Guardianes de la Galaxia nº01

Título: Lo desconocido (I)
Autor: Miguel Ángel Naharro
Portada: Juanma  Aguilera
Publicado en: Abril 2017

¡Nueva serie!¡Vuelven los héroes cósmicos! Starlord! ¡Drax el Destructor! ¡Mapache Cohete!¡Gamora! ¡Groot! ¡Quasar, el vengador cósmico! ¡Bicho! ¡la centurión Nova Ko-Rel! ¿Qué terrible amenaza hará unir fuerzas a tan dispares personajes? ¡Descúbrelo!
Cuando el universo es amenazado, es necesario que un curioso grupo de héroes se reúna para enfrentarse a todos los peligros que acechan en el cosmos
Creados por Arnold Drake y Gene Colan


Planeta Selandiar, sede del parlamento intergaláctico. Las culturas civilizadas del espacio conocido de al menos ocho galaxias.

En el gran salón se reúnen los representantes de los grandes gobiernos galácticos para decidir los temas de intereses comunes y las disputas territoriales. La Majestrix del Imperio Shi'ar, Lilandra Neramani era la rectora del consejo, como líder del imperio más poderoso allí representado.

Los diferentes consejeros y observadores atendían los problemas que concernían a cada uno de los sistemas y gobiernos, de los distintos imperios.

En ese momento, era el turno de palabra Lord Armageddon, líder de la raza de los Troyanos, para discutir un conflicto sobre una disputa territorial con los Kymellianos.

Alejado del atril, en uno de los balcones del amplio parlamento, un hombre observaba con atención lo que sucedía. Llevaba una capa negro azulada, que al moverse, daba la sensación de que estrellas fluctuaban y brillaban en su interior. Su traje rojo y azul oscuro, con el símbolo de una estrella en el pecho. Su cabeza se hallaba cubierta por una capucha también azul, su cabello era rubio, al igual que la barba que lucía. Un aspecto muy diferente al Wendell Vaughn que había abandonado meses atrás la Tierra.

Quasar se acarició su barba pensativo, a la que todavía le costaba acostumbrarse. Recordaba cómo se ofreció voluntario para esta misión, y no dejaba de preguntarse si algún día llegaría a completarla. Intentar establecer alianzas con otras razas, y que la tierra no pueda estar siempre sujeta continuamente a los designios de un Concilio Intergaláctico cuando es considerada una amenaza y en cambio ser ignorada cuando está en peligro... El Caballero Negro, como presidente de los Vengadores (1), le designó como embajador de los Vengadores y la Tierra. La idea era alguien que los representase en la galaxia y que abriese camino. Estaba en una misión diplomática que podía ser de vital interés para la tierra y sus compañeros Vengadores. Quizás para el propio Universo. Ha intentado establecer alianzas y tener contactos con diversas facciones, logrando poco o escaso interés. Por más que su título como protector del Universo le abriese puertas, para muchos de los grandes poderes galácticos, el planeta Tierra era solo una mota de polvo en el inmenso mar del cosmos.

—Quasar, protector del Universo.

Se giró y vio frente a él a Lilandra, líder de los Shi'ar, siempre escoltada por Gladiador, el super poderoso pretor de la Guardia Imperial. Lo miró sin mover ni un músculo. Quasar estaba seguro que todavía le guardaba rencor de cuando él y los Vengadores se entrometieron en su guerra contra los Kree.

—Emperatriz, que inesperada sorpresa—dijo Quasar intentando sonreír, mientras saludaba cortésmente.

—Apreció mucho a tu mundo ¿sabes?, viví allí una temporada y tengo amigos. Tu misión es complicada, pero no debes desesperar. ¿Con quienes has llegado a acuerdos hasta ahora?

El vengador cósmico resopló, y echó una mirada al vasto consejo galáctico.

—Los Centaurianos, los Xandarianos, e increíblemente los Skrull, se han mostrado receptivos. Me resulta difícil confiar en ellos, aunque parece que todo indica que su política es cierta. El Imperio Skrull tiene una nueva dirección, ya no son un imperio expansionista ni conquistador ¡hasta tienen una embajada en mi planeta! (2)

Lilandra se aferró su vara de mando y asintió.

—Poco a poco acabarán viendo el potencial de los terrestres—comentó la Majestrix—Y quién sabe, puede que algún día, tu pueblo tenga un sitio en este consejo. Piensa en esa meta y no desfallezcas en tu empeño.

Un embajador se le acercó y le susurró algo al oído. Asintió y se volvió hacía el terrestre.

—Me temo que asuntos urgentes me reclaman. Espero que volvamos a vernos, Quasar.

Este asintió y con un gesto se despidió de la Shi'ar. Gladiador le miró por encima del hombro algo despectivo antes de marcharse.

Quasar notó una sensación y sus brazaletes quánticos destellaron un segundo. Habían detectado una extraña fluctuación. Sonrió. No era solo embajador de los Vengadores, seguía siendo el protector del Universo. Se desplazó por un turbo-elevador hasta llegar a una de las altas torres de la cúpula. Un aura dorada de energía lo rodeó y salió despedido hasta el vacío espacial. Enseguida se alejó a una velocidad increíble, con varios saltos quánticos puso años luz de distancia entre parlamento intergaláctico y él.

