Los Invasores nº19

Título: Batalla en las profundidades de la Tierra
Autor: Miguel Ángel Naharro 
Portada: Israel Huertas
Publicado en: Enero 2011

¡¡Fin del cruce con El Crepúsculo de los Dioses!! El cuartel general de los Invasores es atacado por el misterioso hombre llamado Aries, al tiempo que el resto del grupo intenta derrotar al Dios Primigenio que controla las razas subterraneas bajo la superficie terrestre.
El primer grupo que lucho por la libertad durante la segunda guerra mundial. Un grupo que inspiró a generaciones de héroes. Ahora los héroes han decidido volver a primera Línea.
Stan Lee y Action Tales presentan a
Creado por Roy Thomas, Sal Buscema y Frank Robbins


Nota: Estos números se sitúan al inicio de la saga del Crepúsculo de los Dioses.

Resumen de lo publicado:  Tyrannus les explica que mientras sus siervos hacían unas excavaciones en busca de metales desenterraron una extraña y gigantesca criatura, un dios primigenio de las profundidades de la Tierra, que controló a los Tyranoides de Tyrannus y a los Hombres lava. Tyrannus huyó para salvar su vida. Y guiados por el emperador de Subterránea, se desplazan hasta el reino, para intentar detener al dios primigenio. Intentando pasar desapercibidos gracias a los poderes de Aarkus, los Invasores penetran en sus dominios, sólo para ser descubiertos por la criatura. Luchan con los Tyranoides y los Hombres lava y durante la batalla, Rockman se lanza contra el dios de las profundidades, siendo herido por este, Aarkus acude al rescate y es repelido por el dios primigenio, Phestos se lanza a ayudarlos…
Mientras tanto, en la Hidrobase, Namor y Union Jack caminan por el cuartel general, cuando encuentran un misterioso intruso que se hace llamar Aries...


Union Jack se levantó con dificultad, con dolor por todo el cuerpo. Quien le había arrojado como un muñeco era sin duda alguien con una fuerza espectacular. Inmediatamente buscó sus armas y se puso en posicionamiento para el combate.Pudo observar como Namor se enfrentaba al misterioso enemigo que había invadido su cuartel general. "Debía ser alguien realmente duro de pelar si podía aguantar tanto tiempo frente a un peso pesado como el hombre-submarino"pensó-Union Jack.

-Si piensas que podrás hacer caer a quien nada por las fosas abismales más profundas del lecho oceánico ¡es que no conoces al hijo vengador!

El rey de Atlantis se arrojó contra Aries con toda la fuerza de la que disponía. Su oponente no se movió ni un milímetro, ni pareció amedrentarse ante la embestida de Namor.
El atlante lanzó un golpe a su enemigo, y para su sorpresa, su puño se hundió en el estomago de Aries, quedando atrapada su mano. Este sonrió, y a continuación, abrió la boca, desencajando su mandíbula como una boa constrictor  y del fondo de su garganta surgió una llamarada que impactó contra Namor.
Las llamas arrojaron al hombre submarino, y este gritó de dolor y de sorpresa. Las llamas le habían quemado la piel, quemándole como nunca lo había hecho cualquier otro fuego en su larga vida.

-¡¡Me has hecho daño!!- Exclamó contrariado Namor.- ¡Vas a pagarlo caro!

Union Jack se acercó a su compañero invasor y apunto a Aries con una de sus pistolas.

-No sé quién eres, amigo, pero te vas a arrepentir de haber venido.- Amenazó Union Jack.

Aries asintió.

-¿Si? ¿Tú crees? ¿Tú y que  ejército?

 -¡Este!

Era la voz del Halcón, que había en escena, y no venía solo. Una bandada de aves de todas clases le acompañaban como si él fuera su general y ellos su ejército. Los convocó en previsión de usarlos en combate, al activarse las alarmas en la sala de control de la Hidrobase. Los pájaros se abalanzaron sobre el villano, cubriéndolo por completo. Spitfire, Iguana y Diamante Azul también habían acudido.

-¿Estas bien, Namor?- Preguntó Spitfire al rey de los mares.

-Sólo tengo dañado mi orgullo, Jacqueline.- Contestó Namor.

Aries movió una mano, y golpeó al suelo, y un aura de luz lo rodeó y los pájaros cayeron muertos un segundo después. El Halcón se alegro de que Ala Roja hubiese permanecido a su lado, aunque lamentaba profundamente la muerte de las aves que él había traído para ayudarle. Esto le enfureció.

