Los 4 Fantásticos: Crepúsculo nº02



Título: Estrella Némesis (II)
Autor: Miguel Ángel Naharro
Portada: Santiago Ramos
Publicado en: Enero 2010

¡Con la participación de los 4 Fantásticos en el Crepúsculo de los Dioses!
 En el interior del cuerpo de Ghorth, los Cuatro Fantásticos y Tarene intentan detener al dios primigenio antes de que este destruya la Tierra ¿Podrá Reed Richards cumplir con su plan antes de detener al dios venido de más allá de las estrellas
Se enfrentaron a lo desconocido con la cabeza bien alta, y el destino les otorgó poderes increíbles. Y cuando podían haber utilizado esos dones para su propio beneficio, decidieron emplearlos para proteger a toda la Humanidad. Superhéroes, aventureros, exploradores, celebridades públicas, y sobre todo una familia. Reed, Sue, Johnny y Ben, pero para el mundo son.
Creado por Stan Lee y Jack Kirby

Nota: Esta historia esta situada antes del 4 Fantásticos#14

Resumen de lo publicado:  Tras averiguar que Ghorth, el dios que orbita sobre la Tierra, esta causando cambios que acabaran con la vida tal y como la conocemos, los Cuatro Fantásticos se dirigen hacía el espacio, con la intención de detener a semejante criatura. Antes, se les aparece Tarene, la Elegida, que dice a ver sido enviada por el señor de Asgard, Thor, para ayudarles en su misión.



- Siento el daño causado, el ímpetu de entrar en combate me dominó, os doy mis más humildes disculpas, amigos.

- Disculpad aceptadas, pero hasta Thor tuvo que aprender algo de humildad viviendo entre los simples y débiles mortales, aplícate el cuento, jovencita.- Dijo Sue moviendo un dedo acusador delante de ella.

Tarene estaba tan sorprendida de recibir tan reprimenda que no fue capaz de articular palabra.

- Tu mujercita le poniéndole  los puntos sobre las ies a nuestra joven diosa.- Dijo la Cosa.

- ¡Agarraros! ¡Parece que hemos llamado al fin la atención de Ghroth!- Gritó Reed.

De la superficie del planetoide, se formaron multitud de proyectiles rocosos que catapultó contra la nave.

- ¡Déjame los mandos, estirado! ¡Deja esto para un piloto de verdad!- Dijo Ben sentándose en el asiento al lado de Mister Fantástico.

Este le traslado el control de la nave espacial a los mandos de su pétreo amigo.
La nave se movió casi gracilmente entre los enormes proyectiles, algunos tan grandes como montañas que de alcanzarlos los aplastaría fácilmente.
  
- ¡Aerolíneas Grimm les desea un placido viaje! – Dijo Ben cogiendo el comunicador.- ¡Abróchense los cinturones y no se preocupen si hay alguna turbulencia!
La nave recibió de refilón un pequeño impacto con uno de los proyectiles, lo que hizo que momentáneamente el vehículo espacial perdiese altura y empezase a caer velozmente, hasta que Ben consiguió recuperar el control gracias a su habilidad como piloto.

- Eso ha estado cerca, amigo, este Ghroth no se anda con pequeñeces ¡mira!

El Dios primigenio había formado un gigantesco tentáculo de lo que parecía roca rojiza, que se movió mucho más velozmente de lo que su tamaño podría parecer y capturo a la nave. Comenzando a aplastar el casco metálico con fuerza.

- ¡No aguantaremos mucho esta presión!- Exclamó Reed.- ¡Necesito algo de tiempo antes de poner en marcha mi plan!

- ¿Quieres tiempo? ¡Yo te daré tiempo!- Dijo Ben con cara de pocos amigos.

Antes de que Reed pudiese evitarlo, Ben Grimm salió de la cabina y se encamino hacía la exclusa.

- ¡Ben! ¿Qué vas a hacer?- Preguntó Sue alarmada.

- Voy a enseñarle modales a esta bola de billar flotante.

Ben Grimm, más conocido como la Cosa, abrió la exclusa y caminando con las botas magnéticas de su traje, se acercó al enorme seudópodo y lo agarró con todas sus fuerzas.

- ¿Sabes que hora es, Ghroth? ¡¡Es la hora de las Tortas!!

