención en el místico.

- Va a ser lo último que hagas, mago. – Dijo Elathan desafiante.

Modred descargó energía mística de sus dos manos contra Elathan, este dobló la rodilla ante la demostración de poder del místico.

- Eres poderoso para ser humano, lo admito, pero tú derrota esta escrita, nadie puede derrotar a Elathan.

En las manos del Fomor se formó un vórtice de energía mística que Elathan arrojó contra el mago. Modred con un movimiento movió su larga capa y la energía del Fomor desapareció en el interior de su capa.

Enrabietado, Elathan voló hacía Modred, y ambos se enzarzaron en un duro y salvaje combate, elevándose los dos contendientes en el aire, sin dejar de combatir.

Elathan agarró a Modred del cuello e intentó estrangularlo con sus poderosas manos.

Modred liberó dos rayos biomisticos a través de sus ojos, acertándole a Elathan en los suyos. El Fomor lo soltó, gritando de dolor.

- ¡Estoy ciego! ¡Has cegado a Elathan!

Modred pronunció un encantamiento y Elathan sintió como dentro de su cuerpo comenzaban a crecer raíces, que surgían por su nariz y por su boca, ahogándole.

- Subestimas el poder de la misma tierra, Elathan, eso es algo que no volverás a hacer.

El rey de los Fomor cayó hacía el suelo, recubriéndose su cuerpo de frondosa vegetación y brotando raíces por el mismo. Cuando descendió, quedó inmóvil y la tierra se abrió bajo él y se lo tragó, como una planta carnívora a un insecto.

Albión volaba lo más rápido que podía, intentando eludir los proyectiles mágicos que le había lanzado Dulb. Por más que realizaba maniobras en el aire o en la tierra, no cejaban en su empeño por alcanzarle. Empezaba a desesperarse, ya que no sabía el daño que le podrían causar esas armas mágicas de recibir su impacto.

Aún a la velocidad a la que iba, Albión se fijo en una escena que estaba ocurriendo en tierra firme. Tomando una decisión, descendió velozmente en picado. Los proyectiles cambiaron de dirección para seguirlo. Acelerando su velocidad lo más que se lo permitían sus poderes, el antiguo Caballero de Pendragón voló tan rápido como un caza de combate en dirección a la terrible e horrenda bestia que tenía atrapado al Caballero Negro. Espero hasta el último microsegundo y cuando estaba a punto de chocar con el colosal cuerpo de Bres, giró rápidamente y los proyectiles mágicos impactaron contra el Fomor, que quedó sin sentido y regresó a su forma original.

- Eso se llama matar dos pájaros de un tiro.- Dijo débilmente Dane intentando recuperar el aliento.- Pensaba que estaba vez no lo contaba, gracias por salvarme.

- No hay de que, Caballero Negro, yo también pensaba que había llegado la hora de este viejo soldado. Es mejor que prosigamos la batalla, estas criaturas no desfallecen nunca.- Dijo Albión.

El coloso de un solo ojo al que llamaban Balor estaba contento. En su retorcida mentalidad, el sangriento conflicto era lo más parecido a la diversión. Sus grandes pezuñas aplastaban hasta morir a defensores de Avalón, y a otros les esperaba un destino más cruel y doloroso, ser devorados vivos por el gigante.

Morgana caminaba a su lado, con varios encantamientos de ocultación alrededor suyo que le

impedían ser vista por miradas indiscretas.

La hechicera sabía que la clave estaba en el descerebrado titán que tenía a su lado. La ciudad de Avalón tenía una serie de poderosos hechizos protectores alrededor de la ciudad, que hacían que cualquier mago o hechicero se sintiese debilitado o disminuido en sus habilidades. En el anterior ataque, se encontraba cansada de su reciente encuentro con los Vengadores y los hechizos casi consiguen que Modred y la sacerdotisa de Avalón acabasen con ella. Con el tiempo podría acabar con los encantamientos de protección, pero no le haría falta, ahora tenía a su lado el poder sin igual de Balor Mal de Ojo.

- Es la hora de demostrar todo tu poder, Gran Balor. Ganarás toda la gloria y podrás ser nombrado nuevo rey de los Fomor.- Dijo Morgana, apareciéndose al gigante, que permanecía con su gran ojo cerrado.

