Alpha Flight nº06

Título: El Antiguo Enemigo (I)
Autor: Miguel Ángel Naharro
Portada: Alex García
Publicado en: Noviembre 2016

El enemigo prevenido por los dioses a Ave Nevada se ha revelado finalmente, de una forma inesperada y que parece conducir a la perdición ¿serán capaces los miembros de Alpha Flight de detenerlo? Y en estos momentos de gran necesidad, todos se preguntan ¿Dónde está Shaman?
Unidos para derrotar a las amenazas que sobrevienen sobre su país y más allá. Son los defensores de Canadá: ¡Vindicator! ¡Puck! ¡Ave Nevada! ¡Sasquatch! ¡Lobezno! ¡Shaman! ¡Aurora! ¡Estrella del Norte! ¡Tormenta! ¡Marrina!
Stan Lee y Action Tales presentan: Alpha Flight
Creado por John Byrne


La mujer no necesitó verlo para saber que se trataba de un lugar muy especial. Sus sienes palpitaban y su mismo espíritu se estremecía inquieto. Abrió la puerta del vehículo y se quedó muy quita observando lo que le rodeaba, ajena a todo lo demás. Ni siquiera el intenso frío polar parecía hacer mella en ella. Sus ojos se posaron en las colosales piedras ennegrecidas por el tiempo. Los menhires se alineaban en una disposición que no era en absoluto al azar.

— ¿Qué opinas, Elisabeth? —preguntó un hombre de mediana edad, cubierto con una capucha de su traje y unas gafas, que le protegían de los destellos del sol en la nieve.

Elisabeth Twoyoungmen se volvió hacía él moviendo de manera afirmativa la cabeza.

—Es este lugar, estoy segura—comentó la joven, mientras contemplaba a los hombres y mujeres de la expedición en el campamento que rodeaba el yacimiento arqueológico. Llevaban semanas allí y se pusieron en contacto con ella, lo antes posible.

Samuel Paulson, conocía de los conocimientos que ella atesoraba y lo útil que seria para este descubrimiento. Se encontraban cerca del círculo polar ártico, en plena tundra canadiense. El profesor le invitó a seguirle, lo cual hizo, sin apartar la mirada de cada detalle que pudiese quedarse, y sin dejar de trabajar su mente ni un segundo.

El montículo de piedra que formaba un semi-círculo y se enterraba en la nieve les esperaba. Varios de los expertos se encontraban ya en su interior, explorando y analizando el descubrimiento.
La bóveda interior se hallaba repleta de innumerables pinturas que sin duda llevaban allí más de mil años. Símbolos y caracteres difíciles de identificar adornaban aquí y allá del lugar.

—Elisabeth—le dijo una mujer de cabello rubio rizado y ojos pardos que le dio un efusivo abrazo. Fueron compañeras años atrás en la universidad, y habían compartido diversas expediciones.

—Naomi—dijo ella esbozando una agradable sonrisa al verla.

—Cree que es el sitio—afirmó entusiasmado el profesor Paulson.

Naomi se quedó con la boca abierta unos segundos, después le colocó su brazo por encima de los hombros.

— ¿Entonces es cierto?

—Lo es. Los primeros habitantes de estas tierras, los primeros indios sarcee. Ellos llamaban a este lugar “Toquicwapeihan”, que en nuestra lengua se traduce por “El Camino del Espíritu”—contestó Elisabeth con firmeza.

Tanta seguridad los dejaba anonadados. A pesar de sus indicios, no tenían del todo claro que fuese el sagrado lugar mencionado en antiguas leyendas, mencionado y buscado durante mucho tiempo por los mayores expertos. Ella dibujó una medio sonrisa, y continuó echando un vistazo a su alrededor. Lo que ellos no sabían, era que Elisabeth era también Talismán, la elegida de su pueblo y que observaba no solo con sus ojos, si no con su visión espiritual. Los resquicios del antiguo poder eran todavía fuertes, incluso más fuertes de lo que podía siquiera imaginar.

