Los Invasores nº18

Título: El que socaba en las Profundidades 
Autor: Miguel Ángel Naharro
Portada: Sergio Martínez/ Color: Carlos Ríos 
Publicado en: Noviembre 2010

¡¡Cruce con El Crepúsculo de los Dioses!! Los Invasores, guiados por Tyrannus, y acompañados de Rockman, se adentran en Subterranea para enfrentarse a Shude M'ell "el que socaba en las profundidades". Mientras los reservistas del grupo, reciben la visita de un misterioso intruso en la Hidrobase.
El primer grupo que lucho por la libertad durante la segunda guerra mundial. Un grupo que inspiró a generaciones de héroes. Ahora los héroes han decidido volver a primera Línea.
Stan Lee y Action Tales presentan
Creado por Roy Thomas, Sal Buscema y Frank Robbins

Nota: Estos números se sitúan al inicio de la saga del Crepúsculo de los Dioses.

Resumen de lo publicado: Estalla el Crepúsculo de los Dioses, con toda clase de desastres medioambientales por el globo terráqueo. Una figura en la Tierra aparece en New Jersey y un ejército de Hombres-lava comienza a arrasar la ciudad. El Capitán América y los Invasores los repelen tras un duro combate y deciden descender por la grieta hasta las profundidades de la Tierra. Allí encuentran una ciudad destruida, con una tecnología increíble. Aparece un individuo buscando venganza y se enfrenta a ellos. En un momento del combate, se identifica como Rockman, y el Capitán lo recuerda de la segunda guerra mundial. Tras hacerle entrar en razón y hacerle ver que ellos no son los culpables de lo sucedido en su hogar, aparece Tyrannus diciendo que es el responsable… Mientras tanto, en la Hidrobase, Valerie Cooper ha convocado a los reservistas: Namor, Halcón y Diamante Azul, por si fuesen necesarios sus servicios en la actual crisis.


Hacía unos momentos que el hombre llamado Tyrannus había aparecido proclamándose responsable de la caída de Abysmia y del ataque de los Hombres-Lava.

-¡Te mataré! ¡Te arrancaré los miembros uno a uno!- Exclamó Rockman con el rostro desencajado.

El abysmiano empezó a correr hacía Tyrannus, era como ver un rinoceronte lanzándose al ataque.

-¡Rockman, no!- Dijo el Capitán América.

Tyrannus no pareció asustado por el ataque del titán subterráneo y cuando Rockman tenía que chocar contar su cuerpo, este lo atravesó como si no estuviese allí. El antiguo agente subterráneo no pudo frenar y chocó contra una construcción cercana.

-¿Un holograma?- Preguntó el Capitán América.- ¿Te escondes tras un holograma?

-Tyrannus puede ser muchas cosas, habitante de la superficie, pero nunca un imprudente.- Dijo el emperador de Subterránea.

-¡Eres un cobarde! Si estuvieses aquí…- Dijo Rockman.

Thundra se acercó a él y le puso una mano en el hombro conciliadora.

-Cálmate, averiguaremos donde está y yo misma te ayudare a vengarte.- Comentó la amazona.

-¿Qué es lo que pretendes, Tyrannus? ¿Jactarte de lo que has conseguido? ¿Haber provocado un holocausto entre esta gente?- Inquirió el Capitán América.

-¿Quién es este Tyrannus, Capitán?- Preguntó Jack Frost.

-Un antiguo conquistador romano, aspirante a emperador del mundo que fue exiliado a las entrañas de la Tierra por el mago Merlín. Allí encontró a una raza de seres subterráneos, antiguos esclavos casi sin mente de los Desviantes y se hizo su emperador, apropiándose de la tecnología desviante para intentar conquistar la superficie. Se ha enfrentado a Hulk en numerosas ocasiones y este siempre ha desbaratado sus planes.

Tyrannus pareció contrariado.

