Alpha Flight nº07


Título: El Antiguo Enemigo (II)
Autor: Miguel Ángel Naharro
Portada: Santiago Ramos
Publicado en: Diciembre 2016

Shaman y su alumno, Jason Nightwind, el portador del espíritu cuervo, tienen que prepararse tanto mental como espiritualmente para el enfrentamiento con Ranark el Devastador ¿Será ya demasiado tarde para Alpha Flight y para el mundo?
Unidos para derrotar a las amenazas que sobrevienen sobre su país y más allá. Son los defensores de Canadá: ¡Vindicator! ¡Puck! ¡Ave Nevada! ¡Sasquatch! ¡Lobezno! ¡Shaman! ¡Aurora! ¡Estrella del Norte! ¡Tormenta! ¡Marrina!
Stan Lee y Action Tales presentan: Alpha Flight

Creado por John Byrne

 






La tormenta de nieve y hielo apareció de la nada, nadie pareció prevenir su formación ni lo terrible de su impacto. Los vientos helados golpeaban, arrancando fragmentos de los techos de las casas, el frío
fue tan intenso que daba la impresión de helar las mismísimas almas. El hielo se clavaba en la piel y en la carne al igual que cuchillas afiladas, si te atrevías a salir al descubierto. Un aullido clamoroso y atronador, en el mismo centro del fenómeno formaba unos rasgos endemoniados que estremecían. Y luego estaban las sombras burlonas, que surgieron del corazón de la tormenta, atacando a cada hombre, mujer y niño que encontraban.
La policía y el ejército canadiense se encontraba atónito,  sin saber cómo reaccionar ante lo que sucedía. Disparaban a las espectrales sombras, que los atravesaban, dejándoles con un miedo atroz, acompañado de un frío tan intenso que en pocos momentos morían de frío y de puro terror.
Al igual que los seres grotescos y aberrantes que al igual que plagas de langostas se lanzaban sobre los edificios, trepando hasta llegar a los apartamentos para masacrar a sus víctimas, e incluso hacer estrellar a aviones o helicópteros que se encontrasen a su alcance.
 
El caos se desplegaba por las extensas regiones, llenando de una desolación terrible, cuando el hielo ancestral, surgidos de los primeras glaciaciones, se extendía formando inmensos bloques y monolitos de hielo que destruían todo allá donde aparecían.
En algunas zonas del país, criaturas surgidas de los antiguos mitos y leyendas aparecían, haciendo realidad el mito.
 
Los habitantes de una pequeña ciudad, morían bajo terribles estertores, con espuma asomando por la boca, al ritmo de una voz cantando y bailando danzas rituales de muerte, golpeando, un pequeño que no dejaba de sonar. Una criatura esquelética, una niña de aspecto frágil, pálida, de color ceniciento, que iba vestida con harapos de piel de ciervo. Allá por donde caminaba, traía consigo la enfermedad y la muerte. Su sombra caía sobre las desprevenidas personas que no sabían que la muerte venia a por  ellos.
 
Había comenzado. Y los dioses del norte se lamentaron y lloraron lágrimas de sangre.