— ¿Para qué lo usaban en realidad? ¿Era un templo de algún tipo? —comentó el profesor inclinándose sobre una extraña pintura.

Elisabeth se volvió hacía él.

— Era el destino final de los hombres-medicina. Los viejos shamanes sarcee emprendían este viaje cuando presentían que se acercaba el final de sus días en la Tierra. Los espíritus de los antepasados muertos los acompañaban en este camino, y, al llegar a la última piedra del mismo, el hechicero abandonaba la vida mortal y entraba en el reino inmortal de los espíritus. Para los sarcee no era un camino de muerte, sino de resurrección a una nueva vida—explicó ella con gran precisión.

Paulson se rascó la barbilla pensativo.

—Da la impresión de que ves más que nosotros, querida—indicó él con satisfacción.

La chica no contestó. Se quedó inmóvil, como tratando de oír en la lejanía. Una sensación desagradable crecía en su interior, una sensación de espanto, desasosiego. Algo no iba bien, podía presentirlo. Las energías místicas fluctuaban y se encendían con una velocidad increíble. Daba la impresión de que estuviese despertando.

—Tenéis que marcharos… ¡Ya! —gritó de una manera abrupta que los sobresaltó a todos en la bóveda.

Antes de que pudiesen replicar y pedir explicaciones, el suelo y toda la estructura comenzó a temblar con violencia. De la piedra y la roca, brotaron docenas de pequeñas criaturas. Se trataba de una especie de seres de pequeña estatura, de cabeza redonda que carecían de nariz, ojillos verdes que brillaban con un halo maléfico, con largas y delgadísimas piernas y manos de seis dedos, terminados en ganchudas garras. Las monstruosidades se abalanzaron contra el equipo de la expedición sin piedad alguna, mordiendo y desgarrando con sus dientes y sus garras, y sepultando a las personas bajo el peso de su número.

Elisabeth resplandeció con un halo de energía que la recorrió, apareciendo su vestido rojo y dorado y su diadema de metal con una joya en la frente.

— ¡Detrás de mí!—ordenó a sus amigos, que la obedecieron al instante.

Haces de luces místicas se formaron alrededor de sus manos y las criaturas eran barridas al igual que el viento se llevaba las hojas, apartándose de su presencia y evitando su contacto.

Fue entonces cuando una enorme y peluda mano se abrió pasó desde el suelo, resquebrajándolo y alzándola en el aire. Era un gigante recubierto de un espeso vello negro con unos enormes ojos rojos. Le aprisionaba en su zarpa peluda y notaba una debilidad que le hizo que su poder no pudiese liberarla.

Otro de esos seres apareció, aplastando con sus pies a los infortunados que tuvieron la desgracia de ponerse en su camino. Una avalancha de rocas, propiciada por la entrada en escena de este nuevo ser, hizo que se derrumbasen enormes piedras sobre sus amigos, matándolos en el acto.

Con un grito de rabia, el poder vibró y surgió de su interior, haciendo que el brazo del gigante se quebrase al igual que una rama. Cayó al suelo y con lágrimas en los ojos, concentró toda su fuerza para arrojar una ola de energía que derribó a la maligna criatura.
Sin tiempo para recobrar el aliento, un estremecimiento fue el preludio de una agonía atroz, similar a sentir afiladas hojas perforar su cerebro. Unas raíces muertas y sin vida la rodearon, capturándola y no dejándola moverse.

—Al fin nos encontramos, Elegida. Largo tiempo esperaba poder estar frente a ti…—dijo una voz susurrante que parecía provenir de todas partes a la vez.

En su dolor, Talismán notó una presencia tan antigua como malvada, un poder tenebroso e inacabable que lo abarcaba todo. Alguien se acercó caminando despacio. Era un anciano indio-americano, con larga caballera, alto y delgado, se apoyaba en un bastón nudoso y retorcido, con inscripciones y dibujos arcanos. Sus ojos blancos, sin pupilas la miraron.

— ¿Quién eres? —preguntó ella con voz débil y casi inaudible.