-Siento cada una de sus muertes como propias, nadie tiene derecho a arrebatarles a la vida de esa manera a ningún ser vivo. –Dijo el Halcón.- ¡Te detendré! ¡Aunque  sea lo último que haga!

-Soy Aries. Y me atrevo a todo.- Inquirió Aries.- Si tuviese tiempo, os daría una lección que tardaríais en olvidar, pero me temo que sólo tengo tiempo para ¡esto!

Y Aries abrió la parte superior de su atuendo, descubriendo su torso. Su piel empezó a hincharse, literalmente, de cada poro de piel, salieron pequeñas y terroríficas criaturas que una vez tocaron el aire empezaron a crecer, hasta alcanzar toda diversidad de tamaños. En un instante una horda de demonios, una jauría de abominaciones, les estaban rodeando.

-Esto se pone cada vez más interesante.- Comentó Union Jack.
Jim Hammond intentaba detener a la mayor cantidad posible de Tiranoides que podía. Lo cual no le resultaba nada fácil. Al principio se asustaron de su llama, pero eso no duró mucho. Si creaba un círculo de llamas para aprisionarlos, lo atravesaban aunque el fuego prendiese sus cuerpos y los convirtiese en cenizas. Eran ajenos a su propia seguridad, sólo trataban de seguir la voluntad de quien controlase sus mentes. El androide sintió lastima por esas criaturas indefensas que sólo Vivian para servir a quienes abusaban de ellos y los usaban como esclavos.
Usando algunos de los músculos más poderosos de la Tierra, la mujer llamada Thundra consiguió levantar una roca de muchas toneladas, arrojándola contra una de las colinas subterráneas,  que inicio una avalancha de rocas y piedras que sepultó la multitud de Hombres-Lava que la asediaban. No había tenido más opción, aunque no era su intención dañarlos, no podía dejar que acabasen con sus amigos y con ella misma.
Tyrannus observaba como sus anteriormente esclavos se habían quedado totalmente paralizados al escuchar sus órdenes. Los Titanoides cambiaron la expresión de su rostro, una rabia y una violencia se percibía en sus facciones, generalmente gentiles y el anterior amo y señor de los Titanoides vio como sus siervos lo atacaban.

-¿Cómo os atrevéis? ¡Soy Tirannus, vuestro señor!

El antiguo ciudadano del Imperio Romano se dio cuenta de que la hora de las palabras había cesado, era hora de pasar a la acción. Sacó un pequeño aparato de su cinturón, similar a una empuñadura, y una hoja de pura energía surgió de ella. La espada, similar a una espada corta romana, comenzó a hacer estragos ante los Tiranoides, que sin embargo no cejaban en intentar parar a su amo. En su otra mano, activó un dispositivo en su brazalete y un escudo energético se formó. Como un auténtico centurión romano, combatía con escudo y espada.

-¿Pensabais que Tirannus estaba indefenso, animales sin cerebro? Yo era maestro en las artes de la guerra hace más de mil años.- Dijo Tyrannus cortando la cabeza de un tyranoide.

- Vosotros no sois más que mascotas sin voluntad, listas para ser moldeadas por mi voluntad.

Shude M'ell emitía con más fuerza su griterío, cada vez más similar a un cantico con el que controlaba a las razas subterráneas. El dios primigenio parecía retar al eterno que se hallaba frente a él. El ingeniero se había enfrentado a toda clase de criaturas monstruosas a lo largo de sus miles de años de su vida, por lo que ningún miedo le dominaba. Manipuló algunos controles de su martillo, y este emitió unas ondas sónicas de baja intensidad. Esto pareció a afectar a la criatura, que se retorcía como si el sonido le hiciese sacudirse de dolor.

-¿Duele? Pues no es nada con lo que te tengo preparado.-Dijo Phestos.

En respuesta, los tentáculos del primigenio trataron de apresarlo. El arma  de Phestos cambio la polaridad y descargo un rayo de energía que golpeó fuertemente al ser subterráneo.
Shude M'ell “El que socaba en las profundidades” sacudió su cola, golpeando como una maza al eterno.

Rockman recuperó el conocimiento y lo primero que vio es a Phestos combatiendo contra el dios de las profundidades. Hizo un ademán de unirse al eterno, cuando se dio cuenta de que Aarkus yacía cerca de allí. El invasor esmeralda había acudido a ayudarle cuando Shude M'ell le estaba atacando y no podía dejarlo allí tendido e indefenso.
Se inclinó sobre él y le levantó la cabeza.