. ¡Si! ¡Balor es el más poderoso de los Fomor! ¡Destruiría la ciudad y después devorara a piel dorada y él gobernará!- Dijo Balor con su voz, que resonaba con potencia.

El Capitán América se incorporó, tras desvanecerse la mano de tierra y rocas que lo aprisionaba. Suponía que Elathan necesitaría todo su poder en estos momentos.

Un muro de humo se formó, y de él salió Aarkus.

- ¿Estas bien, Aarkus? No tienes buen aspecto.- Preguntó el líder de los Invasores.

- Sólo esta herido mi orgullo, Capitán. Aunque he de reconocer que el tal Elathan es un rival formidable.- Comentó un pensativo Aarkus.

Albión aterrizó al lado suyo, llevando al Caballero Negro con él.

Antes de intercambiar unas palabras con sus compañeros, el Capitán América vio en la lejanía la enorme figura de Balor, frente a las murallas de Avalón.

- Aarkus, Albión ¡debéis neutralizar a Balor! ¡Rápido, antes de que use sus poderes!-Ordenó con urgencia el Capitán.

Obedientemente y sin cuestionar las ordenes del líder del grupo, Albión salió despedido a máxima velocidad contra el gigante, mientras Aarkus era engullido por una nube de humo, para reaparecer inmediatamente cerca del cíclope.

El Ykraiano golpeó velozmente el rostro de Balor. El gigante reaccionó inmediatamente y apartó a Aarkus de un manotazo como un animal aparta a las moscas que le molestan. El invasor esmeralda fue arrojado contra la muralla de Avalón, atravesando el grueso muro y quedando semi inconsciente tras recibir semejante correctivo.

Albión impactó en el cuerpo de Balor con todas sus fuerzas. El gigantesco cíclope apenas se inquieto por el ataque del héroe inglés. Le asestó un golpe con el puño cerrado y Albión cayó derribado, dejando un cráter en el suelo.

- ¡Que no te inquieten esos insectos insignificantes! ¡Utiliza el poder que tienes dentro de ti, Balor!- Gritó Morgana.

Balor comenzó a abrir su único ojo, a medida que se iba abriendo, se escapaban destellos de una poderosa energía escarlata. Cuando lo abrió por completo, la energía salió despedida contra la ciudad, y en un abrir y cerrar de ojos, nunca mejor dicho, las poderosas barreras que protegían Avalón dejaron completamente de existir. Pues la visión del gigante anula cualquier sortilegio o encantamiento, tal es el increíble poder de Balor.

- ¡Por fin Avalón será mía! ¡El triunfo esta en mis manos!- Gritó exultante Morgana.

- ¡NO! ¡Balor es quien ha conseguido la victoria! ¡Ahora Balor será el amo!

La hechicera hizo una serie de gestos arcanos con sus manos y sus labios susurran un encantamiento en una lengua oscura y muerta.

- Has dejado de serme útil, monstruosidad, Eres demasiado peligroso para dejarte vivo.

Balor no pudo reaccionar cuando su piel y su carne comenzaron a resquebrajarse y a pudrirse. En pocos segundos, se desmoronó, convertido en un amasijo de carne muerta.

Morgana volvió su atención hacía la ciudad. Levito por encima de las murallas y no pudo evitar reírse a carcajadas.

- ¡Amergin! ¡Estas vivo!- Exclamó Druida.

- No es así, Anthony Ludgate. Mi espíritu estará siempre ligado a este lugar. No obstante, si Morgana y los Fomor osan profanar este sagrado lugar, mi alma se dispersará, desapareciendo en una atroz agonía. Debes impedirlo, no por mí, ni siquiera por tus compañeros o por los habitantes de Avalón, si no por ti mismo.

- Estoy dispuesto, Amergin.

- ¿Seguro? El Ojo del Mal es un objeto de gran poder, y como bien sabes, el poder corrompe ¿estas dispuesto a correr ese riesgo de nuevo?

Druida se acercó a su antepasado y le puso las manos en los hombros.

- No he estado más seguro de nada en toda mi vida.- Dijo con decisión.

- Has cambiado y me alegro. Ahora eres realmente digno de tu legado, de tu herencia. Serás el más grande de tu linaje, lo presiento.- Dijo Amergin con una leve sonrisa en su arrugado rostro.

