Los Invasores nº17

Título: Muerte desde las profundidades de la Tierra
Autor: Miguel Ángel Naharro
Portada: Rubén Dávila
Publicado en: Septiembre 2010

¡¡Cruce con El Crepúsculo de los Dioses!! Los Invasores se movilizan para detener un ataque masivo de los Hombres-Lava a Nueva Jersey, lo que les llevará a un viaje a las entrañas de la Tierra. Con el regreso de un olvidado héroe de la Golden Age ¡Rockman!

El primer grupo que lucho por la libertad durante la segunda guerra mundial. Un grupo que inspiró a generaciones de héroes. Ahora los héroes han decidido volver a primera Línea.

Stan Lee y Action Tales presentan a
Creado por Roy Thomas, Sal Buscema y Frank Robbins

Nota: Estos números se sitúan al inicio de la saga del Crepúsculo de los Dioses.
El Capitán América acababa de despedirse de Dane Whitman, el Caballero Negro, que junto a otros excompañeros de los Vengadores habían tenido que atender varios asuntos en Washington. [1]

El Quinjet que lo dejó en la pista de aterrizaje de la Hidrobase estaría ya camino a Nueva York, al cuartel general de los héroes más poderosos de la Tierra. Los vientos huracanados que rugían no le harían muy agradable el viaje de vuelta. El tiempo parecía haberse vuelto loco de un momento a otro de una manera muy poco habitual. Se preguntó si entrañaría algún significado que se le escapase.

- ¡Capitán!

La voz femenina le apartó de sus pensamientos. Una hermosa mujer de cabello negro se acercó a él y le sonrió.

- ¡Lykena! No esperaba verte de vuelta tan pronto.- Dijo el Capitán.- Estas más guapa de lo que recordaba.

La representación holográfica de la inteligencia artificial que controlaba la nave Dédalo pareció sonrojarse.

- Eres un adulador, Capi.- Dijo Lykena esbozando una nueva sonrisa.

- Si siguen dándote tantos piropos me voy a poner celoso, cariño.- Dijo el eterno Phestos que se había acercado a ellos llevando una caja de enorme peso y grandes proporciones con una sola mano.

- Phestos, compañero, me alegro mucho de verte de nuevo con nosotros.- Dijo con sinceridad. [2]
Con su mano libre el ingeniero de los eternos estrechó la mano del héroe abanderado.

- Como sabes, tuve que ausentarme para ayudar a mis hermanos en unos asuntos de Olimpia, pero ya he terminado y decidí volver una temporada con vosotros. Echaba de menos estar en vuestra compañía, créeme. Y Lykena aún más, no dejaba de preguntarme a cada momento cuando íbamos a regresar.- Comentó divertido el eterno.

- ¡Es cierto! Añoraba este lugar. ¿Dónde están los demás? ¿Esta Joey en la lista?- Preguntó entusiasmada Lykena.

-Ten cuidado, ahora es Jackie quien puede ponerse celosa si le mimas mucho a su chico.- Observó el Capitán.

El rostro holográfico mostró sorpresa.

-¿Cómo? ¿Están juntos al fin? Tienes que ponerme al día, Capi.

Audrey empezó a sentir una sensación de ahogo terriblemente familiar. Era asmática, y necesitaba urgentemente su inhalador.
Empezó a respirar dificultosamente, y a llamar mucho la atención. Lo cual no era bueno en su situación. Uno de los hombres que les custodiaban y les mantenían retenidos en el banco se dio la vuelta y la miró con ojos furiosos. Llevaban pasamontañas que dejaban al descubierto sólo sus ojos y su boca, pero era muy evidente que estaba enfadado.

- ¿Qué es lo que te ocurre, tía?- Dijo el atracador apuntándola con su escopeta recortada.

- ¿Pero no ve que se esta ahogando?- Comentó uno de los rehenes que se encontraba al lado de Audrey.

El atracador le golpeó con dureza con la culata de su arma.

- Nadie te ha dado permiso para hablar ¿entendido?

El joven asintió, no sin antes escupir un poco de sangre por la boca.

- Si todos cooperáis, nadie saldrá herido.- Dijo otro de los atracadores.- Y tú, será mejor que te tranquilices.- Dijo señalando a Audrey con un dedo.

Audrey lo intentó, y con mucho esfuerzo, consiguió que la respiración se escuchase un poco menos.

- Dos prisa.- Dijo al oído de un compañero tras dar la espalda a Audrey.- Llenad las bolsas con el dinero y vámonos de aquí lo antes posible.

Tommy, uno de los clientes del banco que permanecían contra su voluntad en el interior del edificio se quedó incrédulo mirando algo. Por debajo de una de las puertas se deslizaba una nube de humo.
Esto no pasó desapercibido por los atracadores, que de inmediato se pusieron nerviosos.

-¡Bombas de humo! ¡La policía!

El humo se fue uniendo poco a poco, hasta que fue formando una figura sombría envuelta en una capa.

“-Soltadlos de inmediato o enfrentaros a mi ira…”

-¡Freídlo!

Una lluvia de balas impactó sobre la figura de Aarkus. Que permaneció totalmente inmóvil sin mover ni un músculo de su rostro. Hasta que fijó su inquietante mirada sobre ellos.
El héroe esmeralda pareció desaparecer envuelto en una nube de humo y niebla, para reaparecer tras dos de los incautos que habían tratado de dañarle. Sujetó sus cabezas e hizo que chocasen con fuerza, dejándolos totalmente inconscientes.

- Q-que erees.- Dijo tartamudeando otro de sus contrincantes, que se lanzó a por él usando su escopeta como arma cuerpo a cuerpo.

Lo agarró del cuello y lo levanto varios palmos del suelo.

“-Soy Aarkus, el Destructor del Mal”

Lo apartó, como si ya no tuviese mayor interés en él, y se encaró con el último de ellos.
Su pistola se hallaba en la sien de Audrey, que no dejaba de respirar ruidosamente.