-¿Te encuentras bien?- Preguntó al abysmiano.

Aarkus abrió los ojos algo aturdido.

-“Si… No he sido dañado gravemente”-Contestó el Ykraiano.

Rápidamente se incorporó y miró en dirección a donde se encontraba combatiendo por su vida su compañero invasor.

-“Phestos nos necesita”

El golpe había separado a Phestos de su arma, y los tentáculos de la criatura lo azotaban con dureza, sin darle opción a recuperar el aliento.
En ese momento, Un muro de hielo ancestral se interpuso entre el ser primigenio y su víctima.

-¡Jack Frost al rescate!

Jack Frost bajó por su tobogán de hielo y lanzó una andanada de hielo contra Shude M'ell. Intentaba congelar al dios, pero cada vez que el hielo cubría su cuerpo, este era fundido por el calor generado por su piel.

-Mi poder apenas le incomoda, Phestos.-Dijo Frost casi a modo de disculpa.

-¡Veremos qué le parece el mío!

Rockman cargó como un rinoceronte enloquecido, desatando toda la furia que las últimas horas había estado conteniendo.
Tyrannus contemplo la escena, y decidió que mejor que murieran ellos intentando acabar con la criatura que ponerse en peligro el mismo.
Aarkus se unió a Rockman y uniendo sus fuerzas hicieron retroceder al que socaba en las profundidades.

Tyrannus estaba tan concentrado en el combate cuerpo a cuerpo contra los Tiranoides, que no se dio cuenta de que un Hombre-Lava estaba punto de atacarle por la retaguardia.
El escudo del Capitán América voló, chocando contra el enemigo ígneo, derribándolo.

-Estas oxidado, Tyrannus, tanto tiempo haciendo que los demás luchen por ti te ha embotado las habilidades de lucha.- Dijo el Capitán América, que venía acompañado de Thundra.

Tyrannus hizo una mueca, pero se contuvo. Sabía que los necesitaba si quería recuperar su reino.

-Te estoy agradecido.- Dijo con dificultad, como si le costase darle gratitud a otra persona.

-No lo estés, tenemos que ayudarles a derrotar a esa criatura subterránea.- Dijo el Capi señalando a donde estaban el resto de Invasores.

El dios de los abismos desplegó todos sus tentáculos faciales, y cuando parecía que iba a atacarles, notaron todos una presión en sus cráneos, sintiendo la agresión de la mente de Shude M'ell, intentando acceder a ellos, tratar de arrebatarles su voluntad.

Finalmente, cesó la invasión de sus psiques por parte del monstruoso ser.

-No puede dominarnos como lo hace con las razas subterráneas, los cerebros humanos, así como el eterno o el androide no deben de ser susceptibles a su control mental.- Indicó Phestos.

Sin verlo siquiera venir, Aarkus le golpeó por sorpresa.
Rockman miró a los ojos del Ykraiano, tenía la misma mirada perdida que los Tyranoides y Hombres Lava que controlaba el dios primigenio. De algún modo el cerebro de la raza de Aarkus si parecía sentirse afectado por el poder de Shude M'ell.

-No quiero hacerte daño, amigo, no eres responsable de tus actos.- Dijo Rockman sujetándole con sus enormes manazas.

Aarkus desapareció en una nube de humo, para reaparecer detrás del Abysmiano y un frío intenso e inconmensurable se apodera de él hasta caer atrapado en una vaina de hielo.

-El frío es cosa mía, compañero.- Dijo Jack Frost intentando crear una celda de hielo para atrapar a Aarkus.

El héroe esmeralda rompía el hielo creado sin ningún esfuerzo y agarró con sus dos manos el cuello del gélido invasor.

-A-arkus, r-r-eacciona…- Intentó decir Jack Frost sintiendo la tremenda presión sobre su cuello.

Cuando Jack pensaba que estaba todo ya perdido, una cadena metálica se enroscó sobre el Ykraiano, apartándolo del lado de Jack Frost.

Era Thundra, que estaba junto al Capitán América y un disgustado Tyrannus.

-Tenemos que neutralizarlo, pero sin hacerle daño, no es responsable de lo que está haciendo.-

Ordenó con autoridad el héroe abanderado.

Phestos recogió su martillo y miró varios de los controles que este tenía. Su martillo no sólo era una arma ofensiva, si no una herramienta con múltiples usos, incluido el análisis. Si no se había estropeado por el golpe, tendría un escáner completo del ataque psíquico del ser vermiforme. Esa es la clave para derrotarle- Pensó Phestos.


