Alpha Flight nº02

Título: Bajo la superficie (II)
Autor: Miguel A. Naharro
Portada: Santiago Ramos
Publicado en: Febrero 2011

Aurora tiene que intentar sobrevivir a las extrañas y monstruosas criaturas acuáticas que anidan en el lago Wesboro. Y en la base de la Tierra Salvaje, el resto de Alpha Flight se enfrenta al regreso del Amo, mientras Lobezno descubre a ¿Marrina?
Unidos para derrotar a las amenazas que sobrevienen sobre su país y más allá. Son los defensores de Canadá: ¡Vindicator! ¡Puck! ¡Ave Nevada! ¡Sasquatch! ¡Lobezno! ¡Shaman! ¡Aurora! ¡Estrella del Norte! ¡Box! Ellos son


Alpha Flight
Creado por John Byrne

Resumen de lo publicado:Alpha Flight se separa en dos grupos para investigar dos asuntos diferentes: Una señal de una base oculta en la Tierra Salvaje del Amo del Mundo, y unos misteriosos asesinatos cerca del lago de una población llamada Wesboro.


El Amo se erigía tranquilo y despreocupado mientras observaba a sus enemigos con mente analítica. Examinando las ventajas y puntos débiles de sus oponentes con la precisión de una computadora.

— ¿De verdad pensabais que no me daría cuenta de que os introducíais en una de mis bases? Mis complejos y yo son una extensión de mi propio ser. Habéis viajado muy lejos para acabar derrotados, Alpha Flight— anunció el Amo con tono soberbio.

— ¿Derrotados? ¡En absoluto!—contestó Estrella del Norte.

El mutante canadiense se impulsó a la velocidad del sonido. Tan veloz que no pudo escuchar como Heather le llamaba.

Estrella del Norte fue a alcanzar al Amo, cuando de repente fue desacelerando hasta caer al suelo a los pies del villano.

—Siempre tan impetuoso, Estrella. ¿Acaso me creías indefenso?- Observó el Amo.-He proyectado un campo a mi alrededor, que ha absorbido la inercia de tu vuelo hasta anularlo por completo.

— ¡Jean Paul, maldita sea! —dijo Heather pensando en que a veces parecía un novato actuando tan apresuradamente.

Estrella se sentía exhausto  totalmente agotado, como si le hubiesen quitado parte de su vitalidad, apenas podía moverse.

Vindicator se encaró al Amo.

—Te creíamos muerto. Parece que siempre consigues engañar a la muerte(1) — comentó Heather.

El Amo rió.

—Mi intelecto es superior no puede  ser vencido por la  muerte, deberías ser ya consciente de ello, Vindicator—apuntó el Amo.

Heather miró fijamente a la némesis de Alpha Flight, y observó que había algo que no cuadraba en el Amo. Su aspecto no parecía del todo correcto e incluso su edad… ¿Qué se ocultaba tras todo esto?

— ¿Qué es lo que pretendes, Amo?, ¿Por qué has creado a estos pobres infelices? — preguntó Shaman mirando a los humanoides creados artificialmente por el Amo.

El Amo pareció divertido.

— ¿Para qué si no para servirme? —sentenció el Amo.

De su casco cibernético se emitió una señal con destino a los obreros de la base subterránea, que se empezaron a convulsionar, sus huesos a moverse y estirarse, su carne se transformaba ante la sorpresa de los Alpha Flight, se mutaron en unas criaturas con un aspecto que asemejaba una terrorífica manta raya con unas mandíbulas llenas de hileras de dientes afilados, abriéndose y cerrándose como las de un tiburón blanco ante su indefensa presa.

— ¡Dios santo! — exclamó Vindicator.

Las bestias voladoras se lanzaron a por ellos como pirañas hambrientas que hubiesen olido sangre fresca.

Box transmutó su cuerpo en un tanque y comenzó a disparar cañonazos contra varias criaturas, derribándolas en el aire.

— Son como tiburones blancos voladores— comentó Box sin dejar de disparar.