Shaman en posición concentrada, con las piernas cruzadas y los brazos extendidos y las palmas de sus manos abiertas, recitaba unas antiguas palabras, de una vieja oración de su pueblo. El fuego de la
higuera, crepitaba con llamas azuladas, del que brotaba una cada vez más espesa nube de humo. Detrás de él, a poca distancia, observando en silencio, intentando comprender por completo el ritual al que asistía, se encontraba Jason Nightwind. El cuervo revoloteaba y graznaba de manera insistente. Daba la impresión de estar inquieto por algo. Al igual que el joven. Había sido todo tan brusco. Descubrir que era el portador del espíritu cuervo, predicho por las leyendas y con habilidades innatas para lo místico. Y por si eso fuese poco, tener la responsabilidad de poder ser capaz de enfrentarse a un ente maligno, un enemigo ancestral que mantenía preocupado a Shaman desde que comenzó a entrenarle meses atrás. Si bien en el plano terrenal apenas habían pasado unas semanas, el tiempo transcurría muy diferente en los planes astrales y llevaba meses enteros afilando y puliendo sus habilidades. ¿Sería suficiente? Ni siquiera su mentor tenía la certeza de quien o que era ese enemigo al que tenían que hacer frente.
Primero no fue consciente de su presencia, después, se le erizaron los pelos de la nuca y sintió como si una pequeña corriente eléctrica le recorriese. Y entonces. Los vio. Sus formas eran difusas, translucidas, apenas una imagen borrosa e intermitente. Pero estaban allí. Hombres de diversos pueblos de los nativos americanos. Sus rostros serenos y serios, y en  cierta manera, inquietantes.
 —Apelo a vuestra sabiduría, oh, mis ancestros, los hombres-medicina desde el inicio de los tiempos—dijo Shaman entornando los ojos—. ¿Quién es el enemigo al que tenemos que enfrentarnos?
Una ligera brisa los sacudió y los espíritus de los shamanes los rodearon. Eran innumerables. Y su conocimiento era tal, que desbordaba cualquier imaginación que se pudiese concebir.  Fue en ese momento, cuando todos al mismo instante concentraron su mirada en Michael Twoyoungmen, con sus ojos muertos, blancos y acuosos, sus figuras se retorcían y se mecían. Eran apenas meros ecos de las personas que fueron en vida, aún así, su voz la oyeron con fuerza, tronando en sus mentes y resonando en sus pensamientos.

« —Lo conociste con anterioridad. Si bien, no fuiste consciente de su verdadera naturaleza. Se trataba de un antiguo Shaman que vivió hace más de mil años. En un principio era un gran hombre-medicina, querido y respectado por muchas tribus. Era un curandero y un sanador. Todos le admiraban y veneraban. Nadie ponía en cuestión su sabiduría y su honor. Hasta que se vio cegado por el ansia de  más conocimientos y el saber del mundo espiritual y sus secretos. Quiso aprender todos los
encantamientos y sortilegios, cualquier método que lo condujese a su creciente sed de poder, sin importarle que tenía que hacer para conseguirlo. Ante la mirada triste de sus amigos y familiares, se  volvió taciturno y cruel. Comenzando a hacer prácticas prohibidas con las artes oscuras, llegando a hacer tratos con espíritus oscuros y demoniacos conocidos como los Anaye.  Su ambición había roto cualquier ley y los sagrados pactos que impedían que los meros mortales tratasen con seres oscuros. Se tomó una decisión. Un conclave reunido de los más poderosos shamanes de cada una de las tribus del norte, se reunieron y decidieron detenerlo de una vez y por todas. Se enfrentaron en una terrible batalla y sangrienta, que sacudió Tierra, mar y aire.  Ni con todas sus habilidades unidas, tenían el poder de vencerlo, por lo que solo consiguieron aprisionarlo. Su misma esencia fue encerrada para siempre en una vasija encantada, que ocultaron en una cuerva protegida por encantamientos… Hasta que un día, un hombre-medicina todavía inexperto, lo liberó…  ».

Los espíritus ancestrales, se callaron, con un silencio que señalaba de manera acusadora.  Shaman agachó la cabeza avergonzado. Su semblante tenía una mezcla de culpa y pesar. Comprendió de inmediato a quien se referían.

—Entonces, se trata de Ranark…—pronunció de manera casi inaudible.

Tiempo atrás, cuando su camino como hombre-medicina y como Shaman apenas acababa de comenzar, dio con la cueva, repleta de objetos y tótems poseedores de un poder que le embriagaron. Por accidente, al no saber con los poderes que estaba tratando, liberó a Ranark, se mostró como una amenaza y sólo con la ayuda de sus compañeros de Alpha Flight y el miembro de los Cuatro Fantásticos, la Cosa, lograron detenerle (1). Encerrándolo de nuevo, en un sitio oculto, situado fuera de los límites de este mundo. Si era cierto lo que le contó su abuelo fallecido, una crisis, una guerra entre los dioses lo había cambiado todo. Las energías místicas que rodeaban el plano mortal se habían transformado, cambiado… Tenía que haber sido más responsable, saber lo que podía suceder. ¿Por qué no fue capaz de ver lo que tenía enfrente suyo? Ahora un error del pasado regresaba y nadie era capaz de predecir lo que sucedería a continuación.

— Ranark el Devastador, es mi penitencia y seré yo el que corrija este terrible error, ancestros míos. Será mi carga y moriré por ella, si es preciso.
 
