Elseworlds Man of Steel nº17

Título: Forever (y III)
Autor: Federico Hernan Bravo
Portada: Moises Lopez
Publicado en: Febrero 2014

Ha llegado la hora de la batalla final. ¡La JLA contra la Legión del Mal! ¡Superman contra Brainiac! Y la leyenda del Hombre de Acero cambiará para siempre.
Un planeta condenado. Unos científicos desesperados. Su última esperanza. Una agradable pareja. El mayor héroe de todos los tiempos. El inicio de un legado. Esta es la historia de ...
Creado por Jerry Siegle y Joe Shuster

Resumen de lo publicado: Tras busca infructuosamente el desaparecido cuerpo de su padre, Thomas Kent termina enfrentándose al Ultra-Humanita, el antiguo enemigo de Superman, quien confiesa que la autoría de ese hecho. Sólo gracias a la oportuna llegada de la Liga de la Justicia puedieron derrotarle. Pero la Legión del Mal, el grupo de enemigos de Superman y aliados de Ultra-Humanita, no van dejar que eso quede así y se disponen a liberarlo de Stryker Island.

Duelo de poderes

Las alarmas sonaron en Stryker Island cuando la Legión del Mal atacó el lugar. La policía de la penitenciaria intentó hacerles frente, pero fue inútil: los villanos eran imparables.

Rock, un humanoide de gran envergadura y músculos enormes, destrozó con el peso de su cuerpo la primera valla de la prisión y le allanó el camino al resto de sus compañeros. Pese a que la policía abrió fuego contra él, las balas rebotaron en su duro cuerpo de roca viviente sin causarle daño alguno.

Detrás suyo vino Atomic Skull, quien atacó emitiendo devastadores rayos de energía que hicieron estallar todo por los aires. Mientras la prisión se incendiaba, la calavera atómica se reía a carcajadas complacido por la destrucción que ocasionaba.

Su risa no duró mucho. Power Girl apareció volando a toda velocidad y de un puñetazo demoledor hizo trizas al cráneo humeante que hacía las veces de cabeza del terrible personaje. Decapitado, Atomic Skull cayó al suelo vencido.

Rock quiso vengar a su compañero. Atacó a Power Girl a traición asestándole dos contundentes golpes. Cuando iba a aplicar el golpe de gracia, una flecha de color verde atravesó el aire y se clavó en su hombro derecho. Rock rugió y la manoteó con intención de sacársela, pero unos explosivos incorporados en su punta de acero detonaron, llevándose con la subsiguiente explosión la mitad del gigantón.

-¡Buen tiro, Oliver! – festejó Flash. Flecha Verde preparó otra flecha más para disparar, apuntando al siguiente objetivo. En éste caso, el elegido fue Riot.

El villano cuya cara pintada como una calavera blanca y que recordaba muchísimo a un cantante del grupo Kiss, dio rienda suelta a sus poderes y se multiplicó convirtiéndose en muchos. El desconcierto de Oliver fue total, cuando una multitud de Riots avanzaron y no supo a cual disparar.

-Te simplificaré las cosas – avisó Flash y echó a correr a supervelocidad en dirección de los duplicados. A medida que iba pasando entre ellos, le propinaba sendos golpes a cada uno en la cara.

Uno a uno, los Riots quedaron derrumbados en el piso, dejando un tendal de cuerpos. Cuando ya solo quedaba uno –el Riot original, dedujo Flash– Oliver apuntó y le arrojó una flecha. Certera, se clavó en su pecho, abatiéndolo.

El festejo por la nueva victoria tendría que esperar. Power Girl cayó victima del ataque del Parásito. Abrazándola por sorpresa, el ser de piel morada comenzó a drenarle su energía vital, dejándola al borde de la muerte.

-¡Hum! ¡Delicioso! – comentó cuando abandonó su cuerpo en estado agónico – ¡Ésta nena estaba cargada de chispa!

-¡Maldito! – Flash corrió hacia él. Lo rodeó, convertido en un tornado rojo, propinándole una lluvia de golpes. Al Parásito, con la súper-energía que había tomado de Power Girl, le bastó con uno solo y el velocista de traje escarlata salió volando por el aire, mal herido.

Oliver le arrojó varias flechas explosivas, pero no sirvieron de nada. El Parásito había ganado parte de los poderes de Power Girl y por ende, era casi invulnerable a esas cosas. Se disponía a matar al arquero esmeralda cuando Tom apareció en escena y lo azotó con una ráfaga razante de su visión calórica…

-¡Que bien! ¡Más energía y calentita! ¡Gracias!

Para sorpresa de Tom, el Parásito chupó la energía de la emisión de calor y se volvió más fuerte. Conectó un puñetazo en el joven Superman, sacándoselo de encima y se volvió hacia Oliver, dispuesto a terminar el trabajo interrumpido.

-¡Tu turno, arquerito!

Los abrazó con sus poderosos brazos. Oliver intentó escapar, pero el Parásito comenzaba a tomarle la vida.

-¡Hey, sanguijuela! ¡Ven aquí! – le gritó Tom, volviendo a la carga – ¿Quieres energía? ¡Yo te la daré y gratis!

La oferta le pareció tentadora al Parásito, que soltó a Oliver antes de vaciarlo por completo y fue tras él.

-¡Cuando Superman se murió, me privó de tomar su energía! ¡Ahora me conformare con robártela a ti!

-¡Es toda tuya! ¡A ver cuanto puedes tragar sin indigestarte!

Tom le disparó otra ráfaga de visión calórica a máxima potencia. El Parásito la absorbió de inmediato y su cuerpo morado creció y creció, alimentado por ella.

-¡Thomas! ¿Qué haces? ¡Le estás dando poder! – gritó Flash, recuperándose de la golpiza recibida.

-¡Es justo lo que quiero! ¡Que se de un buen atracón!

El cuerpo del Parásito creció más y se hinchó. Reía a carcajadas, extasiado, mientras seguía alimentándose… hasta que llegó a un tope.