- Déjame ir o le vuelo la cabeza, no es ninguna broma.

Aarkus no dijo nada. Permaneció estático enfrente suyo.

- ¡La mataré!

“-No, no lo harás”

La voz vino de detrás de él, y la imagen de Aarkus desapareció. Si el Ykraiano fuese presumido, podría presumir que era un juego de niños manipular los centros mentales de los humanos para hacerles ver cualquier cosa que desease.
Con un simple movimiento de su puño, dejó totalmente incapacitado al atracador.

“-Son libres de marcharse si así lo desean. Nada se lo impide ya.”

El ser extra dimensional se envolvió en su capa y desapareció tras una nube de humo.
En un callejón en el otro extremo de la ciudad, se formó una columna de neblina, que dejó paso a su amo y señor, el invasor conocido como Aarkus.

Quien fijase su atención en él sólo vería un hombre de mediana edad, de cabello pelirrojo y con un traje elegante, que se internaba en las calles de la ciudad.
Hacía poco que estaba usando la identidad de Dave Steel para intentar integrarse mejor entre los humanos y poder relacionarse mejor con Laura.
Comenzó a escuchar murmullos y voces de mucha gente, como si hubiese algún tipo de altercado que
afectase a multitud de personas.

Salió del callejón y observó como todo el mundo tenía su vista fija en el firmamento.
Miró al cielo. No pudo menos que extrañarse al contemplar como el cielo era totalmente rojo [3] . Sin poder pararse a pensar que podía significar eso, el suelo tembló violentamente y la tierra empezó a resquebrajarse.

Anthony Ludgate, más conocido como Druida, se hallaba sumido en un estado cercano al trance. Una meditación purificadora que era lo más parecido a dormir que se hallaba el místico. En el bosque de Gloucester, que estaba conectado mediante un portal al cuartel general de los Invasores, era un foco de poder elemental y ancestral, cuyas energías emanaban hacía Druida. “Los cráneos limpios de cualquier rastro de carne y sangre se amontonaban formando auténticas columnas. Monumentos macabros ofrecidos libremente por sus seguidores, cuya adoración no tenía límites. Se hallaba frente a un altar de piedra, acariciando el filo de la daga, al tiempo que observaba como una mujer joven, apenas una niña, le traía una ofrenda en sus brazos. Con mucho cuidado, la madre deposito el bebé en la fría superficie y con una mirada le suplico que lo aceptase.
¿Cómo iba a negarme a semejante regalo? Acaricie el rostro infantil del pequeño, este sonreía, ajeno a todo lo que le rodeaba. Con su inocente sonrisa aún en su pequeña carita, la daga trazó un arco y se hundió en el cuerpecito. La sangre inocente bañó el altar de sacrificios y con el mismo néctar de la vida, trazó unos dibujos en su rostro y rió en carcajadas. ¿No era su derecho? ¿Acaso no le pertenecían todas las vidas? ¿No era el más poderoso de los druidas que jamás hubo en este plano?
Sí, si que lo era…”

Druida salió del trance de improviso, con la respiración y el pulso acelerado. ¿Qué había significado eso? ¿Un simple sueño o algo mucho peor? Movió la cabeza negando. Un reflejo en su subconsciente del temor a volver a perder el control, en dejarse llevar de nuevo por la sed de poder y ser sumergido de nuevo por la locura más absoluta. Sólo podía tener ese significado y eso le daba aún más fuerzas para mantener el control sobre si mismo. Jamás permitiría volver a caer en el abismo que una vez fue su vida. Nunca más. De repente, sintió como si su mente fuese oprimida por una poderosa fuerza y entonces Druida fue consciente de que algo oscuro y maligno había llegado a nuestra realidad.
Con un simple gesto, activo un portal que lo llevaría a una reunión donde debería discutirse esta nueva amenaza mística. [4]
Si hubiese permanecido unos segundos más en ese bosque encantado, hubiese sido testigo de una mano que salía de la misma tierra, escarbando para poder salir, abriéndose camino. El cuerpo cubierto de una sustancia gelatinosa, respiró con sus pulmones por primera vez. Sintiendo el aire puro entrando y saliendo de su pecho.
Si Druida hubiese sido testigo, no habría dado crédito al contemplar lo que parecía un reflejo distorsionado de su mismo rostro mirándole con ojos de odio.


Emma Gruler se secó el sudor, y al momento siguiente siguió trabajando en la red de circuiteria. El estado en el que había quedado su armadura tras su última batalla no era muy alentador para ella [5] . Si quería tenerla pronto a pleno rendimiento tendría que trabajar muy duro. Aún con las magnificas herramientas dejadas por el eterno Phestos, tardaría en poder verla de nuevo como antes.

- ¿Un pequeño descanso, Emma?

La joven se volvió hacía Jim Hammond, la Antorcha, que se encontraba en el umbral del taller, con una bandeja, un poco de limonada con hielo y dos vasos.

- No sé si debería, me queda tanto por hacer, Jim.- Dijo Emma.

- ¿Por qué tanta prisa?

- Es difícil de explicar, pero sin mi armadura me siento desprotegida, como si estuviese desnuda… En mi mundo, siempre la necesite para sobrevivir.

Jim le puso una mano encima del hombro. Y le sonrió con una sonrisa cómplice.

- Ya no debes temer, este ya no es tu mundo hostil y cruel, este es el mío, y aquí, no estas en una constante lucha por la supervivencia.

- Pues de ser así, tengo muchas ganas de conocer este mundo, tan diferente al que he conocido durante toda mi vida, Jim ¿me lo enseñaras?

- Nada me hará más feliz, Emma.- Dijo el androide sonriendo.

El ruidoso sonido de la alarma les interrumpió. Tanto Jim como Emma corrieron a la sala de control de la Hidrobase.
Cuando llegaron a la sala de reuniones, el resto de sus compañeros ya se encontraban allí, distribuidos observando los monitores de gran tamaño que vigilaba Valerie Cooper. En las pantallas podían observar como toda clase de perturbaciones atmosféricas y desastres naturales estaban ocurriendo por todo el globo. En otros monitores, se veía como criaturas monstruosas y aberrantes atacaban a la población local en ciudades del mundo.