Una de las bestias voladoras se tiró en picado por la espalda, arrancándole un brazo del robot Box. Transformando su otro brazo en un mazo, lanzándolo con fuerza contra la maquinaria.

Jeffries reabsorbió el metal del brazo amputado y observó como Vindicator era perseguida por media docena de criaturas aéreas.

— ¿Necesitas ayuda, Heather? —dijo Box transmutando su cuerpo a su forma humanoide habitual.

Vindicator aumento su campo de plasma alrededor de su traje, moviéndose rápidamente en círculos, creando un remolino de plasma que los absorbió en su interior.

— ¿Decías? —dijo ella guiñándole un ojo.

—Sigue siendo tan buena como lo era antes— pensó Box—. Sin duda no hay nadie mejor para liderar al grupo.

No pudo evitar cierta nostalgia recordando cuando estaban juntos, pero sólo duro un instante, ya que debía centrarse en la batalla que tenían entre manos.

—Para combatir a una plaga, puede que haga falta otra plaga—observó Shaman mirando a la marabunta carnívora que se arremolinaba contra ellos.

Shaman buscó su bolsa medicina y la abrió. Del interior de la bolsa, surgió una nube de pequeños insectos. Los insectos cubrieron a un buen número de criaturas, atacándolos con dureza, convirtiéndolos en pocos segundos en meros amasijos de huesos descarnados.

El Amo miró contrariado la escena.

—Sin duda eres el más peligroso de todos, Shaman, así que debes ser el primero en caer—gritó el Amo con voz autoritaria—.Tu mente es la que controla tu bolsa ¿Qué pasaría si esta se viese anulada?

Una señal se activó en su casco, y de repente Shaman se llevó las manos a la cabeza y sus ojos se pusieron en blanco. Cayó al suelo entre convulsiones y echando espuma por la boca.

— ¡¡Michael!! —gritó Heather alarmada.


Despertó en una completa oscuridad. ¿Dónde estaba? ¿Qué es lo que había ocurrido?

No conseguía recordar, le costaba pensar con claridad. El fétido hedor la asfixiaba, sin dejarle  respirar y dándole nauseas. Palpaba y sólo encontraba humedad y una superficie resbaladiza.

Aurora decidió iluminar con su poder mutante para ver donde se encontraba y dar un poco de luz a todo lo que tenía alrededor.

Cuando lo consiguió, deseó con todas sus fuerzas no haberlo hecho.

Era un espectáculo dantesco, con imágenes que inundaban su mente llenándola de horror. Ahogo un gemido.

Restos mutilados de cadáveres humanos y animales en diversos estados de descomposición se hallaban dispersos hacía donde le alcanzaba la vista.

Entonces recordó lo que había ocurrido.

Puck y Sasquatch se marcharon con el agente Evereth a la comisaría de Wesboro para analizar las muestras encontradas por Walter e intentar averiguar a qué se enfrentaban realmente.

Aurora y Ave Nevada se quedaron para seguir examinando la escena del ataque de las criaturas que habían atacado a una pareja de la pequeña población.

— ¿En qué piensas, cherie? — preguntó Aurora mirando a la semidiosa del norte, que se hallaba en silencio.

—Esas criaturas… No dejo de pensar que su procedencia me es conocida— comentó Narya —. Esa mujer, espero que podamos encontrarla con vida.

Aunque en el fondo se temía lo peor recordando la visión post cognoscitiva que tuvo en este lugar.

Aurora se elevó en el aire, volando por encima del agua.

—Hare un reconocimiento aéreo por el lago, puede que tenga suerte y descubra alguna cosa—dijo Aurora sonriente. El quedarse quieta, sin poder hacer nada útil para encontrar a la mujer desaparecida le exasperaba, así que había decidido hacer algo al respecto.

—Ve con cuidado, Aurora—Le advirtió Ave Nevada

La veloz mutante sobrevolaba la superficie del lago. Si había alguna pista que pudiese llevarles a la mujer llamada Eric, la encontraría.

Volaba a velocidad reducida para que no se le pasase nada por alto.

