Crepúsculo de los Dioses nº05

Título: Horror Ancestral
Autor: Miguel Ángel Naharro
Portada: Montaje con dibujos de C. Pacheco
Publicado en: Octubre 2010


Iberia Inc se enfrenta al más temible de los N'Garai ¡Kierrok, el destructor de almas!El Doctor Muerte tiene que vérselas con el surgimiento desde las entrañas de Latveria de Nyogtha “aquél que no debería existir”. Y Alpha Flight combate contra las fuerzas de Malekith, cuando llega ¡Ave Nevada!
“El hombre reina donde antaño reinaron Ellos, pero pronto Ellos reinaran donde ahora reina el hombre. Tras el invierno viene el verano, y tras el verano viene el invierno... esperan pacientes y confiados pues saben que volverán a reinar sobre  la Tierra."
Stan Lee y Action Tales presentan


Resumen de lo publicado:   Justo cuando Muerte regresa de la reunión con el Concilio, un rasgón en las dimensiones lleva a los terribles Sin Mente desde la Dimensión Oscura a invadir y sembrar de caos y destrucción su país.
Muerte vuelve a tener otra de esas extrañas e inquietantes visiones con la mujer.
El Doctor Muerte distribuye a sus hombres y a sus muertebots para defender a la población, a la vez que se lanza a las calles de su patria a detener a los Sin Mente. Tras salvar a una mujer y su hijo, Muerte analiza la situación y decide que la mejor manera de derrotar a las criaturas es cerrar la grieta por la que se colaron en nuestra dimensión. Los Avatares de Nyogtha le observan y le siguen de cerca.
Iberia Inc luchan contra los demonios N’garai, hasta que Drac de Ferro les informa que el foco de poder y energía por donde vienen los demonios esta situado en la Sagrada Familia. Cuando se van a intentar en el edificio para desactivarlo, hace su aparición Diablo y les reta a derrotarle para poder penetrar en la Sagrada Familia.
La Sociedad Theron Marks se encuentran de acampada, cuando aparece Pantera Negra, el monarca de Wakanda, que se revela un viejo amigo de Gideon Marks y explica que el Dios Pantera se le apareció en sueños y le indico que les ayudase. Su camino les lleva a la entrada de la caverna que estaba situada en la boca de un horrendo rostro tallado en la roca y que les ha de llevar al Valle de los Dioses, tras cruzarla y enfrentarse al ataque de unas criaturitas grotescas, llegan al Valle.
Red Norvell es malherido por Pentigaar, y aparecen los Campeones del Viejo Mundo al rescate, el grupo de superhéroes de la comunidad europea.
Los gigantes derrotan a los Campeones del Viejo Mundo, y comienzan a congelarlo todo a su alrededor. Red Norvell ve como Cassie se congela y cuando el mismo esta a punto de seguir el mismo camino, sujeta su martillo encantado y recupera su vigor, para ponerse a  plantarle cara a Pentigaar y los gigantes de hielo.



Latveria, Europa
Los seres extradimensionales conocidos como los Sin Mente se arremolinaban cerca del rasgón entre
planos que les daba acceso al mundo mortal.
Llegaban en gran número, pues en la dimensión oscura eran incontables las criaturas de destrucción que rondaban por ella. Enseguida comenzaban a destruirlo todo a su paso, sin importarles que ya no se encontraban en su habitad natural. Los seres pétreos avanzan sin dar tregua a todo lo que se cruza en su camino, ya sea edificios, coches o personas, todo es tratado de igual forma, ya que sólo conocen algo en su interminable vida: la destrucción y el caos.
Una figura se plantó ante ellos sin ningún temor. En la mascara metálica se vieron reflejados a los Sin Mente que no parecieron impresionados de este oponente que estaba decidido a hacerles frente. El Doctor Muerte estudio con los sensores de su armadura las lecturas energéticas que despedía la grieta entre dimensiones de donde surgían como una diabólica marabunta las destructivas criaturas.
