Sobrenatural nº07


Título: Zombie Land (IV)
Autor: Federico Hernan Bravo
Portada: Kittrose
Publicado en: Julio 2017

La cuenta atrás para detener a Hades ha comenzado, Los Winchester y el Ángel Kalan tienen que lograrlo... O el mundo se convertirá en un  auténtico infierno.
Además, ¡el regreso de un viejo conocido!
Su familia tiene una tradición familiar: Son Cazadores de monstruos. Dean y Sean Winchester deben enfrentarse a todo tipo de criaturas sobrenaturales salidas de las más aterradoras pesadillas, recorriendo el país dando caza a los entres y criaturas más terroríficas.

Creado por Eric Kripke

 




1
Emboscada y una sorpresa inesperada


Caminaron y caminaron durante un buen rato por apestosos túneles repletos de ratas y cucarachas, hasta dar con una puerta de mantenimiento. Al abrirla, se toparon con un par de escaleras y decidieron subirlas. Nadie los detuvo; al parecer no pensaron en la necesidad de apostar vigilantes en ese sitio.

-Demasiado fácil, ¿eh? – comentó Dean.

Las escaleras los llevaron al sótano del museo. Entre grandes cajas de madera y estantes con cajones llenos de piezas históricas, los Winchester y Kalan buscaron el acceso a la planta superior.
Allí sí había un guardia. No era lo que tenían en mente.

-¿Eso es una momia? – Dean no lo podía creer. Una autentica momia aguardaba al lado de una puerta al piso de arriba, custodiándola.

-Hades ha puesto bajo su control a todos los muertos – dijo el ángel – Incluso, a aquellos que llevan mucho tiempo fallecidos.

-Bueno, éste no será problema para mí. Es pan comido – Dean alzó su arma.

-Espera – Sam lo paró – Si le disparas aquí dentro todo mundo se enterara que llegamos.
-¿Entonces?

-Sugiero el método tradicional.

Sam sacó un cuchillo enorme. Se acercó a la momia despacio, por su espalda. En un segundo la había apuñalado en la cabeza.

Pese a que la hoja filosa se ensartó sin trabas en el cráneo, la criatura continúo moviéndose. Resoplando, se volvió hacia el muchacho y le propinó un puñetazo.

Sam voló hasta el otro extremo de la sala. Aterrizó sobre una vitrina de exposición, destrozándola.

-Normalmente en el proceso de momificación les extraían el cerebro antes de ponerles las vendas – apuntó Kalan.

-Genial. ¡Podrías habérnoslo dicho antes!

La momia había divisado a Dean. Pese a llevar el anillo de la Muerte encima, aquella criatura era evidentemente diferente a las otras. Podía verlo. Renqueando con una rapidez inusitada para su decrepito estado, se acercó para matarlo. Él no lo pensó dos veces y usó su escopeta. Le voló el pecho y la mitad de la cara, pero el esperpento continuó moviéndose. Con sus fuertes manos, lo alzó y comenzó a estrangularlo.
Kalan intervino. Colocó una mano en el cadáver animado y lo incineró con su poder. En solo unos segundos, de la momia solo quedaban un montón de huesos humeantes y cenizas.

-¿Están bien? – les preguntó el ángel a los hermanos.

-¿Es una especie de chiste? – Dean se masajeó el cuello, dolorido. Sam se les unió, limpiándose de la ropa pedazos pequeños de vidrio que se le habían pegado. No estaba herido.

Un grito les dio cabal idea de que ya no contaban con el factor sorpresa. Seis demonios venían hacia ellos, furiosos.

-Adiós a la discreción – Dean sacó su cuchillo y lo usó contra los que lo atacaban. Sam y Kalan se unieron a la pelea y en un segundo, se había montado una terrible refriega.

Los Winchester y su nuevo amigo angélico lucharon con valor y decisión. Los demonios yacían desparramados donde caían. Para evitar que volvieran a alzarse de nuevo convertidos en zombies, los remataron dándoles tiros a sus cabezas.

La victoria parecía asegurada, pero entonces apareció el anfitrión de la fiesta en persona…

-Vaya, vaya. Miren quienes están aquí – Ankanoc sonrió. Extendió una mano y los Winchester salieron despedidos por el aire. Cayeron al suelo dándose un fuerte golpe – Los fastidiosos hermanitos cazadores. ¿Saben el error que han cometido al venir aquí?

