Alpha Flight Crepúsculo


Título: Crepúsculo
Autor: Miguel A. Naharro
Portada: Cesár Herce
Publicado en: Enero 2010

Alpha Flight se enfrenta a un terrible enemigo que invade Canadá, durante la crisis llamada "El crepúsculo de los dioses"
Los ejércitos de elfos oscuros de Asgard invaden el país, y los Alpha tendrán que detenerlos ¡a cualquier precio!
Unidos para derrotar a las amenazas que sobrevienen sobre su país y más allá. Son los defensores de Canadá: ¡Vindicator! ¡Puck! ¡Ave Nevada! ¡Sasquatch! ¡Lobezno! ¡Shaman! ¡Aurora! ¡Estrella del Norte! ¡Box! Ellos son
Creado por John Byrne


Nota del editor: estos eventos se sitúan antes de nuestra serie Alpha Flight
 
Esta no es la parte más elegante de la ciudad, bueno, él tampoco era un tipo muy elegante. El Gastown Bar estaba situado en Vancouver, en la Columbia Británica. Era un local viejo y gastado, con no muy buena reputación para la gente decente de la ciudad. Muchos dirían que es un antro... pero era su antro.
Aparcó la moto en la entrada y se encendió un puro.

Escuchó el ruido de cristales rompiéndose y vio a un tipo salir despedido por una de las ventanas del local. Un sucio camionero borracho se removió dolorido en el suelo, parecía haber mordido más de lo que podía tragar. No le resultaba difícil imaginar quien era el responsable de tan severo correctivo. Dos segundos más tarde otro tipo atravesó la puerta y cayó junto al primero. Este, demasiado estúpido para saber cuando ha recibido una lección, intentó entrar de nuevo... para encontrarse con su puño en su estómago. Lo dejo retorciéndose de dolor.
Al entrar en el bar, observó que todo estaba como siempre. Humo, alcohol, sudor y mucho ruido. El Gastown Bar era una auténtica demostración de cómo acabar con los sentidos de la clientela. Le encantaba. Lo echaba de menos.
Algunos clientes se distraían de sus charlas y de sus risas un instante, para mirarle .La mayoría eran camioneros de paso y leñadores de la zona. En busca de un poco de diversión para olvidar la dura rutina diaria. En un momento vuelven a lo que estaban haciendo.
Casi todos estaban observando una de las muchas peleas que se suceden en el local.
Esta era diferente. Tres robustos leñadores se enfrentan a un pequeño hombrecillo de apenas un metro. Los movimientos del hombrecillo eran rápidos y gráciles, más de lo que se podría esperar de sus cortos miembros. Con una agilidad sorprendente, salta contra la pared para rebotar en ella y lanzarse encogido y hecho una bola contra los leñadores, derribando a dos de ellos como si fueran bolos. Sonrió al ver como Puck seguía siendo tan eficiente como siempre.
-En un momento estoy contigo ¿eh?- Dijo Puck con una sonrisa.

-¿Necesitas una mano?- Preguntó Logan.

-¿Quien, yo?- Dijo mientras derribaba al tercer leñador de un puñetazo en pleno rostro sin volverse.

-No esperaba verte por aquí, Judd, pensaba que estarías con tus amigos de Alpha Flight- Comentó Logan mientras se acercaba a su viejo amigo.
-Después de los problemas que hemos tenido últimamente con el departamento H, estamos reorganizando el grupo, se puede decir que estoy de vacaciones, al menos de momento... ¿Una  cerveza?- Sin esperar su respuesta saltó encima de un taburete y se sentó en la barra, haciendo un gesto al camarero para que sirviese dos cervezas bien frías.
-¿Qué te trae por aquí, Logan?
-Buscaba un poco de calma y tranquilidad. Xavier esta reestructurando a la Patrulla-X, intentando colaborar con el gobierno, y digamos que en estos momentos no soy bien visto por los altos cargos, así que me he tomado un descanso y decidí venirme a darme una vuelta por aquí.
-Bueno, no se si has venido al sitio adecuado para buscar paz, ¿eh? La Patrulla-X trabajando con el gobierno de los estados Unidos, quien me lo iba a decir, los tiempos están cambiando ¿he?
-Los tiempos están cambiando, si...- Dijo Logan antes de dar un largo trago a su cerveza. -¿Como está, Heather, Judd? Hace tiempo que no nos vemos.
-Muy bien, ahora mismo está de visita en casa de sus padres... Estamos saliendo juntos, ¿lo sabías, Logan?
La expresión del rostro de Lobezno cambio.

-¿Sí?, vaya, me alegro, por los dos. Pero cuídala bien, si no te las tendrás que ver conmigo, “enano”
-Por supuesto, y, ¿a quien llamas enano? ¿Eh?

Sonrió y le dio un nuevo trago a su cerveza. Siempre había notado que Puck sentía algo especial por Heather. Si ella le correspondía significaba que era feliz. Eso era suficiente para él. Judd era un buen tipo, un buen hombre... Se alegraba por ellos. 

-Supongo, Logan, que sigues siendo tan duro ¿eh?-Dijo Puck sacándole de mis pensamientos.

-Por supuesto, pequeñín, ¿quieres comprobarlo?- Contesto con una sonrisa apurando el último trago de cerveza.

-¡Bambi, cielo, trae el “especial” de la casa!, ¡este fanfarrón va a averiguar quien es el mejor bebedor
de la zona!