Amergin cerró los ojos y abrió ambas manos. Algo se empezó a formar, una energía crepitó, una luz cegadora hizo cerrar los ojos a Druida. Cuando los abrió, entre él y Amergin flotaba un objeto que reconoció de inmediato.

- ¡El Ojo del Mal!- Exclamó Druida.

- Tuyo es, Anthony, no dudo que sabrás emplearlo para poner fin a esta guerra.

Druida agarró el artefacto y en todo su ser notó el poder que emanaba de él. Un gran poder para hacer el mal o el bien. La elección estaba en su portador.


Morgana LeFay pisó la ciudad de Avalón y al hacerlo tuvo una sensación embriagadora, de éxtasis. La energía arcana y mística la rodeó y entró en ella. Sus ojos brillaban con gran intensidad y comprendió lo que ocurría. Rió con grandes carcajadas.- Amergin, viejo loco-pensó- No eligió el lugar de construcción de la ciudad al azar, escogió un centro de poder druídico y arcano, un lugar que servia para amplificar los poderes místicos de quien viviese en ella. Al romperse las barreras de protección, Morgana pudo aprovecharse también de las fantásticas propiedades de este lugar. Nada podría pararla ya, se sentía invencible.

- ¡En el nombre de Avalón, detente!- Gritaron los protectores de la ciudad.

Flechas cuyas puntas de metal estaban bendecidas por encantamientos salieron de sus arcos en dirección a la hechicera céltica. Ella no movió ni un músculo, los proyectiles perdieron toda su fuerza antes de llegar a alcanzarla y cayeron inertes en el suelo.

Con un simple gestó de su mano, Morgana hizo que todos los guerreros se tornasen rígidos, sin poder moverse, con la piel totalmente pétrea. La hechicera sopló y los cuerpos se desintegraron, dispersándose sus cenizas en el aire.

- Sus muertes serán vengadas, Morgana LeFay, lo jura Guiwenneth, gran sacerdotisa de Avalón.

- ¿No pensarás que podrás detenerme? Sólo el gran druida Amergin en la cima de su poder podría haber sido rival mío. En estos momentos, asistes a la extinción de tu pueblo, sacerdotisa.

De una de las manos de la hechicera surgió una esfera de energía que fue lanzada contra Guiwenneth. La sacerdotisa se protegió con el escudo de la noche, absorbiendo el impacto y cargando la Espada de la Luz, le devolvió la descarga de energía mística a la hechicera, que repelió con una simple mirada.

- Reconozco que me has sorprendido, muchacha. Esos objetos no son armas normales.

- La mismísima Dama del Lago me las dio para combatir tu maldad. Con ellas no puedo caer ante ti.

- La sola mención de ese nombre me trae amargos recuerdos de la época de Camelot, no deberías haberla mencionado, tu agonía será mil veces peor, te retorcerás hasta suplicar que acabe con tu penosa existencia.- Dijo Morgana enseñando los dientes.

Druida levantó por encima de su cabeza el Ojo del Mal. El arcano artefacto emitía un ronroneo, una melodía que resonaba en la misma mente, en el alma, en el espíritu de uno. Sus sentidos se expandieron como nunca antes. Se hizo uno con la misma tierra.

Era el viento que soplaba sobre las aguas;

Era la ola del océano;

Era el murmullo de las olas;

Era el buey de los siete combates;

Era el buitre en la montaña;

Era una lágrima del sol;

Era la más hermosa de las plantas;

Era un valiente jabalí salvaje.

Era un salmón en el agua.

Era un lago de la llanura.

Era la palabra certera;

Era la lanza que hiere en la batalla;

Era el dios que crea o forma en la cabeza del hombre el fuego del pensamiento.

Los conocimientos arcanos, la energía, el poder místico concentrado en el Ojo del Mal le llevó a un nivel superior de poder, de sabiduría, de consciencia.

Ahora sabía la verdad, comprendía todas las cosas que le rodeaban como nunca antes.

Estaba preparado al fin para enfrentarse a los enemigos de sus ancestros, de su pueblo.

Guiwenneth se lanzó a por Morgana, esta convoco un escudo místico que detuvo a la Espada de la Luz, y con un leve movimiento de sus ojos, la espada y el escudo salieron despedidos de las manos de la sacerdotisa y quedaron flotando, envueltos en una barrera mística que impedía que Guiwenneth pudiese llegar a ellas.