Descubrió una placa de uno de sus guanteletes y se dispuso a hacer ciertas modificaciones. No tuvo en cuenta que varios de los Sin Mente se abalanzarían sobre el monarca de Latveria. Cayeron sobre él, sepultándolo bajo su número y haciendo desaparecer de la vista su figura acorazada.
Cuando se podía creer que su derrota era un hecho, un puño metalizado surgió y extendiendo la palma, una explosión de energía dispersó a las criaturas, liberando a Muerte.
- Sois indignos rivales para Muerte. Sois meros autómatas irracionales que estáis atacando a mi pueblo, y por eso desapareceréis.- Dijo el Doctor Muerte.
Muerte centró su atención en un Sin Mente, golpeándolo una y otra vez con el poder de su armadura, una maravilla de tecnología y magia sin par en el planeta. Clavó sus guanteletes en la piel rocosa y disparó una onda disruptura que lo destrozó de dentro a afuera.
Energía destructora de un nivel descomunal surgió de las manos de Muerte, impactando en media docena de Sin Mente.
Una vez inutilizados sus enemigos más cercanos, Muerte siguió con las modificaciones, mientras su mente trabajaba a un nivel que seria incomprensible para la mayoría de cerebros más brillantes del planeta. Los cálculos y las ecuaciones eran realizados a una velocidad asombrosa. Finalmente, Muerte fijó un punto con los visores de su armadura.
- Tengo que ser preciso. No puedo fallar. Sólo tendré una oportunidad para realizarlo tal y como es necesario-Pensó Muerte.
Varios sistemas de la armadura se activaron, emitiendo un pulso de energía de enorme magnitud que se dirigió contra la grieta donde surgían incansablemente. En un primer momento no pareció a ver ningún efecto, pero después, se comenzó a hinchar y a volverse su imagen borrosa, casi imposible de enfocar con la vista. Un instante más tarde, se escuchó un sonido estruendoso y finalmente la grieta se desmoronó sobre si misma, emitiendo un cegador resplandor que incluso cegó las lentes de la mascara de Muerte durante medio segundo.
Cuando recuperó los sensores visuales, pudo contemplar como la grieta había sido sellada por completó y los Sin Mente que le rodeaban habían sido desintegrados por la energía liberada en el proceso.
-¡Iiiaaa Nyogtha!
Muerte miró hacía arriba, donde seis siniestros individuos descendían situándose frente a él. Eran criaturas caóticas, más seres de pesadilla que seres humanos.
- ¡Deteneos e identificaos! ¡Estáis ante el legitimo gobernante de esta tierra!- Exclamó Muerte.
Lo-kar que llevaba coraza de estilo medieval y cuya carne pútrida no dejaba de descomponerse emitió una risa inquietante, más propia de un demonio que de un ser vivo.
- El señor y amo de este lugar no es otro que Nyogtha “aquél que no debería existir”.- Dijo la
criatura.- Arrodíllate ahora ante él o sufrirás un tormento eterno.-
- Muerte no se arrodilla ante nadie, sea hombre, dios o demonio.- Dijo con orgullo el Doctor.- Vuestro destino estaba sellado en el momento en el que me desafiasteis.
Devos el degollador, que alrededor de cuello llevaba una cadena que sujetaba con firmeza Lo-Kar, gruñó, mostrando sus dientes afilados.
Sin esperar respuesta, Muerte lanzó una ráfaga que golpeó a varios de ellos. Yula, le atacó con su afilado hacha, que chocó con el campo de fuerza que le rodeaba, y para sorpresa de Muerte, el afilado hacha lo atravesó como si no existiese, clavándose en su armadura. – No es posible- Pensó en ese instante. Apartó a Yula de un golpe, y arrancó el hacha de su armadura, cuyos circuitos dañados empezaron a despedir chispas. Del yelmo de Arkot surgió una lengua de fuego arcano que cubrió por completo al Doctor Muerte.