- ¿Qué es lo que esta ocurriendo?- Preguntó el Capitán América.

- Es realmente una imagen apocalíptica.- Dijo Spitfire.

- Y no es lo único.- Informó Valerie.- Esta es una imagen del cielo.

Hasta Phestos se quedó estupefacto, Emma pensó que parecía que este mundo no era tan tranquilo y pacifico como había pensado. Union Jack abrió mucho los ojos asombrándose por lo que estaba viendo. Jim Hammond se quedó sin habla. Thundra apretó los puños al contemplar las escenas dantescas. El cielo se había tornado de un color ojo, casi similar a una mancha de sangre que cubriese por completo la atmósfera.
Fue el Capitán América quien rompió el silencio.

- Tenemos que movilizarnos con rapidez. Tendremos que llamar a los reservistas, podemos necesitarlos.

- Ya me he adelantado a tus pensamientos, Capitán.- Dijo el contacto gubernamental del grupo.- Aunque hay muchos problemas con las comunicaciones, he intentado contactar sin éxito con los Vengadores y los 4 Fantásticos.

- ¿Dónde esta Anthony?- Preguntó Jim Hammond.

- Parece que se ha ausentado, no se encontraba en sus habitaciones.- Indicó Spitfire.

Sólo Union Jack fue consciente de que Jacqueline se encontraba incomoda ante la presencia de Hammond. Era difícil para ella estar ante la viva imagen de quien la engaño y trató de asesinarla, pesé a que supiese que no era él realmente si no un doble de un mundo alternativo. Joey apretó el puño, si no estuviese ya muerto, le mataría en ese mismo instante por lo que hizo. [6]
El Capitán América pareció contrariado. Algo le decía que esta amenaza global no era natural, y si era de origen místico, Druida se había marchado en el peor momento posible.
Una luz se activó en un panel de control. Union Jack lo accionó.

- Es Aarkus.- Apuntó el héroe inglés.

-“Están atacando la ciudad… Criaturas…. Ayuda….”

La señal se interrumpió abruptamente.

-¡Aarkus!- Exclamó Spitfire.

La estática fue la única respuesta.

- No se puede recuperar la señal.- Dijo Union.

-Nuestro compañero y la ciudad nos necesita. Phestos, nos llevaremos la Dédalo.- Dijo el Capitán América.- Joey, Jackie vosotros os quedareis en la Hidrobase.

- ¿Por qué?- Preguntó extrañado Union Jack.

- Con todas las amenazas que están surgiendo, es posible que seáis necesarios en otros lugares. Nos dividiremos en dos equipos para tener mayor capacidad de despliegue.- Explicó el Capitán América.

- Estupendo, ahora nos quedamos en el banquillo.- Dijo Union Jack.

-¡Invasores en marcha!- Ordenó el Capitán América.


Tras unas sacudidas sísmicas, una enorme grieta se abrió en medio de la ciudad de Nueva Jersey. Los aterrados habitantes de la ciudad pensaron que se trataba de un terremoto, pero no estaban preparados para lo que ocurrió a continuación. Un geiser de lava fundida brotó desde las profundidades de la
corteza terrestre.
Cuando la lava terminó de salir, del interior de la grieta surgieron un ejército de figuras humanoides, cuya piel parecía hecha de la misma roca fundida. Surgieron como demonios enfurecidos que empezaron a causar el caos y destruir todo a su paso.
La población local salio huyendo, aterrada ante estas criaturas que parecían surgidas de el mismísimo infierno.
Los primeros agentes policiales que llegaron a la zona empezaron a disparar contra las extrañas criaturas, sin mucho resultado, ya que el extremo calor de su piel hacía que se fundiesen las balas sin hacerles daño alguno.
Un coche de policía quedó emboscado por los seres, totalmente rodeado por multitud de ellos y sin huida posible. Al contacto con su piel, el metal del coche comenzó a fundirse.
Los agentes se sintieron mareados debido a las altas temperaturas que se estaban formando en el interior del vehiculo.
Cuando ya habían perdido toda esperanza, descendió una figura de color de jade, envuelto en una neblina, que comenzó a apartar a los seres, hasta dejar despejado el coche.

Aarkus arrancó la puerta y sacó a los policías, para después envolverlos en su manto de humo y los tres desaparecieron, para reaparecer a unas calles de distancia.

- G-gracias.- Consiguió decir uno de los agentes, casi tan asustado con la presencia del Ykraiano como la de las criaturas que surgieron de las profundidades de la Tierra.

- “Intenten sacar a cuantas personas puedan y alejarlas lo más posible de la zona.”- Indicó Aarkus.

Antes de que pudiesen responderle, el humo lo ocultó y volvió a desvanecerse.
El invasor esmeralda apareció en la calle, viendo como uno de esos seres estaba a punto de cernirse sobre una mujer y su hija. Aarkus posó su mano sobre la espalda de la criatura y activó su toque frío, la piel del ser comenzó a enfriarse lentamente, hasta quedar envuelto en una vaina de hielo, sin embargo, el hielo sólo duro unos instantes antes de derretirse.
La criatura se encaró con Aarkus, hasta que de repente, tanto él como varios que les rodeaban se vieron cubiertos por una gruesa capa de hielo.

- Puede que necesites una ayuda, Aarkus.- Dijo Jack Frost emitiendo frío extremo desde sus manos mientras se deslizaba por un tobogán de hielo.

Aarkus aprovechó para evacuar a la madre y su hija.
Sobrevolando sobre ellos estaba la Dédalo, la nave eterna de Phestos. En su cabina, pilotándola se encontraba Phestos, con el Capitán América y Thundra.

- ¿Qué demonios infernales son estos?- Preguntó Thundra observando la panorámica de la ciudad.