Convertido en una cosa abotargada púrpura, el supervillano se desplomó lleno de energía. Excedido totalmente, había que decir. Ya no volvería a la acción. La indigestión que sufrió lo dejó fuera de combate.

Solo faltaba un enemigo más, pero parecía que a Obsession se la había tragado la tierra. ¿Dónde había ido?


Dentro de la prisión de Stryker, Ultra seguía acompañado de Batman, quien montaba guardia en la puerta de la habitación donde estaban. El ruido de la batalla en el exterior parecía haber cesado.

-Ya falta poco – dijo Ultra – Vienen por mí. Nada los detendrá.

El Hombre Murciélago lo miró con severidad.

-Si esperas que tus secuaces te rescaten… - empezó a decir, cuando fue interrumpido por la puerta de la sala arrancada de sus goznes y Obsession entrando a su encuentro.

-¡Al fin! ¡Que gusto volverte a ver, Dana! Batman, te presento a Obsession. Ella tiene la vista de Heimdall, la fuerza de Hércules, la velocidad de Mercurio y el poder de Zeus. ¡Dale a éste murciélago una muestra de tu poder, querida!

El puño de Obsession chocó contra la cara de Batman. El encapotado rodó por el aire y cayó en el piso. Ultra rió, complacido.

-Bien hecho. Ahora, libérame.

Pero Obsession no le obedeció. Se acercó a él con el puño en alto.

-Lo siento, Ultra. Tengo órdenes de Brainiac. Él está al mando ahora.

Ultra se quedó helado. Obsession planeaba aplastarle el cráneo de un puñetazo, pero una mano se aferró con fuerza en torno a su muñeca y le dobló el brazo para atrás. Tom había vuelto. Su accionar evitó de alguna manera la muerte segura del villano.

-¡Batman! ¿Estás bien? – preguntó, mientras detenía a la chica con toda su fuerza aplicándole una llave.

-Estoy bien – el Caballero de la Noche se levantó del piso, adolorido pero intacto – Ya no tengo los mismos reflejos que antes, parece – murmuró.

Flash y Flecha Verde se les unieron.

-¿Dónde está Power Girl?

Oliver negó con la cabeza.

-No lo consiguió – dijo – El Parásito la atacó y le drenó la energía vital… falleció hace un momento.

Batman bajó la vista, serio.

-Maldición – masculló.

-Por suerte, Tom dio cuenta de esa sanguijuela – dijo Flash – Y por lo que veo, ahora capturó al pez que faltaba.

-¡Suéltenme! – ordenó Obsession. Intentó liberarse, sin éxito. Tom no la soltó.

Batman se volvió hacia Ultra.

-Parece que tu socio en el crimen usurpó tu puesto de líder de la Legión del Mal. Que pena.

El simio albino lo miró con odio.

-Nos ha dicho lo que necesitábamos saber – Batman se dirigió ahora a sus compañeros– Solo nos falta encontrar el escondite de la Legión y atacar. Creo que podrás colaborar con eso, “querida”.

Obsession le escupió en la cara.

-¡Nunca! ¡No les diré nada! ¡Antes muerta que decirles algo!

-Oh, no hará falta – intervino Ultra, deprimido – Yo les diré lo que ansían saber.

-Otra vez te muestras muy colaborador con nosotros – observó Batman, de forma irónica – ¿Podemos intuir que te motiva un deseo irrefrenable de vengarte de Brainiac y de tus viejos secuaces por su traición en contra tuya?

-Que listo que eres, Batman – Ultra se mofó de él – Pero tienes razón. Veo que las lealtades de algunos han cambiado – le dirigió a Obsession una mirada cargada de rencor– Les daré la ubicación del cuartel de la Legión e información sobre la maquina que Brainiac pretende construir. Todo, a cambio de que maten a ese traidor extraterrestre.

-Empieza a cantar, Ultra. Somos todo oídos.


Secretos Revelados

La pérdida de Power Girl fue un duro golpe para la Liga de la Justicia y en especial, para todos sus componentes. Pese a eso, no había tiempo para lamentarse: conocida la ubicación exacta de la guarida de la Legión del Mal, Wonder Woman mandó un equipo compuesto por Linterna Verde, el Capitán Marvel, el Detective Marciano y el Hombre Halcón a hacerse cargo de la situación. Para su desgracia, parecía que Brainiac resultó más listo de lo que creían. Cuando llegaron a los pantanos de Louisiana, no encontraron nada. La nave oscura con forma de cráneo había desaparecido.

Se utilizó entonces todo el avanzado equipo de detección satelital de la Atalaya para hallar alguna pista de su posible paradero, no obteniendo ningún resultado satisfactorio. Fuera cual fuera la técnica, Brainiac escondía muy bien su nave de ojos curiosos.

La Liga se reunió en torno a su mesa de debate, una vez más, para discutir el asunto:

-¿Podría ser que Brainiac hubiese abandonado la Tierra? – preguntó Diana.

-No. Monitorizamos cualquier posible viaje interplanetario que surgiera de la Tierra y no se ha producido ninguno. Además, mi anillo me avisaría si tal cosa hubiera pasado. Su nave sigue aquí, oculta de alguna forma – dijo Hal.

-¿Qué sabemos respecto a la maquina que pretende crear? ¿Qué fue lo que Ultra les contó sobre ella?

-Al parecer, se trataría de un arma terrible y definitiva que utilizaría la energía acumulada del cuerpo de Superman durante sus años aquí en la Tierra – informó Batman – Le he pasado los datos e indicaciones que Ultra nos dio a Acero, para que nos muestre una simulación computarizada.

Acero, un hombre de piel negra embutido en una armadura de metal, conectó un proyector de hologramas. Tom miró con suma atención a la simulación que fantásticamente se desplegó ante sus ojos, en el centro de la mesa.

-Según el diseño que Ultra-Humanita especificó, así podría verse el arma terminada – explicó Acero – Solo puedo deducir por su forma que se trataría de un emisor energético de alguna clase, con un alcance planetario. Para fines prácticos, Brainiac podría estar creando un autentico “Rayo de la Muerte”, utilizando como batería central el cuerpo de Superman.