Thala extendió sus alas membranosas y saltó sobre la humeante armadura y sus afiladas garras trazaron surcos en el metal.
Las pantallas de datos del interior de la máscara comenzaron a perder fuerza, Muerte cayó Devos el degollador impactó con dureza contra él.
Muerte trató de levantarse, con la armadura con múltiples daños y cuyo funcionamiento comenzaba a ser errático.
- Soy Muerte y nunca me rendiré. – Dijo con toda la convicción de que caería defendiendo lo que  era
suyo.
 Una descarga de llamaradas de Arkot hizo derrumbarse finalmente al gobernante.
La vista se le empezó a nublar, y todo cambió alrededor suyo. Ya no se encontraba rodeado de enemigos. Estaba aún en Latveria, pero no en la Latveria que conocía, si no una de algún lejano pasado.
La mujer de cabello dorado que se la había aparecido anteriormente estaba mirándole con preocupación. Le ofreció su mano para levantarse.
- Nyogtha viene… Resurge de nuevo… - Dijo con voz algo asustada.
                                                               

Barcelona, España

Hacía un momento que Iberia Inc se había plantado ante las puertas de la Sagrada Familia, que no dejaba de emitir una luminiscencia casi maligna. En el umbral de sus puertas se encontraba el alquimista y nigromante conocido como Diablo.
El alquimista había arrojado una serie de gotas de algún extraño producto y donde cayeron comenzaron a humear y a calentarse el pavimento como si estuviese ardiendo.
Se fue formando un charco de un líquido incandescente, que no dejaba de soltar llamas y una columna de humo.
- ¿Que se supone que es eso?- Preguntó Dolmen.
Como respondiendo a su pregunta, una forma se fue formando del liquido ardiente, una demoníaca y maligna figura de color rojizo, con dos enormes alas desplegadas en su espalda, un solo ojo con mirada diabólica y cruel, abrió su boca con dos hileras de dientes afilados y su lengua bifida pareció relamerse al verlos.
De sus poderosos pulmones surgió un rugido escalofriante.
-¡Kierrok, el destructor de almas, el asesino de hombres ha regresado![1] – Rugió el demonio.- ¡Y esta ansioso de devorar almas!
-¡Iberia! ¡Ataquemos con todo antes que sepa que el golpeó!- Ordenó Trueno a sus compañeros de equipo.
Trueno lanzó una de sus manos metálicas que golpearon al demonio en pleno rostro, para después volver a unirse a su brazo.
- ¡Sois insignificantes, no tenéis nada que hacer ante el poder de Kierrok!
El demonio desplegó sus alas y con un rápido movimiento de una de ellas, alcanzó a Cascabel, que no tuvo tiempo de ver venir el golpe.
Dolmen creció en estatura, hasta equipararse en tamaño y en masa con el N’garai.
-¡Si le has hecho daño lo pagaras caro! ¡Es sólo una niña!- Dijo Dolmen sin dejar de intercambiar golpes con el demoniaco ser.
Aprovechando la distracción del demonio, Drac de Ferro emitió una serie de descargas de plasma que impactaron en su rostro.
Kierrok se llevó su zarpa llena de garras a su ojo.
-¡Habéis dejado ciego a Kierrok!- Exclamó el demonio dolorido.
Diablo observaba el combate divertido, pensando en que por mucho que intentasen evitarlo, el destino del mundo estaba sellado, y no se podía hacer nada para luchar contra lo inevitable. La humanidad estaba condenada y sólo los que siguiesen a los nuevos amos del planeta seguirían con vida.
Una sombra cayó sobre él, y sólo tuvo un segundo para moverse antes de que un poderoso impacto hiciese pedazos el suelo donde pisaba momentos antes.
Melkart, el dios fenicio levantó el cetro que usaba como maza con el que había golpeado y miró enfurecido al alquimista centenario.