Un par de horas después, el vencedor de este juego es el esperado, como no podía ser de otro modo. Ventajas de tener un sistema de recuperación mutante. Aunque Lobezno tenía que reconocer que el bueno de Puck, había aguantado el tipo muy bien... en la mesa quedaban una docena de botellas vacías del veneno que habían estado bebiendo.
El pequeño cuerpo de Puck era mucho más duro de lo que aparentaba, sin duda.
Se enciendo un nuevo puro mientras contemplaba a su amigo.
Miró a Judd, que seguía durmiendo con la cabeza reclinada hacia atrás. Dejó un buen puñado de billetes sobre la barra.
-Esta ronda la pago yo, viejo amigo. Dale recuerdos a Heather. Nos veremos en unos días.
-Clarooooooo, la prózzzima la pagggoooo yyo, Logan.- Dijo Puck cayéndose de la silla.
Bambi le ayudó a incorporarse y le dedicó a Lobezno un guiño cargado de sentido, le dedica una sonrisa inocente y se dirige a la puerta.
En ese momento, se da cuenta de que hay varios clientes mirando atentamente por las ventanas, agolpados con cara de estupefacción.
- Pero que es lo que… Comienza a decir Lobezno, se quedan sin palabras al salir por la puerta y contemplar lo que todos estaban mirando.
Espesas nubes se movían por el cielo. Y este había adoptado una tonalidad rojiza, como la misma sangre. Lobezno supo al instante que esto sólo había comenzado, fuese lo que fuese. Corrió hacía el interior del Gastown Bar y se acercó a donde estaba Puck, que permanecía sentado con una mano cubriéndole el rostro. Sin pensárselo, Lobezno agarró una jarra de agua con hielo y se la arrojó encima a Puck.
- ¿Pero que demonios haces?- Dijo Puck con cara de enfado.
- Sólo quería asegurarme de que se te había pasado la borrachera. Ven conmigo, tenemos que avisar a los demás.
- ¿Por qué?
Puck salió de dudas al acompañar a su amigo a las afueras del bar, donde la gente miraba al cielo con temor y con el pánico reflejado en sus rostros.
- Vaya, parece que no podemos tener un día tranquilo ¿he?
- No somos el tipo de gente con vida tranquila. Sube a mi moto.
De pronto, el suelo comenzó a temblar ostensiblemente.
- Esto no puede ser una casualidad ¿he?
- Será mejor que busquemos a Heather y los demás. Sospecho que los vamos a necesitar.
Lobezno arrancó su motocicleta y él y Puck desaparecieron por la carretera.
Reserva de los indios saarce.
 En la consulta del doctor Michael Twoyoungmen ya se han acabado las visitas. Las ropas del doctor se encuentran en un rincón de la habitación
Sus ojos permanecen cerrados. Su mente esta concentrada en la meditación espiritual, alejada de nuestra realidad más mundana, explorando el mundo de los espíritus de sus ancestros. Algo le hace regresar con brusquedad a nuestra realidad. Una presencia que hacía mucho que sentía. Shaman abrió los ojos justo a tiempo para ver a una mujer que estaba en el umbral de la puerta de su despacho.
- ¡Elizabeth!- Dijo Shaman el ver a su hija. Su rostro pasó de la alegría a la sorpresa al observar que había un cambio en su hija desde la última vez.
- ¿Estas embarazada? ¿Cómo? ¿Quién es el padre?
La cara de su hija no reflejaba nada más que desconcierto y ¿miedo?
- Tienes que ayudarme, padre. Esto no puede estar pasando…
Shaman se acercó a su hija y le abrazo.
- Sea lo que sea, lo afrontaremos juntos, Elizabeth, no tienes que temer por tu hijo.
- No sé como ha podido ocurrir, no ha habido padre, es imposible. Hace dos semanas estaba normal y ahora estoy embarazada de ocho meses. Tenemos que salir de aquí, ellos me encontrarán, siempre lo hacen, eres mi última esperanza…

- ¿Ellos?

Las paredes del despacho, comenzaron a temblar con inusitada fuerza y los cristales de las ventanas estallaron.

- ¡Me han encontrado!- Exclamó desesperada Elizabeth.

Varias sombras, alargadas y retorcidas, vagamente humanoides, se colaron por las ventanas. Shaman pudo percibir una maldad y una malignidad que emanaban de ellas.
Alargaron sus retorcidas y afiladas garras hacía Elizabeth.

- Ponte detrás de mí, hija, yo te protegeré.

Shaman llevó la mano a su mística bolsa, introduciéndola en su interior, cuando la volvió a sacar, tenía un puñado de polvo azulado. Se lo llevó cerca de su cara y sopló con fuerza. El polvo se dispersó sobre las sombras, y con un alarido lastimoso y espeluznante, las sombras se retiraron velozmente.

- Ya se han marchado. Eran espíritus malignos, entes al sirvicio de engendros aún mayores, perros de presa en busca de almas.- Dijo Shaman mientras ayudaba a incorporarse a su hija. ¿Pero buscaba el alma de Elizabeth o la del niño que crecía en sus entrañas? Había algo en todo esto que se le escapaba.

- Desde que estoy en estado aparecen allá donde voy, a duras penas he conseguido llegar hasta tu consulta.

- ¿Por qué no has usado tus poderes místicos contra ellos? Aún sigues siendo Talismán, la elegida.

- De algún modo que no puedo comprender, siento como si el bebé se alimentase de mis poderes, a medida que iba creciendo en mi interior se iban debilitando. Estoy desesperada y tengo mucho miedo, padre.

- Tranquilízate, Elisabeth, creo que puedo ayudarte.- Dijo con voz tranquilizadora Shaman, al tiempo que pensaba en que clase de criatura era la que estaba creciendo en el interior de su hija.




Edmonton es la capital de la provincia canadiense de Alberta, en Canadá.
Es la segunda ciudad más grande de la provincia (detrás de Calgary), y la quinta de Canadá. Sus habitantes son gente corriente y trabajadora, que le gusta vivir con  tranquilidad y normalidad. No
están habituados a que nada interrumpa su pacifica existencia. Por eso, nadie podía estaba preparado para lo que estaba apunto de suceder. Comenzaron a escucharse el  sonido del crepitar de la energía al formarse haces de energía que se materializaron sobre el cielo de Edmonton.
De los portales recién creados surgieron hordas de guerreros protegidos con armaduras y corazas que cabalgaban enormes canes, con ojos completamente rojos con mirada enloquecida y abriendo y cerrando sus mandíbulas repletas de afilados colmillos.
Además de los guerreros, el cielo se cubrió con una nube de aladas criaturas, seres negros como la noche, de piel aceitosa, alas de murciélago, feas garras prensiles y colas espinosas. No tenían rostro al que mirar.
Las transeúntes comenzaron a huir aterrorizados ante la presencia de las hordas enfurecidas que se lanzaron a atacarlos sin ninguna contemplación.
Un guerrero más alto y fuerte que el resto, que montaba un gigantesco sabueso blanco alzó su lanza y espoleó a sus tropas.
- ¡Atacad sin piedad! La caza acaba de comenzar y cuando acabe, los humanos serán nuestros trofeos y ¡Midgard será nuestra! La jauría del Cazador jamás deja supervivientes- Exclamó el Cazador al tiempo que se dirigía hacía sus presas.
La isla Tamarindo, Columbia Británica, Canadá.
Entre el follaje de la isla, se alza la estructura gótica de la reconstruida Mansión Alpha, cuartel general del supergrupo conocido como Alpha Flight. La mansión se volvió a construir exactamente donde se encontraba la antigua, antes de ser destruida años atrás por el villano Maniaco. A expensas del gobierno canadiense, y utilizando los fondos que disponían, reconstruyeron su antiguo cuartel general, apartándose lo más posible de las instalaciones del Departamento H y de las influencias gubernamentales.
Heather no apartaba la vista de los monitores desde hacía un rato. Estaba en todos los canales, tanto nacionales como internacionales. El cielo rojo solo fue el principio, después vinieron los temblores de tierra, los vientos huracanados, los maremotos y toda clase de desastres, a cual más terrible. Incluso en algunos informativos se decía que un volcán había surgido en medio de la ciudad de Nueva York. Acababa de llegar de visitar a sus padres y se había encontrado con esto.
Un sonido le hizo apartar la mirada de las fatales noticias que llegaban. Unas risitas escandalosas cuyo origen reconoció de inmediato. Aurora acompañaba a la puerta a su última conquista, un camarero atlético y musculoso que había conocido la noche anterior. La joven le dio un sonoro beso a modo de despedida y cerró la puerta. Vestía solamente con una camisa de hombre, varias tallas más grande que la suya.
Heather se le quedó mirando con expresión de enfado y con los brazos cruzados.
- ¿Te das cuenta de que hora es?- Dijo en voz alta.
- ¿Qué hay para desayunar?- Dijo ella abriendo la puerta de la nevera.
- ¿Desayuno? Di mejor la comida. ¿Sabes que cada mañana has despertado con un hombre diferente?
- Mmm ¿Y cual es el problema?- Dijo Aurora abriendo un cartón de leche y vertiendo su contenido en un tazón.
Heather se llevó la mano a la frente y resopló.
- Estas totalmente descontrolada, Jean Marie. Si no eres capaz de verlo por ti misma, no perderé el tiempo intentando que lo veas. Además, el mundo se esta viniendo abajo en estos momentos y no podemos perder tiempo en tonterías.
- No me llames así. Llámame solo Aurora.- Dijo la mutante frunciendo el ceño.- Lo que haga con mi vida es solo asunto mío y de nadie más, Heather.
Tras un segundo, Aurora se quedó mirando a Heather y dijo:
- ¿A que te refieres con que el mundo se esta viniendo abajo?