-Ese bruto de piel verde no es un rival digno de mí. ¡Soy un heredero de una estirpe de emperadores romanos, y predestinado a gobernar un imperio!

-Habla claro, Tyrannus.- Dijo Phestos.- No tenemos tiempo que perder con tu egocentrismo de villano de opereta.

El eterno manipuló disimuladamente un mecanismo de su martillo para intentar localizar la señal de origen del holograma proyectado.

-Está bien.- Dijo finalmente.- Hace poco tiempo me hallaba ocupado en mis deberes como gobernante de Subterránea, cuando mis Tiranoides[1]me avisaron de que algo ocurría.En los límites de mi reino, tenia excavaciones dedicadas a extraer todo tipo de metales del interior de la Tierra, necesarias para la construcción de la maquinaria que uso. Habían descubierto algo oculto en una de las excavaciones.

Ordené a mis súbditos que desenterrasen lo que hallado. Al seguir excavando pude ver como una forma de gran tamaño, cubierta por un extraño material similar al ámbar. La curiosidad se adueño de mí, tenía que averiguar lo que era. Usando la tecnología a mi disposición, lo llevaron a mi ciudad. Allí, usando un laser de gran precisión conseguí fundir la materia que lo recubría. Para mi sorpresa, se  descubrió como una criatura vermiforme, alargada, cubierta de una especie de baba y la parte superior de su cabeza llena de tentáculos.  Pensé que la criatura estaba muerta, un vestigio de alguna especia ya extinga del remoto pasado, pero me equivoque. La criatura estaba sumida en un profundo letargo, y despertó de él. Un terremoto sacudió subterránea, destruyendo gran parte de los edificios y mi hermoso palacio imperial. Pudo sentir como su presencia trataba de meterse en mi mente,  note sus pensamientos, totalmente inhumanos y tan ajenos a la mente humana que casi enloquezco, pero resistí. Sin embargo, mis siervos no fueron tan afortunados, controlados por el poder de la criatura, comenzaron a enloquecer, matándose  unos contra otros, e incluso atreviéndose a atacar a su amo y señor. Conseguí sobrevivir, ya no son rivales para alguien de mi posición, y entonces lo vi. La criatura de las profundidades entonó una especie de chillido, similar a un cantico. Al principio no pareció suceder nada, pero después aparecieron. Centenares de Hombres-Lava fundiendo la roca y la tierra e invadieron mis dominios. De algún modo la criatura los controlaba.

Pude huir de allí, con pesar por dejar mi reino a su merced. Esa criatura es la culpable de todo el caos que ha sacudido las profundidades de la Tierra.

-“Y tú la liberaste, eres tan culpable como ese monstruo.”.- Dijo Aarkus.

-¿Qué opinas, Phestos? ¿Te es familiar la descripción de una criatura semejante?- Preguntó el Capitán América al ingeniero de los Eternos.

-No, capitán, aunque hay muchas aberraciones genéticas y monstruosidades pululando por estos lugares. Experimentos fallidos de los Desviantes en su mayoría.- Contestó el eterno. – Puede ser cualquier cosa.

-Pudiste haber impedido todo esto y no moviste ni un dedo.- Dijo furioso Rockman.

-A pesar de ser inmortal, no soy omnipotente. Yo sólo no podría detenerle, pero con vuestra ayuda…

-¿Quieres que te hagamos el trabajo sucio?- Dijo la Antorcha.- ¿De eso se trata?

-Acabar con esa criatura es vuestro cometido y también el mío. Sugiero lo más obvio, una alianza.- Dijo el altivo romano.

-¡Nunca!- Exclamó Rockman.

El Capitán América se acercó al corpulento abysmiano y le habló en voz baja.

-Rockman, entiendo las ganas de venganza y me gusta tan poco como a ti asociarme con alguien como Tyrannus, pero si es verdad lo que dice, esa criatura es una amenaza para la superficie además de para todos los habitantes del mundo subterráneo. Te prometo que una vez lo neutralicemos, nos ocuparemos de Tyrannus.