- ¿Y ahora qué, pequeña mocosa? ¿Tienes algún as guardado en la manga?

Centrada su atención en Guiwenneth, Morgana no pudo darse cuenta de que un caballo alado sobrevolaba por encima de ella. Los poderes de Elton Morrow, Diamante Azul, habían ido evolucionando a lo largo del tiempo que estuvo fuera de la Tierra, obteniendo alguna nueva habilidad. Diamante Azul saltó desde su montura y se concentró para usar una de esas nuevas habilidades. Absorbiendo de alguna manera desconocida, masa extradimensional, fue aumentando la densidad de su cuerpo velozmente, hasta que su masa se incrementó de tal forma que pesaba varias toneladas que cayeron con una fuerza descomunal contra la hechicera.

Morgana sólo tuvo tiempo de ver una sombra que descendía sobre ella y no pudo evitar el espectacular impacto que hizo temblar el suelo y levantó una gran nube de polvo y escombros.

Cuando la nube de polvo se disipó, se pudo contemplar un gran cráter creado por la espectacular caída de Diamante Azul. Guiwenneth pudo saltar un segundo antes y evito el terrible impacto. Morgana se hallaba ligeramente aturdida, y Diamante Azul se encontraba agotado, usar esta habilidad le dejaba muy exhausto.

Morgana miró a Diamante Azul.

- Me cogiste desprevenida. No volverá a suceder.

La hechicera rasgó con sus largas uñas el uniforme azul y dorado de Diamante y para su sorpresa, penetró su piel, que tenía al dureza del diamante, y le hirió, haciendo brotar su sangre. Diamante gritó de dolor, al sentir como su pecho era desgarrado.

-¡Suéltalo, bruja!

Union Jack se interpuso entre los dos, envuelto en el fuego del Pendragón, golpeando una y otra vez, intentando no darle tiempo a reaccionar, aprovechando el elemento sorpresa. Con un hechizó, Morgana creó un vendaval que alejó al héroe inglés.

Se tocó el rostro, sangraba por la nariz y por la boca. La rabia se adueño de la céltica.

- Has conseguido hacerme daño, tu sufrimiento no tendrá parangón, nadie sufrirá y padecerá como lo harás tú, ni el odioso poder del Pendragón podrá protegerte de mi ira.

Aarkus, el Caballero Negro, Albión y el Capitán América llegaron justo a tiempo para participar en la batalla que acababa de iniciarse.

- Llegáis justo a tiempo para contemplar mi victoria y para morir bajo mi poder.

Una ola de energía commocionadora surgió del cuerpo de la hechicera y barrió a los héroes, que dejaron a algunos sin sentido y al esto aturdidos.

- Cada minuto que pasó en este lugar mi poder se incrementa ostensiblemente. Rezad a vuestros dioses, vuestro tiempo se termina ¡ahora!

Cerró los ojos mientras pronunciaba las palabras de poder que daban vida a un poderoso sortilegio. El cielo se tornó negro, tronando las nubes y cayendo rayos del firmamento. Las ráfagas de viento huracanado comenzaron a barrerlo todo. La energía oscura brotaba de cada poro de Morgana, amenazando con engullirlo todo.

- ¡Alto!

El sortilegio se deshizo, sin que la cética pudiese hacer nada para evitarlo.

Druida caminaba sobre al aire. Uno de sus brazos estaba en alto, mostrando el artefacto arcano llamado…

- ¡El Ojo del Mal!- Exclamó sorprendida Morgana.

- Ríndete, y te dejaré marchar sin ningún daño, tienes mi palabra.- Dijo Druida.

Morgana se rió burlándose del ofrecimiento.

- Cuando acabe contigo, demostraré la inutilidad de haberte traído de vuelta, eres sólo una mera sombra de tu antepasado ¡ni aún con el Ojo del Mal no tienes ni una sola posibilidad de derrotarme, insensato!

Fuego místico brotó del cuerpo de Morgana en dirección a Druida. El místico ni se inmuto cuando las llamas ocultaron su cuerpo.