- Solo tienes que mirar por la ventana, cariño.

Las dos mujeres se volvieron para observar que apoyado en el umbral de la puerta se encontraba Puck y otra persona que conocían muy bien.

- ¡Logan!- Exclamó Heather dándole un calido y largo abrazo.- ¿Has venido a visitarnos?


- Yo también me alegro de verte, nena.


- Como sigáis abrazados mucho rato, voy a ponerme celoso ¿he? – Dijo Puck son una sonrisa.


- Estas muy sexy, cheri.- Dijo Aurora  acercándose a Logan y dándole un leve beso en la mejilla.


- Tú sigues tan adorable como siempre, encanto.- Dijo Logan mirándola de arriba abajo.


- ¿Dónde están el resto de Alpha Flight?- Preguntó Puck.

- Ya he activado sus localizadores. Jean Paul esta de camino, aunque antes tenía que pasar a recoger a Walter. No consigo localizar a Shaman.

- ¿Y James?- Preguntó Logan.

- Aquí estoy, viejo amigo.

Todos vieron a Guardián entrando en la sala,  se acercó a Lobezno y ambos se dieron un fuerte apretón de manos.
Judd alargó su brazo para coger de la mano a Heather. Sus manos se entrelazaron tiernamente.

- No esperaba encontrarme contigo. Es bueno tenerte aquí de nuevo, como en los viejos tiempos.- Dijo Guardián.- Supongo que esta amenaza nos reúne de nuevo como grupo, con o sin apoyo gubernamental.

- Siempre seremos un equipo, sean cual sean las circunstancias.- Dijo Heather.

James McDonadl Hudson y ella cruzaron sus miradas y se produjo un silencio incomodo. Se podía sentir la tensión en el ambiente.

- ¡Sacre bleu! ¡Mirad!- Exclamó Aurora, lo que hizo que cambiasen su atención hacía uno de los monitores que la mujer señalaba.
Un la pantalla podían verse imágenes de una ciudad siendo invadida por extraños jinetes acorazados que montaban bestias similares a grandes sabuesos endemoniados.
El cámara grababa todo desde una ventana de un edificio.

- Salieron de la nada y comenzaron a destrozarlo todo por Edmonton. Nadie sabe quienes son y por que nos atacan.- Decía el cámara del canal que seguía grabando toda la destrucción a su alrededor.- La policía no puede hacer nada contra ellos, son…
Una sombra alada descendió hacía la cámara y el periodista solo pudo gritar antes de que se perdiese la conexión por completo.
- Es hora de moverse con rapidez. Preparados todos, saldremos lo antes posible.- Anunció Heather con voz seria.
Los elementos estaban en su contra, el aullido del viento resonaba por todo el valle, y asemejaba un aullido lastimoso. La nieve y el frío dificultaban aún más el ascenso por la ladera de la montaña.
Shaman percibía que no era una tormenta normal, no querían que llegasen a su destino y sobretodo querían dañar a su hija, y eso era algo que no permitiría. Le pasó el brazo por su hombro y la atrajo hacía él, para darle su calor.
Notaba como ojos extraños y malévolos les observaban, siguiendo sus movimientos, dispuestos a abalanzarse sobre ellos en cualquier instante y atacarles sin piedad.
Atisbó algo entre la tormenta, una figura se acercaba lentamente, era de gran tamaño y sus pesadas piernas se hundían en la nieve, lo que no le impedía avanzar.
La figura era un Hombre de Piedra que volvió su pétreo rostro hacía donde se encontraban. Shaman se sintió aliviado, si el Hombre de Piedra había aparecido, es que estaban en el lugar indicado. La estatua alargó sus pesadas manos de piedra, como intentando alcanzarlos. Shaman introdujo su mano en su bolsa mística y de ella sacó lo que parecía una punta de lanza de pedernal. La arrojó con todas sus fuerzas contra el Hombre de Piedra y al momento de tocar el cuerpo de la estatua, esta se desmoronó hasta quedar convertido en un montón de piedras.
Shaman dejó a su hija con mucho cuidado sobre la nieve y se concentró. Elevando sus manos y
cerrando los ojos, mientras pronunciaba palabras en la lengua de su pueblo,  de los indios sarcee. La energía mística se empezó a liberar y fue entonces cuando Shaman abrió los ojos y la vio.
De la nada había aparecido la oscura entrada de una caverna que se adentraba en los confines de la tierra. Las leyendas hablaban de la existencia de este lugar, una cueva mística y ancestral de los indios micmac, allí se encontrarían  protegidos de los ataques de los espíritus malignos que acechaban a su hija y al retoño que llevaba en su interior, mientras intentaba averiguar que es lo que estaba ocurriendo realmente.
Padre e hija se adentraron en el interior de la cueva con paso firme.

Fuera, la tormenta se descargaba con más furia, como si estuviese rabiosa y enfurecida. Y se escuchaban sonidos de cosas que se arrastraban y emitían gorgoteos y gemidos y miraban con ojos refulgentes y con odio.