Rockman miró con el ceño fruncido y ojos llenos de cólera al holograma del emperador de subterránea, y después asintió. Cerró los ojos un instante, los rostros de su esposa, sus hijos y sus amigos, a los que nunca más vería se le aparecieron. Le exigían que su crimen fuese vengado, y así sería, de un modo u otro.

-¿Nos guiarás hacía donde esta esa criatura?- Preguntó el líder de los Invasores tras apartarse del abysmiano.

-Shude M'ell. Capte ese nombre cuando trató de controlarme mentalmente, creo que así es como se llama.- Y tras decir esto, la imagen parpadeo y después desapareció.

-¡Maldito cobarde! ¡Se ha ido!- Exclamó Thundra.

-En absoluto, solo he desactivado el holograma para presentarme en persona.- Dijo Tyrannus caminando hacia ellos.- Os  llevaré yo mismo a mi reino, o lo que quedé del mismo.

Rockman apretó los puños pero no hizo ningún gesto de ir a por el villano.

Siempre estuvo aquí- Pensó la Antorcha.- Sin duda es todo un manipulador.

-De acuerdo.- Dijo el invasor de las barras y estrellas.- Por ahora- pensó para sí mismo.

-Capitán, la Dédalo se encuentra algo dañada y no está hecha para maniobrar por el interior de la

Tierra.- Observó Phestos.

-Eso no será problema. Esperad aquí.- Dijo Rockman marchándose un momento.

Thundra se sintió mareada un instante y perdió el equilibrio momentáneamente.

-¿Te encuentras bien, Thundra?- Preguntó preocupado el Capitán.

-S-sí, creo que la pelea con Rockman ha reabierto las heridas que recibí en la el mundo nazi[2].-

Apuntó Thundra.- Se me pasará, soy fuerte.

-Lo sé.- Dijo tratando de sonreír a la guerrera del futuro.

No podía evitar no sentirse culpable por el daño recibido por su compañera en ese mundo alternativo.  Como líder del equipo, se sentía responsable por todo lo que les ocurría a los miembros del grupo.

El suelo tembló, y la tierra y la arena salió despedida en varis direcciones para dejar salir una gran máquina excavadora con una afilada perforadora en la parte delantera.

Una exclusa se abrió, y Rockman asomó por ella.

-Subid, amigos míos, os presento a mi coche excavadora. Con él llegaremos muy pronto al reino de Tyrannus.- Anunció Rockman.


Manchester, Inglaterra


Después de que el cielo fuese teñido de rojo y que el tiempo pareciese volverse enteramente rojo, se origino el caos más absoluto en la ciudad.

De la misma tierra salieron seres de piel rugosa, ojos grandes, grandes orejas, y con una horrible semejanza distorsionada. Su piel era de aspecto maliciento, y sus grandes zarpas acababan en afiladas garras.

Las criaturas se abalanzaron con salvajismo contra la población local, destruyendo todo a su paso. La policía y el ejército apenas podía frenarles, y el pánico asaltó a toda la ciudadanía, que intentaba huir como podía del ataque de los sobrenaturales seres.

Por si fuese poco, las criaturas malicientas no venían solas. Esferas de fuego recorrían las calles, incendiando edificios y vehículos por igual. No eran bolas de fuego inertes, ya que se movían con inteligencia y soltaban risitas macabras al iniciar los incendios.

El fuego y las criaturas se extendían sin que nadie pareciese poder pararles, hasta que una estela blanca y roja cruzó el cielo sobre la ciudad.

Se trataba de Albión, que transportaba un depósito con varios cientos de litros de agua.

El antiguo miembro de los Caballeros de Pendragón y reservista de los Invasores, rasgó la superficie del depósito con sus manos y el agua cayó sobre uno de los incendios, sofocándolo.

Albión voló como un proyectil y sujetó a dos muchachas que estaban a punto de ser alcanzadas por una de las esferas de fuego. Las elevó en el aire hasta dejarlas a cubierto.