- Son Hombres-Lava [7] . Los Vengadores se han enfrentado varias veces a ellos en el pasado. Es una de las múltiples razas que habitan bajo de la superficie de la Tierra, en lo que se llama Subterránea [8] .

- Los Eternos los conocemos muy bien, tanto ellos como las otras razas son obra de nuestros enemigos naturales, los Desviantes.- Observó Phestos.

- Abre las compuertas, Phestos, tenemos que descender para ayudar.- Ordenó el Capitán América.

- Lykena, bájanos con el rayo tractor.- Indicó el eterno a la inteligencia artificial de su nave.

-Enseguida, cariño.- Dijo la voz dulce de Lykena.

Jim Hammond descendió y lanzó una llamarada sobre un grupo de Hombres-Lava, que parecieron disfrutar de las llamas como si se alimentasen de ellas.

-Mi llama es inútil contra estos tipos.- Dijo la Antorcha.

El resto de sus compañeros se unieron a ellos, e inmediatamente el Capitán América se dispuso a impartir órdenes como el líder nato que era.

- ¡Alejadlos lo más posible de la gente! ¡Tenemos que intentar detenerlos antes de que dañen a gente inocente!

El hielo que cubrió a los Hombres-Lava que atacaron a Aarkus se fundió, evaporándose debido al aumentó de su temperatura corporal.
Phestos lanzó una descarga de energía conmocionadora que derribó a varios de las criaturas subterráneas.
Thundra recogió una farola caída y usándola, golpeó a media docena de Hombres-Lava.
Enseguida la farola se derritió tras el contacto con los cuerpos incandescentes.

-¡Estas criaturas ígneas emiten tanto calor como el mismísimo sol!- Exclamó Thundra.

La Antorcha sobrevolaba por encima, sintiéndose poco valido contra estos enemigos que devoraban sus llamas de esa manera.
Planeó al ver como un anciano trataba de escapar de varios Hombres-Lava que se acercaban peligrosamente. Con toda la velocidad que pudo, sujetó en brazos al anciano y se lo llevó lo más lejos posible.- Al menos salvaré a todas las personas que pueda.- Pensó Jim Hammond.

Aarkus trató de confundirlos manipulando sus mentes, pero estaba claro que sus cerebros no funcionaban igual que el de los seres humanos.
Se acercó a su compañera Thundra.

-“Necesitaré tu ayuda, Thundra.”- Indicó el Ykraiano.

Entre los dos levantaron un autobús de dos pisos, cada uno por un extremo, y fueron empujando a una horda de Hombres-Lava, amontonándolos una tras otro y arrastrándolos hacía la inmensa grita abierta de donde surgieron.
El Capitán América lanzó su escudo, haciendo caer a varios Hombres-Lava. Un Hombre-Lava se lanzó a por él, y golpeó su escudo, que aguantó tanto el impacto como el calor intenso que salía de su cuerpo.

- ¡Capitán! ¡Tengo un plan!- Gritó Phestos.

El invasor blanco, rojo y azul rodó por el suelo para evitar su ígneo enemigo, levántanse con rapidez, para después la golpearle con todas sus fuerzas con su escudo, usando sus dos manos. El Hombre-lava se quedó aturdido, y Phestos lo levantó en volandas, arrojándole lejos de allí.
Enseguida, nuevos Hombres-Lava los rodearon.

- ¿En que estas pensando, Phestos?- Preguntó el Capitán.

- ¿Recuerdas cuando los Hombres-Lava parecieron quedar petrificados y no era si no un pasó para mutar en una nueva forma?- Dijo Phestos golpeando con su martillo a un enemigo.

- Desde luego, Los Vengadores casi no salimos vivos de esa aventura. [9]

Del arma del eterno surgió una onda sónica que derribó a los Hombres-Lava alrededor de los dos invasores.

-La raza de los Hombres-Lava quedó dividida en dos grupos. Uno, más pequeño, que avanzó a un nuevo estado evolutivo, y el resto, que se quedaron atascados de algún modo en su estado habitual [10] . Creo que puedo alterar sus moléculas para que se queden en un estado similar a la de su petrificación.

-¿Y a que esperas para hacerlo?

- No será tan sencillo, necesitaré a la Dédalo para hacerlo.

- Entonces no te demores, Phestos. Nosotros los mantendremos entretenidos mientras tanto.- Dijo el Capitán América


Londres, Inglaterra.
Paul y Lori estaban caminando dando tumbos por la oscura y solitaria callejuela. Después de una larga noche de juerga, alcohol y drogas, los dos jóvenes tenían la intención de seguir con la fiesta en otra parte. Aunque eran ya las ocho de la mañana, las ganas de divertirse no se les habían acabado.
Se detuvieron un instante y empezaron a besarse los dos, desinhibidos por todas las sustancias consumidas en horas anteriores. Concentrados en si mismos, no pudieron darse cuenta de lo que estaba ocurriendo a su alrededor.
Todo empezó a oscilar, a resquebrajarse como una tela que se rompía, como si la misma realidad se estuviese desgarrando. Una figura empezó a formarse, primero como una mera sombra, poco a poco fue perfilándose hasta tornarse sólida. Se encontraba en el sucio suelo de la calle, en posición fetal. Abrió los ojos y estos resplandecieron. Se irguió en toda su estatura y una sonrisa se esbozo en su rostro.

- ¡Al fin! ¡He regresado!- Gritó levantando un brazo amenazante al firmamento.

Los dos jóvenes se percataron de su presencia.

- Ey, tío ¿de donde has salido? ¿De alguna fiesta de disfraces?- Dijo Paul

- Pobre iluso. No sabes a quien te estas dirigiendo. Soy el Maha Yogi, también conocido como Merlín, el retoño de la oscuridad, el mayor hechicero de cualquier era.- Dijo el mago haciendo un movimiento rápido con sus dedos hacia la pareja.