Debajo de la superficie, algo observaba pasar a ras del agua la figura esbelta de Aurora.

Aurora sintió un pinchazo en el hombro, y puso ver como una espina estaba clavada en su piel. Le dio un mareo repentino y descendió.

En ese momento, unos brazos llenos de escamas surgieron del agua y la sujetaron, arrastrándole hacía las profundidades.

Atisbó el horror que tiene delante en las cambiantes sombras, su luz iluminó el fondo del lago, pudiendo contemplar tres criaturas humanoides, de grandes ojos rojos luminosos y mandíbulas repletas de largos y afilados dientes. Sus fuerzas flaqueaban, algún tipo de toxina le debilitaba, intentó usar su supervelocidad, pero sus poderes no le respondían,  intentó liberarse de sus opresores, alcanzar la superficie, sin éxito.

Fue arrastrada hacía la oscuridad, mientras su luz se apagaba  rápidamente…

Aurora se puso en posición fetal, temblando terriblemente, muerta de miedo. Y en ese momento, Aurora se refugió en sí misma.

Al rato se escucharon unos gemidos, abrió los ojos y se incorporó, buscando el origen de esos gemidos. Caminó con dificultad en la oscuridad, intentando no tropezarse. Llegó a una caverna donde había una pequeña luminiscencia que le permitió poder ver donde estaba. Eran una serie de grutas, y al lado de unas rocas, se hallaba una mujer joven, en avanzado estado de gestación, que lloraba desconsolada.

— ¿Madomoiselle? — Preguntó—.Q-quien e-eres? ¿d-donde estamos?

La mujer se volvió y sus ojos se abrieron mucho al que tenía compañera, y de alivio al ver que era una chica y no una de las criaturas.

—Ayúdame, por favor… Me llamo Erica.

—S-Soy Jeanne-Marie—dijo la joven asustada.

Recordaba levemente, como tras un velo, el nombre de Erica y el conocimiento de que  estaba desaparecida y que la estaba buscando, pero no recordaba el por qué ni como había llegado allí.

—Tenemos que salir de aquí— dijo Erica con desesperación—. No tardarán en volver.

—Oui! Pero tu estado...

—Lo siento moverse y crecer en mi interior, este monstruo que tengo en mis entrañas— dijo llorando—. No quiero tenerlo ¡Júrame que no dejarás que lo tenga!

—Es tu petite, mon cheri, no puedes desearle mal—dijo Jeanne-Marie.

—Nnnnnoooo—exclamó Erica.

Jeanne-Marie oyó un sonido, como de algo arrastrándose por la húmeda superficie del suelo. Unos gorgoteos horrendos le pusieron los pelos de punta a Jeanne-Marie.

No pudo imaginarse lo que estaba viendo. Una criatura diminuta, como un recién nacido, con una piel resbaladiza, ojos luminosos de color rojo, púas en su espalda y manos y piernas con membranas en sus dedos, se arrastraba hacia las dos mujeres.

— ¿Quieres que dé a luz una monstruosidad como esa?

Y entonces comprendió con horror a que se refería Erica.


El agente de policía Jules Everett abrió una caja de madera y sacó un puro, que encendió enseguida. Le dio una calada y soltó el humo por la boca, haciendo círculos de humo.

— Veo que no has dejado ese viejo habito ¿he?, eso te matara, Jules— observó Puck.

Jules arqueó sus cejas y se encogió de hombros.

—Al menos sé de qué moriré, Judd ¿puedes decir tú lo mismo? — apuntó Jules con sarcasmo.

Puck dio un saltó que parecía imposible para una persona de su estatura, y se sentó en la mesa del despacho.

— No te preocupes, Jules, resolveremos este caso. Este  tipo de situaciones son las que mejor se nos
dan ¿he?

—No sé como podéis, Judd. El estado de los cuerpos, la desaparición de esa joven, no creo que pudiese aguantar esa presión, la de tener que lidiar con problemas como estos en el día a día—comentó Jules.