Sus compañeros Invasores se temieron lo peor. Sin embargo, sus temores eran del todo infundados. Druida surgió de las llamas místicas e hizo que se extinguiesen como si nunca hubiesen existido.

Druida abrió su boca y de esta surgió un auténtico torbellino. Mirando fijamente se podía observar que el torbellino estaba compuesto de miles y miles de minúsculos insectos de todas las clases. El torbellino engulló por completo a la hechicera céltica, haciendo perder de vista a la legendaria maestro de la oscuridad.

Un viento gélido, auténticamente proveniente de los más fríos inviernos, congeló por completo a la horda de insectos mágicos invocados por Druida. Que cayeron muertos, amontonándose en la tierra.

- ¿Debemos ayudarle, Capi?- Dijo Union Jack.

Me temo que esto nos supera, Joey. Sólo podemos ser meros espectadores.- Contestó el Capitán América.

Druida hizo trazó los símbolos de poder en el aire, pronunció las palabras de un encantamiento en un susurro ininteligible. Llamó por sus nombres a los espíritus de la naturaleza, murmurando, ordenándoles acudir en su ayuda.

Los espíritus elementales. El aire, el fuego, la tierra y el agua, aparecieron como meros seres compuestos de los elementos que representaban. Descargaron su furia sobre Morgana, que se protegía como podía con sus encantamientos.

Reuniendo todo su poder, la hechicera lanzó una contraofensiva que devolvió a los espíritus elementales a su estado primigenio.

- Tu poder… No había visto nada igual en eras. Eres peligroso, muy peligroso ¡y por ello debes morir!- Exclamó Morgana.


Druida se acercaba a ella, rechazando una y otra vez los encantamientos que realizaba la hechicera.

- No lo comprendes ¿verdad? Con el Ojo del Mal en mis manos, mi poder es superior a cualquier hacedor de magia y encantamientos. Mío es el conocimiento ancestral de toda mi orden, la fuerza de todos los druidas que existieron en cualquier época y tiempo esta bajo mi voluntad. Durante largo tiempo has eludido una y otra vez tu merecido castigo por intentar dominar un poder que no te corresponde. Ya no más, ahora ¡Mío es el poder para derrotarte!

- ¡NO!- Con un último esfuerzo, sacado de su voluntad de hierro y utilizando hasta la última brizna de su poder mágico, el cuerpo de Morgana cambió hasta convertirse en pura energía mística y alcanzando un tamaño gigantesco.

Del cuerpo de Druida brotaron las llamas esmeraldas del Pendragón, envolviéndole y haciéndole igualar el tamaño de su enemiga. Los dos colosos se enzarzaron en un épico y sobrenatural combate como jamás se había visto en los anales de la historia de la magia. El místico y sagrado poder del Pendragón, representada por Druida, contra la magia oscura y corrupta de Morgana.

Tal era la fuerza desatada, que alrededor de los dos pareció retorcerse y moldearse el mismo tejido de la realidad, al encontrarse los dos grandes poderes arcanos.

Durante unos momentos, Morgana LeFay pareció capaz de plantarle cara al poder desatado por Druida. Sólo fue un mero espejismo, el místico enarboló el Ojo del Mal y un resplandor cegador hizo que Morgana tuviese que cerrar los ojos. Sintió como su esencia vital, su misma alma era arrastrada, como si una fuerte corriente la condujese por los rápidos de un río, hasta caer en una cascada. Morgana gritó sin voz, al sentir como era succionada hacía el interior del Ojo del Mal.

El poder del Ojo, guiado por la voluntad de Druida no se detuvo ahí, hizo que las hordas Formor, así como sus señores, se tornasen en fría y muerta piedra, petrificando sus cuerpos e inmovilizándolos, como estatuas gritando y horrizandose ante su destino.. Haciendo que la amenaza de los Fomor se esfumase de una vez y para siempre.

Druida regresó a su tamaño normal y descendió a la tierra. Arrodillándose, agotado por la batalla que había librado. Su vista se fue hacía el Ojo del Mal, casi creyó escuchar la voz de Morgana, en la lejanía, pero fue extinguiéndose, como un eco olvidado.

- ¡Lo has conseguido! ¡Nos has salvado!- Exclamó Guiwenneth con alegría y abrazándole.

- Ha sido asombroso, nunca pensé que pudieras hacer lo que hiciste hoy, amigo mío.- Dijo el Capitán América acercándose a Druida.