Hubo murmullos en la sala. Tom bajó la vista y cerró los ojos. Sentía la ira crecer en su interior. Ira contra Brainiac por profanar de esa manera el cuerpo de su padre. Ira por que su accionar le costó la vida a Power Girl. Ira porque al parecer, el coluano no pretendía dominar la Tierra, sino destruirla.

-Suena espantoso – Diana estaba muy seria – ¡Tenemos que encontrar a la Legión antes de que usen ese arma!

-He hecho algunos cálculos – siguió explicando Acero – Al ser activada, el arma emitirá un pulso electromagnético. Podemos rastrear ese pulso y seguirlo hasta su fuente de origen.

-¿Me estás diciendo que debemos dejar que la Legión utilice ese arma para poderlos así rastrear de una buena vez?

Se hizo el silencio. Acero titubeó. Miró a Batman. El encapotado asintió.

-Puede ser nuestra única oportunidad de hallar a Brainiac. Se revelaría al fin la posición de su nave – dijo.

-Hablamos de permitirle a nuestros enemigos usar algo que mataría a millones de personas…

-Puede que no tengamos más opción que esa – intervino Batman – A mi tampoco me cae en gracia dejar que Brainiac actúe, pero ya has oído a Acero. Una vez que lo haga, podemos rastrear su nave e ir directo hacia ella… y acabar con esto definitivamente.

Silencio de nuevo. Todas las miradas convergieron en Wonder Woman. Ella ponderó la situación.

-Que Hera nos ayude – dijo al fin – Está bien. Si no hay mas opciones… que entonces, así sea.


Metrópolis.Poco tiempo después…

-…Ésta fue otra emisión de “WGBS Informa”. Que tengan todos ustedes buenas noches.

Sonó la música de la cortina del noticiero. Un productor anunció “¡Fuera del aire!” y Pete Ross se relajó visiblemente. Comenzó a recoger sus cosas y le echó una mirada a su compañera.

-¿Todo bien, Lana?

-Sí, sí, claro. ¿Por qué lo preguntas? – Lana había estado medio dispersa durante toda la emisión. Era evidente que tenía algún problema.

-Te noto extraña. ¿Tienes algún problema?

-No, no… Nada que no tenga solución, Pete – sonrió y se marchó del estudio apresuradamente.

Su amigo y compañero no lo sabia, pero una tormenta estaba desatándose en su alma… y tendría consecuencias inmediatas.

-Chloe, ¿has visto a Tom? – le preguntó cuando se la encontró en un pasillo.

-No muy seguido. Últimamente anda faltando mucho. Creo que no anda bien de salud.

-¿Tú crees?

-¿Por qué otra razón no vendría a trabajar?

Lana no respondió. Tenía sus reservas al respecto.


Abordó a Thomas apenas lo vio en la redacción de noticias de WGBS. Parecía que ese día sí había acudido al trabajo.

-Tenemos que hablar – le dijo.

-¡Oh! ¡Lana! ¿Qué tal? Hum… sí, claro… ¿Qué sucede?

-Aquí no. En privado. Sígueme.

Tomado por sorpresa, Tom siguió a Lana hasta un depósito que hacía las veces de archivo del canal de televisión. Allí, entre estanterías llenas de videocintas guardadas en sus estuches, la chica lo encaró.

-¿Dónde te fuiste luego de que entramos en ese callejón, cuando los monstruos atacaron? – disparó.

-Yo… er… - Tom titubeó. Trató de recordar qué le había dicho como Superman, respecto a sí mismo – Pues… el nuevo Superman llegó y me llevó a un lugar seguro en otra parte, sí.

-¿Y me dejó a mí sola en el callejón? ¿Por qué no nos llevó a ambos en un principio? ¿Por qué a ti solo?

Silencio. Thomas tragó saliva.

-Es curioso que tú te fueras y entonces él llegara. ¿No crees?

-Pues… ¿Qué puedo decir? – se encogió de hombros. Lana lo miró, suspicaz. Existía una sola forma de comprobar si su idea no estaba errada, si sus emociones no le mentían.

Lo besó.

En la boca.

Thomas se quedó helado… y al momento se derritió. Los labios de Lana sabían a miel con canela. La estrechó entre sus brazos y se dejó llevar por la pasión. Cuando ella se separó, él casi gimió protestando.

-Lana, ¿Qué…?

¡PAF! El cachetazo fue bastante sonoro. Los lentes de Tom le quedaron torcidos sobre la cara. Sorprendido, miró a Lana. Ella lo observaba enojada.

-¡Lo sabia! – exclamó. – Tenia esa sensación… sabía que cuando ese Ultra-Humanita me controló mentalmente yo había besado al nuevo Superman. Lo sentía en lo más hondo de mí ser. ¡Y ahora confirmo mis sospechas! – lo señaló. – ¡Eres tú! ¡Al besarte tuve la misma sensación! ¡Tú eres Superman!

Thomas tartamudeó. Intentó una excusa patética, pero Lana no le creyó. Tuvo que admitir la verdad.

-Está bien – dijo, dejando de fingir y sacándose los lentes – Sí, lo soy.

-Todo éste tiempo… ¿Solo fingías ser Thomas Kent?

-No. Soy Thomas Kent, hijo de Clark Kent y de Lois Lane. Superman es… solo otra identidad.

-Pero eres hijo del Superman original. ¿Entonces eso quiere decir que Clark Kent era…?

Lana abrió los ojos como platos, ante tamaña conclusión. Él decidió tomar la posta y explicarle todo, antes de que la cosa se desmadrara.

-Déjame contarte toda la historia, por favor. Así no habrá ni conclusiones precipitadas, ni confusión.

-Te escucho. Empieza a hablar ya mismo.