Las hordas de demonios invocadas por Aries se lanzaron contra ellos con un alboroto de gruñidos, gritos y batir de alas. Eran una auténtica jauría infernal surgida de algún inframundo sin nombre. Sus tamaños y formas variaban, desde unos tan grandes como un tanque a otros tan diminutos como pequeños reptiles. Su aspecto era la locura personificada. Cuerpos vueltos del revés, formas de insecto con rostros vagamente humanos, escamas y púas afiladas, todo tipo de aberraciones y engendros inimaginables para la mente humana se arrastraban para intentar devorarles las entrañas.

Union Jack disparó sus dos pistolas contra uno de los demonios, que parecía lleno de placas óseas extremadamente resistentes. Las balas de mis armas son anti-blindados y ni siquiera le hacen un rasguñó.- Pensó Joey sin dejar de disparar todo lo que tenia.

El demonio abrió sus fauces, llenas de enormes colmillos y varias lenguas bífidas repulsivas y se dispuso a lanzarle una dentellada a la cabeza, Union Jack hizo un salto acrobático por encima de él, aterrizando detrás de él con rapidez se guardó las pistolas en las cartucheras y sacó el cuchillo.

-Espero que el adamantium consiga atravesar esa armadura tuya.- Dijo Union Jack
Cuando el demonio se volvió para lanzarse contra el héroe inglés, este le clavó el cuchillo en pleno pecho, atravesando las duras y gruesas placas. El demonio cayó muerto, y Joey desclavó el arma del cuerpo. Daba gracias a Phestos por las nuevas
armas y el equipo de su traje fabricados por el eterno.

Diamante Azul golpeaba con sus puños como si fueran martillos, derribando a cuanto demonio de cruzaba en su camino. Un demonio encrestado enrolló su larga lengua entorno a su brazo, para atraerlo a una hendidura vertical llena de colmillos que le atravesaba todo el torso.

-Ey, amigo, vas a tener que esforzarte mucho más si quieres darme un mordisco.- Dijo Diamante dejándose arrastrar hasta que su brazo quedo atrapado entre los dientes de la criatura. Desde la comisura de la boca que cruzaba el cuerpo del demonio, movió su brazo por el interior suyo hasta atravesarlo por el otro lado.

Sacó su brazo, cubierto por repulsiva bilis anaranjada que no dejaba de humear. Por suerte, su traje era tan invulnerable como él mientras estuviese en contacto con su piel tan dura como el diamante.
El veterano héroe, observó como Iguana lanzaba sus diamantes explosivos contra un demonio con cuerpo de libélula y cabeza de cobra. La ex-villana esquivó la cola prensil de otro demonio y lanzó una patada en pecho al demoniaco ser.

-¡No se acaban nunca! ¡Parece como si hubiese cientos!- Dijo Iguana.

Ocupada luchando contra su oponente, no pudo ver como un demonio lleno de pústulas y llagas y con varios brazos acabados en pinzas cortantes se la acercaba amenazante por la espalda.
Diamante Azul agarró un demonio de pequeño tamaño que se hallaba cerca suyo, y lo arrojó contra el que estaba a punto de atacar a Iguana.

-¡Gracias por la ayuda, guapo!- Dijo Iguana guiñándole un ojo.

Spitfire corría a supervelocidad entre las hordas demoniacas, lanzando puñetazos y golpes a la velocidad del pensamiento. Los demonios arrasarían con la Hidrobase si no los detenían- Pensaba Jackie.- ¿Con quién se estaban enfrentando?

El hombre-submarino hacía retroceder a la muralla de demonios que se alzaban contra él. Su fuerza descomunal derribaba a las criaturas como un vendaval.

-¡No podréis derrotar al hijo vengador, demonios del averno!- Dijo Namor sin dejar de luchar.
En un momento, los demonios comenzaron a apartarse.

Huyen atemorizados ante mi demostración de poder- pensó Namor.- No podrán escapar de mi justa ira.

Detrás de los demonios apareció uno de un tamaño inmenso, con un cuerpo abotargado, lleno de escamas, abriendo y cerrando la boca que asemejaba la de una grotesca piraña.
La criatura rugió como retándole.

-¡Por el tridente de Neptuno! Ahora ya sé que les atemorizaba tanto- Dijo Namor.- Pero Namor no es tan fácil de asustar, demonio.