Unos de los músculos más poderosos de la Tierra se pusieron en funcionamiento y con la descomunal fuerza que surgía de ellos, la Cosa arrancó gran parte de la masa del tentáculo que surgía del Dios. Perdió la suficiente masa como para poder liberar la nave.
Una vez de nuevo en su interior, Johnny le dio una palmada en la espalda pétrea de su compañero.

- Ey, Benji, por una vez he de  reconocer que lo has hecho fenomenal, colega.

- Si, tengo mis momentos… Mmm ¡Maldición! ¡He perdido mi puro! ¡Y era un habano de los caros!- Dijo la Cosa alterado.

- Benji, si conseguimos salir de esta, ¡yo mismo te regalaré una caja de puros para que sigas ensuciando tus pulmones!

- Te tomo la palabra, cerilla…

- ¿Siempre se comportan así?- Preguntó Tarene algo confusa.- Los  mortales son tan extraños…

De nuevo a los mandos de la aeronave, Ben se volvió hacía Reed.

- Explícame de nuevo ese plan tuyo, pero en cristiano, Reed.

- Es muy sencillo, Ben. Alrededor del Pogoplano generaré una disrupción plasmática de elevado nivel que hará que nos internemos en el interior del cuerpo de la criatura, con la destreza de un cirujano con el bisturí, internándonos en su sistema nervioso hasta llegar a su centro neuronal.- Explicó Reed.

- ¡Genial! ¡Como en Viaje Alucinante!- Comentó Johnny Storm risueño.

- ¿Viaje Alucinante?- Preguntó confuso Reed.

-  ¿No has visto esa película? Cuñado, deberías ver más la tele o ir al cine… ¡Si ese film es más viejo que yo!

- Ya discutiremos sobre cine después, tenemos que darnos prisa, antes que este Dios reaccioné y nos aplasté como si nada…- Dijo Ben.

- Por supuesto. Mientras hablábamos estaba realizando todos los preparativos.- Dijo Reed.

- No dejas de sorprenderme, listorro.-Comentó la Cosa moviendo la cabeza.

- ¡¡Gran Scott!!- Exclamó Reed.

La superficie de Ghroth estalló en varios puntos, de donde se formaron geisers de magma surgida desde lo más profundo del corazón del Dios primigenio.
El Pogoplano eludía como podía el magma incandescente, aunque cada vez era más difícil, ya que no paraban de surgir uno tras otro, así como la misma roca y piedra que era lanzada para tratar de derribarlos.

- Reed, no puedo seguir así mucho tiempo, tarde o temprano nos alcanzará ¿Estas preparado?

Reed accionó unos controles, y una especie de aura plasmática se formó en el exterior del casco de la nave.

-¡Ahora, Ben!

Moviendo los mandos de la aeronave, esta fue directa contra el suelo que brillaba como el hierro fundido, la nave atravesó la superficie de roca de Ghroth y se internó en las profundidades de la ancestral criatura.


                                                               