Media hora más tarde, Lana y Tom tomaban un café en algún bar de Metrópolis, como si nada. Pese al enojo que sentía al principio, ella escuchó toda la historia de Tom hasta el final y no puedo menos que maravillarse. Resultó un relato fascinante.

Tom no había omitido detalle alguno. Le habló de su padre, el Superman original, de cómo conoció a su madre, como vino él (Thomas) al mundo, como aparecieron sus superpoderes y como cuando Doomsday mató a su progenitor, él decidió continuar con su legado de Verdad y Justicia, defendiendo esos valores como si fueran propios.

También le habló sobre sus pesquisas para hallar al ladrón del cuerpo de su padre, de adonde tuvo que ir y a quienes vio. Para el final, dejó el relato pormenorizado sobre su encuentro con la Liga de la Justicia y su lucha contra la Legión del Mal.

Cuando acabó de hablar, el enojo que Lana sentía por el engaño se transformó en una suerte de empatia por él. Al fin de cuentas, estaba solo en el mundo, sin padres y tratando de hacer el Bien. Decidió que ir corriendo a contar la primicia al noticiero y soltar la bomba no seria lo más adecuado, y menos ahora que se avecinaba una guerra contra el Mal. Por eso, ya más relajada y con pleno conocimiento de todo, accedió a tomarse un café con él.

-Es curioso – comentó ella, en un momento dado.

-¿Qué cosa?

-Que tú y yo no sostuviéramos antes una charla coherente, en WGBS. ¿Te puedo preguntar por qué tienes que hacerte el despistado o el torpe cuando es patente que no eres ni uno ni lo otro?

-Ah, pues… Quiero desviar la atención. Supuse que si era perfectamente predecible, un don nadie, no atraería miradas indiscretas.

-Pues te falló – Lana sonrió. Sorbió despacio su café – Me imagino que debe ser difícil… digo, todas esas veces en que Lombard te molestaba y gastaba bromas pesadas. ¿Cómo hiciste para no darle una buena paliza?

-Fuerza de voluntad – Tom esbozó una semi-sonrisa.

-Te admiro. Ese tipo es repelente.

Se produjo el silencio. Por un largo rato, ambos aprovecharon para mirarse a los ojos directamente.

-Lana, de verdad, lo lamento – dijo él – Sé que no obré bien ocultando este secreto, pero compréndeme… de alguna forma, seguí una tradición familiar.

-No creas que no me molesta haber vivido todo éste tiempo en la ignorancia – respondió ella – Pero puedo decirte que te entiendo. Tienes un gran peso, una enorme responsabilidad por delante.

Él suspiró.

-Y yo seria muy egoísta y una mala persona si diera a conocer la verdad. Por ilógico que suene, de ésta mentira sale un gran bien. No puedo simplemente venir y desplomarlo todo como a un castillo de naipes. No seria decente para contigo.

-¿Eso quiere decir que… guardaras el secreto?

-Eso quiere decir que ahora que sé la verdad entiendo todo: tus ausencias al trabajo, tu carácter, tu angustia, tus preocupaciones… todo. Y me da otra perspectiva del asunto – suspiró – Sí, guardaré tu secreto. Creo que si alguna vez sale a la luz tendrás que ser tú quien lo revele. Es todo.

Sonrió. Él le devolvió la sonrisa, mas aliviado. ¡Al fin algo de paz en todo ese caos que era su vida! Al menos, ya no tendría que fingir más. No con Lana.

Se encontró mirándola a los ojos otra vez. Esos ojos… eran tan hermosos, tan exóticos.

Como toda ella.

Lana se dio cuenta del tenor de su mirada y se sonrojó. Lo cierto era que él no estaba tan mal. Para sus treinta y tres años de edad, Thomas se veía como si fuera más joven.

Él iba a decirle algo, pero entonces se quedó petrificado. Una figura alta y enfundada en una capa verde oscuro con capucha lo miraba desde el otro extremo del salón. Al parecer era invisible para el resto de la gente.

-¿Sucede algo? – inquirió Lana. Siguió la dirección de sus ojos, pero no vio nada fuera de lo usual.

-Tengo visitas.

El misterioso encapuchado le hizo ademán de que lo siguiera. Salió del bar atravesando una pared, intangible.

-Escucha, Lana: debo irme.

-¿Es por algo de la Liga?

-Sí. Me solicitan. Yo… yo quería darte las gracias por todo. Por escuchar y comprender. Significa mucho para mí. En verdad, muchísimas gracias.

-No tienes que darlas. En serio.

Tom depositó un tierno y rápido beso en su mejilla y salió tras El Espectro. El fantasma lo esperaba en un callejón cercano al bar, en silencio.

Su aspecto era imponente y sombrío. Bajo la capa y la capucha había un hombre pálido y a la vez como iluminado por una luz proveniente de un ambiente no-terrenal.

-Espectro – dijo Tom – ¿Qué sucede?

-Thomas Kent, la Liga te solicita en la Atalaya.

-¿Hay alguna novedad respecto a Brainiac?

-Sí. Ha comenzado su ataque…


La Batalla Final

La sala de monitores de televisión en la Atalaya era inmensa. Prácticamente, desde aquel sitio se podía sintonizar cualquier canal del mundo que estuviera en ese momento al aire.

En ésta ocasión, todas las imágenes en las pantallas de cristal líquido mostraban lo mismo: noticieros. Y todos y cada uno de ellos, en su idioma, daban buena cuenta de lo que había acontecido.

Tom observó y escuchó, junto a Wonder Woman y Batman. El resto de la Liga aguardaba más atrás, oyendo también la noticia que heló los corazones del mundo entero: la destrucción de Kansas.

-…Informes preliminares reportan un millón de muertes – decía el presentador de noticias de la CNN, mientras de fondo desfilaban imágenes de los campos de maizales secos, ganado y personas muertas – La extraña energía mortífera se extendió por cientos de kilómetros. Todo el estado de Kansas, parte de Nebraska, Iowa y Missouri se convirtieron en un páramo desolado. Se han perdido no solo vidas humanas y animales, sino que también se perdieron las tierras de cultivo. La esterilización de la zona agraria del país ha puesto a la nación y por extensión al mundo, al borde de un colapso económico sin precedentes. En tanto, en la Casa Blanca, el Presidente ha…

-Basta – dijo Diana. El Detective Marciano apagó los televisores.