 Halcón estaba siendo perseguido por los demonios capaces de volar. Algunos tenían grandes alas membranosas, otros volaban con alas de insecto e incluso alguno estaba emplumado como un ave monstruosa.
Sus alas “naturales” eran mucho más maniobrables que sus antiguas alas mecánicas y mucho más letales. Sam Wilson movió sus alas y varias plumas de estas se desprendieron como proyectiles, brillando en al aire, y convirtiéndose en plasma energético e impactando contra varios de sus perseguidores.
Costaba acostumbrarse a sus nuevos habilidades desde que descubrió que era el destinado a liderar al pueblo alado de la Ciudad Celeste. [1]
Ala Roja, su fiel halcón, volaba a su lado, y sus garras y su pico se ensañaron con el rostro y los ojos de un demonio con alas de murciélago y cuatro tentáculos llenos de pinchos en vez de brazos y piernas.
El Halcón miró desde su perspectiva aérea y se dio cuenta de que su atacante, quien había enviado estas hordas demoniacas se había escabullido con la confusión, aprovechando que estaban distraídos luchando con los demonios.

¿Dónde estaba el hombre llamado Aries?
Aries se plantó ante la puerta de los aposentos que buscaba desde un principio. Abrió la puerta de la habitación perteneciente a Druida, esbozando una sonrisa de satisfacción.


El capitán América realizó una hábil maniobra gimnastica, y con una destreza digna de un campeón olímpico, se colocó encima de la espalda de Aarkus, sujetándose con sus piernas en el cuello del Ykraiano y le golpeó con el filo del escudo. Su intención era noquearlo para acabar lo más rápidamente el combate antes de que nadie sufriese un daño que más tarde lamentasen.
Aarkus acusó el golpe y se tambaleó. El Capitán saltó, alejándose de él, con la esperanza de que su movimiento acabase ya con la confrontación. No fue así, Aarkus se transportó envuelto en humo y niebla, apareciendo junto al ex-vengador, que apenas tuvo tiempo de colocar delante su mítico escudo antes de que este descargase su furia a través de sus puños.
Thundra lanzó un derechazo justo al la mandíbula de Aarkus.

-Créeme, esto me duele más a ti que a mí, Aarkus.- Dijo Thundra.

Tyrannus observaba el combate, sin meterse de por medio. Su atención estaba fijada en la gigantesca y terrible criatura que los estaba sometiendo. El androide llamado la Antorcha intentaba mantener ocupado al dios despertado por su insaciable curiosidad y su hambre de poder. Puede que me haya equivocado-Pensaba.- Estos héroes de la superficie no conseguirán derrotarlo. La huida era una idea que le empezaba a resultar atractiva. Si seguía vivo, podría reconstruir su imperio…
Rockman se liberó de la vaina de hielo que cubría su cuerpo. El corpulento agente subterráneo corrió ayudar a Thundra.

-Juntos lograremos reducir a tu compañero.- Comentó Rockman sin dejar de golpear al invasor esmeralda.

Thundra asintió y aprovechando que los impactos del Abysmiano distraían a Aarkus, puso su cadena alrededor de su cuerpo, atrapándolo con fuerza.

-¡Lo tengo! ¡Pero no se cuanto podré aguantar!- Exclamó Thundra concentrada en que su amigo no pudiese liberarse.

 Phestos terminó de ajustar su martillo. Sacó dos pequeños cables con electrodos del mando del arma. Debía actuar con rapidez, puede que sólo tuviesen una oportunidad.

-Dejadme a mí.- Dijo Phestos

El eterno colocó los electrodos en el cráneo del Ykraiano, y unos instantes después, accionó un mecanismo de su arma y una onda golpeó a Aarkus, y a través suyo también impactó contra el dios primigenio.

Ondas invisibles al ojo humano sacudieron a Shude M'ell, y al mismo tiempo que el dios se retorcía y se estremecía, todos los Tyranoides y los Hombres-lava hacían lo mismo al unísono.
Aarkus gritaba sin voz, mientras las ondas creadas por el arma de Phestos golpeaban una y otra vez al dios primigenio. Finalmente, se derrumbó con un gran estruendo, retorciendo sus tentáculos enloquecidamente, hasta que quedaron totalmente inmóviles.
Tyrannus sonrió divertido. Lo consiguieron finalmente. Era el momento de una retirada a tiempo.
Rockman fue consciente de que Tyrannus buscaba algún tipo de mecanismo en su cinturón.

-¡¡No!! ¡No permitiré que te escapes!- Gritó el Abysmiano corriendo con todas sus fuerzas para intentar pararlo.