-¿Quién eres? ¿El Capitán Britania?- Dijo una de las jóvenes que podría ser perfectamente su nieta.

-Para nada,  soy Albión ¿no me reconocéis?

Las chicas negaron confusas. Aunque  Albión pensó que no era extraño. Las nuevas generaciones nada sabían de las viejas glorias de guerra, no estaban de moda para ellos.

Varios soldados del ejército se acercaron y se llevaron a las jóvenes, evacuándolas como estaban haciendo con todas las personas que se  encontraban.

-Capitán Britania, ¿sabes que es lo que está ocurriendo?- Preguntó un sargento.

-No soy el Capit… Bah, olvídalo.- Dijo Albión.- Sé lo mismo que usted, sargento.

-Según los informes que tenemos, sucede por toda Europa y por el resto del mundo. Londres parece cubierto por el hielo, Barcelona atacada por demonios y así por todos los lugares del globo terráqueo.

Albión se quedó pensativo. Era mucho más terrible de lo que pensaba, esto era algo muy grande, lo podía sentir en sus huesos. Recibió el aviso para acudir con los Invasores, pero no podía responder y dejar desatendida su patria.

-Márchense, sargento y pónganlas a salvo, intentaré salvar a cuantas personas pueda.- Dijo Albión iniciando el vuelo.

-¡Suerte, Capitán Britania!- Exclamó el sargento del ejército inglés.

Albión resopló resignado y sobrevoló la ciudad de nuevo. Su atención se fijo en un grupo de personas que se habían parapetados tras una pequeña barricada de contenedores de basura y trataba de defenderse de los humanoides de piel malicienta.

Albión descendió, lanzando llamaradas de fuego místico por las palmas de su mano que alejaron a las criaturas. Una de las criaturas brincó, intentando morderle, Albión la paró en el aire, agarrándola del cuello y lanzándola contra varios de sus congéneres.

La marabunta de seres parecía no terminar nunca, se preparó para su envite, cuando una figura cruzó rápidamente derribándolos como su fuesen piezas de domino.

-¡Albión! ¡Me alegro de verte!- Dijo el Capitán Britania aterrizando a su lado.

Albión sonrió.

-Ya era hora, amigo mío, estabas muy solicitado.


El Halcón observó en el monitor de la sala de control del cuartel general de los Invasores. Lo que estaba sucediendo trascendía cualquier idea que le hubiese pasado por la cabeza. El mundo se enfrentaba a una amenaza como jamás nadie había visto y seguían sin saber que era lo que ocurría realmente.

-Pone los pelos de punta ¿verdad?- Dijo Iguana.

Sam Wilson asintió.

-Hacia tiempo desde la última vez que nos vimos, Rachel, es bueno tenerte por aquí. Steve seguro que lo agradecerá. ¿Estas en el grupo?


Rachel Leighton, alias Iguana, ex-miembro de la Sociedad Serpiente y antigua acompañante del Capitán América sonrió al Halcón.

-¿En los Invasores? Para nada, solo me paso por aquí de vez en cuando para alegrar este lugar.- Comentó Iguana risueña.

-¿Tu eres Cruz de Hierro?- Preguntó Diamante Azul con cara de sorpresa.

Emma Gruler asintió.

-Soy la nieta de Helmut Gruler, aunque no de este mundo, si no de uno alternativo.- Aclaró la alemana.

Diamante Azul se encogió de hombros.

-En mis tiempos las cosas eran más sencillas. Sea como sea, es un placer conocerte, Emma.

Valerie Cooper seguía intentando comunicarse con otros estamentos gubernamentales, sin demasiado éxito al respecto. Spitfire se encontraba a su lado atenta a las novedades.

-Las comunicaciones son imposibles, apenas funcionan los sistemas internos de la isla, que ya es mucho con todo lo que estamos teniendo.

-¿Dónde se han mentido Union Jack y Namor?- Preguntó Valerie.