La figura del vengador apareció cruzando una nebulosa y oteó en el amplio espacio, divisando algo. Eran dos naves, una acoplada a la otra. La onda de energía extraña era captada por sus bandas en las inmediaciones, pero no era de ninguna de las naves a la vista.

Con curiosidad, se propulsó con un campo quántico hacía las naves.


Viajeros de los confines más diversos de las galaxias conocidas se podían encontrar en la Estrella Blanca. Se trataba de un popular local situado en la colonia de Sharagar, en un sistema binario que confluía con diversas rutas interestelares. Era un lugar de reunión, de descanso, un hogar lejos del hogar, donde se relajaban y olvidaban sus problemas por un pequeño espacio de tiempo sus numerosos visitantes. Quienes lo visitaban eran viajeros de razas de mundos y culturas dispares. Un ser gelatinoso cantaba una armoniosa melodía por sus diferentes bocas, mientras su forma fluctuaba, se agrandaba y se retorcía, en el escenario. Los clientes observaban el espectáculo, bebían, reían o conversaban entre ellos. El ambiente era diverso y extraño en a la vez, una curiosa mezcla de las diferentes culturas de las que se nutría la Estrella Blanca. Skrulls, Rigelianos, Kymellianos, Aakones, Krylorianos, Badoon y muchas otras razas más eran parte del paisaje habitual.

En una parte del local, allá donde se situaba la barra, donde se servían toda clase de exóticas bebidas, a cual más extraña, un grupo de personas se habían juntado expectantes y atentas a un curioso personaje. A ojos de un terrícola, se tararía de un simple mapache erguido y con ropa, pero era nada más y menos que el alienígena conocido como Mapache Cohete. Encima de la barra del bar, y con una jarra de un líquido espumoso y verde, que no dejaba de humear, se movía hacía su público.

— ¡Es cierto, caballeros! ¡Allí estaba yo, al frente de mis tropas! enfrentándome a los esbirros de Jakes, junto a mi fiel escudero terrestre Hulk y mi amigo Mor. El piel verde tenía miedo, pero con mis inspiradoras palabras le insuflé valor y juntos ¡acabamos con esos desgraciados!(3)—exclamó Mapache Cohete, justo antes de darle un largo trago a su bebida.

— ¿Qué es un Hulk? —preguntó con intriga, un ser grotesco, con un solo ojo, y del que surgían docenas de pseudópodos que usaba para sujetar copas y vasos de diversas bebidas y platos con comida.

—Un gigante verde furioso y que es capaz de aplastar naves de metal con solo sus manos desnudas—aclaró Mapache—. Aunque hasta él se quedo sorprendido de mi liderazgo y mis habilidades de combate. No es de extrañar ¡el talento de Mapache Cohete es legendario!

— Más o menos como tus borracheras…—afirmó con burla un alienígena de cuatro brazos y piel roja.

Mapache saltó como un resorte, se lanzó sobre él, y sujetó al alienígena de su camisa, acercándolo, y quedando cara a cara.

— ¿Te estás burlando de mí? No hay nada que odie más que la gente que se ríe a mis espaldas, eso hace que me hierva la sangre ¿sabes? Y cuando ocurre eso se me nubla la razón y hago locuras ¿quieres que eso ocurra?

— N-no—contestó el roviliano, tragando saliva.

— Bien, bien ¿por dónde íbamos? Ah, sí, ¡camarero, un combinado de Mutara Cinco!

Dos hombrecillos de piel verdosa y escamosa, con unos llamativos ojos saltones se acercaron a Mapache.

—Si lo que cuentas en tu historia es verdad… Podrías adiestrarnos, Mapache. Los Hombres Sapo se han encontrado con el terrestre llamado Hulk en el pasado, y si fuiste capaz de tenerlo bajo control ¡debes ser un guerrero extraordinario!

Mapache carraspeó un poco.

—Hmmmm, por supuesto, todo es negociable en esta vida—comentó, antes de darle un nuevo trago a la bebida que le acababan de traer.

—Os está tomando el pelo. Es un charlatán. He combatido contra y con Hulk, y ese no dudaría ni medio segundo frente a él.

La voz procedía de una parte de la barra un poco más alejada y envuelta en sombras.

— ¿Me estas llamando mentiroso?—espetó enfadado Mapache, que a continuación sacó un enorme fusil de partículas y mostró sus dientes.

—Lo eres.

Quien hablaba se adelantó y todos pudieron verla. Era una mujer esbelta, de piel de jade, cubierto su cuerpo con un traje de combate. Su cabello negro-verdoso, caía en cascada hasta sus hombros. Sus ojos parecían atravesar con su mirada letal e inquietante al pequeño alienígena. En su cadera llevaba una espada, y de su espalda colgaba un bastón de combate. Retrocedieron asustados y temerosos al contemplarla. Parecía que hubiesen visto un fantasma, pues sus rostros palidecieron.

Mapache Cohete entornó los ojos, sin entender nada.