Su captor apretó sus dedos entorno a su bastón y mostró una mueca. Unos dientes amarillentos y una lengua viscosa aparecieron.

—Soy el antiguo enemigo de todos vosotros, la oscuridad infinita que os engullirá… Pequeña elegida…

Elisabeth abrió mucho los ojos, quizás deduciendo por sus palabras de quien podría tratarse. No era posible-pensó- Si era cierto…

El anciano alargó una mano, abriendo los dedos y cerrándolos con fuerza a continuación.
— ¡Y ahora, sufre, niña! ¡Sufre!

Un grito agónico y escalofriante brotó de su garganta mientras sentía que su misma alma se retorcía y sufría un dolor inimaginable.


Mansión Alpha, isla Tamarindo

— ¿Qué vas a hacer qué? —gritó en voz alta Walter Langkowski, con un cierto tono indignado y confuso.

Caminaba junto con Aurora, que llevaba un sexy conjunto, que apenas dejaba nada a la imaginación.

La sensual mutante formó una sonrisa divertida. Cómo si disfrutase del momento.

—No seas aguafiestas, mon cheri, tampoco es para tanto—afirmó ella, sin despegar apenas su vista de su móvil de última generación.

— ¿Qué no es para tanto? ¡Vas a salir en un reality show donde todo el mundo podrá verte las 24 horas! ¿Con que cara voy a mirar a mis estudiantes si han estado viéndote por la tele de esa forma?

Aurora alzó una ceja y después soltó una risita.

—Ni que fuese a participar en una película erótica… Aunque a mi agente no parar de llegarle ofertas a todas horas, ofertas muy tentadoras…

Walter torció el gesto y resopló, llevándose las manos a la cabeza, justo cuando Lobezno y Marrina salían de una de las salas de entrenamiento de la mansión.

— ¿Qué es lo que te preocupa, pequeña? —preguntó Lobezno, al tiempo que se encendía uno de sus puros con una cerilla.

Los grandes ojos esmeraldas de la anfibia le miraron con extrañeza, sin dar la sensación de comprender del todo la pregunta.

—Pensaba que era evidente… No doy la talla. Hemos estado haciendo ejercicios durante varias horas y no he logrado ganarte. Te he fallado.

Logan dio una profunda calada a su puro, y soltó una bocanada de humo, negando con la cabeza.

—Para nada, nena, lo has hecho estupendamente, considerando que no podías usar tus poderes. Esa es la lección. Tienes que aprender a no depender de ellos. Habrá situaciones donde no podrás usarlos, y tu vida puede depender de ello.

Esto pareció alegrar algo a Marrina. La chica pareció más contenta al escuchar eso.

—Días, Langkowski—dijo Logan al ver pasar a la pareja.

El científico le echó una mirada de reproche y después apartó la mirada. Se dirigían a la sala de reuniones, donde por la puerta entreabierta se veía a Estrella del Norte, Ave Nevada y Tormenta ya sentados alrededor de la mesa, charlando de manera amistosa.

—Que vaya bien, tortolitos—añadió, dándole una nueva calada a su puro y mirando de nuevo a Marrina—. Será mejor que vayamos a comer algo, no sé tú, pero yo me muero de hambre.

—Lo que estás loco por pillar una cerveza ¿eh? —apuntó Puck que salía del ascensor con Heather.

—Me conoces demasiado bien, Judd—reconoció Lobezno con un encogimiento de hombros.

Entonces, algo les sacudió, haciéndoles gritar. Les zumbaron los oídos de forma desagradable. Una a uno, y en el mismo instante, quienes se encontraban allí sintieron lo mismo. Una sensación abrumadora les inundó. Se vieron invadidos por sensaciones ajenas, dolor mientras su carne era desgarrada, sus huesos eran quebrados y sus misma alma era fragmentada, pulverizada en miles de fragmentos dispersados por todas partes. Una voz resonaba una y otra vez. Una voz conocida, les pareció oírla en su mente, pero lejana, como un eco moribundo, para luego convertirse en torbellino atronador que casi les vuelvo locos. Sintieron su profundo dolor como propio y su miedo, un aterrador e incansable miedo que le dominaba por completo. Gritó de nuevo y todos gritaron al unísono. Tan rápido como vino, se desvaneció y se apagó al igual que un interruptor. Se había ido de sus mentes, pero todavía permanecía el pesar.