-Joey esta enseñándole a Namor las instalaciones de la Hidrobase, han cambiado mucho desde la última vez que estuvo aquí[3].- Dijo Spitfire.

Joey Chapman “Union Jack” caminaba con Namor a su lado.

-Y esta es la zona de habitaciones de los componentes del grupo ¿Qué te parece hasta ahora tu visita a la isla?

Namor dio un vistazo general al interior del edificio y no cambio ni un ápice la  expresión inalterable de su rostro.

-Habéis realizado un buen trabajo. Mis felicitaciones a los que lo han diseñado.

-Ha pasado por varias remodelaciones, tuvimos el ataque del Escarabajo Escarlata que casi destruyo el cuartel general[4].- Comentó Union Jack.

Joey se cayó de inmediato. Le había parecido escuchar un sonido. Le hizo un gesto a Namor, y este, como veterano en estas situaciones entendió perfectamente lo que sucedía.

Algo se movió en un rincón oscuro. Union Jack desenfundó una de sus pistolas y apunto.

-¡Alto!

-Que inconveniente. No era deseable un encuentro directo, tan pronto…

Las sombras comenzaron a juntarse, para crear una forma humanoide.  Su vestimenta eran de color rojo, con partes doradas, así como su larga capa. Llevaba una especie de máscara que le cubría  la parte de los ojos y la nariz, dejando el descubierto unos ojos negros y fríos, como los de un tiburón, y

una perilla pulcramente recortada. Unos cuernos sobresalían por la parte superior de su cabeza.

-¡Identifícate, intruso!- Exclamó Namor. ¿Quién eres y que haces aquí?

-Muchas preguntas y ninguna respuesta, príncipe Namor. Aunque me podéis llamar Aries…

El llamado Aries se movió con una rapidez inusitada, y Union Jack disparó varias veces, acertando en pleno torso del intruso. Las señales de los impactos en la carne  estaban ahí, pero no parecieron hacerle ningún efecto.

Aries agarró a Union Jack de un brazo, para después arrojarlo contra uno de los muros con violencia.

-¡Imperius Rex!-Gritó Namor lanzándose contra él.

Aries esquivó el envite del hijo vengador, y envolvió a Namor con su capa. De pronto, el tejido de la capa pareció estar vivo, moviéndose con voluntad propia y siseando susurros apenas ininteligibles para el atlante. Se sintió agotado, como si las fuerzas le abandonasen. La capa finalmente le soltó, y Namor cayó a un lado exhausto, como si hubiese realizado un gran esfuerzo.

-¿Qué me has hecho?- Preguntó Namor confuso.

-Tu vitalidad es asombrosa, Namor, y deliciosa.- Dijo Aries pasando su lengua por la comisura de sus labios como relamiéndose.

Esto enfureció a Namor, que voló contra su enemigo con el resto de fuerzas que aún conservaba. El rey de Atlantis lanzó un poderoso golpe contra Aries, este apenas aparto la cara y sonrió. Namor notó que sus dientes estaban afilados, como los de un depredador.

Contestó con un derechazo en pleno rostro del hombre-Submarino, para después lanzarle una andanada de golpes por todo el cuerpo. Su fuerza era increíble, era lo único que podía pensar Namor mientras intentaba encajar el correctivo. Era como si él cada vez estuviese más débil y su adversario más fuerte.

Namor sujetó a Aries y lo arrojó contra una de las paredes, que se derrumbó sobre él, como parte del techo.

¿Quién era con quien se enfrentaba? Sin duda había allí más de lo que podía atisbar.

Aries se incorporó mostrando una sonrisa más de locura que de alegría.

-Has tenido tu oportunidad, ahora es mi turno.



Los ríos de magma hirviente, la roca fundida y los restos de los numerosos edificios  de la antaño orgullosa ciudad de Tyrannus eran parte del maremágnum de caos en las cavernas subterráneas de tamaños descomunales que hasta hace muy poco era un reino temido bajo la superficie terrestre. La lava era lo que creaba una iluminación casi sobrenatural, como si se encontrasen en un infierno bíblico.