-¡Tus días de fechorías han terminado, Diablo! ¡Ahora te enfrentas al poder de un Dios!
- Andas muy errado si crees que vencerme será cosa sencilla.- Dijo Diablo arrojando un vial de vidrio al suelo. Sin previo aviso surgieron una serie de raíces que crecieron hasta sujetar a Melkart por completo.
- Cuanto más fuerza hagas por liberarte más te atraparan en su presa, mi endiosado amigo.- Observó Diablo y comenzando a reír a carcajadas, su risa se detuvo cuando notó enfrío metal posado en su cuello.
- No es bueno reírse de las desgracias ajenas.- Dijo el Burlador sujetando su espada al cuello del alquimista.
- ¿Crees que un simple espadachín podrá detenerme?- Dijo Diablo enfurecido.
El nigromante movió rápidamente un brazo, y de uno  de sus guantes salio una vara de metal que en un segundo se tornó tan grande como una pequeña lanza. Diablo apartó con su vara el florete y se puso frente al Burlador.
El veterano héroe no pudo menos que esbozar una sonrisa.
- ¡En Garde!- Dijo el Burlador.
Mientras Diablo y el Burlador se batían, rememorando un duelo de otras épocas del país, el resto de Iberia Inc trataban de salir airosos de su enfrentamiento con el N’garai llamado Kierrok.
Aquaviva, la doncella acuática, había apartado a la joven Cascabel del alcance del demonio. La muchacha acababa de recobrar el conocimiento y se encontraba ligeramente aturdida.
- ¿Te encuentras bien, Cascabel?- Preguntó Aquaviva.
- Ss-i, no ha sido nada.- Dijo la chica tratando de sonreír.
Las dos observaron con estupefacción como el titán pétreo conocido como Dolmen volaba por
encima de sus cabezas. Kierrok lo había arrojado lejos de allí, incrustándose en la fachada de un edificio cercano.
-¡Kierrok es eterno! ¡No podréis detenerle!
- No nos puedes culpar por intentarlo.- Dijo Trueno juntando las palmas de sus manos biomecánicas de las que surgió un relámpago de energía.
El N’Garai lanzó un feroz zarpazo contra el suelo y la onda expansiva derribó al líder de Iberia Inc.
Lobisome dio varios saltos con su gran agilidad, para lanzarse finalmente encima de la espalda del demonio y clavando sus garras en la escamosa piel del Destructor de Almas.
Kierrok gritó de dolor al sentir las garras del licántropo gallego. Drac de Ferro golpeó con su puño el rostro del ciclope.
-¡Cae, maldito! ¡Cae! – Exclamó Drac de Ferro.
El N’Garai se revolvió con fiereza, y agarró a Lobisome, y se lo quitó de encima sin ningún esfuerzo. Drac de Ferro trató de contraatacar, pero fue la cola del demonio la que voló tan rápida como un látigo, impactando contra el héroe acorazado que cayó fulminado.
Kierrok levantó su inmenso pie, para aplastarlo, cuando algo se lo impidió. Una fuerza invisible no le dejaba bajar la pierna.
Trasgu permanecía concentrado, usando todo su poder para levantar una pantalla telequinetica entre el demonio y su compañero caído.
La presión en su cráneo era casi insoportable, y la sangre manaba de su nariz debido al esfuerzo.
-No podré aguantar mucho tiempo más.- Pensó Trasgu.- Estamos perdidos.
                                                          

Edmonton, Canadá
Los miembros de Alpha Flight intentaban combatir con los elfos oscuros, a la vez que trataban de no dañar a los hombres, mujeres y niños que Malekith había hechizado y hecho que se volvieran contra ellos.[2]
Guardián trataba de esquivar los rayos de energía arcana con los que el líder de los elfos oscuros de Svartalfheim trataba de derribarlo del cielo.
- Te mueves como una anguila, no hay manera de alcanzarte.- Dijo Malekith disgustado.- Pero yo también se jugar a ese juego.