- No es del todo merito mío, a sido gracias al Ojo del Mal, Capitán.

- No, puede que el artefacto fuese un canalizador, pero tu voluntad de superación, de redención es la que ha conseguido imponerse a Morgana.

- ¿Qué es lo que le has hecho a esa bruja?- Preguntó con interés Union Jack.

- No tenéis de que preocuparos. La Morgana LeFay que conocíais ha desaparecido para siempre. La he reducido a magia pura, que se conservará en el interior del Ojo, ya no es una amenaza que deba preocuparnos.

Union Jack notó algo diferente en si mismo y se dio cuenta de una cosa, que con la alegría de haber derrotado a Morgana no se había dado cuenta antes.

- ¡El Pendragón se ha ido! ¡Vuelvo a ser normal!

- El poder volvió a ti temporalmente, avivando la chispa que quedaba aún en ti. Ahora que Avalón esta a salvo, ya no es necesaria.- Dijo Modred, que apareció de repente.

Dane Whitman se sentía satisfecho. No sólo había podido contemplar de nuevo la majestuosidad de la ciudad de Avalón, si no que había podido aportar su granito de arena para salvarla de nuevo. Se fijó en la sacerdotisa de Avalón y en la espada y el escudo que portaba.

- Bonitas armas, lady Guiwenneth.

- La Dama del Lago me dijo que te pertenecieron a ti, Caballero Negro. La amenaza ha sido vendida, puedes recuperarlas si lo deseas.- Dijo la joven.

- Ya tengo mi espada de ébano, milady. No creo que haya nadie más adecuado para guardarlas y utilizarlas.-Dijo Dane con una sonrisa.

La Sacerdotisa asintió con la cabeza.

Aarkus ayudaba a acercarse a Diamante Azul, que mostraba las heridas inflingidas por Morgana.

- ¿Te duele mucho, Diamante?- Preguntó el Capitán América.

- Pequé de ingenuo, me temo. Confié demasiado en mi invulnerabilidad y eso fue un error. Esta claro que estoy algo oxidado en esto de los superhéroes, Capitán.- Dijo Diamante intentando sonreír a pesar del dolor.

- Tonterías, lo has hecho muy bien.

- Los mejores sanadores de la ciudad te cuidarán, eres nuestro invitado, todos lo sois. Habéis luchado como auténticos campeones de Avalón. Es la hora de las celebraciones.- Anunció Guiwenneth.

Esto hizo que los habitantes de Avalón estallasen de alegría. Las penurias sufridas en las últimas fechas hacían que esta victoria se viviese como algo único e irrepetible.

Los mismos Invasores participaron de la celebración, recibiendo las felicitaciones y los agradecimientos del pueblo de Avalón.

Sólo una persona no participaba de semejante alegría. Permaneció apartado, pensativo y con el rostro serio, con la mirada perdida en el horizonte.

Dane Whitman, en un momento, después de recibir más besos y abrazos de los que podía contar, se fijó en la solitaria figura de Druida.

- He, Union Jack ¿no esta demasiado serio Druida? Se que no es la alegría de la huerta precisamente, pero aún él debería estar satisfecho por ser el salvador de la ciudad y estar celebrándolo con nosotros.

- Nah, no te preocupes, seguro que se trata de cosas de magos.- Dijo Union Jack. – No he conocido ha persona más enigmática y misteriosa que Druida. Seguro que esta bien.

Asintió, pero sin mucho convencimiento. Se quedó contemplando a Druida durante unos instantes más, hasta que una bella doncella le hizo volverse, esta le besó en la mejilla, para felicitarlo por su ayuda en la defensa de Avalón.

Epílogo

Por la noche, los cielos de Avalón se vieron iluminados por los fuegos artificiales creados por Modred, que era un versado en la materia. Al estallar, no sólo dejaban una lluvia de color y fantasía, si no que adoptaban formas de criaturas de leyenda, como los grifos o las míticas driadas.

Los calderos rebosaban de dulce hidromiel, que era degustada por los participantes en la celebración. La comida era exquisita para el paladar de los invitados. Se sentían a gusto entre esta gente, les expresaban su sincero agradecimiento y eso era algo a lo que, por desgracia, no estaban acostumbrados en su vida diaria.