Se hizo un largo silencio entre los presentes. Todos aguardaron las palabras de su líder. La princesa Amazona cerró sus ojos, conteniendo las lágrimas de desesperación, angustia y rabia. No podía demostrar flaqueza frente a sus tropas ahora. Se volvió hacia Acero.

-¿Hemos rastreado la nave de Brainiac? – preguntó.

-Afirmativo. Tenemos las coordenadas de su ubicación. Aterrizó y se instaló en el corazón de Kansas, cerca de un pequeño pueblo llamado Smallville.

Los ojos de todos se volvieron en dirección de Thomas. Éste sentía la sangre hervir en sus poderosas venas. Brainiac pagaría esto… él se encargaría de que así fuera.

-Muy bien. Prepárense todos. Partimos hacia allá ya mismo.


En mitad de las desoladas tierras de Kansas, libres ahora de todo vestigio de vegetación, la nave oscura con forma de cráneo yacía posada bajo los abrasadores rayos del Sol. En su interior, Brainiac se regodeaba en el resultado de su primer ataque a la Tierra.

-…El numero de victimas se incrementa a cada rato – dijo un hombre en una pantalla de televisión – En otro orden de cosas, el macro-atentado ya tiene responsables: un grupo subversivo de metahumanos que se hacen llamar a sí mismos “La Legión del Mal”. A la cabeza de ésta asociación terrorista, estaría el invasor extraterrestre conocido como Brainiac…

La pantalla se apagó. Con una sonrisa gélida en su verde rostro, Brainiac se volvió hacia sus secuaces.

-Nuestro Rayo de la Muerte ha sido todo un éxito – anunció – Los índices de mortandad son los esperados. Y son solo el comienzo; el resto de éste planeta aguarda probar el mismo trato.

-Pensé que dominaríamos éste planeta, no que lo destruiríamos – señaló Máxima.

-Mis prioridades nunca fueron dominar éste mundo – admitió el coluano – La Tierra solo representa una ofensa para mí. La destruiré junto con sus habitantes en venganza por la humillación que Superman me dispenso en el pasado.

Brainiac hizo una pausa. Miró a la impresionante maquina que había construido. En el centro de ella, yacía el cuerpo de Superman perfectamente conservado dentro de un ataúd de cristal. De su cuerpo eran extraídas grandes cantidades de energía, mismas que luego se usarían para irradiar al resto del mundo, provocando la muerte instantánea de sus habitantes.

-El mayor héroe de éste planeta, convertido en la pieza clave para su destrucción. Que irónico.

Una alarma comenzó a sonar de repente. El Cyborg comprobó las pantallas de seguridad. Una aeronave se acercaba velozmente a su posición.

-Parece que tenemos compañía – dijo – ¡La Liga ha venido!

-Sorprendente, aunque previsible. Estaba esperando su ataque.

-¿Qué hacemos? – preguntó Banshee – Solo quedamos Máxima, Cyborg y yo.

-Más que suficientes para acabar con ellos. Vayan y elimínenlos. Yo debo programar la maquina para su nuevo objetivo inmediato: la Costa Este de los Estados Unidos.


La aeronave de la Liga se acercaba a su objetivo. La nave oscura ya estaba a la vista delante de ellos. Como una garrapata bizarra, su domo sobresalía sobre la yerma planicie que alguna vez supo ser verde.

-Tres objetos voladores acercándose a nuestra posición – anunció Acero, en los controles junto con el Detective Marciano.

-¿Misiles?

-Negativo. Son tres supervillanos. Vienen volando a nuestro encuentro.

-Marvel, Hombre Halcón, Linterna Verde. Esos son suyos – ordenó Wonder Woman – El resto, viene conmigo. Nosotros entraremos directamente en la nave de Brainiac.

Los tres superhéroes designados salieron volando por su cuenta de la aeronave al encuentro de sus enemigos y los enfrentaron.


Edificio de Naciones Unidas. Al mismo tiempo.

El Secretario General de la ONU, Maxwell Lord, miró a los representantes de todos los países del mundo reunidos en la Sala de Conferencias. Empezó su discurso:

-Como bien saben, la situación de Kansas puede volverse a repetir. Ésta Legión del Mal no parara hasta hacer lo mismo con cada país de nuestro planeta. ¡Tenemos que tomar medidas urgentes! Por eso, por el poder que me ha transferido el Presidente de la Nación, tengo la facultad de aprobar el uso de armamento nuclear.

Airadas voces de protestas se alzaron en el recinto. Cada representante quería hablar al mismo tiempo…

-¡Es inaceptable!

-¡Morirán muchos civiles!

-¡Habrá colosales incendios!

-¡Debe haber otra manera de…!

-¡Escúchenme y entiendan! – pidió el Secretario General – No es racional preparar tácticas nucleares en el corazón de mi país. ¡Pero estos tiempos no son racionales! ¡Es un punto crítico en la existencia humana! ¡Ese Brainiac está dispuesto a extender el manto de muerte por todo el mundo! ¿Y entonces que vamos a hacer? ¿Eh? ¿Entonces, qué?

Silencio. Los delegados de cada país se miraron entre sí. Ninguno atinó a decir nada.

-La única opción de que las futuras generaciones recuerden ésta ultima opción de la humanidad, es asegurándonos que existan futuras generaciones. Ataquemos ahora que podemos. Dios nos ayude.


Instantes después de finalizada la reunión y aprobado por el voto de la mayoría el uso de armamento nuclear, el Secretario General se dirigió a su oficina privada. Apenas cerró la puerta de su despacho, la persona sentada tras su escritorio habló.

-Has hecho un excelente trabajo, Maxwell. Las generaciones futuras siempre lo recordaran y te lo agradecerán.