-Un buen estratega sabe cuándo es el momento de marcharse, Rockman. Y Tyrannus no tiene igual.- Dijo orgulloso el emperador de Subterránea.

Tyrannus desapareció con un chispazo de energía, sin duda usando algún tipo de ingenio transportador.
Rockman se lamentó quitándose su casco y lanzándolo al suelo con rabia. Algún día se volverían a ver las caras y juraba por la memoria de sus seres queridos que ese día Tyrannus sabría el significado de la palabra venganza.

- Grokall.-Dijo Thundra.- Tyrannus será castigado por sus crímenes.

Rockman la miró, respiró profundamente y asintió.

-Aún no puedo creer que todo lo que quería haya desaparecido de la faz de la Tierra. El dolor será difícil de dejar atrás.- Dijo Rockman.-No tengo más remedio que no mirar atrás si no adelante y continuar, es lo que ellos querrían.

Aarkus abrió los ojos y miraba a sus compañeros extrañado. Se sentía algo inquieto y dolorido.

-“¿Qué ha ocurrido?”

-La criatura dominó tu mente e hizo que te volvieras contra nosotros.- Dijo la Antorcha.- Por suerte no heriste a nadie.

-“Me congratulo de que así sea. ¿Cómo conseguisteis romper la conexión que me controlaba y derrotar a la criatura subterránea?”-Preguntó confundido Aarkus.

-Oh, eso es cosa de Phestos.- Observó la Antorcha.

El eterno le quitó los electrodos al Ykraiano de la cabeza.

-Mi martillo analizó el procesó por el cual conseguía controlar a otros seres vivos. Emitía una onda que afectaba los procesos cerebrales de quienes se veían afectadas por ellas, en este caso, las razas subterráneas y por algún motivo, el tuyo, Aarkus. Revertí esa onda. El efecto fue devastador para la criatura.

-“Interesante”-Comentó simplemente Aarkus.

El Capitán América se acercó a ellos. Thundra y Rockman, que se había vuelto a poner de nuevo su casco venían tras de él.

-Tyrannus ha escapado y los Hombres-lava se han comenzado a marchar. Tras recuperar su raciocinio, han invocado llamas del corazón de la Tierra y subiéndose a ella están desapareciendo en las profundidades, de vuelta a su lugar de origen. Los Tyranoides se han dispersado asustados.- explicó el Capitán América.- A pesar de lo ocurrido aquí, esos pobres infelices no son responsables de los actos que han realizado.

-En efecto. No les guardo rencor. Esa criatura y Tyrannus son los verdaderos culpables.- Inquirió Rockman.

El Capitán América le miró con gesto conciliador.

-¿Qué piensas hacer ahora, amigo?

Rockman se quedó con la mirada perdida.

-Enterrar a mi pueblo, a mi familia.

-No estarás sólo, Rockman, te ayudaremos en tu cometido, es lo menos que podemos hacer.

Rockman esbozó una ligera sonrisa en su pétreo rostro.

-Os lo agradezco, sois buena gente, Capitán América. Es un orgullo haber estado a vuestro lado en este día.

-El orgullo es nuestro.- Dijo el capitán.- Venga, tropa, tenemos mucho trabajo por delante.

Al intentar atravesar el umbral de la puerta de Druida, se encontró con las barreras místicas de protección colocadas por el místico. Aries notó como las barreras resistían a su avance. Las garras de sus manos, rasgaron los campos invisibles que rodeaban la entrada, las barreras se tensionaron hasta el límite, hasta que finalmente cedieron ante su empuje.

Aries puso un pie en el suelo y ya no estaba en una habitación de la base de los Invasores, si no en un frondoso bosque el bosque de Gloucester.
Los altos arboles, fuertes y recios le impedían ver el cielo estrellado, eran fuertes y muy sanos. La riqueza de esta tierra no era casualidad, y él lo sabía.
Aries se agachó un instante y cogió un puñado de tierra, dejándola caer por entre sus dedos.
Cerró los ojos, con la intención de agudizar sus sentidos mágicos.
Concentrado como estaba, no pudo percibir como alguien lo observaba en silencio y sin ser visto.
Aries seguía intentando rastrear su objetivo, y el hombre misterioso que le contemplaba decidió que debía ayudar a localizar lo que buscaba con tanta premura.
Sonriendo burlonamente, se rió internamente por lo que estaba a punto de suceder.
El villano abrió los ojos repentinamente  y sus ojos vieron, resaltado como una llama en plena oscuridad, un roble antiquísimo cuya aura le atraía como la sangre a un tiburón.
Se acercó al roble, y pudo ver en sus raíces y en su superficie las marcas de cientos de años de vida.
-El corazón del bosque.- Dijo en voz alta con satisfacción. – Al fin.
Alargó su mano para tocar el árbol, cuando la flora de alrededor del roble empezó a crecer de manera acelerada, aprisionando su mano.