Soltando una carcajada histriónica, el elfo se transformo en una estela de humo negro donde solo se  distinguía su maléfico rostro.
La estela de humo rodeó a Guardián, que engullido en su interior sintió un frío tan intenso que le helaba hasta su misma alma.
Estrella del Norte voló tan velozmente como era capaz y sacó a James Mcdonald Hudson de la columna de humo que era ahora Malekith el Maldito.
Aunque sólo había permanecido en contacto menos de un segundo, el frío atenazaba al mutante canadiense que tuvo que descender al suelo.
Intentando recuperar el aliento, Estrella no vio venir a dos elfos oscuros que con sus espadas curvas querían decapitarlos a ambos.
Un manotazo de un largo y musculoso brazo antropoide de pelaje anaranjado les apartó con fuerza.
- ¿Estas bien, Jean-Paul?- Preguntó Sasquatch.
- S-solo n-necesito un momento.- Dijo con la voz temblorosa Estrella del Norte.
Vindicator hizo caer a un jinete elfo oscuro y a su montura con uno de sus rayos térmicos.
- Es muy difícil que ganemos hoy.- Dijo en voz alta casi a si misma. 
Puck saltó varias veces, hasta rebotar y derribar a dos hombres transformados por la marca oscura de Malekith.
- Apuesta siempre por nuestra victoria, querida ¿he?- Dijo Puck tratando de levantarle el ánimo, aunque cada vez era más difícil ver el final de todo aquello.
En el centro del sitio donde se concentraban más tropas de Malekith comenzó a formarse algo, un
agujero de energía, un vórtice del que salieron dos personas.
Una salió volando rápidamente al cielo, tan velozmente que apenas se pudo distinguir.
La otra persona, era Michel Twoyoungmen, alias Shaman, que cerró el portal místico tras de sí, y sin perder ni un segundo metió la mano en su bolsa mística y sacó un puñado de pequeñas figuras de madera. Las lanzó al aire, y al contacto con la atmosfera, empezaron a crecer hasta alcanzar más de dos metros de altura. Los tótems mágicos comenzaron a atacar a los elfos oscuros sin compasión, aplastándolos bajo sus pies de madera o golpeándolos con sus puños y armas.
-¡Shaman! Me alegro de verte por aquí, amigo.- Dijo Lobezno.
-Logan, es una agradable sorpresa.- Dijo Shaman.
Vindicator, llevando a Puck aterrizó justo a su lado.
-Michael, no sabes cuanto deseábamos que aparecieses.- Dijo sinceramente Heather.
- Te has hecho de rogar, ¿he?
- He estado ocupado, Judd, es una larga historia que se contará en otros momento más propicio.- Observó el místico sarcee.
Lobezno miró al cielo, y abrió mucho los ojos al distinguir a una figura.
- ¿Esa es…
-¡Ave Nevada!- Exclamó con sorpresa Vindicator.
- ¿Cómo es posible? ¿No estaba muerta?- Preguntó Puck.
Lobezno esbozo una sombra de sonrisa.
- Quien más y quien menos lo ha estado alguna vez en este oficio, Judd.
Narya, la hija de los dioses del norte, volaban sobre la ciudad de Edmonton, escudriñando algo con sus hermosos ojos. Enseguida localizo a su presa.
-¡Tú! ¡Demonio de la oscuridad! ¡Enfréntate a quien es hija de los dioses y del hombre!
Malekith el Maldito volvió a su forma humanoide, y desde el tejado de un edificio miró a quien le reclamaba.
El elfo oscuro se retorció de risa al contemplarla.
- Eres frágil como la rama de un arbusto, pequeña, no eres rival para Malekith de ninguna manera. Te arrancaré la piel y usaré los huevos para alimentar a mis sabuesos de caza.
Ave Nevada no pareció inmutarse por las burlas del elfo.
- Quizás deberías mirar más allá de esta forma mortal.- Dijo Narya.