Johnny Storm observaba estupefacto por las mamparas el paisaje que estaban recorriendo.
- ¡Es increíble! Parece hecho de gas, ceniza, y hierro fundido. No da la sensación de tener vida propia, parece una roca muerta e inerte.
-El mal escoge muchas formas diferentes.- Comentó Tarene.
Sue Richards se acercó hacía donde estaba su esposo, que se hallaba absorto en los anagramas varios monitores.
- ¿A dónde nos dirigimos, Reed?
- Nuestra próxima parada es el núcleo del planetoide, donde creo hallaremos el sistema neuronal y el cerebro de esta fascinante criatura, Sue.
- ¿Te parece fascinante? A mi me da escalofríos.- Dijo Sue estremeciéndose.
- Es una forma de vida única en el universo, probablemente no haya otra similar. Ni siquiera podemos saber si es malvada o consciente de lo que sus actos están destruyendo la Tierra, podría ser como una ballena alimentándose de Plancton a nivel cósmico.
- Sólo que nosotros somos el Plancton.- Apuntó Ben Grimm.
- No te equivoques, Reed Richards. Es maligno, y su maldad no conoce límites.- Dijo Tarene.
- Aminoramos la velocidad, estirado, no sé que es lo que ocurre.- Dijo la Cosa.
Reed estiró uno de sus brazos para activar unos controles táctiles.
- Hay algo que esta sumándose a la masa de la nave. Veamos de qué se trata.
En los monitores aparecieron unas criaturas gelatinosas, con escamas y largas patas que se  estaban adhiriendo al casco metálico.
- Las defensas internas del ente, muy parecidos a nuestros glóbulos blancos. Según los sensores, emiten un acido concentrado que puede disolver el metal en un lapso de tiempo corto si no lo evitamos.
- Déjame que salga, Reed, y los chamuscaré un poco con mi llama.- Dijo Johnny.
- No es una buena idea, Johnny. El plasma que nos rodea es peligroso para nosotros, pero si Ghroth tiene defensas, nosotros no carecemos de ellas.
Reed Richards activó unos controles y unas ondas sónicas vibraron por el casco metálico, haciendo que las criaturas se soltasen del casco y se partiesen en varios fragmentos.
- Esa ha sido buena, Reed ¿rayos sónicos? Preferiría unos phasers como en Star Trek, ¡pero mola!
-Abrochaos los cinturones, vamos a aumentar la velocidad para intentar hacer el trayecto más corto.- Dijo Ben.
 El Pogoplano cruzaba por la roca ardiente como si esta no fuese sólida. Hasta que Reed vio algo que le llamo la atención.
-¡Detente, Ben!
Ben apenas pudo detenerse a tiempo, pues su vista, como la de los otros ocupantes de la nave, estaba fijada en un fenómeno asombroso.
Enormes, inconmensurables círculos de algo que parecía a la vez material e inmaterial, como insustancial, se movían y al desplazarse cambiaban de color.
- ¡Por Odín!- Exclamó Tarene.
- ¿Qué narices es eso, Reed?- Preguntó Ben con los ojos muy abiertos.
- Presumo que es muy parecido a un sistema de cavidades, y que en su interior se halla el núcleo o cerebro de la criatura. En otras palabras, el  corazón del planeta.
- ¿Y como entramos allí?- Preguntó Sue.
- Entramos no, entraré.- Dijo Reed.
- ¿Qué? Ni hablar, Reed, no te dejaré ir sólo. No sabemos lo que puede haber tras esas cavidades.- Dijo Sue.- Tu no te mueves de aquí sin nosotros. De eso nada.
- Secundo eso, Richards.- Dijo la Cosa.
Reed sacó un extraño artilugio, con forma esférica, no mayor que un balón de futbol.
- Esta es nuestra única posibilidad. Si lo sitúo en el centro exacto del planetoide, creara una anomalía que hará implosionar toda la masa de Ghroth, de fuera hacía dentro, por lo que eliminaremos la posibilidad de que afecte de algún modo al planeta Tierra. El Pogoplano es demasiado grande para atravesar la abertura. Una sola persona puede tener opción de pasar a través de ellos, y sólo yo soy capaz de manejar el equipo necesario para hacerlo.
- ¿Y como se supone que saldrás del centro mismo de la explosión? No aceptaré que te limites a sacrificarte sin más.
Reed le puso una mano encima del brazo a su mujer y la miró directamente a los ojos.
- Confía en mi, cariño. Sé lo que me hago. – Dijo con una firmeza y una confianza que Sue pudo ver con total claridad que no habría manera de convencerle de lo contrario.
- ¡Y una porra! Si quieres ser el héroe del día, yo me apunto también, necesitarás a alguien que te guarde las espaldas.- Dijo la Cosa.
                                                             
Tarene se adelantó y se acercó a la pareja.
- Yo te acompañaré, Reed Richards. Necesitarás de mi poder.- Dijo Tarene.- Y Una vez derrotemos a Ghroth, podré transportarnos fuera de aquí en sólo un instante.
Reed adoptó una posé pensativa y asintió.
- Tarene es una diosa, con experiencia contra este tipo de criaturas, es más que adecuado que si alguien me acompaña, sea ella.- Observó Reed.
- ¡Maldita sea, Reed! – Dijo Sue.- Como no vuelvas de una pieza…
- No temas, Sue, se la que me caerá si no lo hago.- Dijo Reed abrazándola.