-Eso si las hay – replicó el político, aflojándose la corbata – Escucha, Lex: he seguido tus indicaciones. Van a usar un misil nuclear contra ese Brainiac. ¿Estás seguro que ésta maniobra es la correcta?

Lex Luthor II se puso de pie. Vestía de traje blanco. Se paró al lado de una ventana y le echó un vistazo al exterior.

-Creelo, Max: es el único camino que hay. Brainiac es un ser peligroso. No podemos dejarlo continuar con vida.

-Pero, ¿y el nuevo Superman? ¿Y la Liga de la Justicia? Ellos han ido para allá y no les hemos advertido nada sobre el ataque nuclear a la región.

-Perdidas aceptables – Lex se encogió de hombros – y no puedo dejar de decir que beneficiosas. Sin esa pandilla de bienhechores insoportables, seremos libres de poder proseguir con nuestros negocios sin molestias.

El Secretario General no dijo nada. Lex sonrió y se volvió hacia él.

-Ahora, pasemos a la siguiente cuestión – dijo – ¿Qué resortes debo mover para convertirme en el próximo Presidente de los Estados Unidos?


Hal Jordan se enfrentó al Cyborg. Su viejo enemigo estaba tan contento de verlo que decidió bajar a tierra para luchar con él. Linterna Verde le siguió. El lugar elegido para el combate serian las calles de Smallville. El otrora pueblo natal de Clark y Thomas Kent yacía ahora como cualquier ciudad abandonada después del desastre de Chernobyl: calles desiertas y sucias, árboles pelados y por supuesto, cadáveres. Montones de cadáveres tirados por todas partes, victimas del Rayo de la Muerte de Brainiac.

Como en una película de Cowboys, el Cyborg y Hal se enfrentaron cara a cara en un duelo en la calle principal del pueblo.

-Jordan. ¡Que gusto volver a verte! Pensé que jamás volvería a tener el placer de luchar contigo una vez más…

-Ésta vez será diferente, Cyborg. ¡Pagaras lo que hiciste en Coast City!

-Ah, cierto. La ciudad que destruí. Es verdad. Ya me había olvidado de ella. ¿Era tu hogar, no? Una pena. Aunque fue divertido volarla en pedazos.

El Cyborg rió. Hal frunció el ceño.

Un viento helado barrió la desierta calle. Un montón de periódicos pasó rodando por el suelo.

-Acabemos con esto – dijo Hal – Solos tú y yo. Como debe ser.

-Claro – el Cyborg extendió su mano izquierda. La mutó en un arma – Que sea un duelo justo… y que gane el mejor.

Disparó una ráfaga de fuego. El asfalto bajo los pies de Hal estalló. El Linterna Verde dio un brinco. Tomó una breve distancia y contraatacó con el poder de su anillo. Una ráfaga de energía esmeralda azotó al Cyborg, arrojándolo contra una pared.

-Buen golpe – el villano se recuperó. Volvió a hacerle frente – ¡Aunque no te servirá de nada!

En ésta ocasión, el brazo entero del Cyborg mutó a una nueva arma de diseño futurístico. Apuntó a Hal con ella y disparó.

La explosión arrastró al Linterna Verde y a media Smallville con ella. Un colosal incendio se desató en el pueblo fantasma. Pensando que había vencido a su rival, el Cyborg se descuidó; fue lo que Jordan necesitó para volver a la carga, ileso de entre las llamas. Su anillo verde le había protegido.

-Eres un tipo duro, Jordan. Me agradará matarte… tanto casi como la vez que volé en pedazos Coast City.

-Ya no mataras a nadie. ¡Nunca más!

El superhéroe esmeralda voló hacia él. El Cyborg hizo lo mismo. El choque resultante entre los dos titanes provocó otra gran explosión que destruyó ésta vez la calle.

Cuando el humo se asentó. Los dos combatientes volvieron a ser visibles. El Cyborg ahorcaba con una llave de lucha a Hal mientras se burlaba de él.

-¡Vamos, Jordan! ¡Al menos defiéndete!

Él le hizo caso y se lo sacó de encima de un empujón. Conectó un derechazo en su quijada y luego otro golpe en su pecho. Con el anillo creó una filosa hoja de cuchilla y lo atravesó con ella.

El Cyborg se quejó y retrocedió. Echaba chispas por la zona dañada. Hal no le dio tiempo a nada y le descargó un izquierdazo. La mandíbula de metal del ser mitad maquina, mitad orgánico salió desencajada de su cara, destrozándose.

-¡Pagaras lo que hiciste! – Jordan le dio otro derechazo. No lo dejaba respirar, siquiera– ¡Todas y cada una de las vidas que cegaste en Coast City!

Lo aferró del cuello. El Cyborg se revolvió, inútilmente.

-¡No puedes matarme, Jordan! – su voz emergió, distorsionada pero clara – ¡Eres un héroe! ¡Tú no matas a nadie!

Hal vaciló. Era verdad. El Cyborg se dio cuenta del éxito de su treta y rió.

-Llevame preso – siguió fanfarroneando – total, ¿Qué importa? ¡Escaparé! ¡Nada puede detenerme! ¡Así como con Coast City, Brainiac y yo haremos trizas las ciudades del mundo! ¡Destruiremos la Tierra! ¡No quedara nada! ¡Solo cadáveres y carcasas!

Aquello era demasiado. Hal cerró los ojos. Ese genocida maniático no mostraba nada de arrepentimiento. Si alguna vez existió algo de humano en él, había muerto hace rato.

-Sé que se supone que vaya a arrepentirme de hacer esto el resto de mi vida – dijo – Pero no lo creo.

¡KRACK! La cabeza del Cyborg fue torcida en un ángulo imposible. Hubo chispazos y convulsiones. Finalmente el cuerpo cayó sin vida, desactivado.

Hal contempló su cadáver, agotado. Había matado a un enemigo por primera vez y en su interior trataba de convencerse que fue el único camino que pudo tomar. La única y última opción que le quedó.