Kalan enfrentó al demonio. Esgrimió su arma angélica.

-¿Kalan? ¿Qué demonios haces aquí?

-¿Qué no es obvio, Ankanoc? Fui enviado a detenerte.

-En tus sueños, ángel idiota.

Los dos se pusieron a luchar. Fue un combate durísimo. Prácticamente destrozaron toda la sala en la lucha. Parecía que Kalan ganaría aquel combate, pero un hábil movimiento de Ankanoc lo desarmó y lo puso a su merced. Robándole su arma celestial, el demonio lo apuñaló en el pecho con ella.

-Sayonara… imbécil.

Una potente explosión de luz se produjo. Kalan yacía en el suelo, extendido. Estaba liquidado. Las sombras en cenizas de unas alas inmensas se dejaban ver, saliendo de él.
-Muchachos, ustedes sí que tienen muy mala suerte – comentó Ankanoc, mordaz – Miren que perder dos ángeles en una misma temporada. Que fastidio.

El demonio iba a matar a los Winchester en ese momento. Hades se lo impidió.

-Detente – la voz del Señor de los Muertos sonó potente en el aire – Cambio de planes. No los mates. Tráemelos.

Ankanoc refunfuñó y se teleportó con los dos hermanos ante Hades.

-Bienvenidos, Sam y Dean – dijo éste, complacido – Esperaba que se nos unieran, aunque debo confesar que no tan pronto. Por favor, con confianza. Estamos entre amigos y ésta es su casa. Siéntense.

Dos sillas se acercaron solas, movidas por el poder de Hades. La misma fuerza invisible obligó a los Winchester a sentarse en ellas y los inmovilizó.

-Díganme, ¿en que pensaban al venir aquí? ¿En que iban a derrotarme, acaso?

-¡Vete al Infierno! – lo insultó Dean. Ankanoc le dio un puñetazo.

Hades rió.

-¿Qué te parece tan gracioso, Darth Sidious? ¿Por qué no muestras la cara? – lo siguió provocando

Dean. Pese a quedar desarmado, coraje no le faltaba – El look del monje encapuchado prescribió hace siglos, ¿sabes? ¡Anda! ¡Muéstranos tu feo rostro! ¡Queremos ver al que levantó a todos esos jodidos muertos y los puso a deambular por el mundo! ¿Qué esperas? ¡Vamos!

-Tentador. Muy tentador. Ya veo por qué mi hermano te aprecia, a su manera, Dean Winchester. Eres muy gracioso. En verdad.

-Maestro, si me lo permites, les daré muerte ya mismo – suplicó Ankanoc.

-Ni se te ocurra tocarlos – le advirtió Hades – Nuestros amigos aquí presentes son invitados a nuestra maravillosa fiesta de adoración religiosa- señaló hacia fuera – Mis fieles construyen un templo para mí ahí afuera. Dentro de poco, la obra estará acabada y podré ser debidamente adorado como lo que soy: el Dios de este mundo. Me honra contar con su presencia para este momento tan crucial de la historia.

Hades se levantó de su silla. Caminó hacia los dos cautivos.

-Me han causado muchos dolores de cabeza, chicos. Había pensado en eliminarlos directamente, pero tengo una idea mejor. Los usaré como sacrificio santificador para bendecir mi templo. ¿Qué les parece?

-¡Vete a la mierda!

Hades meneó la cabeza.

-No tienes remedio, Dean. Naciste maleducado y maleducado morirás. Admiro tu valentía, no así tu intelecto. ¿Crees que no sé del regalito que mi hermano te dio?

A una seña de su amo, Ankanoc le sacó el anillo de la mano. Hades lo tomó.

-Esto te protege contra los muertos de allá afuera. El anillo de la Muerte– Hades lo sostuvo, luego cerró el puño en torno de él y lo apretó. Lo hizo añicos en un segundo – Oh, ¡se ha ido! Que pena. Ya no eres más inmune a los muertos. Que triste.

-¡Maldito!

Dean intentó zafarse de la fuerza invisible que lo retenía pegado a la silla. Era imposible hacerlo.
Hades volvió a reír.

-Querían ver mi rostro, ¿no es así? – dijo – No veo por qué he de negarles ese honor – se tocó la capucha – Muy bien. Es hora de revelar nuestros secretos.