— ¡Elisabeth! —Dijo Ave Nevada, apoyada en una pared, consumida por un pánico que le hacía castañetear sus dientes.

Poco a poco, fueron recuperando la compostura, incluso Puck y Logan se encontraban con una máscara de intranquilidad y ¿miedo? Marrina se abrazaba a si misma temblando como un flan. Lobezno le pasó un brazo por encima para abrazarla. Aurora había abandonado su coquetería habitual para mostrar una tristeza y unos ojos a punto de llorar. Estrella del Norte respiraba con dificultad. Heather apenas se sostenía en pie, con la desolación en sus hermosas facciones. Tormenta cerró los ojos, murmurando en voz baja. Walter rompió por fin el silencio, en esos minutos de tensión.

—Era la hija de Michael… Hemos sentido lo que ella sentía ¿verdad?

—Fue muy similar a un grito psíquico—observó Tormenta, recordando cuando sufrió experiencias parecidas con el profesor Xavier o Jean Grey en sus años en La Patrulla-X.

Judd se acercó a Ave Nevada, quien parecía consumida, devastada. Puck enseguida comprendió que si para ellos fue una experiencia terrible, para ella habría sido mil veces peor sin duda.

— ¿Estás bien, Narya? —preguntó con ternura el pequeño héroe.

Levantó la cabeza, y a pesar del miedo que se atisbaba, consiguió recomponerse y se incorporó, no sin dificultad.

—E-elisabeth, c-creo que p-puedo localizarla. Tenemos que encontrarla, antes de que sea demasiado tarde…

Lobezno se metió entre los dos, con gesto torvo.

— ¿Sabes que es lo que sucede?

Incluso en los ojos nada humanos de la hija del norte, pudieron adivinar que la inquietud era porque atisbaba alguna cosa.

—Un antiguo mal ha regresado, e incluso los mismos dioses del ancestral norte le temen (1)—explicó con voz cansada, y deteniéndose tras cada palabra, como si le fuese difícil hablar.

—El ataque que sufrimos hace unas semanas… Shaman y yo creímos que fue una prueba, estaban midiendo nuestras fuerzas

Estrella del Norte pareció estallar. Sin que apenas le percibiesen, se plantó al lado de Ave Nevada, poniéndole un dedo acusador frente a su rostro.

— ¡No me lo puedo creer! ¿Quieres decir que sabíais que algo sucedía? ¿Y no nos dijisteis nada? ¡Vosotros los místicos y vuestros secretitos! ¡Cuéntanos que pasa!

Logan lo apartó de un brusco empujón y le fulmino con la mirada.

—Déjale espacio, ¿entendido, Estrella? O te las tendrás que ver conmigo.

El veloz mutante puso cara de pocos amigos, pero no contesto. Vindicator se acerco conciliadora y acarició la mejilla a Narya.

—Jean-Paul se ha excedido, pero es cierto que teníais que habernos hecho participe de lo que sabíais ¿Quién es este enemigo? ¿De donde procede? —preguntó.

—Ni siquiera Michael lo sabía. Sus hechizos de localización o detección no lo encontraban. El equilibrio místico de este plano cambió tras la crisis que se denominó el Crepúsculo(2) se rompió, eso ha sido aprovechado por fuerzas ancestrales y tenebrosas, Shaman fue advertido, y por eso se le encomendó la búsqueda de un alumno al que enseñar, el portador del espíritu cuervo—comentó Ave Nevada.

— ¿Ese crío que estuvo por aquí? Lo que me faltaba por ver… Hasta ese niñato sabría más que nosotros…—comenzó a quejarse de nuevo Estrella.