Elton Morrow, Diamante Azul, fue atendido por los sanadores de Avalón, como prometió su sacerdotisa, y se encontraba ya prácticamente recuperado de sus heridas. Se sintió tan cómodo que sacó su pipa y un poco de tabaco y se puso a fumar, lanzando aros de humo, mientras levantaba su jarra de hidromiel para cantar viejas canciones celtas de guerra.

Incluso Aarkus, normalmente esquivó en este tipo de acontecimientos, se integró en los festejos, y asombró a todos, cantando una antigua y dulce canción, originaria de su dimensión natal. Tras haber dejado a todos encantados con su sorprendente talento para la canción, se negó a cantar más canciones de su mundo, ya que le sumían en la nostalgia y los recuerdos de su lejano hogar.

Albión, Union Jack, Guiwenneth, Magidion y Modred escuchaban con suma atención el relato del Capitán América, sobre la anterior vez que salvaron a Avalón.

El Caballero Negro llenó dos copas de hidromiel y se levantó de su lugar en la mesa. Casi nadie se dio cuenta de su ausencia, inmersos en la fiesta, nadie le echaría de menos.

Druida estuvo en la mayor parte de la celebración, pero aprovechó las distracciones de la noche para desaparecer y no dejarse ver. Eso no había pasado desapercibido para Dane Whitman. Encontró a Druida en lo alto de una de las murallas. Observaba con atención la noche estrellada.

- Esta es tu noche, tu momento, Druida, deberías celebrarlo.

- Los antiguos druidas eran grandes astrónomos ¿lo sabias? Conocían tan bien la tierra como las estrellas. Me ha costado una vida el comprender el verdadero significado de pertenecer a esta orden.

El Caballero Negro le tendió una copa, y Druida la agarró, quedándose ensimismado escrutando su interior.

- ¿Qué es lo que te ocurre? Desde que derrotaste a Morgana y a los Fomor estas con el rostro inexpresivo, forzándote para parecer normal, pero no es así ¿verdad? Algo te ocurre.

- Siempre fuiste una persona muy atenta a los detalles, Dane Whitman. ¿Sabes? Durante el tiempo con los Vengadores no llegue a hacer verdadera amistad con ningún vengador. Buena relación con algunos, más tensas con otros, pero nada de amistad. Y por si fuese poco, los traicioné, prácticamente destruí al grupo, regresó, pro supuesto, como los modernos caballeros de la mesa redonda que son, aún así, se separaron por mi culpa.

- No fue culpa tuya, fuiste controlado por Nebula. Le podría pasar a cualquiera.

- Más tarde descubrí que era por mi geis. Un geis es una especie de talón de Aquiles para los antiguos místicos celtas. Un punto débil. El mío eran las mujeres hermosas y con poder. Siempre conseguían manipularme a su antojo y fue eso y mi ceguera por la búsqueda de poder, para no fracasar nunca más, la que llevó a mi caída, a mi muerte.- Dijo pensativo Druida, con el rostro ensombrecido.

- No todas las personas tienen el privilegio de tener una segunda oportunidad, de poder disponer de una nueva vida, para corregir anteriores errores. Creo que eres una persona afortunada, amigo.

Druida pareció enfurecer. Sus ojos ardían con rabia.

- ¿Afortunado? ¡No sabes de lo que hablas!

- ¿A que te refieres?- Preguntó un preocupado Caballero Negro.

Druida suspiró y miró a Dane, y supo que podía confiar en él.

- Guiwenneth y Modred me ocultaron parte de la verdad, seguramente por temor a mi reacción.

Gracias a mi contacto con el Ojo del Mal pude averiguarlo todo. Cuando decidieron traerme de regreso de la tierra de los muertos, se dieron cuenta de que no era posible, al menos no como ellos deseaban. De haber resucitado mi cuerpo y mi mente, me hubiese convertido en una aberración, un ser que seria una mera sombra de mi antiguo ser. ¿No te has preguntado una cosa? Si tuviesen la habilidad de traer a los muertos al mundo de los vivos ¿Por qué no traer al mismísimo Amergin y no a su descendiente en su lugar?

El rostro de Dane Whitman mostró una expresión de sorpresa. Eso era algo que no se le había pasado por el pensamiento.