— ¿Qué demonios os pasa? ¿Por qué le tenéis miedo?

Uno de los clientes, un kree gordinflón y con los dedos repletos de anillos enjoyados, se limpió el sudor que le perlaba la frente, y se inclinó hacía él.

— ¿No sabes quién es? Es Gamora, la mujer más peligrosa del universo—dijo el kree, temblando de manera ostensible.

La mujer se acercó y después pasó su atención a la barra, donde dejó su copa.

—Así que Gamora ¿he?, pues parecías más un cuento para asustar a niños que otra cosa…—observó

Mapache, sin alterarse lo más mínimo.

Gamora soltó una pequeña sonrisa.

—Desde luego, o eres muy valiente o un imbécil—dijo ella.

— ¡Yo soy Groot!

La guerrera, así como el resto de clientes, volvieron la cabeza para contemplar a un gigantesco humanoide que parecía semejante a un árbol, una criatura de origen vegetal que imponía con sus más de tres metros de altura.

Gamora desenvainó su espada y lo señaló.

— ¿Qué es eso? —dijo alzando una ceja y sin quitarle ojo de encima.

El ser arbóreo dio dos grandes zancadas y su sombra se proyectó sobre la mujer.

— ¡Yo soy Groot!

—Dice que él estuvo en la Tierra también y que no deberías tomarme a la ligera—Comentó Mapache, divertido—.Es Groot, por cierto.

Como para recalcarlo, la criatura vegetal volvió a repetir su nombre de nuevo. A pesar de su aspecto, no parecía peligrosa, así que Gamora guardó de nuevo su arma.

—Quiere que sepas que es Groot, monarca del Planeta-X y señor de la madera de toda la galaxia—dijo Mapache.

Gamora frunció el ceño.

— ¿Seguro que dice eso? Solo repite su nombre una y otra vez… ¿No me estarás engañando?—observó ella con rostro serio.

El alienígena antropomorfo se encogió de hombros.

—Solo unos pocos privilegiados entendemos su extraño dialecto…





Una nave transitaba por el subespacio a la máxima velocidad que le era posible. No era una nave cualquiera, se trataba de la nave sentiente perteneciente a Starlord, el llamado señor de las estrellas.

— Nave, ¿Cuánto queda para llegar a nuestro destino? — preguntó Peter Quill, más conocido como Starlord.

— El viaje en el subespacio terminará exactamente en diez horas, veinte minutos, 20 segundos, Peter—contestó la voz femenina que representaba a la inteligencia artificial de Nave.

Starlord se removió inquieto. El viaje se la estaba haciendo especialmente largo. Eso y la impaciencia por llegar y poder llegar a la colonia de Riva.

— Detecto una señal no identificada— Indicó de repente Nave.

— Trata de determinar su origen—contestó el mitad humano, mitad Spartoi.

— Se trata de una comunicación de emergencia de una nave Kolarita—anunció la voz de nave.

— No podemos no atender su llamada de auxilio. Vayamos a su encuentro— observó Starlord.


Nave empezó a oscilar, girando sobre sí misma y toda estructura metálica comenzó a chirriar al detenerse para salir del subespacio de manera brusca. Era una maniobra difícil, Starlord temió que no lo soportase. Pero el avanzado vehículo se sobrepuso y se detuvo activando los retro-propulsores de emergencia.

Varios paneles explotaron, de inmediato, los extintores automáticos acabaron con el pequeño incendio.

Starlord y Nave gritaron al unísono. Era el lazo empático que compartían ambos. Lo que sentía uno lo sentía el otro, incluido el dolor.

— ¿Qué ha ocurrido, Nave?— dijo apretando los dientes.

— Tenemos averías en diversos sistemas, nada grave, pero tendremos que hacer unas reparaciones de emergencia—observó Nave.

— ¡Maldita sea! ¿Puedes decirme al menos qué demonios que es lo que sucede?

Enfrente apareció una atractiva y hermosa forma femenina. Era una representación holográfica de Nave.

— Tranquilízate, Peter—comentó Nave, con voz conciliadora.

Una pantalla holográfica se activó, pudiendo contemplar una imagen en tres dimensiones donde aparecía la nave kolarita. Parecía flotando solitaria, a la deriva, sin control alguno.

—Informe táctico—ordenó Starlord.

Solo unos segundos más tardes, aparecieron los datos tácticos y características de la nave.

—Un crucero de investigación de clase Astric. Setenta y cinco tripulantes.

Starlord respiró hondo, se preparó sus pistolas y su casco, mientras su cerebro trabajaba a toda velocidad.

—Inicia las reparaciones mientras voy a echar un vistazo.

— Ten cuidado, Peter. Puede ser peligroso.

Mientras accedía a la compuerta de la exclusa que se acababa de acoplar al crucero, sonrió a la imagen holográfica de Nave.

— ¿Qué es la vida sin riesgo? —bromeó Starlord acercándose a su objetivo.


Una vez se cerraron las compuertas tras él, se internó con precaución por los pasadizos de la nave. Apenas una leve luminosidad, de las luces de emergencia le permitía ver algo. Sus botas magnéticas se activaron, fijando sus pies al suelo, pues había fugas de gravedad en la estructura general.