                                                               

Reed Richards elaboraba complejos cálculos matemáticos e infinidad de posibilidades volaban en su mente a una velocidad inimaginable excepto para la mente científica más importante del mundo.
Ajustó los sensores situados en su guante derecho y activó la cuenta atrás. Mientras los números pasaban para la ignición la mochila-Jet, no pudo evitar una nueva mirada al lugar donde se dirigía. Los inmensos círculos iridiscentes, siempre fluctuantes, que se movían rítmicamente y las luces de colores que se encendían y se apagaban a pulsaciones de nanosegundos era una visión realmente hermosa, nada podría hacer sospechar que en su interior se encontrase el cerebro, la mente o el centro de pensamiento de  esta enigmática y terrorífica criatura que estaba a pocas horas de acabar con la vida en la Tierra tal y como era conocida.
- No temas, mortal, saldremos triunfantes. Nuestra misión es honorable y nuestras voluntades puras.- Dijo Tarene.
- Sue… Una vez traspase la abertura, no sé si seguirá la comunicación. Si todo va bien, nos veremos pronto, si no… Te amo, Sue.- Dijo Reed no esperando una respuesta de su enfadada esposa.
- Te quiero, Reed. Mi corazón va contigo.
Reed dibujó una leve sonrisa en su rostro, justo en el instante que la luz roja le indicaba que la cuenta atrás había concluido. Los cohetes de la mochila se activaron y el cuerpo de Mister Fantástico salió disparado como una piedra lanzada por una honda de precisión. Propulsado junto a Tarene, que mantenía la velocidad,  como sus cálculos predijeron, cruzaron entre dos círculos en el momento justo, sabiendo que si le rozasen aunque fuese levemente desintegrarían todos sus átomos de inmediato.
  