Los Hombres-Lava se movían de un lado para otro, así como los Tiranoides que habían sobrevivido.  Unos cánticos resonaban como un eco estremecedor por todas las cavernas de Subterránea. Unos pequeños temblores sacudieron las cercanías y un buen número de Hombres-Lava acudieron como si estuviesen escuchando algún tipo de llamada.

Ocultos en una ladera cercana, los Invasores, Rockman y Tyrannus observaban lo que estaba sucediendo. El vehículo abysmiano de Rockman donde habían viajado a través de la piedra y la roca se hallaba cerca de allí.

-Esa bestia se halla en el centro de mi capital.- Dijo Tyrannus.- Controla a estos seres inferiores como un encantador a sus serpientes.

-“¿Seres inferiores?”-Preguntó Aarkus.

-Por supuesto, apenas tienen cerebro, por eso son esclavos y sirvientes tan manejables, no por ello dejan de ser prescindibles.- Observó Tyrannus despreocupado.

El Ykraiano que apenas dejaba traslucir nunca sus emociones pareció alterarse y dejar ver algo de enfado en su semblante.

“-Eres un ser despreciable, te crees un dios que puede elegir quien vive y como muere, esclavizando a esas pobres e indefensas criaturas. Y no tienes ningún derecho, nadie lo tiene.”

Tyrannus pareció crisparse ante las palabras de Aarkus.

-¿Cómo te atreves a hablarme de esa manera? Soy Romulus Augustilus Tyrannus, emperador de  emperadores ¡mío es el derecho de gobernarlos y disponer de ellos como me plazca!

El Capitán América apartó a Tyrannus.

-Calma esos ánimos, si no quieres que te deje a solas con Rockman unos minutos. ¿Crees que podrás anular el control sobre tus Tiranoides llegado el momento?

Tyrannus asintió.

-Para ellos soy un dios viviente, puede que no rompa el control de ese monstruo pero sin duda podré distraerles durante un tiempo.

El ex-vengador se volvió hacia Aarkus.

-No dejes que este tipo te altere, Aarkus.

“-No te preocupes, noble Capitán”- Dijo Aarkus.- “Creo que se me ha ocurrido un plan. Puedo alterar las percepciones de las mentes de algunas razas para que vean lo que desee. Me es más dificultoso, pero puedo hacer lo mismo con las personas que  están cercanas a mí.” [5]

-¿Tienes esa habilidad? ¿Y por qué es la primera noticia que tengo, Aarkus?- Preguntó el Capitán.

El héroe esmeralda pareció confuso.

-“No pensé que fuese algo destacable, es sólo una habilidad más.”

El Capitán frunció el ceño y pareció ponerse serio.

-Tú y yo tendremos una charla al respecto de esto cuando regresemos a la superficie.

“Como desees, capitán”.- Dijo como si fuese algo sin importancia.

A veces olvidaba que Aarkus procedía de otra dimensión muy diferente a la nuestra y que él tenía una mentalidad y unos pensamientos alejados de los estándares humanos.

-Cuando acabe esto, yo misma te ayudaré con ese mequetrefe arrogante de Tyrannus.- Dijo Thundra.

-Grokal Thell, ese es mi nombre verdadero.- Dijo Rockman intentando parecer afable en su tosco rostro.

-El mío es Thundra. Fuiste un rival muy digno, Grokall.- Observó Thundra.- Ten animo, pronto podrás volver y enterrar a los tuyos.

-¿Estas seguro que funcionará?- Preguntó la Antorcha a Aarkus.

- “Sus mentes son de un rango inferior a la humana, y los humanos han demostrado ser son influenciables por mi habilidad mental.”

-¡¿Qué?! ¿Usas eso con las personas?