Paul se tocó la nariz y se dio cuenta de que estaba sangrando. Y no sólo por la nariz, cada poro de su cuerpo empezó a exudar sangre. Sus cuerpos se retorcieron, como si alguien moviese unos crueles hilos, mientras su sangre manaba de sus cuerpos que en pocos minutos solo fueron amasijos de carne muerta y sin una gota de sangre.
Maha Yogi deslizó un dedo por la sangre y sus labios murmuraron palabras de poder.
El sacrificio de estas vidas, por débiles que fuesen, le habían revitalizado tras tanto tiempo inactivo. Había llegado la hora de que volviesen a temer su nombre, como lo fue por hombres y demonios tanto tiempo atrás.
Justo en ese instante se percató de que la temperatura bajo enormemente en unos segundos, formándose una ventisca de hielo y nieve que en poco tiempo había cubierto por completo de escarcha la ciudad.

- Interesante.- Dijo simplemente el hechicero observando el fenómeno.

El escudo rojo blanco y azul detuvo a varios oponentes antes de volver a la mano del Capitán América.
La leyenda viviente observó como sus compañeros de equipo lidiaban con los Hombres-Lava, intentando que no avanzasen más por la ciudad, tratando de proteger a los inocentes.
Jack Frost se esforzaba en crear nuevas barreras de hielo tan rápido como estas eran destruidas por el mortal calor.
La Antorcha aterrizó cerca de donde se encontraban Aarkus y Thundra, que se habían hecho fuertes y habían ralentizado el avance de los Hombres-Lava.
La reina de Polemachus se movía como lo que era, una auténtica maestra en el arte del combate y una guerrera nata. Sus poderosos golpes hacían mella ante la piel abrasadora de las criaturas subterráneas, pero se percató de que sus manos comenzaban a mostrar quemaduras debido a las duras temperaturas. Eso no la debuto de seguir luchando como ella sabía, sin dar tregua ni un instante al enemigo que les atacaba por todos lados.

En la Dédalo, el eterno llamado Phestos trabajaba a contrarreloj para modificar las emisiones de su nave y poder llevar acabo su plan.

- Necesitaremos un pulso lo suficientemente poderoso para afectarles a todos al mismo tiempo.- Dijo
Phestos sin dejar de manipular controles y elaborar complicadas ecuaciones matemáticas en su mente privilegiada.

- Eso puede sobrecargar todos los sistemas, cariño.- Observó Lykena.

- Si no nos damos prisa, nuestros compañeros estarán en grave peligro, no podrán aguantar para siempre el ataque de los Hombres-Lava.- Inquirió Phestos.- Aunque perdamos capacidad, haz lo que te digo.

Lykena no replicó a su creador y siguió sus instrucciones precisas sin rechistar.
El calor era tan asfixiante que incluso a Jack Frost empezaba a hacerle mella.
Thundra se mareó levemente, y el Capitán América comenzaba a tener dificultades para respirar.

-Daté prisa, Phestos. Lo necesitamos ya.

La Dédalo empezó a iluminarse como un enorme foco en el cielo, y de improviso, ondas de energía liberaron un pulso que se extendido por toda la zona en cuestión de sólo unos segundos.
En un principio, todo parecía seguir igual, hasta que los Hombres-Lava comenzaron a moverse más lentamente, hasta que se quedaron totalmente paralizados.

La piel de sus cuerpos ígneos empezó a petrificarse y agrietarse, hasta quedar totalmente inertes, como si de repente alguien hubiese dejado docenas de estatuas de piedra situadas en medio de la ciudad.

- Lo que ha sucedido no tiene explicación- Dijo Thundra.

- La ciencia de los Eternos, Thundra.- Explicó el Capitán América.-Phestos ha salvado el día.

Mientras tanto, en la Dédalo, Phestos evaluaba los posibles daños a su nave.

- ¿Hemos sufrido alguna sobrecarga?- Preguntó el eterno.

-Si, cariño, pero los daños no han sido graves, aunque tardaremos bastante tiempo en poder repetir algo semejante.- Indicó la inteligencia artificial.

-Esperemos no volver a necesitarla.

Jim Hammond tocó con un dedo el rostro de uno de los Hombres-Lava petrificados, esperando que volviese a la vida en cualquier momento, pero para su satisfacción, no fue así.

- Así que manipulando sus moléculas… Nunca se me había ocurrido nada semejante.- Dijo La Antorcha.

- “El conocimiento de la raza de Phestos es poderoso, parece no tener limites.”- Dijo Aarkus.

- Justo a tiempo, un poco más y no lo contamos.- Comentó Jack Frost.

Phestos bajó volando desde su nave llevando un extraño artefacto en sus manos.
Enseguida, el Capitán América se acercó a él y le dio la mano.

- Un excelente trabajo, Phestos. Sin ti no lo hubiésemos conseguido, amigo.- Dijo con agradecimiento.

- Es un honor viniendo de alguien como tú, Capitán.

Thundra miró a un lado y a otro, rodeados de sus atacantes paralizados.

- ¿Y que vamos a hacer con todos estos Hombres-Lava petrificados?

- Para solucionarlo he traído esto.- Indicó Phestos enseñándoles un extraño aparato similar a una caja metálica con pequeñas luces que parpadeaban continuamente.

Phestos accionó un botón y la caja se abrió, inmediatamente una tras otro, los Hombres-Lava se desvanecieron, como si algo los arrastrase. Cuando no quedó ninguno a la vista, la caja se cerró.

- ¿Qué es lo que has hecho con ellos?- Dijo la Antorcha asombrado.

- Es sencillo, los he trasladado a una dimensión de bolsillo a través de este proyector. Allí no molestarán a nadie mientras permanecen en su estado petrificado.

Aarkus se asomó al hueco del gigantesco agujero en la tierra, cuyo final no se podía vislumbrar incluso para su vista mucho más eficiente que la de un humano.

-“¿Y cual es el paso a seguir a continuación, Capitán?”

El invasor abanderado se quedó pensativo por unos momentos.