La mente privilegiada de Reed Richards se ve inundaba, saturada de imágenes, sonidos y olores que sobrecargan todos sus sentidos. A duras penas puede mantener la cordura y entender una mínima parte de lo que esta recibiendo. Aún con el visor que había fabricado para proteger su cordura, esta estaba pendiente de un hilo.
Tarene era un ser inmortal, y aunque su apariencia dijese lo contrario, era mucho más que una diosa asgardiana, por lo que no necesitaba de ninguna protección ante la mente obscena e imponente que recorrían.
Una gran explosión, un estallido, una luz y una gran masa incandescente, que revela extrañas formas oscuras y gigantescas, incomprensibles para la concepción humana, unas formas extrañamente aberrantes.
Las primeras galaxias aparecen, y las formas giran entorno a un planeta de reciente formación. Un mundo incandescente recién creado, donde las criaturas, raros y extraños seres con formas reptilianas provistas de alas, gigantescos gusanos que se retuercen, formas humanoides distorsionadas… Todas ellas descienden hacía el nuevo mundo, antes de que los primeros signos de vida surjan en él.
Es la Tierra-Pensó Reed- Estuvieron en la Tierra mucho antes que el primer ser vivo.
Ante sus ojos pasaron formas que reconoció como diferentes mundos, a cual más extraño e inquietante ¿Los mundos que Ghorth había transformado en sus millones de años de vida?
Altas torres, ciudades más allá de toda comprensión, y criaturas fabulosas e inimaginables desfilaban ante él. Reed comprendió en cierta forma lo que estaba contemplando. De alguna forma, un eco, un residuo de cada civilización, de cada ser vivo exterminado por los mundos que el Dios primigenio había arrasado, tenían su lugar en la mente del ente, como un incalculable archivo de razas y culturas extinguidas.
El último recuerdo, la última imagen de criaturas que vivieron en este y otros universos. Un testimonio, una prueba de que existieron.
Realmente era una lastima que todo este conocimiento tuviese que ser borrado, que desaparecer, pero no tenían elección.
Los cohetes se extinguieron, y se quedó flotando en el gran vacío junto a Tarene.
Reed, e incluso la misma Tarene apenas pudieron mirar directamente al caos puro que era el centro de la criatura que conocían como Ghroth.
Era como un lugar complejo, compuesto de una especie de sustancia cristalina que lo cubría hasta donde llegaba la vista. Los cristales crecían y se consumían continuamente, sin parar.  No cabía duda de que era hermoso.
Reed descendió al suelo y se puso a analizar su entorno con los sensores de su traje, mientras Tarene observaba impaciente.
- ¿A que esperas, Reed Richards?- Preguntó con premura la diosa.
- Tengo que ajustar todos los parámetros, todo tiene que estar programado, si me equivoco, aunque solo sea por un nanosegundo, moriremos sin darnos ni cuenta, Tarene.- Explicó Reed sin apenas apartar su  vista de la mini pantalla de su guante.
Sin que los dos intrusos, se diesen cuenta, un inmenso ojo les estaba observando. Se había formado
en las entrañas del dios primigenio, para vigilar a los extraños intrusos que habían osado penetrar en su interior.
Surgiendo de las paredes cristalinas, comenzaron a salir criaturas humanoides, sin rostro, sólo dos orificios luminosos uno encima de otro, que podían asemejar grotescos ojos.
Las criaturas se dirigieron hacía los intrusos, como autómatas movidos por una mente mayor, una mente totalmente inhumana y primigenia.
Reed sacó la esfera metálica y la dejó flotando al lado suyo.
- Como me temía, precisa de algunos ajustes antes de poder activarla, o no funcionará como deseamos.
- Pues será mejor que te des prisa, mortal. Creo que no disponemos de demasiado tiempo.
Reed se volvió hacía Tarene, y después fue consciente de que no se encontraban solos.
- Haz tu trabajo, Reed Richards. Te proporcionaré el tiempo que necesites.- Dijo Tarene levantando su martillo encantado.- ¡En guardia, monstruos! ¡Os enfrentareis a la ira de la Elegida!
Mientras tanto, el resto del cuarteto se hallaba con los nervios a flor de piel en el interior del Pogoplano. Sue miraba sin cesar la cabida por donde se habían introducido Reed y Tarene.
- La espera es insoportable. Tengo que salir de aquí o me volveré loca.- Dijo Sue con la impaciencia en sus hermosas facciones.
- Demos un paseo por el exterior, Suzie. Nos vendrá bien estirar las piernas.- Dijo Ben.
- ¡Me apunto! ¡Llamas a mí!- Gritó Johnny Storm envolviéndose por completo en llamas.
Los tres salieron por la compuerta de la nave y caminando por una de las alas metálicas.
La Antorcha Humana salió volando por encima de ellos, perdiéndose de vista enseguida.
- ¡No te alejes, Johnny!- Gritó Sue.
- El cabeza de chorlito no escucha, para variar, nena.- Observó Ben. ¿Te encuentras bien, Sue?
Sue asintió lentamente, para después forzar una sonrisa.
- Volverá, siempre lo hace ¿verdad? Estas son las cosas que hacemos, convertimos lo extraordinario,
lo fantástico en algo habitual.
- Reed lo solucionará todo y antes de que nos demos cuenta, estaremos de vuelta en casa, ya lo veras, Sue.- Dijo Ben tratando de consolar a su amiga y compañera.
Sue le dio un leve beso en la pétrea piel de la mejilla de su amigo.
- Gracias, Ben, eres el mejor y lo sabes.
La Antorcha Humana se desplazaba a gran velocidad, explorando con expectación lo que les rodeaba. No cabía duda de que era una experiencia extraordinaria. Johnny sonreía, vivir y ver cosas como estas era lo mejor de ser un superhéroe y pertenecer a los Cuatro Fantásticos y él lo disfrutaba enormemente y siempre con una sonrisa en la boca.
Un círculo de energía se formó delante de él.
Johnny se acercó con interés y curiosidad.  La superficie del circulo parecía casi liquida, como agua. Johnny no pudo evitar la tentación y tocó la superficie con uno de sus dedos. La onda se expandió por el líquido, hasta que de improviso, salió una garra que le sujetó el cuello.
Una criatura, de piel rugosa, con algo de insecto, y algo de mono, surgió del círculo.
-Nunca aprendes, Johnny.- Pensó- La curiosidad mató al gato, pero no esta vez…
De su mano libre surgió una llamarada que cubrió por completo a la criatura, que cayó envuelta en llamas y perdiéndose en el interior de Ghroth.
De pronto, comenzaron a surgir de la nada, cientos y cientos de esos discos y de estos, criaturas similares a la que acababa de derrotar.
- Oh, oh, esto no me gusta.
En el ala de la nave, la Cosa creyó ver algo en la lejanía. Cuando forzó su vista, se dio cuenta de lo que ocurría. La Antorcha Humana estaba siendo perseguida por una auténtica plaga de criaturas.
- ¡Por mi tía Petunia!- Exclamó Ben.- La madre que lo trajo ¿es que no puede dejar de meterse en líos?