—No hay tiempo para esto. Elisabeth está en peligro y tenemos que ayudarla, no importa nada más—dijo con firmeza Heather. Todos oyeron su voz alta y clara y se relajaron las tensiones.

Vindicator cerró los ojos un segundo, y volvió a sentir la angustia, el temor y el horror que estaba soportando su amiga y compañera. Una pregunta floreció en su cabeza.
— ¿Dónde se encuentra ahora Shaman, Narya? —le preguntó de forma directa.
—En las Tierras Baldías. Un sitio sagrado donde podría preparar al joven Jason para ser lo suficientemente fuerte para ayudarnos. Está ahora mismo fuera de cualquier alcance, incluso del mío.
—Voy a preparar la Omninave, cariño—indicó Puck dando un salto para alcanzar la puerta del ascensor.

—Es hora de ponernos en movimiento—ordenó Vindicator, con una terrible sensación y un mal presentimiento, que no conseguía apartar de sus pensamientos.


El paisaje era poco menos que desolador. Un desierto rojo que parecía no tener fin. Dos soles rojos iluminaban semejante caos, y en claro contraste, se puede ver a una forma que caminaba por el desierto rojo. Era un muchacho, apenas un niño, parecía que los efectos del tremendo calor no hacían ninguna mella en el. Continuo caminando hasta que dio con algo entre tanta desolación, era un bloque de piedra, de tamaño considerable, si ninguna apertura visible.

El chico observo impasible durante un largo rato el bloque de piedra, de pronto, toco la superficie del bloque con una de sus manos, de esta comenzó a surgir una energía, de color negro. Cerró los ojos y se sentó, cruzando las piernas, concentrándose, mientras un cuervo negro se posaba en su hombro y graznaba, con los ojos rojos. El cuervo se elevó y voló por el caluroso cielo, hasta aterrizar cerca de un tremendo agujero que daba la sensación de crecer de la misma tierra. Palpitaba como si tuviese vida propia.

El cuervo agitó las alas, volando en círculos sobre el oscuro y lóbrego abismo insondable. El suelo tembló, haciendo que se erosionase todavía más la tierra alrededor del abismo. De su interior surgió algo. Eran cuatro seres, similares a anguilas sucias, desgarbadas y gigantescas, y cubiertas de una sustancia parecida al petróleo. En sus cabezas, exhibían una suerte de bocas circulares, con todo un anillo de dientes cortos y serrados.

Trataron de atrapar al cuervo, que eludía sus ataques lo mejor que podía. Una de la
Dibujo original de S. Ramos
s monstruosas anguilas le atrapó, mordiéndole un ala y sacudiéndole con fuerza, con la intención de engullirlo enseguida. Unas ondas de vibraciones emitidas por el pico del pájaro resquebrajaron a la criatura salvaje, haciendo que se rompiese al igual que si se tratase de arcilla. Volando ya de manera errática por las heridas, el cuervo brillo con intensidad y sus ojos se tornaron blancos.

Atravesó a las anguilas restantes, partiéndolas por la mitad y haciendo que se retorciesen mientras agonizaban.

El cuervo salió de allí, sin esperar a ver la muerte de los animales y regresó al hombro del muchacho. Esté abrió los ojos y se incorporó. Se llevó la mano a la herida sangrante de su brazo e hizo una mueca de disgusto.

Jason Nightwind, el portador del espíritu cuervo se inclinó, pensativo, cuando una sombra cayó sobre él. Alzó la mirada, y vio a Shaman, que observaba con interés.


— ¿Qué es lo que piensas, Jason? ¿Qué crees que ha pasado? —preguntó Shaman moviéndose alrededor del joven.

Jason no paraba de mirar la sangre que manaba de su herida. Era la señal de que su error. Sabía que en un momento crítico, podría ser fatal.

—No he sido lo suficientemente bueno, todavía no soy uno con el espíritu cuervo. No consigo que seamos solo uno.

Michael Twoyoungmen movió la cabeza de manera afirmativa. Lo cogió de los hombros y lo acercó.