La omninave, la nave de Alpha Flight, cruzaba velozmente el cielo canadiense a máxima potencia. Eugene Judd, al que la mayoría de personas conocían como Puck se encuentra a los mandos de la nave. Puck tenía sentimientos encontrados, por un lado, estaba muy contento de volver a entrar en acción con sus compañeros de equipo. Llevaban mucho tiempo parados, sin actuar como un verdadero grupo de superhéroes. Añoraba más que nadie el sentirse parte de Alpha Flight, para él, era más que un grupo, era su familia, la única familia que realmente había conocido en sus largos años. Por otra parte, sabía que la tensión se podía palpar en el ambiente. Heather se sentía incomoda por la presencia de James y estaba seguro de que tampoco era fácil para él. Era todo demasiado reciente, habían sido muchos años juntos y con mucha felicidad y mucho amor entre ellos. Si alguna vez hubiese tenido que apostar por el éxito de una pareja, hubiese apostado por ellos dos, sin ninguna duda. Sin embargo, no fue así, rompieron y ahora Heather estaba saliendo con Judd. Desde que la conoció sintió algo muy especial por ella, la amo en secreto, sin esperanzas de poder demostrarle ese amor ni mucho menos de ser correspondido. No solo por ser la mujer de uno de sus mejores amigos, si no también por que jamás se hubiese fijado en un enano, un medio hombre que nunca hubiese podido hacerla feliz. Ahora era todo muy diferente, James y Heather tomaron caminos diferentes y Judd tuvo la suerte de que su camino y el de Heather coincidieron.
Esperaba que James acabase aceptando que todo había terminado, por su bien y por de ellos.
Estrella del Norte observaba como su hermana hablaba con su ex-amante Walter Langwoski. Lejos quedaban los tiempos en que era el guardián de su hermana, protegiéndola de cualquier cosa. Ahora cada uno vivía su vida, preocupándose de sus propios problemas, así lo habían decidido.
¿Y que era entonces lo que le hacía permanecer en este grupo? Nunca se sintió especialmente cómodo en el papel de superhéroe, ni como miembro de Alpha Flight. Desde un principio se unió a las filas del Departamento H y de Alpha Flight por estar al lado de su hermana. Sintiéndose obligado a esta pendiente de ella, de cuidarla, de que tuviese un hombro donde apoyarse. ¿Entonces por que estaba allí? Temía saber la respuesta. Intentó tener una vida al margen. Se hizo comentarista deportivo e intentó dedicarse a entrenador de las futuras estrellas del esquí. Creyó que funcionaria, que podría dedicarse al deporte que tanto amaba, si no ya como participante activo, ya que al ser publica su identidad y sus poderes, no le dejarían participar, si al menos como entrenador. No fue así, nadie le quería contratar, le acusaban continuamente de haber usado sus poderes para triunfar como esquiador, y que si hizo esa “trampa” nadie podría confiar en él. Quizás por eso estaba en este lugar, por que era el único sitio donde le admitían como uno más, donde a pesar de lo mal que a menudo se portaba con sus compañeros, le tenían aprecio y lo respetaban. En el fondo, por mucho que lo odiase, era el único sitio donde realmente encajaba.
Heather comenzó a toser. Nunca se acostumbraría a ese olor.
- Logan, ¿quieres apagar ese puro? No se como puedes seguir fumando eso.
Lobezno se acababa de quitar su ropa de calle y ponerse su traje de combate.
- Ventajas de un sistema de recuperación mutante, nena.- Dijo dándole una fuerte calada al puro.
- Vaya, me alegro de ver que has dejado la licra amarilla, Lobezno.- Dijo
Walter Langkowski.- Alguien tenía que haberte dicho antes que el color amarillo chillón no era lo mejor para pasar desapercibido.
-Borra esa sonrisa divertida de tu rostro, Langkowski. Cuando quiera tu opinión te la pediré.
- Este uniforme siempre me pareció que te hacía más atractivo, monsieur Logan.- Dijo Aurora lanzándole una mirada claramente descarada y sonriéndole picaramente.
- Estamos llegando, preparados para entrar en acción ¿he?- Dijo Puck a través de los altavoces de la aeronave.
Por las mamparas pudieron contemplar el espectáculo dantesco que se estaba desarrollando en la ciudad de Edmonton. Los guerreros acorazados infestaban las calles de asfalto, como una diabólica marabunta que arrasaba con todo lo que se encontraba a su paso.
- Hay que detener a esas criaturas, sean lo que sean y poner a salvo a cuantos civiles podamos
¡Vamos!- Ordenó Heather, mientras se ponía el visor de su traje de Vindicator.
Las puertas del hangar de la Omninave se abrieron, para que pudiesen descender hasta las calles. Guardián fue el primero en salir de la aeronave y adentrarse entre las hordas de criaturas. Sus rayos electromagnéticos impactaban las armaduras de los guerreros.
Las espadas y lanzas chocaban contra el campo de fuerza que lo envolvía, sin conseguir penetrarlo.
Estrella del Norte y Aurora volaron velozmente, rompiendo las filas de las tropas invasoras. Aurora llevaba como pasajero a Lobezno, que con el familiar sonido de sus garras de adamantium saliendo de sus nudillos saltó encima de un grupo de guerreros.
- ¡Gracias por el viaje, muñeca!- Gritó antes de ponerse a combatir con los guerreros.
Sus garras rompían armaduras, escudos y armas con si fuesen de mantequilla, ante la sorpresa de sus adversarios.
- ¿Qué clase de mortal eres?- Exclamó uno de ellos, que alentó a su montura para que atacase al mutante canadiense.
Lobezno esquivó a duras penas las letales mandíbulas del sabueso, para después descargar toda la furia de sus garras contra la criatura, que emitiendo un lastimoso alarido, se desplomó con un estruendo y haciendo caer a su jinete.
- Por desgracia para ti, soy mucho más que un simple mortal.- Dijo Lobezno
Varios policías se encontraban detrás de sus coches de policía, disparando a diestro y siniestro contra los sobrenaturales enemigos que habían aparecido de la nada.
- Resistid lo que queráis, débiles mortales, vuestro destino es morir.- Dijo uno de los guerreros levantando su afilada espada y liderando a un escuadrón que se abalanzó sobre los policías.
- No nos culpes por intentarlo ¿he?
Puck dio varios saltos acrobáticos, rebotó en una pared, para impulsarse y golpear en pleno pecho al guerrero, que salió despedido del can que usaba como montura.
Eludió ágilmente las lanzas y espadas de los guerreros, Puck dio una fuerte patada a otro de ellos, que gruñó con rabia al no poder alcanzarlo debido a su extrema agilidad.
- Eres escurridizo como una serpiente, pequeño, pero no podrás derrotar a los Elfos Oscuros de Svartalfheim. ¡Ningún mortal puede!
¿Svartalfheim? Puck sabía lo suficiente de mitología para saber que ese nombre provenía de las leyendas nórdicas. –Asgard, vienen de Asgard- Pensó. Los pensamientos de Puck se vieron interrumpidos cuando se dio cuenta de que una gran sombra caía sobre ellos.
- Discútelo con él, ¿He?- Exclamó Puck dando un espectacular salto que lo alejó de allí.
El suelo tembló al aterrizar sobre el mismo la corpulenta y pesada figura de Sasquatch.
Los elfos oscuros mostraron su sorpresa y su temor al contemplar a la criatura que tenían enfrente. Sasquatch desplegó sus largos y fuertes brazos, descargando poderosos golpes que barrieron a los guerreros como si fuesen simples muñecos.
- Parece que se os da mejor dar que recibir.- Dijo Sasquatch.
El Cazador observó la imponente figura de Sasquacth, destacando entre la multitud de figuras que le rodeaban.
- Una bestia magnifica. Será una excelente pieza para el Cazador.
- Walter, creo que provienen de Asgard.- Dijo Puck saltando entre dos elfos oscuros que chocaron ellos.
- ¿Asgard? No se lo digas a Shaman, pero ¡odio los asuntos que tienen que ver con la magia!- Exclamó Sasquatch agarrando a un enemigo en una de sus grandes manos.