Dentro de su casco, abrió mucho los ojos al contemplar si dar crédito, a cuerpos muertos de la tripulación. Muertos y atacados con una violencia inusitada.

—Esto es terrible… Esto no me gusta nada, Nave, mantén tus sensores en alerta—indicó Peter Quill.

—Ya está hecho, Peter.

Decidió tratar de llegar el puente, sin dejar de tropezarse por el camino, con los restos cruelmente asesinados de los tripulantes. Esto no le gustaba nada, pero tenía que averiguar qué había sucedido.

Accionó el mecanismo de apertura de las compuertas del puente y vio que el capitán permanecía en su puesto, colgando como un muñeco roto, con un disparo en la cabeza. A diferencia del resto de cuerpos encontrados, este parecía estar más intacto ¿quizás lo necesitasen vivo más tiempo? Se acercó al panel de control y accedió a los datos de la nave. El último acceso indicaba unas coordenadas concretas, pero no eran las trazadas en el rumbo oficial de la ruta que llevaba el crucero. Puede que fueran lo que buscaban los atacantes ¿pero qué significaba?

Escuchó un zumbido en su casco. En el visor del casco comenzaron a salir toda clase de datos incomprensibles.

De inmediato, haces de energía se formaron, creando algún tipo de disrupción, de donde emergieron varias extrañas formas. Eran seres mecanoides, con un armazón alargado, seis patas aracnoides, dos espolones en la parte superior, un largo cuello, terminado un una cabeza con un solo ojo luminoso, que brillaba con una luz roja intermitente. Arrojaron rayos de plasma, que esquivó como pudo. Vio con sorpresa, como sus sensores le informaban que otras disrupciones se formaban por otras partes de la nave.

Starlord disparó su pistola elemental. Sólo tuvo que concentrarse y dejar que el poder fluyese a través del arma, del cañón de la misma surgió una columna de fuego que impactó contra una de las criaturas robóticas.

Saltó por encima de otra, disparando un haz congelador que le inmovilizó las patas traseras, derribándolo sobre otro de su misma clase.

Logró salir del puente, eludiendo las descargas de plasma que la lanzaban.

Sin descanso, contraatacó con sus pistolas, formando un pequeño torbellino con ambas, hizo que chocaran entre sí.

— ¡Dime que has logrado reparar las averías, Nave!—gritó a través del canal de comunicaciones.

Sin dejar de disparar, se fijó en que tenían toda clase de tamaños, los había tan pequeños como una pelota y tan grandes como una persona.

—Lo sistemas se encuentran al 75%, Peter. Los drones de asistencia casi lo tienen, Pero tenemos otro problema.

Fintando la cortante pata de metal de una de las criaturas, y haciéndole explotar la cabeza del robot con un potente y letal tiro, tuvo tiempo de preguntar.

— ¿Cuáles son las noticias?

—Ha aparecido una nueva nave.

Starlord bufó malhumorado, mientras rodaba por el suelo sin dejar de disparar.

—Esto cada vez se pone más interesante—dijo entre dientes.


En una realidad diferente a la nuestra, se halla el universo subatómico al que llaman el Microverso. Allí, el grupo de aventureros al que conocían como los Micronautas, se adentraban en una estructura mecánica y de alta tecnología que había aparecido de la nada entorno a su nave. El equipo lo formaban capitán Arturus Rann, Marioneta, Drax el Destructor y el insectívoro llamado Bicho. Llevaban todos ellos, menos Drax, equipo de gravedad cero.

—Esto no me gusta… Tik!—exclamó Bicho dando un salto para encaramarse a uno delos paneles del lugar.

El mastodonte esmeralda frunció el ceño con cara de pocos amigos, sin dejar de mirar a un lado y a otro.

—A Drax no le gusta Bicho y no se queja—apuntó el titán llamado Drax.

—Suerte la mía…Tik

El capitán Rann y Marioneta analizaban la extraña geometría del lugar, incomprensible para su entendimiento y que hacía que le doliesen los ojos si se fijaban demasiado.

—Es inmensa, parece una auténtica nave-mundo—observo Rann—. Aunque me es extrañamente familiar su configuración.

De repente, todo su se sacudió y oyeron un chirrido mecánico, cuando una gigantesca mano apresó al líder de los Micronautas.

—No es para menos, os encontráis en los dominios de ¡Psicoman!

Una inmensa figura recubierta de un exo-esqueleto apareció, sonriendo con malicia. Psicoman medía no menos de quince metros de altura y comenzó a reír a carcajadas.

—Te hemos vencido otras veces ¡y lo haremos de nuevo!—gritó Marioneta, disparando varias ráfagas con su pistola al gigante.

— ¡Drax! ¡Tenemos que rescatar capitán Rann…Tik! —dijo Bicho a su corpulento compañero.

Drax no se lo pensó mucho y se lanzó con todas sus fuerzas dispuesto a enfrentarse con Psicoman. El insectívoro le siguió detrás muy de cerca, preparando su lanza-cohete para usarla en cualquier momento.