El ruido cercano de un trueno le dio la pista de cómo les había ido a sus compañeros. Lo comprobó al reunirse con ellos: Banshee yacía a los pies de Marvel, inconsciente, y Máxima detenida por el Hombre Halcón. La Liga había vencido a la Legión del Mal.

Solo faltaba derrotar a Brainiac…


Wonder Woman y su equipo penetraron en la nave oscura. Luego de atravesar algunos corredores tortuosos, encontraron a Brainiac frente a la Maquina de la Muerte.

-Bienvenidos – les dijo, mirándolos complacido – Celebro su llegada a ésta, su ultima batalla.

Tom divisó el cuerpo de su padre en el ataúd de cristal. Estaba en perfecto estado. Era como si Superman durmiera. Sintió la ira crecer de nuevo en su interior.

-¡Maldito! – gritó Diana, alzando una espada – ¡Es tú final! ¡Ríndete! ¡Ahora!

-Me temo que no.

Brainiac extendió ambas manos hacia ellos. Llevaba adosados a sus palmas dos dispositivos de tecnología avanzada. Los activó.

La Liga de la Justicia fue azotada por dos tremendas descargas de energía. Los héroes volaron por los aires y se estrellaron contra las paredes de metal de la nave. Solo El Espectro y Tom continuaron de pie; el primero porque la energía lo había atravesado sin hacerle daño y el segundo, porque se cubrió con ambos brazos, resistiendo como puedo la descarga.

-Vaya. Interesante. Mis cálculos no habían previsto ésta variante – dijo Brainiac – pero es sumamente interesante.

El Espectro lo miró con severidad. Tom esperaba que fuera el primero en atacar, pero no ocurrió así; el fantasma se limitó a desvanecerse en el aire, desentendiéndose así de la pelea.

Solo quedaba Thomas.

Sin miedo, enfrentó al extraterrestre.

-¡Devuélveme a mi padre, maldito! – le espetó.

-Pobre híbrido patético – lo insultó Brainiac – Tu padre me humilló al derrotarme. Ahora, mía es la venganza. Apártate de mí o morirás también.

-¡Nunca!

-En ese caso…

Brainiac levantó una sola mano. El potente rayo de energía salió disparado.

Cuando estuvo a punto de alcanzar a Tom, en el último instante una figura se interpuso, sirviéndole de escudo: Wonder Woman.

-¡Diana!

La ráfaga impactó en ella de lleno. Se desplomó malherida en el piso. Tom la sostuvo entre sus brazos.

-¡Diana! ¿Por qué?

-Thomas… porque… no puedo permitir… que mueras – susurró ella. Le salía sangre de la boca y tosía – Yo… ame mucho a tu padre… fue un amor no correspondido… él en realidad amaba a tu madre… pero no importa… ¡Tú no puedes morir!

-¡Diana, aguanta! ¡Te llevaré a un hospital!

-¡No! Detén… detén a Brainiac… Detenlo antes de que…

Wonder Woman enmudeció. Exhaló y falleció.

-¡¡DIANA!!

El grito de furia de Tom provocó ecos en el salón. Cerca, Batman y el resto de la Liga (que se recuperaban del primer ataque) se quedaron pasmados por lo ocurrido.

-Pobre, pobre hembra terrestre – se mofó Brainiac – Con gusto haré que todos la acompañen en el olvido.

Tom lo miró con odio. Aquello que lo refrenaba cedió. Moviéndose a supervelocidad atropelló al extraterrestre y atravesó junto con él el casco de la nave. Ambos fueron a parar al desolado yermo que había alrededor. Sin perder tiempo, se trenzaron a golpes de puño.

El resto de la Liga iba a unirse en la refriega, pero Batman no lo permitió.

-Es solo entre el chico y él – dijo – Tenemos trabajo que hacer aquí. Acero, procede a desmontar ésta maquina. Flash, ayúdalo. Aquaman, Wildcat, ustedes recojan el cuerpo de Diana. Llévenlo a nuestra nave – se volvió hacia el Detective Marciano – Encárgate del cuerpo de Superman. Sácalo de aquí.

-¿Tú que harás, Bruce? – le preguntó Flecha Verde.

-Tú y yo nos ocuparemos de colocar los explosivos en ésta nave para dejarla inutilizada para siempre. ¡Vamos, en marcha!


La pelea entre Brainiac y Thomas proseguía. El coluano no dudó en utilizar sus dispositivos de energía para eliminar al hijo de Superman, pero luego de una gran explosión, un furioso Tom emergió del cráter abierto en el suelo sin ningún rasguño, lanzándose al ataque.

-Peleas bien – declaró Brainiac – Sin duda, eres un digno hijo de tu padre. ¡Pero no podrás ganarme!

-¡Mírame!

Tom usó su visión de calor. Dio de lleno en el rostro de Brainiac. El alienígena retrocedió. La mitad de su rostro resultó quemada.

Furioso, el coluano azotó con potentes descargas al joven Superman, provocando poderosas explosiones que levantaron fragmentos del suelo en cada embate. Satisfecho, Brainiac vio cómo Tom salía malherido de su ataque.

Con el traje azul desgarrado y sin la capa –se había evaporado por el fuego– miró al extraterrestre a la cara. Pese a la quemadura inflingida en su rostro, Brainiac sonreía.

-Es tú fin – declaró. Extendió una mano y se dispuso a ejecutarlo de un certero disparo.

Agotado, Thomas cerró los ojos, pero los volvió a abrir de inmediato.

Brainiac gritaba de dolor.

La causa era El Espectro. Habiendo aparecido de la nada, el fantasma había enterrado su intangible mano en el pecho del extraterrestre y le apretaba el corazón.

-Tú locura ha llegado lejos – dijo – Es hora de que pagues con tu alma los crímenes que has cometido.

Brainiac jadeó y El Espectro cerró su puño. El corazón del alienígena reventó.

Cayó muerto en el acto.

Batman y el resto de la Liga se unieron a la escena.