- Me pregunto si esto no tendrá que ver con Loki, recuerdo que nos la tenia jurada ¿he?  - Dijo Puck.

Un rayo térmico pasó a pocos centímetros de la cabeza de Puck. Miró para atrás y vio a un guerrero elfico que había estado apunto de sorprenderle por la espalda y que estaba fulminado en el suelo. Vindicator aterrizó a su lado.

- Gracias por vigilar mi retaguardia, cariño. Creo que me estoy haciendo viejo ¿he?

- Me cobraré el favor con intereses.- Dijo Heather guiñándole un ojo.

- Siento interrumpir, tortolitos, pero nos superan ampliamente en número, si no hacemos algo pronto, será imposible derr…

Sasquatch sintió un dolor intenso en uno de sus hombros y de su garganta salió un gritó de dolor. Una lanza le había perforado el hombro, causándole un dolor terrible. Se la arrancó rápidamente y se giró hacía quien se la hubiese lanzado.
El Cazador agarró otra lanza, dispuesto a lanzársela a quien había elegido como su presa.

- Ninguna presa escapa del Cazador, bestia.- Dijo el Cazador enarbolando su lanza, que brilló con un resplandor levemente azulado.

- ¡Nunca te has encontrado presas como nosotros!- Dijo Vindicator volando rápidamente hacía el acorazado enemigo. Con inusitada velocidad, movió su lanza, trazando un arco que para sorpresa de Heather, atravesó su campo de fuerza, atravesando su traje e hiriéndola. Cayó al suelo, llevándose la mano a su herida de la que ya comenzaba brotar sangre.

- ¡Heather! ¡Si le has hecho daño…

- Jajaja eres un iluso, mi diminuto adversario, ¡vuestras cabezas pronto colgaran de mi salón de trofeos!

El Cazador levantó de nuevo la lanza, sin percatarse de una figura que se situó detrás suyo.

- Has cometido un grave error, amigo y créeme ¡Será el último!

Las afiladas garras de Lobezno desgarraron la gruesa armadura del Cazador, clavándose en la carne del elfo oscuro y haciendo que este soltase un chillido agónico.

- ¡Maldito mortal! ¡Me has hecho daño!

De la palma de su mano surgieron haces de energía mística que lanzaron a su oponente a varios metros de distancia. La forma del Cazador comenzó a oscilar, a parpadear y a cambiar. Sus ojos brillaban con maldad en un rostro cuya una de sus mitades era negra como la noche. Su aspecto era ahora más delgado y menos corpulento, con una larga melena rubia.
- No puedo mantener la forma del Cazador, me habéis obligado a volver a mi auténtico aspecto. Pagareis caro el haber tenido la osadía de herirme, os habéis ganado la ira de ¡Malekith el Maldito!


Malekith el Maldito se lleva la mano a un costado, por donde brotaba la sangre y no salía de su asombro. ¡Le habían herido! ¡Unos simples mortales! Lo pagarían muy caro. No sólo con sus vidas, si no también con sus almas, que se convertirían en esclavas de los elfos oscuros por toda la eternidad.
- Parece que podemos herirte, ego no eres tan duro de pelar ¿he?- Observó Puck dibujando una sonrisa en su pequeño rostro.
Esto pareció enfurecer aún más al elfo, que mostró una mueca de disgusto en su rostro.
-¿Osáis burlaros del señor del reino de Svartalfheim? ¡Tal osadía será será castigada!
Malekith movió con velocidad uno de sus brazos y ondas de luz salieron despedidas en todas direcciones. Eugene Judd alias Puck reaccionó rápidamente y se desplazó dando volteretas hasta alejarse del peligro. Vindicator agarró a Lobezno y ambos salieron despedidos hacía el cielo de Edmonton.
- ¿Te encuentras bien, Heather?- Preguntó Logan preocupado por las heridas inflingidas a la mujer por el arma de Malekith.
Heather asintió, mientras aterrizaban en una azotea cercana.
Varias de las ondas de energía impactaron contra un edificio, haciendo que la fachada del edificio se desmoronase sobre una indefensa chica que parecía perdida ante semejante desastre. Sin embargo, la chica pareció desaparecer a ojos de todos.

- ¿Estas herida?- Preguntó Estrella del Norte a la niña que tenía entre sus brazos.

- ¡Me has salvado! ¡Mi héroe!