— ¡Drax ayudará a su amigo!

Cuando el coloso estaba a punto de chocar con el gigante, de repente empezó a volverse transparente y su forma se difumino hasta desaparecer por completo. A su lado, Bicho se vio envuelto por el mismo y extraño efecto que lo afectó, hasta también desvanecerse en el aire, como por arte de magia.

— ¡Drax! ¡Bicho!—exclamó Marioneta estupefacta.

Aunque sus compañeros Micronautas no fuesen capaces de verlo, Drax no dejaba de aumentar su tamaño, hasta que el microverso fue sólo una mota de polvo en la lejanía. Drax se dio cuenta de que se encontraba en algún tipo de planetoide desolado y sin vida, sin atmósfera y donde podía contemplar las estrellas. Si su mente hubiese podido concentrarse, se hubiese dado cuenta de que había regresado a su universo.

— ¡Los amigos de Drax han desaparecido! ¡Drax está muy enfadado! — grito el behemot.

La furia de Drax se desató contra el planetoide, aplastó rocas, golpeó con todas sus fuerzas creando pequeños terremotos y formando auténticas montañas de escombros, hasta que su ira se calmó, mirando al firmamento. Ignorando que una pequeña figura se despertaba aturdido.

« Mi creación más perfecta, y a la vez la más fallida » — anunció una voz que parecía resonar en todas partes y en ninguna.

Muy confundido, Bicho se dio cuenta que también había sido transportado junto a su compañero. Se encontraba desorientado y con una extraña sensación que le era muy familiar. ¿Dónde estaban? ¿Y con quien hablaba Drax?

— ¿Quién habla a Drax? ¡Muéstrate!

De la misma sustancia de la que estaba formado el tiempo y el espacio comenzó a tomar forma y a plegarse sobre sí mismo hasta convertirse en una silueta imponente y majestuosa.

— A Drax le eres familiar—comentó, con la confusión reflejada en su tosco rostro.

La figura asintió y el poder surgió de entre sus dedos, creando una esfera luminosa donde aparecieron imágenes. Eran escenas que a Drax le trajeron dolorosos recuerdos y le costaba procesar.

¿Y cómo vas a olvidar a quien te devolvió del abismo? Estas ante Kronos. Arthur Douglas así te llamabas, hasta que mi descendiente Thanos [4], acabó con tu vida y mi poder hizo que tu espíritu infundiese vida a un cuerpo hecho con la misma sustancia del universo con la misión de detener al titán loco. [5]

El titán cerró los puños con furia, una ira sin límites lo dominó.

— Thanos…— gritó con reconocimiento Drax— ¡Drax odia a Thanos!

Fuiste un campeón ejemplar. Moriste por segunda vez y pareció que podías descansar en paz al fin. Pero Thanos regresó de entre los muertos y fue mi mano de nuevo la que te invocó a este plano de existencia. Más poderoso que nunca, pero con tu intelecto dañado y reducido al de un niño. [6]

Bicho observaba como un espectador silencioso la escena. No parecía prudente interrumpirles. Por lo que se mantuvo a la expectativa.

— ¡Drax debe volver con sus amigos!, ¡Tiene que salvarlos! —rugió Drax a Kronos.

No es posible. El destino te tiene reservadas hazañas más grandes. El universo se enfrenta a nuevas amenazas que puede destruir su frágil equilibrio, llegando a acabar con todo tal y como lo conocen. No puedo consentirlo. Debo reparar mis errores anteriores y para ello debes volver a ser tal y como eras.

— ¡¡No! ¡Drax quiere seguir su propio camino!

No puedo dejarte. Me temo que eso no es posible. Es hora de que Drax el Destructor vuelva a caminar por el cosmos—anunció Kronos abriendo una de sus manos.

Drax fue cubierto por un aire de luz que lo cegó todo a su alrededor. En apenas unos instantes, su cuerpo empezó a transformarse, siendo moldeado como si fuese de barro y tornándose en algo diferente a lo que antes era.

Había cambiado por completo. De la figura llena de músculos desproporcionados y mirada de niño ya no quedaba nada. En su lugar, un cuerpo fibrado y poderoso. La figura salió de las sombras, siendo iluminada por la luz de las estrellas. Parecía estar tallado, como una estatua, poderosa y majestuosa, pero en sus ojos profundos si mirabas con atrevimiento, podías perderte en ellos y sólo veías una cosa: «Muerte ».

— ¡El Destructor ha vuelto!—espetó enrabietado, alzando uno de sus puños, como desafiando a toda la creación.

Su vista bajó al cinturón del traje que Kronos le había enfundado. Dos cuchillos gemelos, largos y afilados descansaban allí. Drax los sostuvo en su mano, moviéndolos como un auténtico experto en su manejo.

Te he proporcionado nuevas armas. Están forjadas en el mismo corazón del nacimiento de las estrellas. Sus filos pueden atravesar cualquier cosa—le anunció Kronos—. Te ayudarán en tu misión.

— ¿Cual misión es esa? — preguntó el Destructor a su creador.

La entidad cósmica le observó durante un instante, antes de responder.