- Los Hombres-Lava no suelen atacar a no ser que se sientan amenazados o en peligro. Aquí hay más de lo que podemos ver. Tenemos que averiguar el origen del ataque y el por qué. Descenderemos por la grieta, hasta llegar a saber todas las respuestas.

- ¿Un viaje al centro de la Tierra?- Dijo la Antorcha.

- Phestos ¿La Dédalo esta capacitada para viajar por el interior del túnel hasta las profundidades de la Tierra?

El eterno asintió. Y poco tiempo después, se hallaban internándose en las entrañas del planeta, bajo la corteza terrestre, a millas de distancia de la superficie.

- Este abismo no parece terminarse nunca.- Comentó Thundra.

Phestos observó los datos de una de sus pantallas.

- Creo que hemos llegado a nuestro destino, sea cual sea este.

La nave se introdujo por varios pasajes, una auténtica encrucijada de túneles y grutas a cual más inmensa, de repente, en la pantalla se atisbó algo que les llamó la atención.

- ¡Cielo santo!- Exclamó el Capitán América.- ¿Qué es eso?


- En todos los canales igual. Esto es lo más parecido al fin del mundo que he visto nunca.- Comentó Valerie Cooper.- Y seguimos sin saber nada de lo que ocurre en realidad. No podemos contactar ni con Shield ni en el gobierno central, ni con nadie. Es frustrante.

Union Jack movió la cabeza negando.

- Habernos quedado en la reserva es aún peor, Valerie.- Dijo Union Jack algo molesto.- Me hace sentir como un inútil.

Iguana, que estaba jugando con uno de sus diamantes los miró a ambos.

- A mí me pasa igual, soy tan valiosa en un combate como el que más.- Dijo Iguana.

Emma Gruler prefirió no decir nada. Sin su armadura de Cruz de Hierro, se sentía incapaz de poder ayudar.

Valerie se quitó las gafas y miró al héroe inglés con resignación.

- Algunos de vosotros teníais que quedaros aquí, Joey. El Capitán América tenía otra opción. En cualquier momento os pueden necesitar en algún rincón del país o incluso del mundo. Es todo un caos y no sabemos como evolucionará todo.- Explicó Valerie.- Y más cuando ni los miembros de reserva han contestado a mi llamada.

Spitfire se encontraba en la playa artificial de la Hidrobase. Observaba no sin asombro y estupor las olas gigantescas mecidas por los vientos huracanados. Se preguntaba si la Hidrobase sería capaz de resistir una furia del océano de tal magnitud sin hundirse.
Aunque el que el cielo que se podía ver entre las rendijas de las nubes fuese de un color rojizo no era menos inquietante.

- Sin duda necesitareis de mi ayuda.- Dijo una voz altiva.

Spitfire se dio la vuelta y contempló el rostro impasible del monarca de Atlantis, Namor, el Hombre-Submarino, que se hallaba indiferente ante el azote de los elementos.
No estaba sólo, a su derecha estaba un corpulento hombre con un traje azul y amarillo que Jackie hacía mucho tiempo que no veía.

-¡Namor! ¡Has venido!- Dijo Spitfire con alegría

- Por supuesto, Jacqueline ¿acaso el hijo vengador no iba a responder a la llamada de sus antiguos camaradas de armas?- Dijo Namor.

- Jacqueline, vieja amiga, me alegro muchísimo de verte de nuevo.- Dijo la otra persona que acompañaba al monarca atlante.

La velocista se dio un largo abrazo con él. El profesor Elton T Morrow, conocido como Diamante Azul no pudo menos que sentirse muy bien al volver a ver a su amiga.

- El Capi me contó vuestra aventura en Avalón y que te habías unido al grupo como reservista, pero me hubiese gustado estar aquí cuando ocurrió ¿Por qué no viniste antes? - Preguntó Jackie.

- Estuve ocupado intentando recuperar mi carrera como profesor universitario, pero me resulta difícil explicar por que un anciano de más de setenta años aparenta sólo cincuenta.- Dijo Diamante Azul con cierta tristeza.- Creo que por desgracia no me queda mucho más que mi carrera superheroica.

- No digas eso, seguro que te quedan muchas cosas por las que vivir, Elton.- Dijo Spitfire.- Sea como sea, es bueno tenerte de nuevo por aquí.

Se encogió de hombros.

- Si no llega a ser por el bueno de Namor ni siquiera habría podido llegar. Al recibir la señal del comunicador y viendo los desastres metereologicos, sabía que no podría llegar nunca en un vuelo normal, así que me acerque al edificio Tempo y allí me encontré con Namor, que se ofreció a traerme con él.- Explicó Diamante.

Spitfire se volvió hacía el hombre-submarino.

- ¿Dónde están los Defensores? No hemos podido comunicarnos ni con los Vengadores ni con los
Cuatro Fantásticos, ni siquiera con la Patrulla-X.

- No se encuentran en la Tierra actualmente. Partieron en una misión muy lejos del sistema solar. Mis asuntos como monarca de Atlantis y como dueño de Oracle Inc me impidieron acompañarlos. - Comentó Namor.

- Es una lastima, con lo que esta ocurriendo por todo el planeta, podríamos necesitar toda ayuda posible.- Apuntó Spitfire.

- Entonces llegó en el momento apropiado.- Dijo alguien por encima de ellos.

La figura alada de Sam Wilson, el Halcón descendió de los cielos embravecidos. Se posó a su lado, con su inseparable Ala Roja en su hombro. Aunque similar a su uniforme habitual, este era un poco diferente, sobre todo en el emblema de su cinturón.

- Como le prometí al Capitán América, acudiría cuando se me necesitase.- Dijo el Halcón.

- Te ves diferente, Halcón.- Dijo Namor.- Hay algo en ti que…

Namor pudo observar como las alas del Halcón no eran artificiales, si no naturales. Cuando sus alas se replegaron en el interior de su espalda, el atlante no pudo menos que asombrarse.

-¡Por Neptuno!- Exclamó Namor.