Antes de que Estrella pudiese reaccionar, la joven le dio un fuerte beso en los labios al veloz mutante.
Guardián se encontraba ocupado luchando contra varias docenas de guerreros acorazados. Ráfagas de rayos electromagnéticos surgían de su traje tecnificado y derribaban a sus oponentes. Las armas de filo o contundentes que usaban los elfos oscuros eran inútiles ante el campo de energía que envolvía al cuerpo de James Mcdonald Hudson. Por primera vez en mucho tiempo, se encontraba combatiendo junto a sus compañeros de Alpha Flight, como en los viejos tiempos. No pensaba que lo echaría tan a faltar. Le hacía revivir otra época, cuando el Departamento H y los Alpha eran toda su vida. En los últimos tiempos las cosas no habían ido bien para el grupo y ya era hora que volviesen a ser como antes.
Sasquatch se acercó amenazadoramente a Malekith, apartando con sus grandes manos a cada enemigo que se cruzaba a su paso. Con más velocidad de lo que indicaba su tamaño, Sasquacth sujeto al elfo oscuro con una mano y lo elevó en el aire, hasta que un segundo después lo lanzó contra un camión que estaba aparcado en una de las calles. Malekith lo atravesó por completo, estrellándose contra un muro tras el vehiculo que se derrumbó sobre él.
-Buen golpe, Walter.- Dijo Guardián aterrizando al lado de Sasquatch.
- Uno menos, ahora solo nos quedan unos pocos miles más…
El camión se tornó en un rojo vivo, como el metal en ebullición, hasta fundirse en un simple charco de líquido burbujeante.
Malekith caminaba con una expresión de rabia en su rostro.
- No hay duda de que eres todo un gigante. Pero yo también puedo serlo.
La forma de Malekith oscilo y distorsionó hasta cambiar la figura de una inmensa bestia acorazada
cuyo tamaño rivalizaba por completo con el de Sasquacth.
Los dos colosos se enzarzaron en un tremendo intercambio de golpes, en un terrible duelo entre un dúo de fuerzas igualados. Los poderosos golpes de Malekith parecían hacer mella en Sasquatch, que había sido tomado por sorpresa. Este cayó derribado por un certero golpe en el rostro, y cuando Malekith estaba dispuesto a rematarlo con un nuevo golpe, recibió un impacto en el pecho.
Puck rebotó en una farola cercana y después aterrizó sano y salvo en el suelo.

- ¡Enano inmundo! ¡Te aplastaré como la pulga que eres!

Como una centella resplandeciente, Aurora se interpuso entre Malekith y su compañero.

- No queremos que hagas daño a monsier Judd, cherie.- Dijo Aurora sin dejar de sonreír en su hermoso rostro.

Extendió las manos y todo su cuerpo empezó a brillar con una intensidad tal que asemejaba una pequeña estrella.

- ¡La luz! ¡La maldita luz!- Exclamó un sorprendido Malekith.

Guardián aprovechó que el elfo oscuro se encontraba aturdido para descargar una auténtica tormenta de rayos electromagnéticos sobre el titán acorazado.
Con un grito de rabia, Malekith revertió a su forma original.

- ¡Sois como una plaga!- Dijo Malekith.- ¡Acabaré con todos vosotros!

Puck se quedó observando al villano y no dejaba de rondarle una pregunta en su cabeza.
¿Dónde estará Shaman? Una amenaza de carácter mágico como esta estaba por encima de sus posibilidades. Sin Shaman o Talismán, el equipo estaba cojo en cuestión de potencial místico y sus posibilidades de victorias reducidas ostensiblemente.
 



En el exterior de la ancestral caverna de los indios Micmac el viento aullaba desafiante. Se arremolinaba creando la ilusión de una figura malévola, cuyos ojos malignos miraban con odio, intentando penetrar en el interior de la roca y poder observar a sus enemigos.
Shaman le limpiaba el sudor de la frente a su hija, mientras se preocupaba por su estado.
Elisabeth rompió aguas. Estaba apunto de alumbrar a la criatura que se había gestado con rapidez en su interior.
- Padre, siento como se mueve dentro de mi, quiere salir….
- No te preocupes, Elisabeth, todo saldrá bien.

¿Lo creía realmente? No conseguía percibir  que era en realidad el ser que estaba apunto de nacer. Ni sabía las consecuencias que tendría el parto para su propia hija. Pero era un médico, un sanador, sin saber la procedencia de la criatura, no podía condenarlo a morir. No tenía más remedio que intentar salvar la vida de ambos.
Un grito desgarrador resonó por todo el valle. Shaman introdujo su mano en su bolsa mística hasta que sacó algo de la misma. Eran un puñado de huesos. Shaman tiró los huesos al suelo, para ver que le indicaban. Al caer, formaron unos símbolos con un terrible significado.
-Itaqua “El Que Camina En El Viento”- Pensó Shaman con preocupación.- Uno de los espíritus malignos más malvados y terribles de los mitos y  leyendas de su pueblo.
Su presencia en este lugar era sin duda un mal presagio.

                                       