— Uno se acostumbra a todo con el paso de los años, amigo mío. La tranquilidad de este pueblo te ha cambiado, Jules, la emoción era parte de tu nombre si mal no recuerdo en otra época— dijo Puck esbozando una sonrisa.

— Eran otros tiempos, y era joven e inexperto. Tú estás igual que siempre, no has envejecido prácticamente nada ¿Has vendido tu alma al diablo, viejo zorro?

— Mens sana in corpore sano.

— Si tú lo dices…— dijo Jules divertido moviendo negativamente la cabeza.

Puck iba a replicar, cuando sonó el comunicador que tenía en el emblema de hoja de arce del traje. Era Ave Nevada.

Walter Langkowski examinaba con atención las muestras en el laboratorio forense de las oficinas de policía. Por suerte, había traído su maletín con su equipo de campo por si era necesario, por lo que los resultados serian casi inmediatos, sin tener que esperar varios días.

Walter se ajusto las gafas y miró la pantalla del ordenador.

La muestra apareció en el monitor del ordenador, desgranada en todos sus componentes a todos los niveles.

Sus ojos se detuvieron en un gran porcentaje de ADN en la muestra.

— Salmón–pensó Walter— ¿Salmones?

Entonces le vino un pensamiento y una revelación.

— Beaver Falls—dijo frunciendo el ceño.

Puck entró corriendo en el laboratorio.

— ¡Judd! ¡Creo que sé quiénes son esas criaturas! — Exclamó Walter—. Se trata de…

—Walter— dijo Puck con cara de preocupación—. Ha llamado Narya, se han llevado a Aurora.

— ¡No puede  ser! ¡Tenemos que ir a por ella! —dijo Walter Langkowski transformándose en la criatura de pelo anaranjado que respondía al nombre de Sasquatch.


Lobezno puso una mano sobre el cristal del tanque acuático, y los dedos palmeados de la joven que se encontraba en el interior del estanque. El mutante echó un vistazo general a las instalaciones donde había caído al enfrentarse con una multitud de los siervos del Amo.

Lo primero que se dio cuenta es de que no era el único tanque llenó de agua en el laboratorio. Media docena de ellos estaban colocados en un nivel superior, pero eran muy visibles. Incluso Logan, que en su larga y experimentada vida había visto todo tipo de cosas desagradables y terribles se quedó impactado por lo que contenían. Flotando como si fueran muñecos sin vida, cuerpos femeninos de piel esmeralda y rasgos anfibios, pero terriblemente deformados. Algunos con más de dos brazos y piernas, con la cara aborgatada, otros llenos de pústulas y bultos por todo el cuerpo, incluso alguno que parecía un feto deforme y monstruoso. Sin duda eran experimentos crueles e inhumanos realizados por el Amo hasta dar con la muchacha que tenía ante sus ojos. Quien sabría qué era lo que habría pasado la chica desde el día que fue creada en algún laboratorio con tecnología Phlodex. Ahora que la observaba con atención, se dio cuenta de que no era exactamente igual a Marrina. Para un observador ocasional, sería muy difícil diferenciarlas. Sin embargo, era evidente que no eran la misma persona.

La chica se removió en el centro de la capsula, y se arrancó los tubos que tenía sujetos a lo largo del cuerpo. Con un golpe de su mano, agrietó el cristal, haciendo que el tanque se abriese y vaciase su contenido, dejando a la joven en el suelo.

Se incorporó lentamente, casi como un recién nacido que acabase de nacer en nuestro mundo.

Lobezno le tendió la mano, y esta se apartó asustada.

— No tengas miedo, pequeña. No te hare ningún daño, no tienes que tener nada de  mí.

Y como intentando que  ella confiase en su palabra, sus garras retractiles se guardaron en las vainas de sus antebrazos.

— ¿Q-quien sssoy? — dijo con dificultad la muchacha.

Lobezno frunció el ceño.

— Yo soy Logan— dijo señalándose— .No sé quién eres, nena, me recuerdas a una vieja amiga. Se llamaba Marrina, y es un buen nombre para ti me parece.