-Detente intruso.- Dijo una voz tras él.

Anthony Ludgate, alias Druida acababa de materializarse al percibir como las defensas de su lugar de meditación había sido mancillado. La puerta de sus aposentos conectaban místicamente con el bosque de Gloucester, un lugar de poder donde su energía psíquica y mística era más poderosa.

-No sé quién eres, pero si estas en esta lugar deberás enfrentarte a su legitimo dueño.- Dijo Druida.

-No esperaba menos.- Dijo Aries justo cuando las ramas y lianas que lo sujetaban se disolvían hasta dejarle totalmente libre.

-Interesante. Sin duda estas versado en las artes místicas.- Observó Druida.- No obstante,  te advierto que no te será fácil vencerme, mi desconocido amigo.

-Soy Aries, Anthony Ludgate.

-¿Nos conocemos?- Preguntó Druida extrañado.
¿Aries? ¿Tendría relación con el Zodiaco que en numerosas encarnaciones se había enfrentado a sus antiguos compañeros los Vengadores en el pasado?

-Eres un rival más que digno, Druida, pero no podrás impedirme alcanzar mi objetivo.- Dijo Aries.- Ni tú ni nadie.

El villano, trazó una serie de símbolos arcanos con sus manos y Druida sintió una opresión, una fuerza irresistible que le oprimía la mente, como un cerrojo psíquico cerrándose y envolviéndole como una barrera, tratando de alejar su misma alma y esencia de su conciencia. El torbellino psíquico amenazaba con arrastrarlo, mecido como una hoja en medio de una tormenta.
Tuvo que hacer acopio de toda su fortaleza mental para resistir el asalto de su oponente, cuya fuerza interior resultaba desbordante.  Se aferró psíquicamente a la mente de Aries, y pudo percibir que tras las barreras psíquicas que había levantado para protegerse, se ocultaba  algo que no pudo discernir, pero tremendamente inquietante y muy amenazante.
Druida y Aries siguieron enzarzados en un combate espiritual, sin dar ninguno su brazo a torcer.
El misterioso personaje que permanecía oculto, observaba con casi fascinación como los dos contendientes permanecían en silencio uno en frente del otro. Concentrados en su lucha en el campo psíquico, estaban sin embargo indefensos. Más vulnerables a cualquier ataque que en ningún otro instante. Sintió la tentación de aprovechar esa oportunidad, pero no era el momento, aún no.
De improviso, los dos se movieron, sobresaltados y enseguida se dio cuenta de que estaban de regreso al plano físico.

-Tus habilidades psíquicas me han pillado desprevenido, estamos igualados en ese campo.-Observó Druida.

Aries se mesó los bigotes con satisfacción.

Druida lanzó una llamada, no con su voz, si no con su pensamiento. Al principio no escucho nada, luego vinieron unos susurros, unas voces más antiguas que cualquier ser vivo. Los espíritus elementales habían acudido y ahora estaban bajo sus órdenes.

-Hay fuerzas tan antiguas y poderosas que sólo unos pocos sabemos cómo poder conseguir sus favores. Ahora descubrirás que invadir el Sancta Sanctorum tiene un castigo ¡que te será aplicado con creces!

  El místico levantó los brazos y Aries pudo comprobar como seres incorpóreos y elementales, formados con las sustancias  de la Tierra, el Aire, el Agua y el Fuego, se arremolinaron contra él.
Los elementales atacaron una y otra vez, intentando no dar tregua. El poder que desprendían era embriagador, y su aroma despertó una insaciable sed en el interior de aires. Un hambre insaciable que no terminaría hasta hacerse con ese poder. Los elementales comenzaron a gritar, con una mezcla de pánico y dolor,  cuando Aries los envolvió en un haz de energía biomistica y estos se convirtieron en meras partículas místicas que este absorbió en su forma física.

-¡¿Qué?! ¡No es posible!

-Oh, sí, me temo que lo es. Ahora su poder es el mío.

De las manos de Aries salieron unas esferas místicas que atravesando todos los campos de defensa que Druida tenía alrededor suyo, le golpearon con una fuerza sin igual, haciéndole sentir una agonía indescriptible.