Con una risa burlona, Malekith se tornó una estela de luz y humo que voló rápidamente y allá por donde pasaba, los hombres, mujeres y niños cambiaban. La expresión de sus rostros se transformó por completo. Sus rasgos se volvieron agresivos y salvajes y sus ojos se volvieron rojos como carbones encendidos.
El ya de por si caótico escenario, acabo convertido en un auténtico infierno de caos y desesperación. Quienes habían sido tocados por la marca oscura del elfo se volvían contra quienes no lo estaban, intentando acabar con sus hermanos, sus padres o sus amantes con una rabia irracional y enloquecida, casi animal.
Heather se quedó consternada ante lo que estaba viendo. Sin duda era lo que Malekith pretendía, generar más confusión que dificultase el combate que mantenían.
Ante sus sorpresa, la chica que Estrella del Norte llevaba en sus brazos se revolvió violentamente, intentando morderlo y arañarle para que la soltase.
El grupo de personas que Puck y Lobezno estaban defendiendo se volvió contra ellos para atacarlos.
- ¡Los ha hechizado! ¡Logan, enfunda las garras, son gente inocente!- Exclamó Judd saltando para revotar contra un hombre y una mujer, que cayeron derribados.
Ellos no tendrán tantos miramientos- Pensó Lobezno golpeando con cuidado a un anciano que había tratado de estrangularle echando espumaracos por la boca. Dejó al hombre de avanzada edad en el suelo y mirando a los guerreros elfos oscuros sonrió al tiempo que sus garras de adamantium se extendían.
- Con vosotros no tengo por que contenerme.- Dijo al tiempo que se lanzaba contra sus oponentes.
Como un animal acorralado, el mutante canadiense se lanzó contra los guerreros acorazados y sus afiladas garras chocaron una y otra vez, desgarrando carne y metal por igual.
Un miembro del cuerpo de policía, que estaba atrincherado con varias personas, para protegerse del ataque de los guerreros elfos oscuros, se dio la vuelta y se encontró con que las mismas personas que hace unos minutos estaba intentando proteger se habían tornado en seres salvajes e irracionales.
Malekith el Maldito observaba divertido todo lo que estaba sucediendo. Con satisfacción contemplaba como las mismas personas indefensas que momentos antes trataban de salvar, ahora se habían convertido en un nuevo enemigo.
Por supuesto, estos insignificantes mortales no eran rivales de  los elfos oscuros de Svartalfheim. Sólo eran un mero aperitivo antes del gran banquete con el que saciarían toda su sed de venganza. Cuando todo esto terminase, tendrían miles y miles de almas a su servicio y caminarían sobre los cuerpos en descomposición de los dioses muertos.
Disfrutando de su inminente victoria, no se dio cuenta de que una figura se dirigía hacía él a toda velocidad. Guardián chocó contra Malekith, usando la fuerza aumentada de su traje para golpearle terriblemente.
El villano cayó al suelo y antes de que pudiese incorporarse y plantarle cara, dos relámpagos, uno blanco y negro y otro blanco y dorado le propinaron más de cien golpes en una milésima de segundo.
Los gemelos Estrella del Norte y Aurora desbordaron al elfo oscuro con su velocidad relampagueante.
Con un movimiento de una de sus manos, formuló un sortilegio que hizo que ambos fueran golpeados por una fuerza invisible, aturdiéndolos.
- ¿Es que no hay manera de terminar con vosotros? Cada vez que me doy la vuelta me encuentro con uno de los vuestros.
- Somos un grupo, amigo. Alpha Flight, no olvidarás ese nombre en mucho tiempo.- Afirmó Guardián que se hallaba junto a Sasquatch, que ya se había recuperado de su anterior encontronazo con Malekith.
En medio del caos en el que se hallaba sumida la ciudad, Puck se fijó en un pequeño que se hallaba arrodillado ante una mujer que parecía herida.
Saltando sobre una pareja de enemigos, a los que hizo entrechocar sus cabezas, haciendo que los dos quedasen sin sentido, llegó a donde se encontraba el niño.
- ¿Te encuentras bien, hijo?- Preguntó Puck poniéndole una mano en el hombro al adolescente.
Con un gruñido gutural, el chico se dio la vuelta y Puck no pudo menos que quedarse estupefacto el contemplar como la mujer estaba degollada y el muchacho tenía manchado el rostro y la ropa con la sangre de la mujer.
Con sus ojos rojos, el adolescente intentó abalanzarse sobre el pequeño héroe.
- No querrás dañar al viejo Judd ¿he?
Puck esquivó con una agilidad increíble al muchacho y contestó al ataque con una certeza y eficaz patada en el plexo solar del chico, que quedó tendido en el suelo sin sentido.
Con pena observó al chico y después a su victima y se preguntaba si lo liberaban del hechizo de Malekith, cuantas personas serian capaces de soportar las cosas horribles y aberrantes que les estaban obligando a hacer.
Se juro a si mismo que Malekith pagaría todo lo que estaba haciendo a estas pobres personas.

Los vientos helados del norte descargaban toda su rabia contenida sobre la entrada de la caverna. La furia de Itaqua “El Que Camina En El Viento” hacía que la barrera mística que les protegía de los espíritus malignos se forzase hasta el límite.
Shaman era consciente de que se les terminaba el tiempo. Elisabeth ya había rotó aguas y se encontraba de parto. En los ojos de su hija podía ver como suplicaba ayuda, ante algo que no entendida ni comprendía. Muchos años atrás, cuando era una niña, le hizo la promesa de que salvaría a su madre, enferma de una enfermedad terminal. En aquella ocasión le falló. Se juro a si mismo que nunca más le volvería a fallar.
El hombre medicina sarcee elevó paulatinamente un cántico tradicional de su tribu. Sentía como el bebé que luchaba por nacer liberaba una gran cantidad de energías místicas. En su interior se formaba la duda de que era lo que estaba apunto de liberar en este mundo.
- P-padre…
- Estoy a tu lado, Elisabeth, no te abandonaré.- Dijo Shaman arrodillándose al lado de su hija.
Entre sudores y resoplidos, Elisabeth Twoyoungmen asintió.
-  Ya veo la cabeza. Empuja, Elisabeth, empuja.
Las sombras, alargadas y retorcidas, se removían inquietas fuera de la caverna. El espíritu del norte reanudó su ataque con mayor fuerza. Los elementos bajo su control cayeron como un martillo contra la fuerza que impedía su entrada. Esta empezaba a ceder ante el empuje de Itaqua, resquebrajándose con velocidad.
Elisabeth resoplaba, respirando con dificultad y haciendo fuerza.
- Lo estas haciendo muy bien, hija.- Dijo con voz tranquilizadora Shaman.
Un segundo más tarde, las viejas barreras de protección se quebraron definitivamente. Un aullido estremecedor de triunfo resonó por la montaña. Itaqua y sus siervos se colaron al fin en la mítica caverna. Avanzando con ansia de sangre y muerte.
Sus aullidos salvajes fueron silenciados por un solo sonido. El lloró de un bebé.
Shaman levantó al recién nacido, percatándose de que era una niña.
Un aura de luz brillante la envolvía. Haciendo que los espíritus malévolos que ansiaban acabar con ella exclamasen un grito de auténtico miedo.
La luz se extendió tanto, que hizo que Shaman y su hija tuviesen que cerrar los ojos ante tal resplandor de luz pura.
Al volver a abrirlos, los espíritus se habían esfumado, devueltos al mundo de sombras al que pertenecían.
Shaman miró a la niña que tenía en sus brazos. Sus ojos- Pensó. - ¿Puede ser...?
Dejó a la niña recién nacida en el suelo, encima de una pequeña manta. Ante su sorpresa, la forma de la pequeña empezó a cambiar, a crecer rápidamente. En pocos segundos pasó de un bebé de apenas unos minutos de vida a una mujer plenamente adulta.
Tanto Shaman, como su hija Elisabeth se quedaron perplejos al darse cuenta de quien se trataba.
- Narya, Ave Nevada… ¿Eres realmente tu?- Preguntó Shaman.
La semidiosa le miró con sus extraños ojos negros y una sonrisa se dibujo en el rostro de la joven.
- Shaman… Michael…- He sido enviada de nuevo al plano mortal desde el mundo de los dioses del norte… Para ayudaros en estos momentos de caos y destrucción… Y preveniros ¡De que lo peor esta por llegar!





Los miembros de Alpha Flight intentaban combatir con los elfos oscuros, a la vez que trataban de no dañar a los hombres, mujeres y niños que Malekith había hechizado y hecho que se volvieran contra ellos.
Guardián trataba de esquivar los rayos de energía arcana con los que el líder de los elfos oscuros de Svartalfheim trataba de derribarlo del cielo.
- Te mueves como una anguila, no hay manera de alcanzarte.- Dijo Malekith disgustado.- Pero yo también se jugar a ese juego.
Soltando una carcajada histriónica, el elfo se transformo en una estela de humo negro donde solo se  distinguía su maléfico rostro.
La estela de humo rodeó a Guardián, que engullido en su interior sintió un frío tan intenso que le helaba hasta su misma alma.
Estrella del Norte voló tan velozmente como era capaz y sacó a James Mcdonald Hudson de la columna de humo que era ahora Malekith el Maldito.
Aunque sólo había permanecido en contacto menos de un segundo, el frío atenazaba al mutante canadiense que tuvo que descender al suelo.
Intentando recuperar el aliento, Estrella no vio venir a dos elfos oscuros que con sus espadas curvas querían decapitarlos a ambos.
Un manotazo de un largo y musculoso brazo antropoide de pelaje anaranjado les apartó con fuerza.