Lo sabrás cuando llegue el momento. Tu instinto te guiará, igual que siempre ha hecho. Debo dejarte. Sé que cumplirás con tu cometido o morirás en el intento.

Kronos desapareció, dejando a Drax en la inmensidad del planetoide. Se guardó sus nuevas armas, y entonces reparó en que no se encontraba solo. Su compañero de los Micronautas se hallaba allí. Unas arrugas aparecieron en su frente.



— ¡Por la fuerza enigma! ¡Eres un gigante!...Tik—exclamó alterado Bicho, cuando Drax se inclinó sobre él, para observarlo con curiosidad.

Una leve mueca, que podría interpretarse como una sonrisa, o un intento de la misma, se formó en su rostro. Lo levantó con una mano y lo colocó frente a él.

—Más bien te has quedado en tu tamaño natural. Parece que por casualidad, Kronos te trajo conmigo. Pero no has crecido para adaptarte a este universo.

— ¡Maldita sea! ¡Eso no es justo!... Tik.

Torció el gesto y lo dejó en el suelo de nuevo.

—No sé qué hacer contigo—comentó fijando la mirada de sus profundos ojos en él.

— ¿Hacer? ¡Iré contigo! Somos camaradas, tenemos que permanecer unidos ¿no crees?...Tik—comentó Bicho quitándose su casco y torciendo sus antenas, con cara de pena.

Drax miró a las estrellas durante lo que al micronauta le pareció una auténtica eternidad. Después le volvió a mirar.

—Ya no soy el Drax que conociste… Aún así, puedes venir conmigo, siempre que no molestes…

Bicho dio un salto de alegría, y con una hábil cabriola, se subió encima del hombro del titán, sujetando su lanza.

— ¡No te arrepentirás! Ni siquiera repararas en mi presencia, amigo…Tik

El destructor no dijo nada y comenzó a caminar en silencio, e intentando aislarse del parloteo de su hablador compañero. El universo ya no sería el mismo tras el regresó de su asesino más letal. Drax era la misma muerte, el asesino más grande del universo, una auténtica fuerza de la naturaleza, la muerte andante. Que los dioses se apiadasen de quien osase cruzarse en su camino.


Quasar sintió de inmediato que las señales energéticas se disparaban y sus bandas indicaban que aparecían y desaparecían en la nave más grande, la que permanecía a la deriva, al igual que un animal muerto flotando en el espacio. Dejó atrás su estela dorada mientras se acercaba al lugar, preparado para cualquier cosa. Algo le decía que estaba sucediendo más de lo que se veía a simple vista.

Las escalas de energía aumentaron cuando una fluctuación en el espacio, hizo formarse la silueta de una nueva y amenazadora nave. Había aparecido de repente ¿una nave camuflada?

El vengador cósmico se situó lo más cerca que pudo y pudo observar que la nave que se hallaba acoplada a la nave en apariencia averiada o fuera de funcionamiento, comenzó a ser atacada. Se formaban disrupciones a su alrededor, que sus bandas quánticas identificaron enseguida con las localizadas a años luz de allí.

Torció el gesto al observar que extrañas criaturas mecanoides comenzaban a trocear el fuselaje y a intentar desmontarla.

No lo permitiría. Sus bandas brillaron y formaron constructos energéticos que asemejaban una enorme pala de energía que barrió a los robots del casco.

Detrás de él, apareció una distorsión y varias de las criaturas trataron de atacarlo.

— ¡Vais a tener que hacerlo mejor!


Con un pensamiento, la energía quántica lo recubrió, formando una armadura entorno a él. Enfundado en esa armadura de puro poder, comenzó a golpearlos con sus propios puños. Sus disparos de plasma eran repelidos por su protección, aunque sus cortantes patas conseguían atravesar su barrera de energía.

—Creo que es hora de dejarnos de delicadezas—dijo Quasar, mientras formaba un espadón a dos manos que cortaba por la mitad a varias criaturas.

La aparición de una hermosa mujer, con un cabello blanco y una vestimenta gris metalizada le sorprendió.

— ¡Gracias por ayudarme!

Quasar puso cara de extrañeza.

— ¿Quién eres?

—Soy una proyección holográfica. Soy Nave, un vehículo sentiente. Mis sensores te identifican como Quasar, protector del Universo.

—El mismo, para servirte, Nave ¿Qué es lo que sucede?

Antes de que Nave pudiese responderle, algo llamó la atención de Quasar. Una explosión, que hizo saltar por los aires y dispersar por el vacio espacial, los componentes del tubo de acoplamiento entre naves. Una figura se sujetó al casco de Nave.

— ¡Es Peter! ¡Ayúdale!—le dijo Nave. Quasar notó un tono de preocupación en la voz de la inteligencia artificial.

Starlord se pegó a la superficie metálica, cuando una nueva criatura emergió de la nada. Maldiciendo su suerte, se preguntó si lograría acceder por la escotilla antes de que la hiriese. Para su incredulidad, unas enormes tijeras de energía seccionaron al robot en varias partes, dejando sus restos flotando.