— Marrina—dijo la joven—.Tanto miedo, tanto dolor… ¿Es lo único que hay?

— No, pequeña. Hay un mundo allá afuera esperando a recibirte, no es perfecto, pero es mucho mejor que lo que has conocido hasta ahora.

La chica se acercó a Lobezno, y para su sorpresa, esta lo abrazó. Logan no la rechazó, al contrario.
Recordaba cómo muchos años atrás, una persona perdida, sin saber quién o qué era, que sólo recordaba dolor, sufrimiento y tragedias llegó a una pequeña cabaña en un bosque canadiense. En aquel momento, alguien lo abrazó cuando más lo necesitaba. Esa mujer era Heather MacNeil  Hudson y si no fuese por ella y su marido James quien sabe que hubiese sido de él. Como él, la joven bautizada como Marrina, era como un animal indefenso y atemorizado por lo que había conocido y sufrido desde que tenía memoria. Ella le recordaba mucho a el mismo y se juró a si mismo que ayudaría a la chica en lo que estuviese en su mano.


— ¿Beaver Falls? —preguntó el agente Jules mientras se ajustaba el traje de buceo.

— Fue antes de que me uniese a los Alpha, en esa época pertenecía a Beta Flight, pero recuerdo haber leído los informes. Alpha Flight fue enviada por el gobierno canadiense a la localidad de Beaver Falls, donde habían ocurrido una serie de misteriosas desapariciones—comenzó a explicar Puck.

—La población estaba siendo atacada por unas  grotescas criaturas mutadas a partir del salmón del lago Beaver. En realidad fueron transformadas por la magia de unos alienígenas conocidos como los fantasmas.(2) — continuó Sasquacth.

El ataque de las criaturas no era más que una diversión, el plan real de los Fantasmas era liberar esporas tóxicas en el agua y luego hacer que la presa estallase, enviando el agua tóxica rio abajo para contaminar a los seres humanos. Ave Nevada, Marrina, Shaman y yo, con la ayuda del caballero del espacio Rom conseguimos detenerlos, aunque el pueblo fue arrasado por completo bajo las aguas.

— ¿Y creéis que son estos “Fantasmas” que han regresado? — preguntó Jules.

—No lo creo—dijo Puck—. Es posible que sobreviviesen algunos huevos de las criaturas, que quizás hayan estado sin eclosionar hasta hace poco.

— ¿Y por qué ahora? ¿Y cómo han llegado aquí? — dijo el agente Jules.

—La crisis reciente que se conoció como el Crepúsculo comentó Sasquacth— .Shaman nos indicó
que tras lo ocurrido las energías mágicas cambiaron de modos inimaginables en nuestro plano. Es posible que hayan nacido, alimentadas por la atmosfera mágica creada desde los desastres que azotaron el planeta.

—Es muy posible— apuntó Puck—. Sea como sea, no importa por qué están aquí y como llegaron, tenemos que detenerlos.

—Ave Nevada va de avanzadilla, intentando seguir el rastro de Aurora. Nosotros seguiremos la señal del emblema de su traje—observó Sasquacth algo inquieto. No dejaba de pensar en que algo le podía ocurrir a Aurora, y si eso llegase a suceder se volvería loco.

— ¿Estás seguro que quieres acompañarnos, Jules? —preguntó Puck a su amigo.

—Este es mi pueblo, Judd y lo defenderé hasta el final.

— No lo dudaba ni un segundo ¿he?

Ya habían terminado de colocarse los trajes especiales presurizados para la inmersión submarina, sin botellas de oxigeno, con máscaras que proporcionan aire por osmosis, tomando oxigeno del agua. Una creación de Madison Jeffries. (3)

— ¡Marchémonos!— dijo Sasquacth con impaciencia.

Continuará…


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1 .- Pareció morir a manos de Miss Marvel en los Vengadores en la guerra de Kang.
2 .- Ocurrió en los números 56-58 usa de la serie Rom
3 .- Usados por primera vez en Alpha Flight vol. 1#39 Usa

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