- ¿Estas bien, Jean-Paul?- Preguntó Sasquatch.

- S-solo n-necesito un momento.- Dijo con la voz temblorosa Estrella del Norte.

Vindicator hizo caer a un jinete elfo oscuro y a su montura con uno de sus rayos térmicos.

- Es muy difícil que ganemos hoy.- Dijo en voz alta casi a si misma. 

Puck saltó varias veces, hasta rebotar y derribar a dos hombres transformados por la marca oscura de Malekith.

- Apuesta siempre por nuestra victoria, querida ¿he?- Dijo Puck tratando de levantarle el ánimo, aunque cada vez era más difícil ver el final de todo aquello.

En el centro del sitio donde se concentraban más tropas de Malekith comenzó a formarse algo, un
agujero de energía, un vórtice del que salieron dos personas.
Una salió volando rápidamente al cielo, tan velozmente que apenas se pudo distinguir.
La otra persona, era Michel Twoyoungmen, alias Shaman, que cerró el portal místico tras de sí, y sin perder ni un segundo metió la mano en su bolsa mística y sacó un puñado de pequeñas figuras de madera. Las lanzó al aire, y al contacto con la atmosfera, empezaron a crecer hasta alcanzar más de dos metros de altura. Los tótems mágicos comenzaron a atacar a los elfos oscuros sin compasión, aplastándolos bajo sus pies de madera o golpeándolos con sus puños y armas.
-¡Shaman! Me alegro de verte por aquí, amigo.- Dijo Lobezno.
-Logan, es una agradable sorpresa.- Dijo Shaman.
Vindicator, llevando a Puck aterrizó justo a su lado.
-Michael, no sabes cuanto deseábamos que aparecieses.- Dijo sinceramente Heather.
- Te has hecho de rogar, ¿he?
- He estado ocupado, Judd, es una larga historia que se contará en otros momento más propicio.- Observó el místico sarcee.
Lobezno miró al cielo, y abrió mucho los ojos al distinguir a una figura.
- ¿Esa es…
-¡Ave Nevada!- Exclamó con sorpresa Vindicator.
- ¿Cómo es posible? ¿No estaba muerta?- Preguntó Puck.
Lobezno esbozo una sombra de sonrisa.
- Quien más y quien menos lo ha estado alguna vez en este oficio, Judd.
Narya, la hija de los dioses del norte, volaban sobre la ciudad de Edmonton, escudriñando algo con sus hermosos ojos. Enseguida localizo a su presa.
-¡Tú! ¡Demonio de la oscuridad! ¡Enfréntate a quien es hija de los dioses y del hombre!
Malekith el Maldito volvió a su forma humanoide, y desde el tejado de un edificio miró a quien le reclamaba.
El elfo oscuro se retorció de risa al contemplarla.
- Eres frágil como la rama de un arbusto, pequeña, no eres rival para Malekith de ninguna manera. Te arrancaré la piel y usaré los huevos para alimentar a mis sabuesos de caza.
Ave Nevada no pareció inmutarse por las burlas del elfo.
- Quizás deberías mirar más allá de esta forma mortal.- Dijo Narya.
Malekith usó sus poderes para analizar a Ave Nevada, y tras darle una nueva mirada, puso cara de estupefacción.
- N-No es posible.- Balbuceó Malekith.
- La luz siempre vence a la oscuridad, demonio de las sombras.
Ave Nevada se lanzó sobre Malekith el Maldito, extendiendo su capa lo máximo posible. La figura de mujer de Narya desapareció, metamorfeandose en una bandada de lechuzas blancas como la nieve.
Las aves se arremolinaron sobre el elfo oscuro, cubriéndolo por completo. Los gritos de dolor de Malekith se escucharon en todos lados, el dolor era intenso y se debilitaba por momentos, hasta que el elfo oscuro decidió huir transformándose en la neblina negra y desapareciendo en un portal místico que invocó.
Las lechuzas, que ya apenas eran blancas al estar cubiertas por la sangre de Malekith se unieron hasta volver a formar el cuerpo de Ave Nevada.
Su mirada se cruzó con la de Shaman.
- Ahora es me toca a mi.- Dijo el hombre-medicina sarcee.
De su bolsa sagrada sacó un objeto. Era una caja pequeña, de madera con ribetes dorados y unos símbolos antiquísimos grabados en su superficie.
Shaman abrió la caja, y de su interior surgió una luz dorada y hermosa, la cosa más hermosa que ninguno de los que había allí contempló en toda su vida.
Los elfos oscuros comenzaron a aullar de puro terror, intentaron taparse la cara para protegerse del brillo, pero no lo consiguieron.
Sus formas oscuras fueron extinguidas por la luz, hasta que no quedó ni uno solo del ejército que estaba invadiendo Edmonton.
- La luz siempre sale triunfante ante la oscuridad.- Dijo Ave Nevada aterrizando junto a Shaman y sus compañeros.
- ¿Qué era esa luz, Michael?- Preguntó Puck.
- La luz más pura.- Dijo Shaman.- El primer rayo de sol que bañó este planeta amplificado por billones de veces.
Heather le dio un abrazo a Ave Nevada.
- Pensé que nunca te volvería a ver, Narya.
Ave Nevada intentó sonreír, pero rápidamente volvió a su rostro serio.
- Ojala hubiese podido venir en otra época menos convulsa.- Comentó la semidiosa.- Me temo que nuestros problemas sólo acaban de comenzar.

Las personas de gran parte del planeta miraban el cielo con preocupación y  con dudas ¿Qué era lo que estaba sucediendo? ¿Cuánto acabaría todo esto? Nubes de tormenta se agitaban en el cielo de nuevo azul. Para muchos ojos, no asemejaban simples nubes, ni los relámpagos eran meros relámpagos. Las inmensas nubes se transformaban en hordas de guerreros que se enfrentaban entre sí, como si los dioses quisiesen anunciar que se estaba librando una guerra más allá del entendimiento de los mortales.
El entrechocar de las armas eran como truenos y rayos que los iluminaban y que les hacía pensar ¿Cuál será el vencedor de la guerra de los dioses?

Eso se vio en la serie de Thor el poderoso


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