Un aura protectora envolvió a Starlord, y lo introdujo en Nave, después el vengador fue tras él. Los sistemas de emergencia de la nave sentiente repararon con rapidez inusitada la compuerta dañada.

Peter se quitó su casco, respirando hondo.

—Casi no lo cuento ¿de dónde has salido tú?—preguntó intrigado.

—Soy Quasar, encantado —comentó haciéndole un gesto y ofreciéndole la mano en ayuda.

La femenina silueta de Nave apareció de repente.

—La nave intrusa se marcha.

— ¿Has podido analizarla?

— El escáner no puede atravesar su superficie. Su estructura parece compuesta de una aleación que inhibe las señales de los sensores.

—Mierda—soltó Starlord.

Por las pantallas de los monitores, vieron como se desvanecía por completo. Era evidente que ya era imposible de alcanzar.

Starlord se rascó la cabeza, y guardo sus pistolas en sus cartucheras.

—Así que eres Quasar, soy Starlord.

El vengador pareció sorprendido.

—Yo también he oído hablar de ti. Eres conocido.

— ¿Para bien o para mal?

Quasar se encogió de hombros.

—Depende a quien preguntes—afirmó él, esbozando una sonrisa.

Nave pareció alterarse por algo, y Starlord notó de inmediato que algo sucedía.

—Tenemos visita.

En el visor principal apareció la figura de una mujer con el uniforme de los Nova Corps. Era una centurión nova, de piel azulada. Una kree.

—Aquí la centurión Nova Ko-Rel. Quedáis detenidos por asalto a un crucero espacial—anunció en una retransmisión que los altavoces de Nave reprodujeron con claridad.

Starlord y Quasar intercambiaron una mirada.

—Lo que me faltaba por ver hoy…—comenzó a decir Peter.


Gamora se encontraba en una acalorada discusión con una pareja de hermanos Snarks, cuando notó que algo no iba bien. De inmediato, se llevó la mano a la empuñadura de su espada y se quedó callada. Los reptilianos le miraron sin comprender.

— ¿Acaso ya no somos dignos de tu atención, mamífera?—afirmó un Snark ofendido.

Mapache Cohete saltaba de una mesa a otra, haciendo equilibrios para que no se le cayese una enorme jarra de cerveza rigeliana y sintió que el vello de su nuca se erizaba. Tropezó y estuvo cerca de caer, pero la enorme mano de la criatura arbórea llamada Groot lo sujeto en el aire.

— ¡Yo soy Groot!

—Está pasando algo…—comenzó a decir Mapache, echando mano de su rifle de partículas.

Una serie de zumbidos y chisporroteos de energía y se abrieron distorsiones de donde brotaron docenas de criaturas. Los clientes del local entraron de inmediato en pánico, en el momento en el que unos seres de apariencia esférica, con inmenso ojo luminoso en el centro, caminando con cuatro patas, tres tentáculos, como pequeños látigos, comenzaron a lanzar descargas de rayos carmesí por su ojo. No eran las únicas criaturas que emergieron de las fisuras. Unas más grandes, con caparazones y patas arácnidas se lanzaron a atacar a quien se encontrase en su camino.

La llamada mujer más peligrosa del universo, se movió con soltura y sin nerviosismo alguno. Su cuerpo y su mente, actuaban por un instinto obtenido en miles de batallas y combates. Uno de los seres disparó, alcanzando a un kree y convirtiéndole en un montón de cenizas humeantes.

Gamora no se detuvo y de un de un solitario y certero golpe de su espada, partió por la mitad a uno de sus atacantes.

—Deja esto a los profesionales, mujer.

Se dio la vuelta para ver a Mapache disparando ráfagas con su arma de partículas, y haciendo volar por los aires a media docena de seres en apenas unos instantes. El alienígena, sopló el humo de su rifle, justo cuando unos tentáculos lo envolvieron sus pequeñas patas, derribándolo, y causándole un terrible dolor que le recorrió por todo el cuerpo.

Soltando un resoplido, Gamora saltó y hundió la hoja de su afilada arma en el centro de uno de los seres esféricos, empalándolo contra una de las paredes.

—Eso mismo te digo, deja esto a los mayores—dijo Gamora, cogiendo su bastón de combate de su espalda. Parecía una simple vara de metal, accionó un pequeño resorte en el centro, y fuegos de plasma ardieron en ambos extremos.

Con una habilidad innata, la movió con una destreza sin igual, derribando a dos de las criaturas de mayor tamaño.

—Hmmm eres buena, lo admito, lo admito.

Mapache se centró en la criatura atrapada, que se retorcía por liberarse de la espada de Gamora. El alienígena lo estudió con interés, analizando su estructura. El dolor que había sentido, los tentáculos eran similares a látigos neuronales que afectaban sin duda al sistema nervioso de sus víctimas. Retiró la espada y vio que el ser estaba partido por la mitad. Estudió su interior, apretando mucho la vista para no perder detalle. Eran algún tipo de creación, la mayor parte de su interior eran panales, compuesto de grandes células, como una batería, al igual que las rayas o las anguilas electicas terrestres.