—Tienes el poder y la habilidad, más que nadie que haya visto jamás, Jason. Estás progresando mucho más rápido de lo que crees. Pronto dominarás y perfeccionarás tus habilidades, e incluso el mentor superará al maestro—indicó Shaman con la sombra de una sonrisa.

Jason puso cara de asombro y negó. No parecía muy convencido de sus palabras.

—Sabe tanto, ni en toda mi vida conseguiré la mitad de sus conocimientos sobre el mundo místico y espiritual.

—Eres el portador del espíritu cuervo. No te hará falta. Tienes un poder innato y bruto que solo hay que pulir. Venga, vendaremos esa herida y cenaremos caliente en la cueva. Pronto anochecerá y ya sabes cómo son las noches en las Tierras Baldías(3).

El joven asintió. No sabía cuánto tiempo llevaban en ese lugar, desde que vinieron atravesando el velo de los diferentes planos. El tiempo parecía discurrir de diferente manera allí. Le daba la impresión de llevar mucho ¿Meses? ¿Años? No podía asegurarlo y Shaman no le sacaría de dudas. Era parte de su aprendizaje. Solo tenía la certeza de que por alguna razón que se le escapaba, su entrenamiento se estaba acelerando, como si fuese urgente que comprendiese quien y que era en realidad lo a antes posible. Le estaba preparando para una prueba, que tenía el presentimiento que sería más terrible de lo que jamás hubiese imaginado.

Shaman dejó escapar una exclamación ahogada, soltó un gemido desgarrador y se tambaleó, se tuvo que apoyar en el muchacho para no caerse. Su expresión, su rostro, era una máscara de puro dolor, de pesar y de pena. Unos hilos de sangre resbalaban por los oídos y por la nariz.

— ¿Se encuentra bien?

El hombre medicina de los sarcee le miró y unas ojeras habían aparecido debajo de sus ojos. Creyó ver que hubiese envejecido años en apenas unos instantes.

—Algo ha sucedido… Lo presiento—dijo con consternación en el tono de su voz. Cerró los ojos y su corazón se estremeció.

Recordó las palabras de Ave Nevada y la advertencia que le dieron su madre y su abuelo, los dioses del norte. El tiempo se les acababa. Podía notarlo. Sabía que si no se daban prisa, el mal lo asolaría todo a su paso. Apenas habían atisbado la verdadera naturaleza de su poder. Los acontecimientos se precipitaban y estuviese o no listo, era el momento de volver, o quizás sería ya demasiado tarde… Si no lo era ya.

—Ve preparándote, Jason Nightwind de los Absarokee. Tu momento ha llegado.



La Omminave descendía del cielo, con Heather haciendo que los motores aminorasen la velocidad. Vindicator y Puck se miraron entre sí y después contemplaron por el monitor el espectral sitio hacía donde se dirigían. Una estructura circular, similar a una bóveda de piedra, rodeada de inmensas piedras monolíticas se alzaba reinante en la nieve y el hielo. Olas de sombras danzantes se movían en zigzag alrededor suyo, soltando chillidos espeluznantes. El resto del equipo vio lo mismo a través de las ventanas de la nave.

—Ya hemos llegado—anunció Ave Nevada.

Puck se dio cuenta que parecía no encontrarse del todo bien. Le salían las palabras forzadas y con esfuerzo. Frunció el ceño preocupado y siguió pilotando.

Marrina observaba contar el cristal, estremeciéndose al darse cuenta que las sombras que revoloteaban por el cielo, eran las mismas que les atacaron en la mansión poco tiempo atrás . La nave comenzó a temblar de manera ostensible, el metal chirrió y parecía que fuese a partirse en cualquier momento. Lobezno le colocó una mano encima del brazo, mirando a sus compañeros.

—Será mejor que os agarréis, va a ser un aterrizaje movidito.

Puck maldijo entre dientes sin dejar de sujetar los mandos de la nave.

—Estoy perdiendo el control, alguna fuerza está afectando nuestra estabilidad. Los motores fallan…
Vindicator apretó el botón del panel y accionó el comunicador.