Malekith usó sus poderes para analizar a Ave Nevada, y tras darle una nueva mirada, puso cara de estupefacción.
- N-No es posible.- Balbuceó Malekith.
- La luz siempre vence a la oscuridad, demonio de las sombras.
Ave Nevada se lanzó sobre Malekith el Maldito, extendiendo su capa lo máximo posible. La figura de mujer de Narya desapareció, metamorfeandose en una bandada de lechuzas blancas como la nieve.
Las aves se arremolinaron sobre el elfo oscuro, cubriéndolo por completo. Los gritos de dolor de Malekith se escucharon en todos lados, el dolor era intenso y se debilitaba por momentos, hasta que el elfo oscuro decidió huir transformándose en la neblina negra y desapareciendo en un portal místico que invocó.
Las lechuzas, que ya apenas eran blancas al estar cubiertas por la sangre de Malekith se unieron hasta volver a formar el cuerpo de Ave Nevada.
Su mirada se cruzó con la de Shaman.
- Ahora es me toca a mi.- Dijo el hombre-medicina sarcee.
De su bolsa sagrada sacó un objeto. Era una caja pequeña, de madera con ribetes dorados y unos símbolos antiquísimos grabados en su superficie.
Shaman abrió la caja, y de su interior surgió una luz dorada y hermosa, la cosa más hermosa que ninguno de los que había allí contempló en toda su vida.
Los elfos oscuros comenzaron a aullar de puro terror, intentaron taparse la cara para protegerse del brillo, pero no lo consiguieron.
Sus formas oscuras fueron extinguidas por la luz, hasta que no quedó ni uno solo del ejército que estaba invadiendo Edmonton.
- La luz siempre sale triunfante ante la oscuridad.- Dijo Ave Nevada aterrizando junto a Shaman y sus compañeros.
- ¿Qué era esa luz, Michael?- Preguntó Puck.
- La luz más pura.- Dijo Shaman.- El primer rayo de sol que bañó este planeta amplificado por billones de veces.
Heather le dio un abrazo a Ave Nevada.
- Pensé que nunca te volvería a ver, Narya.
Ave Nevada intentó sonreír, pero rápidamente volvió a su rostro serio.
- Ojala hubiese podido venir en otra época menos convulsa.- Comentó la semidiosa.- Me temo que nuestros problemas sólo acaban de comenzar.
                                                               

Barcelona, España

El Burlador y Diablo se hallaban enfrascados en un enfrentamiento directo, florete contra vara de metal. Aunque la habilidad del alquimista sorprendió en un principio al héroe español, la pericia con su arma favorita era una ventaja que el Burlador supo aprovechar muy bien. Con una finta esquivó un
golpe con la vara, y ágilmente lo devolvió haciéndole un corte en el brazo a Diablo.
Este montó en cólera.
-¡Basta de juegos!- Gritó y pillándose con el labio parte de su largo bigote, que estaba recubierto de una poción especial, liberó una descarga de bio-electricidad, como si fuese una anguila eléctrica.
El Burlador cayó aturdido, y Diablo le puso la punta de la vara en el pecho.
- Me temo que en tu certificado de defunción pondrá que moriste por electrocución.- Dijo Diablo.
Melkart que estaba viendo todo lo sucedido, mientras continuaba prisionero de las raíces mágicas creadas por Diablo decidió que tenía que ayudar a su compañero. El fenicio tensó sus poderosos músculos y acumulando todas las fuerzas que le quedaban se liberó con un gritó de rabia, arrancando las raíces.
-¡Alto! ¡Lucha conmigo, mago cobarde!- Exclamó Melkart.
- Técnicamente soy un alquimista, no un mago de feria.
Diablo lanzó una descarga eléctrica de sus manos y Melkart la paró con su cetro, devolviéndosela.
- Has agotado mi paciencia.- Dijo Melkart golpeando con todo el poder de su cetro y haciendo que Diablo se desequilibrará.