- Al no poder resucitarme, utilizaron todos los recursos mágicos de Avalón para crearse un campeón que pudiese manejar el arma que podía salvarlos, el Ojo del Mal. Mediante una combinación de magia, elaboradas pociones y antiguos y olvidados rituales, lograron la creación de un homúnculo, formado por una sustancia extradimensional que simulaba la materia humana. El recipiente que era el cuerpo estaba vacío, sin mente. Así que lo llenaron con una personalidad, una memoria y le hicieron creer que era una persona. El homúnculo creía ser Anthony Ludgate, y cuando despertó en Inglaterra, en el bosque de Gloucester, pensó que de algún modo que desconocía había sido victima de algún tipo de resurrección. Anthony Ludgate murió asesinado por Daimon Hellstorm, el Hijo de Satán hace unos años. Yo soy una pobre imitación, un simple avatar de su consciencia, una brizna de la misma que quedó en su anterior contacto con Avalón sirvió para formar una mente y una consciencia a su imagen y semejanza.

Así que ya lo sabes, Dane Whitman. El Doctor Druida no se encuentra aquí, estas delante de un completo desconocido.

El Caballero Negro estaba abrumado, le costaba asimilar lo que estaba escuchando.

- Eso no puede ser cierto… Si fuese verdad ¿Cómo es posible que hayas podido utilizar el Ojo del Mal si sólo el descendiente de Amergin podría?

- La pequeña muestra del alma, de la consciencia del heredero del señor de Avalón, alimentada por mi mente, que en todo momento siempre creyó ser él, fue suficiente para poder usar el artefacto.

- Tal crueldad no es digna de Avalón.- Dijo Dane enfadado.

- No les guardo rencor. Su supervivencia dependía de que todo saliese según su plan. Ahora me preguntó ¿Quién soy realmente? ¿Cuál es el futuro que me aguarda?

- Eso es algo que debes decidir por ti mismo. A partir de este momento, de este instante, tu vida, tu futuro, sólo lo decidirás tú. Te forjaras tu propio destino y tú elegirás cual es el camino que debes

seguir. Nadie más, amigo mío.

Druida levantó su cabeza, mirando el firmamento.

- Tus palabras son sabias, eres más inteligente y mejor persona que lo imaginas, Dane Whitman. A partir de ahora, lo que esta por venir, es como un lienzo en blanco que debe de ser llenado.

- El Capi, los demás, deben saberlo.- Dijo Dane con expresión afable.

- No. Nadie más debe conocer la verdad que te he contado esta noche. Para ellos, seré el mismo Anthony Ludgate de siempre, resucitado por el poder de Avalón.

- No es justo, ni para ellos ni para ti, guardarte eso dentro de ti, puede ser un sufrimiento y un dolor que te llene el alma.

- En su debido momento, puede que desvele mi pequeño secreto, pero hasta entonces, sólo lo sabremos nosotros.

- Eres parecido en muchas cosas al fallecido Doctor Druida, pero en otras eres muy diferente y eso me gusta. Estoy seguro de que él hubiese usado sus habilidades mentales para borrar de mi mente

esta conversación.

Druida sonrió.

- ¿Después de toda la charla que te he dado?

Ambos rieron ante el comentario de Druida.

- Venga, amigo, regresemos a la fiesta, que aún debe de quedar hidromiel para hacernos olvidar nuestras penas.- Dijo Dane.

FIN

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Referencias:
1 .- En el Invasores #13
2 .- Durante su pertenecía al grupo llamado los Caballeros de Pendragón, gracias al poder del mítico Caballero Verde, Union Jack dispuso de fuerza y resistencias sobrehumanas
3 .- En el mencionado Invasores #13
4 .- Diamante azul, superhéroe de los años 40, antiguo componente de la Legión de la Libertad
5 .- Los dos eran miembros de la Legión de la Libertad, junto a Bucky, Miss América, el Zumbador, Cuervo Rojo, el Patriota y el Hombre Delgado
6 .- En el Marvel Two-In-One #79 USA.
7 .- En Quasar#16 USA
8 .- Modred el Místico es un viejo enemigo de los Vengadores y del Capitán América
9 .- En Avengers I #187 Usa y Captain América I # 305-306 Usa.
10 .- En Avengers I #225-226 USA.

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