—Tormenta ¿Puedes hacer que los vientos nos ayuden a aterrizar?—dijo con rapidez la líder de los Alpha.

—Lo intentaré—contestó la mutante desde la parte trasera del vehículo aéreo y se concentró, forzando a las corrientes de viento que actuasen de improvisado e inusual paracaídas que logró a duras penas la Omminave no cayese derribado. Aún así, el aterrizaje no fue para nada agradable y el impacto contra la nieve fue fuerte. La nave se arrastró sobre el suelo, dejando un surco tras de sí, hasta detenerse, con paneles echando chispas y saliendo humo de varias partes.

—Lo has hecho bien, nena—le dijo Logan a Tormenta.

Esta asintió con seriedad. Tenía una sensación de temor, todos los tenían. Les daba la impresión de que una fuerza invisible les atenazaba. Desplegaron las compuertas para salir, todavía algo aturdidos. Estrella del Norte y Aurora enseguida salieron a volar en apenas un segundo.

—Sapristi! —exclamó Aurora en cuanto una serie de sombras se lanzaron hacía ellos.

La luz le rodeó, al igual que un aura, haciendo que retrocediesen, pero cada vez eran más. Con un campo electromagnético formado por su traje, Vindicator fue hacía ellos, seguido muy de cerca de
A una orden de la mutante africana, un relámpago brilla en el cielo y diversos rayos cayeron dispersando a las sombras. Enseguida estaban rodeadas de las sombras, que reían al igual que niños juguetones y malévolos, que estuviesen jugando a un juego cruel y divertido.
—Buen trabajo, Tormenta—apuntó Vindicator.

—No cantes victoria tan pronto, Heather—observó Tormenta señalando un punto donde las sombras volvían a formarse.

Vindicator se preparó para descargar sus rayos de plasma, con sus compañeras a un lado y a otro.
Estrella del Norte aterrizó al lado de Puck, Marrina, Sasquacth, Lobezno y Ave Nevada.

—Sacre bleu! Mis poderes no sirven contra esos engendros—dijo el mutante velocista con evidente mal humor.

—No te preocupes, Jean-Paul, me parece que no nos van a faltar problemas, ¿eh? —comentó Puck fijándose en unos montículos de nieve que se estaban formando frente a la entrada de la bóveda.

De las entrañas de la tierra surgieron varias figuras de gran tamaño, rompiendo el hielo y la tierra para abrirse paso y mostrándose. Parecían monstruosos osos con manos enormes, con las cuales se golpearon violentamente el pecho como desafiándolos. Emitieron unos sonidos guturales y cavernosos. Las criaturas se lanzaron corriendo a continuación hacía ellos.

—Parece que nosotros también tenemos comité de bienvenida, ¿eh? —dijo Puck sacando sus bastones de combate.

—Música para mis oídos—dijo Lobezno sacando sus garras de Adamantium de sus nudillos—.Langkowski, como ensayamos en los entrenamientos.

Walter Langkowski sonrió, de pronto, sus músculos y huesos se retorcieron y deformaron hasta convertirse en la criatura conocida Sasquatch. Sus poderosos brazos alzaron al mutante canadiense, y cuando este estuvo preparado, lo arrojó contra uno de los monstruosos seres.

— ¡Bola especial!—gritó Lobezno, mientras volaba la distancia que los separaba. Cayó sobre la criatura, clavando sus cortantes garras de metálicas una y otra vez en la bestia, que se retorció de dolor al sentir el metal penetrar su piel y su carne.

Puck se impulsó y rebotó contra el morro de otra de las criaturas, para eludir sus enormes manazas con habilidad. Lanzó uno de sus bastones directo a uno de los ojos y el ser se debatió de dolor, llevándose sus manos a la herida.

Sasquatch se colocó frente a su contrincante y soltó un golpe directo al pecho de la criatura, quien respondió arrojándose sobre él e hincando sus dientes en su hombro. Enrabietado, el antropoide anaranjado lo agarró del cuello, arrojándolo con todas sus fuerzas contra uno de los monolitos de piedra.