— ¿Organismos artificiales? Interesante—dijo Mapache—. ¡Gamora! ¡Estas cosas son muy complejas! ¡Nunca había visto nada similar!


En ese momento, unas tenazas tenían sujeta a la mujer, aprisionando sus brazos. Una boca con dientes afilados como navajas, se abrió para recibir a Gamora. Justo cuando parecía que todo estaba perdido, unas enormes manazas de madera rompieron a la criatura en mil pedazos.


— ¡Yo soy Groot!—gritó el alienígena vegetal.

Gamora recuperó su espada y se plantó al lado de Mapache, mientras Groot aplastaba con sus patas a varias de las criaturas esféricas.

—Ya me había dado cuenta ¿sabes que pueden ser?

Mapache se rascó una de sus orejas y torció el morro.

—Creo que son máquinas vivas, una especie de robots bilógicos… Biots, me gusta esa palabra, creo que la patentare… hmmm

— ¿Robots bilógicos?

La mujer guerrera no tuvo tiempo de decir nada más, unas grandes manos rojas, pertenecientes a unos brazos musculosos y enormes, la agarraron por sorpresa y la arrojaron con una fuerza desproporcionada, haciéndole atravesar varias paredes, hasta acabar en el exterior.

Gamora, con sangre brotándole de la frente y con dolores en las articulaciones y la espalda, se incorporó de un salto. Lo primero de que fue consciente era de lo que sucedía a su alrededor. Montones de criaturas se dispersaban y avanzaban por toda la colonia, pero no estaban solas. Docenas de soldados de razas y mundos diferentes, fuertemente armados, les acompañaban. Apostaba lo que fuese a que se trataba de mercenarios. Una nave surcaba el cielo, vigilante. No pudo pensar más, pues del agujero que había en el muro de la Estrella Blanca, surgieron dos enormes y musculosos alienígenas, de piel roja. Eran idénticos. Gemelos.


—Mira, Yeik, hemos tenido suerte—dijo uno de ellos, relamiéndose.


—Es cierto, El-Gud, un regalo inesperado. La perra de Gamora. Será un placer matarla. Y gratis—contestó el otro, chocando con fuerza su puño con la palma de su mano.

Gamora se colocó en posición de combate con su espada y se preparo para su embestida. Sabía muy bien quiénes eran. Los Hermanos Sangre. Viejos secuaces de Thanos, el titán loco.

Ella dibujó una sonrisa y apretó la empuñadura de su espada. Les hizo un gesto con el dedo, desafiándoles a que se atreviesen a acercarse.


—Venid a por mí y veremos si sois lo bastante buenos.


Continuará...

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Referencias:

1 .- Hace muchooo tiempo, en la serie de los Vengadores de AT

 2 .- Cómo se vio en el vol. 1 de los 4 Fantásticos en AT
 3 .- Hechos no muy exactos contados en La Masa#11 vol. 1 de Forum del año 1983.
4 .- ¿De verdad que no sabéis quien es Thanos?
5 .- En Capitán Marvel de Jim Starlin.
6 .- En Silver Surfer #93 USA

1 comentario:

  1. Para mí las palabras “Guardianes de la Galaxia” me evocan recuerdos muy distintos a los del resto del mundo. Para mí siguen siendo esos misteriosos personajes que, a bordo de su gigantesca nave espacial, aparecían de repente procedentes del futuro para salvar a un niño y luchar contra una amenaza de nivel cósmico. Para mi siguen siendo Halcón Estelar, Martinex, Charlie-27, Nikki y compañía.

    Pero los tiempos cambias y hoy en día “Guardianes de la Galaxia” son sinónimo de un pícaro “pasado-de-vueltas” que se cree gracioso, un mapache malhablado, un gigantón verde simplón, un simpático monstruito y una asesina. Quizás este grupo tenga su público pero yo no me encuentro entre ellos. No me gustaban en el comic y me desagradaron igual en la gran pantalla.

    Cuando he visto que Miguel utilizaba concretamente esta última versión como protagonista de su historia tengo que reconocer que me he echado a temblar… pero luego la cosa no ha sido para tanto. Se nota que Miguel es un lector de comics “de la vieja escuela” y pronto encuentras referencias en los personajes y sus caracterizaciones que beben más de los versiones “anteriores a Bendis” que a las más recientes, haciendo el conjunto (para mí gusto) mucho más interesante. Además, los añadidos que el autor hace al grupo creo que resultan muy adecados, dando un toque mas “superheróico –clasico” a todo el conjunto.

    En sí, la historia no avanza mucho. Basicamente y en el espacio que tiene, el autor se limita a presentarnos a los personajes, modernizando algunos para hacerlos… más actuales y reconocibles. Y, naturalmente, da pinceladas de la misteriosa amenaza que los ha de reunir. Deseando estoy que llegue el segundo capítulo para ver la continuación de la historia.

    Respecto a la portada, Juanma Cañada es un crack con el que Action Tales tiene la suerte de poder contar de vez en cuando. La portada es espectacular y como “gancho” para el primer episodio funciona muy bien, mostrándonos únicamente los personajes más reconocibles para el gran público. ¡Qué gran trabajo!

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