                                                               

El martillo de Tarene se movió con velocidad, salió catapultado de las manos de la diosa por su increíble fuerza, golpeando a una de las entidades cristalinas, para después revotar e impactar en dos más, para luego regresar fielmente a su mano.
Las entidades permanecieron impasibles, y de los orificios de sus cabezas, salieron haces de energía que hicieron caer a la Elegida.
- ¿Osáis dañar a la Elegida? Tal ofensa será vengada.- Dijo Tarene antes de apuntar con su martillo a una de las entidades, para un momento después, hacerla explotar en miles de fragmentos con un rayo surgido de su arma mística.
- Parece que no son tan duros como parecen…
Pero sus palabras quedaron en nada cuando los fragmentos desperdigados comenzaron a juntarse de nuevo, hasta formar de nuevo el cuerpo humanoide de la entidad.
Distraída, Tarene bajo un instante la guardia, y otra de las entidades le agarró y la arrojó con tremenda fuerza contra una de las paredes de cristal.
Cuando otra de las entidades fue a rematar a una aturdida Tarene, el brazo elástico de Mr. Fantástico lo rodeó, para al momento siguiente lanzarlo contra sus compañeros.
- ¿Estas bien, Tarene?- Dijo Reed sin dejar de manipular los paneles interiores de la esfera metálica.
- Sólo mi orgullo ha sufrido algún daño, Reed Richards.- Comentó Tarene.
Reed accionó un servo control y la esfera empezó a iluminarse, primero intermitentemente y después continuamente.
- Esta calibrado para actuar. Se ha iniciado la cuenta atrás.- Dijo Reed.
En ese preciso instante, todo comenzó a temblar, como si estuviesen en medio de un terrible terremoto.
- ¡Por Odín! ¿Qué sucede?
- Es Ghorth. Sabe que corre peligro. Esa moviéndose, cambiando de órbita, para impactar contra la Tierra.
En La Tierra, el tiempo empeoró aún más que en los últimos tiempos. Los tornados y los vientos huracanados amenazaban con destruir todo a su paso, las olas inmensas que se formaban eran capaces de borrar literalmente países enteros bajo las aguas.
Y todo el mundo se preguntaba ¿Qué es lo que ocurría?
Y al mirar al cielo carmesí, sólo contemplaban el implacable ojo de Ghroth, ¿cada vez más cerca?
- No paran de salir bichos de estos por todas partes, por uno que aplastó, aparecen dos más.- Dijo La
Cosa golpeando con sus puños de piedra a una de las criaturas que acababa de aparecer por una abertura.
- Esas alimañas nos ganan terreno poco a poco.- Dijo Sue.- Quizás deberíamos retroceder al interior del Pogoplano.
Johnny volaba quemando con su llama a todas las criaturas que iban apareciendo y que estaban dentro de su alcance.
- Si lo hacemos, estaremos atrapados dentro de las paredes de acero de la nave, hermanita.- Dijo Johnny lanzando una nueva ráfaga de llamas.
- A veces es mejor una retirada a tiempo, torchy. Si no salimos pronto de aquí, puede que ya no podamos hacerlo.- Comentó la Cosa acelerando contra un grupo de las criaturas que se habían unido para atacarle.
- No os podréis quejar, bichejos, ¡no a todo el mundo le regalo mi puñetazo de los domingos!- Gritó Ben lanzando un directo con toda la fuerza de la que fue capaz.
Las criaturas cayeron derribadas como si fueran fichas de domino.
Sue aprovechó ese instante para concentrarse y crear cientos de burbujas de fuerza que proyecto contra todas las criaturas que estaban a su vista. Aprovechando esta distracción, los tres se introdujeron en el Pogoplano.
- Estoy reforzando el casco con un campo de fuerza.- Dijo Sue.
Ben se sentó en el asiento del piloto, con Johnny en el del copiloto.
- Ey, ¿Por qué no conduzco yo? Me encantaría darle caña a este bólido espacial.- Dijo Johnny.
- No tientes tu suerte, cerilla.- Dijo Ben fulminándole con la mirada.
Todo comenzó a temblar ostensiblemente, hasta con los amortiguadores de inercia de la nave, sintieron como las vibraciones hacían moverse todo el planetoide que era Ghorth.
- ¿Qué esta ocurriendo?- Preguntó Johnny alarmado.
- Significa que Reed lo esta logrando, ¡Ben, salgamos de aquí!- Dijo Sue.
- ¡Tus deseos son ordenes, muñeca! ¡Agarraos bien fuerte!- Dijo Ben justo antes de activar los reactores.
Las entidades cristalinas se quedaron inmovilizadas, totalmente estáticas, como si la vida que les había sido infundida, se hubiese desvanecido por completo en un instante.
La energía liberada por la esfera de Reed no dejaba de aumentar en intensidad. Todo el inmenso, frío y bello corazón cristalino de Ghroth se estaba desmoronando rápidamente.
- La anomalía esta creciendo con rapidez, Tarene. Esta saliendo todo según lo…