Marrina saltó sobre la espalda de uno de los seres y dio un certero golpe entre los omóplatos, que derribó a la criatura. No fue consciente de que otro de los monstruosos osos se disponía a atacarle, una estela de colores blanca y negra dio vueltas a supervelocidad alrededor de la bestia hasta que esta se desequilibro y Marrina, le dio el golpe de gracia de un potente impacta al saltar sobre su pecho. La anfibia le dio las gracias a Estrella del Norte, con un gesto de su cara.

Tras una acrobática voltereta, Puck dio con sus pies en la nieve y su mirada buscó a Ave Nevada. La semidiosa no había participado en el combate y no la localizaba.

— ¿Dónde estás, Narya?—se preguntó con todos sus sentidos alerta.

Al fin la vio. Unas arrugas se formaron en su frente al verla introducirse en la entrada de la estructura. ¿Qué demonios hacía?


Ave Nevada penetró en su interior caminando. La maldad y la esencia de esa maldad eran muy evidentes para ella, tanto que incluso le era dolorosa, pero no se detendría. No ahora. Un coloso se alzaba impidiéndole el paso. Era un gigante peludo con brillantes ojos rojos. Lo reconoció, pertenecía a la raza de los Mahoni, gigantes antropófagos y malvados.

Los ojos negros de la semi-diosa del norte destellaron y su cuerpo adoptó la forma de una gigantesca lechuza blanca. El pico voraz de la lechuza picoteó hasta perforar el corazón del gigante y hacerle caer con el pecho chorreando de sangre.
Aleteando llegó al corazón de la bóveda y se quedó petrificada ante lo que contempló. Una columna hecha con cráneos y huesos humanos simulaba la figura de un tótem. En lo alto del mismo, se hallaba Talismán, inmovilizada, y en apariencia sin sentido. Sintió un estremecimiento en su mismo corazón cuando de entre las sombras más oscuras surgió una forma. El anciano hizo una mueca desagradable ante su presencia.

—Narya, hija de Nelvana, te reconocería bajo cualquier disfraz. Has venido a detenerme y pobre de ti, porque ya nada lo ha de lograr.

El hombre se movió y observó, que si bien en una mano se apoyaba en un nudoso bastón ceremonial, en la otra, sujetaba un cráneo de un caribú, con largos y retorcidos cuernos. Supo de inmediato lo que era. El “Aarthi", la máscara del primer shaman. Y presa del miedo y de la furia, voló contra el con todas sus fuerzas. Casi como si se moviese a cámara lenta, movió su bastón y con una rapidez asombrosa, atravesó el ala de la lechuza gigantesca. Clavándole la punta del bastón. Ave Nevada entre dolores, retornó a su forma humana y este la clavó a la pared de la bóveda.

—Y ahora, veo tu debilidad, eres medio humana, y como tal, nunca tuviste ninguna posibilidad contra mí, ¡es hora de morir…!

Una descarga electromagnética estalló a escasos centímetros de donde se encontraba. Se giró y vio al resto de los Alpha Flight. Vindicator, presta a descargar un nuevo disparo, se encaró a él.

—Antes tendrás que pasar por encima de nuestros cadáveres, amigo—dijo Vindicator con decisión.

Mostró una dentadura putrefacta ante la amenaza. Se colocó el cráneo de caribú y este dio la impresión de fusionarse con su rostro. En pocos segundos, su cuerpo se realzó, haciéndose más fuerte y alto, dando la sensación de que el poder lo envolvía. Creyeron empequeñecer y él, agrandarse.

— ¡Sea pues! Moriréis a manos de ¡Ranark el Devastador!

Continuará…

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Referencias:
1 .- Como vimos en el número anterior.
2 .- Se refiere, como no, al Crepúsculo de los Dioses.
3 .- Al final del número anterior, Shaman indicó a Ave Nevada que llevaría al joven a ese lugar.

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