Antes de que Diablo pudiese usar alguna de sus inagotables pociones, el primer héroe de Iberia se impulsó con sus poderosas piernas y aterrizó encima del alquimista, dejándolo inconsciente por el terrible impacto.
Asegurándose de que no estaba fingiendo, Melkart se acercó a su compañero Burlador y le ayudo a incorporarse.
- Es hora de poner fin a esto.- Dijo Melkart.
Kierrok comenzó a arrancar parte del suelo, para intentar derribar a Trasnu y Drac de Ferro, cuando Aquaviva voló rápida como una bala y le golpeó en su pecho.
Esta momentánea distracción la aprovecho Drac para lanzar un rayo de plasma a plena potencia.
Drac se dio cuenta de que su compañero Trasnu se encontraba a punto de desmayarse, la presión al campo telequinetico por parte del demonio había sido demasiada. Dolmen regresó justo a tiempo para lanzarle un potente directo a la mandíbula a Kierrok.
El N’Garai estaba titubeante, por primera vez parecía parecer que podía ser derrotado.
Trueno se unió a sus compañeros, y lanzó una de sus atronadoras descargas desde sus guanteletes metálicos.
Cegado por los continuos ataques, Kierrok no vio venir al dios fenicio desde los cielos, que descargó toda su justa furia en la maligna criatura. Melkart levantó su arma y de la misma la energía arcana surgió del cetro místico y envolvió al demonio hasta derribarlo.
- No hay nada como tener un dios en el grupo.- Dijo Trasnu intentando hacer una de sus gracias a pesar de su tono pálido y la sangre que le corría por la nariz y la boca.
- Ahora sólo falta acabar con las hordas de N’Garai que están sueltas por la ciudad.- Dijo el Burlador llevando a Diablo atado e inconsciente a cuestas.
- Hay que cerrar su puerta de entrada a este mundo.- Indicó Drac de Ferro.- Si no lo hacemos, por más que los derrotemos, vendrán cada vez más desde su dimensión de origen.
- ¿No me diréis que tenemos que volar la sagrada Familia?- Dijo Lobisome llevándose una mano a la cabeza.
- Si no hay otro modo…- Comenzó a decir Trueno pensando en que su enlace gubernamental lo mataría si hacían eso.
Melkart se llevó la mano a la joya de su frente, que parpadeó con luz levemente.
- Esta es una tarea que sólo yo puedo realizar.- Apuntó Melkart. Cerraré el portal mientras vosotros ayudáis a las autoridades civiles y militares a limpiar Barcelona de demonios.
- ¿Estas seguro que no necesitas nuestra ayuda?- Preguntó Trueno.
Melkart negó con la cabeza.
- No tienes de que preocuparte, Trueno. Vosotros haced vuestra parte y yo haré la mía.- Dijo Melkart muy seguro.
Trueno asintió, aunque no muy convencido. Drac de Ferro creó dos alas de su traje de metal líquido y llevó en brazos a Trasnu, que aún continuaba aturdido, Dolmen agarró al Burlador, Lobisome y Cascabel y estos se acogieron en sus hombros, y Trueno los dirigió para ayudar a las tropas de la fuerza de choque de la guardia civil.
Sólo alguien quedó tras, observando como Melkart cruzaba el umbral del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia. Aquaviva le siguió al interior, siguiéndole.
Un circulo de energía mística situado en el mismo centro de la estructura, de donde salieron dos demonios N’Garai. Melkart se lanzó a por ellos, golpeándoles con dureza con su centro, hasta que dejaron de moverse.
- ¿Qué vas a hacer?
Melkart se volvió hacía Aquaviva, que lo miraba con tristeza.
La mujer se acercó al dios fenicio y le pasó su mano palmeada por la mejilla.
- La Joya de la sabiduría me ha indicado como cerrar el portal. Sólo hay una forma, desde su interior.- Dijo mirándola a los ojos.