-“Sólo en ocasiones, para poder caminar entre la gente normal como uno más. No es dañino para el cerebro humano, tenéis mi palabra.”

Aarkus miró al líder del grupo, y este asintió, confirmándole que era el momento.

El Ykraiano se concentró, y en unos instantes, eran virtualmente invisibles a ojos de los que les rodeaban.

Bajaron por la ladera, metiéndose en pleno corazón donde bullían las fuerzas de los Hombres-Lava y los Tiranoides. Caminaban entre ellos sin que estos se percatasen de que estaban allí. El poder mental de Aarkus los envolvía como una manta que impedía que los sentidos de las razas subterráneas pudiesen detectar su mera presencia.

Jack Frost tenía que usar gran parte de su poder para mantener su temperatura en este lugar lleno de geiseres de magma y ríos de lava. El hijo de gigantes añoraba más que nunca su hogar en el ártico, y se preguntaba si la hora de volver a casa estaba llegando.

Jim Hammond, la Antorcha, se encontraba un poco incomodo, se estaban metiéndose en la boca del lobo, rodeados de enemigos hasta donde alcanzaba la vista.  Si el poder de Aarkus fallase… Quien sabría lo que podría ocurrir.

Phestos usaba su martillo como detector de proximidad, intentando adelantar cualquier peligro que pudiesen correr.

Rockman miraba a los ardientes rostros de los Hombres-Lava y deseaba lanzarse contra ellos, pero si hiciese eso, dejaría vendido a sus compañeros.

Thundra notó el esfuerzo de voluntad del abysmiano por contener la furia que su corazón le impulsaba a desatar.

El Capitán América no le quitaba el ojo de encima a Tyrannus, no se fiaba en lo más mínimo del inmortal romano. Estaba seguro que a la mínima trataría de traicionarlos, y estaba preparado para ello.

Tyrannus caminaba confiado, lograría recuperar lo que tanto le costó conseguir. Su imperio renacería más fuerte que nunca.

Aarkus permanecía concentrado, rodeando con su poder al grupo.

Cuando llevaban recorrido una gran parte del trayecto lo vieron, y se quedaron estupefactos contemplando la criatura que se erguía delante suyo.

Un gran ser grisáceo de varios metros de largo, que emitía una especie de cántico y exudaba extraños ácidos cargando que con una furia espantosa deshacía la roca basáltica como se deshace la mantequilla al fuego.

Shude M'ell el que sacaba en las profundidades, se movió inquieto, sus tentáculos prensiles se removieron y emitió un silbido aterrador que se les metía en sus mismas mentes. Pudieron atisbar una porción de la presencia de Shude M'ell dentro de sus cabezas, examinando sus psiques y pudieron descubrir que era un ser muy viejo, más viejo que cualquier criatura terrestre conocida y que llevaba descansando millones de años, esperando el momento propicio para volver a reinar junto a sus congéneres sobre el planeta que una vez fue suyo.

El dios de las profundidades de la Tierra rompió el control de Aarkus y su presencia fue revelada.

Los siervos de Shude M'ell volvieron de pronto su atención en ellos.

Rockman decidió actuar con rapidez.

-¡Basta de subterfugios!- Dijo Rockman golpeando con sus poderosos brazos el suelo, creando una onda de choque que hizo desequilibrar a docenas de Tiranoides y Hombres-Lava.

El Capitán América levantó su brazo.

-¡Invasores desplegaos!- Gritó el veterano héroe.


Jack Frost creó un tobogán de hielo por el que elevarse por encima de los Hombres Lava, lanzando una auténtica ventisca de hielo contra ellos. Frío contra calor, en una batalla totalmente desigual dado el entorno donde se encontraban.

La Antorcha despegó impulsándose por su llamarada y decidió centrarse en los Titanoides, más vulnerables a sus llamas. Formó bolas de fuego que arrojó contra los humanoides subterráneos, que se apartaban asustados.