Druida cayó derribado. Y Aries se acercó al roble donde se encontraba el corazón del bosque y
echando una última mirada, su brazo atravesó la corteza del árbol, penetrando en su interior. La luz liberada por tal suceso era cegadora incluso para él, y finalmente sacó una piedra preciosa de color verde esmeralda de lo profundo del roble.
Una vez la tuvo en su poder, el bosque a su alrededor comenzó a marchitarse y morir. Sin la fuerza que lo sustentaba, este lugar era algo inerte y sin vida.
Aries fijó su atención en el inconsciente Druida. El poder arrebatado de los elementales ya se había esfumado, ningún ser vivo podía contenerlo en este plano sin ser consumido por el mismo. No creyó que fuese capaz de semejante hazaña, aún no al menos. Era algo sobre lo que pensar en otro momento.
Aries hizo un gesto con dos dedos, y llamas se crearon de la nada, formando una apertura a un lugar lejano. Lo atravesó, marchándose con el corazón del santuario de Druida en sus manos.
El silencioso espectador no pudo menos que sentirse satisfecho con lo conseguido. Si él no hubiese atacado a los elementales a traición, el llamado Aries jamás hubiese conseguido derrotarlos con tanta facilidad. Se marchó de allí, con la sensación de que tenía mucho que hacer por delante, y llegaría el momento de encontrarse cara a cara con Druida.
El Halcón, Spitfire, Diamante Azul, Union Jack, Namor e Iguana vieron con sorpresa como los demonios simplemente se desvanecían, desapareciendo sin nada tras de sí.

-Han huido.- Dijo Namor casi resentido por no tener a los demonios para seguir combatiendo.

-No lo comprendo ¿Qué es lo que quería Aries y donde está ahora?- Dijo Spitfire.

-Se ha marchado, ya tiene lo que venía a buscar.

-¡Druida!- Exclamó Union Jack.- ¿Dónde demonios te habías metido?

-Asuntos urgentes de la actual crisis reclamaban mi atención[2].- Comentó Druida algo mareado aún.- El llamado Aries tenía como objetivo hacerse con un bien muy preciado por mí.

-¿Y de que se trataba, Anthony?- Preguntó Spitfire.

-La fuente de poder de mi santuario. Consiguió arrebatármelo. Me pilló por sorpresa, no esperaba que fuese un rival de tanta entidad.

La pregunta era ¿Cómo sabia de la existencia de mi santuario? –pensó Druida.- ¿Y cuál era el objetivo de hacerse con el corazón del bosque?  ¿Quién era realmente Aries? Se temía que las respuestas tardarían en ser respondidas.


Epilogo
En la inmensa destrucción de la ciudad subterránea, apenas quedaban ya más que un pequeño número de sus habitantes originales, esclavos diseñados para fabricar la ciudad pieza por pieza por los Desviantes muchas eras atrás.
 Se hallaban recogiendo materiales para iniciar la reconstrucción, sin necesitar órdenes o instrucciones. Sabían lo que tenían que hacer, estaba en sus genes. Varios Tiranoides llevaban rocas en su espalda, transportándolas para recrear un edificio, cuando una luz les hizo cerrar los ojos. Tyrannus apareció ante ellos, su teletransportador, situado en su cinturón le había traído de  vuelta. Sus esclavos se arrodillaron ante él, reconociéndole tal y como lo que era, su rey, su emperador.
Después se levantaron y le agarraron de la mano.


-¿Qué es lo que queréis, siervos míos? ¿Queréis que vea alguna cosa?
Sus súbditos asintieron y tiraban de él, como queriendo guiarlo a algún sitio.

-Está bien. Enseñadme lo que sea, pero si no merece mi atención, recibiréis vuestro justo castigo…

Poco después, sus sirvientes le señalaban un gran hueco en la roca volcánica. El agujero estaba lleno de lo que parecía rocas esféricas de gran tamaño, pero que eran levemente translucidas, como si contuvieran algo en su interior. Tyrannus, con curiosidad, se acercó a uno de ellos. Casi se echó atrás de un salto al ver lo que contenían. Una criatura, como un gusano, con tentáculos en la parte superior.

-Huevos, son huevos.- Dijo asombrado.

Comenzó a reír en grandes y escandalosas carcajadas. Su imperio renacería de nuevo de sus cenizas, más poderoso y temible que nunca ¡y esta vez Tyrannus seria invencible!

¿FIN?

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Referencias:
1 .- Se vio en Invasores 8-9
2 .- Como vimos en Marvel Team Up

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