-¡No puedes hacerlo! ¡Quedaras atrapado!- Exclamó preocupada Aquaviva.
-No te preocupes, mi bella doncella, regresaré, nada en el universo me impedirá volver con los míos y los que quiero.- Dijo Melkart acariciándole el cabello.
- ¿Lo prometes?
- ¿Acaso te he decepcionado alguna vez?- Dijo Melkart antes de darle un beso en los labios a la anfibia.
Melkart se despidió de Aquaviva y esta le siguió con la mirada, cruzándose ambas justo antes de que el fenicio se internara en el círculo místico que actuaba como portal a otro plano de existencia.
Un instante después Melkart se encontraba en un lugar desolado y de auténtica pesadilla. Lo más similar al infierno que jamás hubo pasado por la imaginación del dios.
Enseguida se dio cuenta de que no estaba sólo, miles y miles de ojos rojos como la sangre le miraban, observándole antes de abalanzarse sobre él como pirañas sobre un pedazo de carne cruda.
Melkart levantó su cetro y este empezó a brillar con una intensidad tal que durante un instante la luz se sobrepuso a la oscuridad reinante en la dimensión infernal.
En el otro lado, Aquaviva vio como el portal se destruía, y en ese mismo instante, todos los N’Garai al mismo tiempo se difuminaron, hasta desaparecer en un fogonazo de humo.
Aquaviva se quedó mirando con pesar el lugar donde segundos antes se encontraba el portal al otro lado.
- Recuerda tu promesa.- Dijo en voz baja Aquaviva marchándose del templo de la Sagrada Familia.
                                                               

Latveria, Europa

Muerte sujetó a la mujer de cabello dorado.
- ¿Quien eres mujer? ¿Por qué me atormentas en visiones?- Preguntó Muerte con autoridad.
La mujer no se alteró, no parecía asustada ante la presencia del recio e imponente monarca latveriano.
- Soy Sophia. Y es momento de que sepas toda la verdad.
La mujer puso la palma de su mano en la frente de Muerte y este se vio inundado por un torrente de sensaciones e imágenes que se desplegaron ante el como un auténtico tapiz.
Pudo contemplar como en una era anterior a que ningún hombre caminase por su querida patria, un horror monstruoso se adentraba en las entrañas de las montañas y se ocultaba allí, sumiéndose en un letargo por eones. Una vez ya la tierra estuvo habitada, aquel que no debería existir fluyó desde las cavidades subterráneas, sembrando el caos y el terror con sus habitantes. Fue entonces cuando una mujer, versada en las artes místicas se enfrentó al dios primigenio. El conocimiento de Sophia no era suficiente para poder destruir al ente, pero si para poder mantenerlo prisionero bajo la superficie.
Retenido por poderoso sortilegios, Nyogtha “Aquel que no debería existir” se mantuvo en un sueño en el corazón de Latveria. Hasta que despertó de su letargo eterno. Las antiguas barreras se vinieron abajo y el dios primigenio volvió a la vida, con más hambre y ansías de destrucción que nunca, deseando volver a tener lo que siempre fue suyo.
-Tú… Lo encerraste... Pero fue hace muchos siglos…- Dijo Muerte al volver a tener conciencia de si mismo.- ¿Cómo puedes estar aquí?
Sophia negó con la cabeza.
- No lo estoy, soy una mera sombra de Sophia, un residuo místico dejado para cuando fuese necesario. Alguien debe detener de nuevo al dios arcano y primigenio, para evitar que destruya a Latveria.- Dijo la hechicera.
- ¡Muéstrame como!- Inquirió Muerte.
Sophie le miró con ojos tristes.
- El precio a pagar es grande… Todo tiene un equilibrio…
- No me importa. ¡Muéstramelo!


¡Finalizará en el próximo número!


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Referencias:
1 .- Aparecido por primera vez en Uncanny X-Men #96 USA.
2 .- Como vimos en el Crepúsculo de los Dioses #03

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