Reed se calló de improviso, miró hacía abajo. El suelo formado por cristales había crecido entorno a sus piernas, atrapándole.
Intentó liberarse usando al máximo su elasticidad, pero los cristales se adaptaban a todos sus intentos.
- No puedo soltarme, tienes que salir de aquí, Tarene.
- Abandonarle seria una cobardía indigna de la Elegida, Reed Richards.- Dijo Tarene.
La diosa comenzó a hacer girar su martillo por encima de su cabeza, cada vez con más velocidad.
- ¿Qué estas haciendo?
- Hay cosas que escapan el entendimiento de tu ciencia mortal, Reed Richards. No tienes nada que temer. Debes confiar en mí.
Las dos figuras quedaron sumergidos por un océano de luz que hizo desaparecer de la vista, envueltos en un resplandor tan intento como un millar de soles.
La Implosión sacudió el cuerpo primigenio y más antiguo que el tiempo.
- ¿No podemos ir más deprisa? ¡Ghroth esta destruyéndose con rapidez!- Exclamó Johnny.
- Los motores están al máximo, tanto que puede que estallen antes de que salgamos de aquí.- Dijo Ben concentrado al máximo en su panel de mandos.
El Pogoplano iba esquivando fragmentos del planetoide que se derrumbaban a su paso.
La nave aceleraba, y Ben Grimm escuchó como se quejaba toda la estructura y temió que el motor se quemase en cualquier momento.
-Vamos, pequeña, no nos dejes en la estacada ahora.- Pensó Ben.
Con un alarido final, casi agónico, la nave salió del cuerpo de Ghroth. Momentos después, y antes de poder siquiera resoplar por su suerte, la implosión hizo que Ghroth se colapsase sobre si mismo, iluminando el cielo por completo un momento.
En otro plano, el dios de las mentiras de la lejana Asgard, Loki sintió que el dios primigenio había desaparecido, y odio aún más a esas hormigas insignificantes llamadas mortales. [1]
-¡Gran Scott!- Exclamó Johnny.
- Reed…- Dijo Sue casi inaudiblemente.
Ben iba a levantarse para ir a consolar a Sue, cuando vio una luz en el panel de control de la nave.
- Chicos, mirad por las ventanas.- Dijo Ben.
Sue y Johnny corrieron a mirar a través de las ventanas del Pogoplano. Flotando en el vacío del espacio, se encontraba lo que parecía una esfera de luz. En su interior, dos formas reconocibles.
- ¡Reed!- Exclamó Sue alegré.
Momentos después, Tarene y Reed Richards entraron por una de las compuertas.
Sue saltó a abrazar a su esposo, y los dos se besaron amorosamente.
- Te  dije que volvería de una pieza ¿verdad?
- Por la cuenta que te traía, cariño.- Dijo Sue con una sonrisa.
- Agradecérselo a Tarene, sin ella nunca hubiese conseguido volver con vosotros.- Dijo Reed cruzando su mirada con la diosa, esta asintió, saludándole con respecto.
- Quería darte las gracias por salvar a mi cuñado, nena, ya decía yo que…
Johnny Storm no pudo continuar hablando, ya que Tarene lo agarró y lo besó, levantándolo en vilo. Ben, Reed y Sue se quedaron con la boca abierta viendo el espectacular beso con el que estaba obsequiando la diosa a Johnny.
- Me esta empezando a gustar estos gestos tan carnales de los mortales.- Dijo Tarene con seriedad dejando a Johnny en el suelo.
-Ufff..... Y a mí.- Dijo Johnny con una sonrisa plena en su rostro.
- Lamentándolo mucho, tengo que marcharme. Siento la llamada de Thor a las armas, la última batalla contra Loki esta por librarse y necesitará de todas las fuerzas disponibles a su lado.
- Gracias por tu ayuda, Tarene, espero volver a vernos en mejores circunstancias.- Dijo Sue.
- Mucho mejores…- Murmuró Johnny por lo bajo.
- Habéis sido unos magníficos compañeros de armas, amigos míos. Rezad para que salgamos triunfantes en nuestra campaña.- Dijo Tarene, que hizo girar su martillo hasta formar un vórtice de energía que la envolvió hasta desvanecerse. [2]
- Le deseo mucha suerte, algo me dice que es una batalla que la deben librar otros.- Dijo Reed.
- Despierta, mentecato.- Dijo Ben dándole una pequeña colleja.- Deja de soñar con rubias impresionantes y acuérdate de que me debes una caja de habanos de los buenos.
- Deja que mantenga ese recuerdo en mi mente por mucho tiempo, Benji.- Dijo Johnny embobado aún.
- Hablando de roma… Necesitamos unas vacaciones, unas buenas vacaciones, y nada de irnos en Pogoplano o Fantastic Car. Si no un viaje en avión como cualquier familia normal.- Dijo Sue riendo. Ya hemos tenido naves espaciales de sobra por ahora.
- Mmm Tengo una serie de experimentos a medias que no se si…
- Reed.
- Es broma, es broma, cariño. Nos merecemos esas vacaciones más que nadie. Ben, rumbo a casa.
- ¡A sus órdenes, jefe!