Un rumor, similar a un gemido aullante y terrible surgió de los predecesores de Shaman. Movieron sus rostros, cada vez menos visibles en una dirección.
 
« —Tú no, ha de ser él, o no tendréis esperanza alguna de vencerle»
Jason se echó hacia atrás, tembloroso, con miedo de lo que creía haber escuchado. El cuervo dejó de revolotear y se posó en su brazo, alzó las alas y sus ojos brillaron como ascuas encendidas.
 
 
—Es todavía muy joven e inexperto…—alcanzó a decir Shaman, sin apartar la vista de la comitiva espectral que lo envolvía allá hasta donde alcanzaba su vista.
 
« —Por eso, debes permanecer a su lado, guiar su mano, su mente. El Devastador es más terrible y poderoso de lo que fue nunca. Se alimenta al igual que una sanguijuela de la energía mística ambiental que ahora rodea la Tierra de los vivos. Pronto, será invencible y tan fuerte que ni los mismos dioses se atreverán a desafiarle. Debes de apresurarte»


Michael Twoyoungmen parpadeó. Ya no se hallaba en el paramo de las tierras baldías. Era un lugar
mucho más terrible y siniestro. El puro mal se respiraba en el maloliente aire que entraba en sus pulmones. Así como la desesperación le embargaba al caminar por el serpenteante camino que le conducía a una construcción más antigua que  el mismo mundo e igual de vieja que la creación.
Una bandada de gigantescos pájaros salió volando hacia el cielo desde las cumbres de las altas montañas que los rodeaban. Dejando un rastro de rayos y truenos, que iluminaban con más claridad, la tenue luminosidad rojiza que era la única luz del desolado lugar.
 
Oyó unos sonidos. Eran unas fuertes pezuñas, pisando con fuerza y tronando. Agrietando el suelo en cada paso. Un resoplido gigantesco lo puso en alerta.
Un monstruoso antílope gigante, con ojos llenos de odio y para su sorpresa, parecían muy humanos, masticaba algo, arrancándolo con sus dientes. El espanto de Shaman creció por momentos al ser consciente de lo que sucedía. Recorrió con la mirada los cadáveres esparcidos por el suelo. Mutilados y con las entrañas desparramadas por la tierra ya teñida de sangre. El enorme animal, tiró de un músculo de un brazo seccionado y lo engulló en tres mordiscos.  Se dio cuenta que no estaban solos. Una mujer y un anciano corrían intentando sortear los montículos de cuerpos amontonados, que servían de alimento a la bestia, como la hierba lo hacía a un herbívoro, solo que la criatura era devoradora de carne. De carne humana. Lo reconoció de las viejas historias. Era Delgeth, uno de los Anaye.
 
La bestia se puso en movimiento, arrastrando su pesada masa, aplastando huesos y astillando cráneos con sus poderosas pezuñas. Michael corrió hacía las victimas que huían de manera desesperada. El más viejo, no pudo seguir el ritmo y trastabilló con los restos de un cuerpo medio devorado, cayó y gritó cuando el antílope le partió en dos con su voraz mandíbula, salpicando de sangre a la mujer que le acompañaba. Lo devoró con saña. Shaman se interpuso en su camino, colocándose delante de la mujer, una joven apenas cubierta por unas pieles.
 
La apartó justo en el instante en el que el animal salvaje los iba a arrollar. Él saltó sobre  el lomo de la criatura, que se revolvió con furia. Nada pudo hacer para evitar ser lanzado por el aire, cayendo en medio de cuerpos con los huesos roídos y los rostros medio devoradores de hombres, mujeres y niños.
La mujer se detuvo ante Delgeth y en ese momento, la forma de la mujer se retorció, sus huesos crujieron, su carne se desgarró, hasta tornarse en una apariencia muy diferente y terrible. Varias patas aracnoides surgieron de su espalda y su torso y el unas mandíbulas y ocho ojos malévolos lo miraron con burla.  Debía de tratarse de  Naste Estan “la Mujer-Araña”. Era la madre de los Anaye, los espíritus malvados y terribles que temían todos los nativos del continente e incluso se decía, que los mismos dioses.
 
Un rugido creó un pequeño terremoto, y una de las construcciones se desmoronó ante la irrupción de un colosal y titánico cuerpo, cuya figura lo ocultaba todo. El jefe de los Anaye había hecho por fin su aparición, Yeitso, el gigante.
 