Se la sacó. Al quedar su cabeza al descubierto, los dos hermanos quedaron azorados.

-¿Muerte? ¿Eres tú? – preguntó Dean.

Efectivamente, bajo la capucha el rostro era el mismo que el de la Muerte: un hombre flaco y pálido, de cabello oscuro. Era prácticamente su calco.

-No – Hades sonrió – Soy su hermano. Su gemelo, para ser más exactos…



2
El destino de un viejo amigo
 
Parado entre los Winchester, vestido con una túnica negra y ya sin capucha, un hombre con el mismo rostro de aquel otro que encarnaba a la Muerte los miraba, divertido. Se llamaba Hades y era el Dios de los Muertos. Y ahora los tenía prisioneros sin posibilidad de escape.

-Mi hermano ha pecado de ingenuo – dijo – al pensar que ustedes me derrotarían. Oh, los conozco muy bien. Sé a cuantos eliminaron en el pasado: dioses, monstruos, demonios… pero les aseguro que ninguno se compara conmigo. Para nada.
Sonrió. Fue entonces cuando Dean se dio cuenta dónde radicaba la diferencia con su hermano.

-Ya sé por qué tu hermano no te quiere – le espetó.

-¿Ah, sí? Por favor, compártelo con la clase.

-Eres un cabronazo.

La sonrisa en el rostro de Hades no desapareció. Era inmune a los insultos, al parecer.

-Voy a sacrificarlos – advirtió – pero de uno en uno. Primero morirás tú, Dean, y después el bueno de Sammy. Vuestra sangre derramada bendecirá mi templo.

-¡Te patearé el trasero! ¿Me oyes? ¡Tócale un pelo a Sam y te voy a…!

-Dean, tu preocupación por tu hermano me conmueve, pero ya está todo decidido. Morirán en un bonito ritual y nadie va a impedirlo.

Dos nuevas momias aparecieron en escena. Tomaron a Dean de los brazos y lo aferraron con fuerza.

-Llévenlo a la torre. Será el primero en el sacrificio – Hades se volvió hacia Ankanoc – Llévate a Sam. Enciérralo y vigílalo hasta que lo solicite.

Ankanoc tomó al menor de los Winchester y se lo llevó con él.

-Estén tranquilos, muchachos. Muy pronto todo habrá terminado.

Las momias arrastraron a Dean fuera del museo. Un espectáculo digno de una pesadilla le esperaba: miles y miles de zombies apiñados allí,  trabajando en una construcción en el cercano Central Park. Una inmensa torre del tamaño de un gran edificio ya se levantaba a considerable altura. Hacia ese sitio lo llevaron las momias.

Dentro de la torre y tras ascender por los peldaños de una oscura escalera, lo arrojaron en una sala circular en la cima. Cumplida su misión, las momias se apartaron y se marcharon por una puerta.
Un vistazo a la habitación le reportó al muchacho muchos datos: las paredes de ladrillos desnudos estaban llenas de símbolos raros, crípticos. El lugar era ideal para sacrificar a alguien en algún ritual satánico.

Hades en persona no tardó en venir. Caminando con toda la tranquilidad del mundo le dirigió a su cautivo una sonrisa de oreja a oreja.

-Okey. Acabemos con esto – Dean se puso de pie. Lo enfrentó – Si voy a morir, que sea luchando.

-¡Pero mi querido Winchester! ¿A poco crees que yo me ensuciaría las manos con un simio como tú? No, no, no. Tengo pensado algo mejor… mucho mejor. De hecho, dejaré que un viejo amigo tuyo haga el trabajo.

Un zombie apareció, caminando lentamente. Llevaba una daga ceremonial en la mano. Al verlo Dean se quedó helado; el miedo, el autentico temor, le atravesó el cuerpo.

-Ah, veo que lo reconoces. ¡Bien! Eso hará más fáciles las cosas.

-No. No puede ser. ¡No puede ser! ¡Tiene que ser un error! ¡Un maldito error!

Pero no lo era. No había margen de dudas al respecto sobre la identidad del zombie. Dean sintió que se hundía en un pozo de desesperación… porque ahí parado, muerto pero caminando y con una daga filosa en la mano lista para matarlo, estaba su viejo amigo y colega, Bobby Singer.



Continuará....

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