- Namor, te presentó al monarca de la Ciudad Celeste.- Dijo Spitfire con una sonrisa divertida al observar la cara del atlante.

- Spitfire, Jacqueline. Te veo magnifica. La última vez que te vi estabas muy malherida, me alegro de verte tan recuperada.- Dijo el Halcón.

- Si… Eso ya quedo atrás.- Dijo ella intentando no recordar de nuevo el horror vivido a manos del Barón Sangre y que casi acabo con su vida. – Será mejor que vayamos al interior del edificio.

Al descender por la plataforma de la Dédalo, quedaron fascinados con lo que estaban contemplando. Incluso Phestos, acostumbrados a maravillas insondables por todo el universo quedó asombrado.
Hasta donde alcanzaba la vista, unas construcciones de tecnología jamás vista formaban todas juntas una inmensa y fascinante ciudad subterránea que parecía salida de la fantasía de un ingeniero.
Phestos analizaba todo con los dispositivos situados en su martillo.

- Es increíble. La tecnología necesaria para crear esta ciudad rivaliza con la de los Eternos.- Comentó Phestos.- Es un auténtico mundo bajo la superficie.

El Capitán América caminaba pensativo.

- ¿Qué opinas, Capi?- Preguntó La Antorcha.

- No se parece a ninguna ciudad de los desviantes o de topoides que haya visto antes. Parece que hemos encontrado algo nuevo.

- ¿Y los Hombres-Lava? Esta no es una de sus ciudades, de eso estoy seguro. Sus construcciones son más básicas, más rudimentarias. – Indicó Phestos.

Se adentraron por la ciudad, y una vez estuvieron caminando por ella se dieron cuenta de que había
daños en las construcciones, que denotaban una actividad bélica reciente, seguramente una batalla- pensó el Capitán América.

No tardaron en encontrar los primeros cuerpos. Eran humanoides, no muy diferentes en apariencia a un humano común. Sus vestimentas eran similares, como un uniforme.
Primero encontraron unos pocos, luego centenares. Sus cadáveres estaban en muchos casos llenos de graves quemaduras o consumidos sin duda por el calor intenso de la lava.

-“Esto es una masacre. Los han exterminado de manera salvaje y sin piedad alguna.”- Observó Aarkus.

El Capitán América vio los restos semi-calcinados del cuerpo de un niño. Los horrores vistos décadas atrás en la segunda guerra mundial volvieron a ser revividos. Un holocausto muy diferente a este y a la vez tan similar.

- Este no es un comportamiento normal de los Hombres-Lava.- Dijo el Capitán América.- Siempre han atacado conducidos por el miedo a los habitantes de la superficie o para defender su territorio. Esto parece hecho por seres despiadados y crueles.

-Les haremos pagar tal comportamiento vil y cruel, ¡lo jura Thundra!- Exclamó la bella amazona.

El líder de los Invasores se volvió hacía la Antorcha y Jack Frost.

- ¡Jim! ¡Jack! Haced un reconocimiento rápido de la zona.- Indicó el héroe de las barras y estrellas.

Jack Frost formó un arco de hielo por el que desplazarse y la Antorcha se elevó por la ciudad dejando tras de si una estela de llamas.

- Me preguntó donde estarán los Hombres-Lava.- Dijo Phestos.- Sin duda atacaron esta ciudad antes de subir a la superficie, pero dudo mucho que enviasen todas sus fuerzas por el túnel por el que descendimos aquí.- Apuntó el eterno.

- Aquí hay algo más de lo que podemos ver, puede sentirlo.- Dijo Thundra malhumorada.

- ¿Crees que puede tener que ver con lo que esta sucediendo arriba?- Preguntó el Capitán América a Aarkus.

-“Las casualidades no existen según mi experiencia, Capitán.”- Observó el Ykraiano.

Thundra no dejaba de observar la senda de muerte y destrucción que les rodeaba. Y eso le enfurecía cada vez más.

- Ojala tenga la oportunidad de vengar a esta pobre gente.- Dijo Thundra.

Sin que ella lo advirtiese, el muro situado detrás suyo comenzó a agrietarse y desmenuzarse, hasta que dos grandes manos lo atravesaron, destruyéndolo por completo. Thundra no pudo evitar que alguien la golpease con una fuerza tal que la envió lejos de allí, atravesando varias construcciones.

-¡Thundra!- Gritó el Capitán América.

Quien le había agredido era todo un coloso. Tendría unos dos metros de altura, lleno de una poderosa musculatura y un rostro cuya expresión reflejaba rabia e ira a partes iguales.

-¡¡Asesinos!! ¡Pagareis con vuestras vidas el haber matado a los hombres, mujeres y niños del reino de Abysmia!- Gritó el gigante.

El Capitán se le acercó cauteloso, pero intentando no parecer hostil. Algo en él le era tremendamente familiar, pero no podía recordar el por qué.

- Nosotros no somos los culpables. Tranquilízate e intentaremos…

-¡¡Mentira!!

El exvengador apenas tuvo tiempo de protegerse con su mítico escudo, evitando que el poderoso golpe acabase con él.
Aarkus acudió al rescaté, apareciendo envuelto en una nube de humo al lado del atacante.
El invasor esmeralda lanzó un derechazo que impactó contra el mentón del coloso, pero este pareció encajar bien el golpe y moviéndose a supervelocidad lo alcanzó con su mano, sujetándole por el cuello y estrangulándolo.

- ¡Os mataré a todos por lo que habéis hecho!

- No si puedo evitarlo.- Dijo Phestos descargando sus rayos térmicos contra su rostro.

Este le hizo soltar al Ykraiano, que cayó a un lado dolorido. El gigantesco oponente se llevó las manos a su rostro.

- ¡Estoy cegado! ¡No veo nada!- Gritó enrabietado.

En ese momento, Thundra aterrizó después de uno de sus grandes saltos. Agrietando el suelo bajo sus pies. Estaba muy enfadada.