El gigante monstruoso alzó sus brazos inmensos, dando la impresión de intentar abarcar algo que flotaba de manera difusa sobre ellos. Era una esfera, la Tierra. Sus garras la desgarraron y la despedazaron en apenas unos instantes.
Su cuerpo comenzó a calentarse, su piel a enrojecer y llenarse de quemaduras, mientras sus músculos, su carne hervía. Le estallaron los globos oculares, su lengua se convirtió en ceniza, al tiempo que su mismo ser se desintegraba, siendo borrado de la mismísima existencia…



 
Shaman volvió a estar frente al fuego. Los rostros de sus ancestros, lo miraron con pesar y con cierta lástima. Le enseñaron lo que pasaría si el enemigo salía triunfante.

Una ráfaga de viento y simplemente, ya no se encontraban allí. Desvanecidos. De regreso al mundo de los espíritus donde residían sus almas. 
Shaman se levantó, y se dio la vuelta con decisión. Recogió un petate que tenía cerca de la hoguera y se lo lanzó. Jason lo agarró y con el ceño fruncido lo desenvolvió. Eran unas ropas. Un traje ceremonial. Su mentor se volvió hacía su bolsa mística y introdujo su mano hasta el codo, pareciendo que se lo habían amputado. Al muchacho todavía le daban escalofríos cuando lo veía hacer algo semejante. Extrajo algo de su interior. Era un bastón, un cayado de hombre medicina, terminado en una talladura que representaba a la perfección la cabeza de un cuervo. Un graznido del pájaro dio la sensación de que se hallaba satisfecho. El chico lo sujetó con firmeza y a pesar de sus temores, se sintió con seguridad, y un valor fue creciendo dentro de él.
 
—El espíritu debe volar al fin —indicó Shaman formando con sus dedos un símbolo en el aire.



En la bóveda interior del  sagrado santuario Sarcee, un vórtice se fue formando, y dos figuras surgieron de su interior. Tardaron apenas unos segundos en ponerse en alerta. Shaman reconoció el sitio en el que se hallaban y maldijo entre dientes, al ser consciente que el suelo sagrado había sido objeto de una perversión sin límites. Y Jason Nightwind tragó saliva y se apoyó en su cayado, el cuervo voló de su lado y subió por el techo de roca y piedra.
Algo rozó el pie de Shaman. Una expresión de perplejidad asomó en su rostro al bajar la mirada.

—M-Michael, huye…
 
Era Narya. Ave Nevada. Su aspecto era desolador, delgada hasta casi ser un esqueleto viviente, raquítica y apenas con vida. Apesadumbrado, creyó discernir más formas en la oscuridad. Con un rápido movimiento, sacó unas hojas de una planta de su bolsa mágica y se iluminó todo el lugar. Deseó no haberlo hecho jamás. Diseminados por diferentes puntos del interior de la construcción, se encontraban ensangrentados y con aspecto moribundo, los cuerpos de sus compañeros de Alpha Flight. Sus ojos en blanco y sus gestos de puro pavor no dejaban lugar a dudas: Puck, Estrella del Norte, Aurora, Marrina, Sasquatch, Tormenta y Lobezno yacían ¿muertos? A su alrededor.
Una carcajada repulsiva y nauseabunda resonó por la bóveda. Una mano engarfiada, sujetaba por el cabello sucio y lleno de sangre reseca a su hija, a Elisabeth. Un constante goteo de sangre salpicaba el suelo. Se movía, así que seguía viva.
Ranark alzó su mirada y el cráneo de caribú que ocultaba su rostro no evito sentir que una sonrisa malévola se formaba tras ella.
 
—Al fin un digno rival para intentar defender este patético mundo… Has llegado tarde, último
Shaman de los Sarcee, tus amigos han pagado el precio… Y ahora es tu turno…
 
Le clavó una mirada llena de odio y dio unos pasos, hacía su encuentro. La rabia le dominaba.
 
 —Solo uno de nosotros saldrá con vida de aquí, lo juro por mis amigos, por mi familia y mis ancestros. Vas a desear haberte quedado en ese abismo insondable del que volviste ¡Prepárate para tu rito final!




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Referencias:
1 .-Hace mucho tiempo, en la serie de Marvel Two In One.

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