Epilogo

A la mañana siguiente, Ben silbaba tranquilamente una melodía de una vieja canción, cuando escuchó un ruido. Pegó un respingó debido al sobresalto.

- Eres tú, menos mal, pensaba que era tu madre.

- ¿Qué haces tan temprano levantado, Tío Ben?- Dijo un risueño Franklin mientras jugaba con una pieza de alguno de sus juguetes.

- Hmmm Hay que saltarse el embargo gastrónomico que ha impuesto tu madre. Creo que para el desayuno tenía pensado tortitas de tofu y leche de soja…

Los  dos pusieron cara de desagrado al escuchar el menú.

- Con el estomago bien lleno, será fácil saltarse el desayuno ¿verdad, Franklin?

-¿Y en que habías pensado, tío Ben?- Dijo el pequeño de los Richards subiéndose a la silla y mirando con ojos muy abiertos lo que había en la mesa.

- Oh, un tentempié para abrir el apetito.

A Franklin se le iban los ojos a la montañas de creepes, tortitas y gofres que Ben había colocado cuidadosamente, junto a botes de siropes de todo tipo de sabores.

- Si nos pilla mamá…

- El riesgo es parte del juego si se quiere ser un superhéroe, Franklin.- Comentó jocoso Ben mientras le guiñaba un ojo.

-Si es así, yo te acompañaré, tío Ben.

-Así me gusta, necesitas energía para crecer, pero esto que quede entre tu y yo, pequeño.

Franklin asintió rápidamente.

- En ese caso…- Comenzó a decir Ben mientras extendía sirope de chocolate y caramelo por las tortitas.- ¡¡Es la Hora de las tortitas!!


Fin

Para nuestro cuarteto favorito la amenaza ya ha terminado… Aunque el Crepúsculo de los Dioses prosigue…

Si te ha gustado la historia, ¡coméntala y compártela! ;)

Referencias:
1 .- Seguiremos las andanzas de Loki en Thor.
2 .- La batalla a la que se une Tarene la veremos a partir del Thor#18, aquí mismo en Action Tales.

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