-¡Pagarás cara la osadía de golpear a Thundra!-Dijo la guerrera de Femizona descargado un golpe con toda la fuerza de sus poderosos músculos. El agresor fue lanzado contra un edificio en ruinas que se desplomó sobre él.

- Ya veo que te has recuperado perfectamente.- Dijo el Capitán América.- Esta totalmente cegado por el dolor, nos culpa de su desgracia.

- ¿Es uno de los habitantes de la ciudad?- Preguntó Thundra sorprendida.

La montaña de cascotes donde estaba sepultado comenzó a temblar ostensiblemente hasta que levantó una lluvia proyectiles de metal y roca al incorporarse con el rostro descompuesto por la rabia.

- ¡Acabaré con todos vosotros, malditos! ¡Lamentareis haber matado a todo cuanto amaba Rockman!- Dijo enfurecido.

- ¿Rockman?- Dijo el Capitán América.

Un circulo de llamas rodeó a Rockman, para impedirle avanzar. La Antorcha lo estaba envolviendo en las llamas para evitar que se moviese.

- Si das un paso más aumentaré la potencia de mi muro de llamas.- Indicó la Antorcha.
Indiferente, Rockman levantó sin esfuerzo un enorme peñasco y se lo arrojó al androide.

La Antorcha pudo evitarlo por apenas unos centímetros.

- Eso ha estado muy cerca.

Jack Frost comenzó a crear hielo alrededor de los puños del Abysmiano, intentando inmovilizarlo.

- Tienes que enfriar tus ánimos, amigo.- Dijo Jack Frost descendiendo de su puente de hielo.

-¡¡Os aplastaré!! ¡¡Sufriréis tanto como lo he hecho yo!!

El Capitán América se detuvo delante del gigante fuera de sí y momentáneamente paralizado por el hielo de Frost.

- Creo que sé quien eres. Nuestros caminos nunca se cruzaron, pero participaste en la segunda guerra mundial, luchando contra los nazis.- Dijo el líder de los Invasores.- La prensa te llamaba Rockman, el agente subterráneo.

El Capitán se puso casi cara contra cara con Rockman.
La expresión del rostro del gigantón fue pasando de la rabia a la calma. Se pudo ver un reconocimiento en sus ojos.

- Nosotros no hemos dañado a tu gente, Rockman. Soy el Capitán América, es posible que oyeses de mí en tu estancia en la superficie. Somos los Invasores.

- Te conozco, eras el principal héroe de la superficie.- Dijo Rockman que miró al resto de invasores, uno por uno.- Podéis soltarme, no lucharé contra vosotros.

Jack Frost miró al Capitán y este asintió.

Este deshizo el hielo que aprisionaba a Rockman. El enorme héroe se derrumbó, quedándose de rodillas y golpeando el suelo con sus puños una y otra vez.

-Estaba lleno de ira… Y la pena…- Dijo con tristeza Rockman.- Estáis en el reino de Abysmia. Llevamos eras viviendo bajo la superficie, sin apenas interferir en el mundo de arriba, ni en las disputas en las guerras con las otras razas subterráneas que pueblan el interior de la Tierra. Siempre hemos sido neutrales y evitado los conflictos.
Aún así, hemos tenido pequeñas escaramuzas con algunos otros reinos bajo la superficie, pero nada grave.
Durante lo que se llamó “la Segunda Guerra Mundial” y temiendo que a la larga nos pudiese afectar de algún modo, se me envió como agente para ayudar a combatir la amenaza de la Alemania nazi.
Tras el fin de la guerra, volví a mi reino, y desde entonces vivimos en paz, centrándonos en nuestros propios asuntos.
Hace unos días, me enviaron a explorar una zona inexplorada en vistas a construir nuevos asentamientos, y al regresar encontré la ciudad atacada y a todos los habitantes muertos.
Esto me hizo perder la cordura por completo.
Thundra le ofreció su mano para ayudarle levantarse, y Rockman la aceptó.

- Eso haría enloquecer a cualquiera. Sentimos mucho tu perdida, y te ayudaremos a cumplir tu justa venganza.- Dijo Thundra.

- Había escuchado oír del reino de Abysmia, pero pensaba que eran sólo historias.- Dijo Phestos.

-¿Y bien? ¿Sabéis quienes fueron capaces de destruir mi reino?- Preguntó Rockman a los presentes.

- Creemos que fueron los Hombres-Lava. Atacaron la superficie y seguimos su rastro hasta aquí.- Dijo Capitán América-

- ¿Los Hombres-Lava? ¿Por qué lo harían? Nunca les hicimos ningún daño.- Se preguntó el abysmiano.- No tiene sentido.

- No, no lo tiene por que ellos no son los verdaderos responsables.- Dijo alguien tras ellos.

Un hombre alto, bien parecido, de cabello rubio y ojos azules y un traje rojo con algunas franjas amarillas y envuelto en una capa azul. Sus vestimentas eran vestigios de una época ya olvidada.

- La culpa de la destrucción de Abysmia y del mal que se ha desencadenado en el mundo subterráneo es de ¡Tyrannus!

Continuará...

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Referencias:
1 .- Como se vio en Los Vengadores 10-11, en la espectacular serie de Lobo Rojo que no te puedes perder.
2 .- No esta desde el Invasores #11
3 .- Evidentemente, esta historia se sitúa al inicio de El Crepúsculo de los Dioses
4 .- La reunión es con el Concilio del Primero, como pudimos ver en Marvel Team Up#8 al 10, aquí mismo en Action Tales.
5 .- Como hemos visto en el Defensores#16
6 .- Jim Hammond acabó con su doble “nazi” en el Defensores#16
7 .- Hombres-Lava, raza subterránea de las profundidades de la Tierra.
8 .- Subterránea es una red formada gigantesca de cavernas, pasajes y túneles, algunos con tamaño suficiente para contener grandes ciudades, habitadas por varios pueblos subterráneos.
9 .- Vengadores nº89-90 del vol. 1 de Forum.
10 .- Los Hombres-Lava evolucionados se convirtieron en seres de piel dorada.

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