El Capitán América lanzó su mítico escudo rojo, blanco y azul contra un grupo de Tiranoides, derribándoles y volviéndose este a su mano como siempre. De reojo pudo ver a Tyrannus inmóvil, sin decidirse a intervenir.

-¡Tyrannus! ¡No te quedes ahí parado! ¡Haz algo si eres tan bueno como presumes!

Picado en su orgullo, el que fue una vez un alto cargo del imperio romano, se puso en acción. Se posicionó ante un inmenso número de Tiranoides.

-¡Escuchadme, leales vasallos! ¡Soy Tyrannus, vuestro amo y señor!

En un primer momento, no pareció surgir ningún efecto, pero a continuación, se apartaron de él como asustados por un miedo irracional.

Tyrannus sonrió satisfecho. Sabía que sus esclavos recordarían quien era realmente su amo.

Thundra  lanzó su cadena contra varios Hombres Lava, enrollándola en sus cuerpos y aprisionándolos. No quería hacerles daño, sabiendo que no eran conscientes de lo que estaban haciendo, si no que actuaban contra su voluntad. Recordaba como ella misma fue manipulada y controlada para atacar una ciudad de la Tierra y si no llega a ser por Druida y los Invasores, quien sabe a cuanta gente hubiese dañado.[6]

Aarkus fue rodeado por innumerables enemigos de piel hirviente, desapareciendo en una nube de humo y reapareciendo tras de ellos, para dejarlos incapacitados con su gran fuerza.

El eterno Phestos lanzó una descarga de energía de plasma a través de su martillo, creando un boquete en la corteza terrestre que hizo hundirse en las profundidades a varios Hombres-Lava.

-¡Estamos perdiendo el tiempo! ¡Tenemos que acabar con él!- Dijo Rockman acercándose al eterno.

Phestos miró a la inmensa masa del dios subterráneo que no dejaba de mover sus tentáculos como si dirigiese a sus tropas con los mismos.

-Creo que tienes razón, hay que romper su control sobre sus razas servidoras.- Apuntó Phestos.

Rockman clavó su furiosa mirada en la criatura.

-¡Yo lo haré! ¡Lo aplastaré con mis propias manos!- Exclamó Rockman corriendo hacía Shude M'ell.

-¡No! ¡Detente! – Gritó Phestos.

Haciendo caso omiso de los avisos del eterno, el abysmiano impacto con toda la fuerza y envergadura de la que disponía contra el ser de las profundidades. La criatura chilló con un sonido que dañaba los oídos. El grito hizo enfurecer a sus siervos, que atacaron con más violencia y más salvajismo.

El que socaba en las profundidades aferró a Rockman con sus tentáculos, apresándolo con fuerza. El abysmiano gritó de dolor al sentir como a través de sus apéndices comenzaba a extraerle sangre y fluidos vitales de su cuerpo.

Aarkus acudió en su ayuda, agarró uno de los tentáculos y tirando con todas sus fuerzas lo partió en dos. El dolor que debió sentir fue tal que soltó al agente subterráneo.

Shude M'ell se irguió en toda su magnitud, y dejándose caer sobre Aarkus lo aplastó contra el suelo, desapareciendo debajo de la masa gigantesca del dios primigenio.

-Aarkus…- Dijo Phestos con estupor. Agarrando su arma, el eterno dio un paso hacía la criatura con decisión. La ira apareció en el rostro normalmente afable y sereno del ingeniero eterno.

-Si has hecho daño a mis amigos, no habrá ningún lugar donde puedas huir de mí, Shude M'ell, ¡aquel que caerá ante Phestos!

Continuará...

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Referencias:
1 .- Raza subterránea de características parecidas a los topoides del Hombre-Topo.
2 .- En combate personal con Hitler, en el Defensores#16
3 .- Hace mucho, en el Invasores#3
4 .- En el Invasores#12
5 .- Usado por primera vez en Invasores#3, y en el número anterior, sin ir más lejos
6 .- Fue Morgana quien la controló, en el Invasores#5

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