-¡Corrigan! ¡Pensé que nos habías abandonado, viejo! – exclamó Flecha Verde. La figura encapuchada y sombría le miró.

-Yo nunca abandono a nadie. Soy la Ira de Dios, Su brazo ejecutor. Cuando el Juicio fue pronunciado en las alturas, lo he ejecutado. El extraterrestre merecía morir y el momento para que eso ocurriera era ahora, no antes.

Batman ayudó a Tom a sostenerse de pie.

-¿Cómo estás?

-He tenido días mejores.

-Oigan, chicos. ¿Qué es eso que se acerca allá a lo lejos por el cielo? – preguntó Flash.

Nadie lo sabia, excepto Tom. Fijó su visión telescópica y lo vio: un misil nuclear.

-¡Es una bomba atómica! – dijo – ¡Han arrojado una bomba atómica!

La sangre de todos se heló en sus venas. ¡No había tiempo para eludir al misil que se acercaba!

Linterna Verde –que quien junto al Capitán Marvel y el Hombre Halcón habían vuelto después de derrotar a lo que quedaba de la Legión del Mal– miró en dirección al pájaro cargado de muerte y evaluó la situación: Tom estaba débil y no podría hacer nada. Marvel tal vez podría detenerlo, pero seria mortífero para él. En lo que respectaba a él mismo –Hal Jordan– sabía que la carga de su anillo estaba a punto de expirar. Solo le serviría para detonar la bomba en las alturas y contener la radiación. Nada más. Ni siquiera podría protegerlo de morir atomizado.

“¡Que diablos! Alguien tiene que hacerlo”, pensó, “mejor que sea yo”.

-Chicos, ha sido un gusto pelear junto a ustedes – se despidió.

-¿Hal? ¿Qué vas a…? – Flash se quedó con la palabra en la boca.

Jordan levantó vuelo y fue al encuentro del misil en el aire.

-Ni en el día luminoso, ni en la noche más oscura, el mal no escapara de mi acoso – comenzó a recitar el juramento de los Linternas Verdes mientras se lanzaba en picada contra el misil – Quienes confían al Mal su suerte, que teman mi poder… ¡LA LUZ DE MI LINTERNA VERDE!

Se produjo un destello esmeralda. Todos contuvieron la respiración.

La bomba explotó a gran altura. El anillo de Hal contuvo la mortal radiación y el fuego atómico y los disipó, pero para su desgracia, ese fue su último gran acto heroico.

No volvió a bajar.

Batman, Thomas, Flecha Verde, Flash, Wildcat, Acero, Aquaman, el Hombre Halcón, el Capitán Marvel y el Detective Marciano rindieron su homenaje póstumo al héroe permaneciendo en silencio. El Espectro, tan misterioso como siempre, se esfumó en el aire.

A espaldas de la Liga de la Justicia detonaron los explosivos colocados en la nave de la Legión del Mal, destruyéndola. Se acababa así una gran amenaza para siempre.


Despedida

La batalla contra Brainiac y la Legión del Mal se ganó con sudor, lagrimas y sangre. Las muertes de Diana y Hal fueron sorpresivas, pero su sacrificio no sería en vano. La Liga honraría al héroe esmeralda con un funeral hecho en la Atalaya, al que asistieron sus viejos compañeros del Cuerpo de los Linternas Verdes. Mientras que Diana fue llevada a Isla Paraíso para una ceremonia fúnebre Amazona a la que asistieron su madre y sus hermanas. Thomas también estuvo allí; presentó sus respetos a la mujer maravillosa que dio su vida por él en combate.

Solo quedaba una cosa por hacer y Tom junto a Batman la encararon: el destino del cuerpo de Superman.

Ambos se reunieron más tarde en la Atalaya frente al ataúd de cristal donde yacía el cuerpo, intacto. Batman se sacó la capucha, sorprendiendo a Tom al revelarle su verdadera identidad: se trataba de Bruce Wayne, el millonario más conocido de Gotham City, un hombre ahora mayor de recio porte y cabello blanco por las canas. Le sonrió con tristeza y le apoyó una mano en el hombro.

-¿Qué hacemos ahora? – le preguntó Tom.

-No podemos devolverlo al cementerio. El cuerpo contiene todavía grandes cantidades de energía acumulada en su interior. Podrían volver a repetir el experimento y usarlo para el mal.

-¿Entonces…?

Batman miró hacia un ventanal cercano. Divisó la Tierra y tras ella, el Sol.

-Debemos ponerlo en el único lugar que alguien como él se merece. Un sitio donde ningún villano o fuerza del mal lo alcance.

Thomas siguió la dirección de su mirada y comprendió.

-Quiero despedirme de él, antes de hacerlo – dijo – ¿Me concedes unos minutos a solas?

Batman asintió y se retiró. A solas, Tom se arrodilló frente al ataúd de cristal y rezó en silencio.

El Espectro se materializó a su lado; una figura alta y sombría envuelta en su capa verde oscura. Sin embargo, su rostro reflejaba en ese momento lo contrario a lo que representaba usualmente: en vez de la Ira de Dios, ahora reflejaba Su infinita misericordia.

-Dime, ¿algún día volveré a verlo? – le preguntó Tom.

-“Muy verdaderamente les digo: la Hora viene, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan hecho caso vivirán…” – recitó de la Biblia – “No se maravillen de esto, porque viene la hora en que todos los que están en las tumbas conmemorativas oirán Su voz, y saldrán…”

-¿Qué significa eso?

-Que la muerte nunca es un final, Thomas Kent. Es solo el principio. Lo sé por experiencia, creeme.

Tom suspiró.

-Ojala tuviera tus certezas al respecto…

El Espectro lo sorprendió al sacarse la capucha. Debajo, había un hombre de cabellos rojos con una franja blanca en un costado. Lo observó, sonriendo.

-“…Pero la Esperanza que se ve no es Esperanza, porque, cuando el hombre ve una cosa, ¿la espera? Pero si esperamos lo que no vemos, seguimos aguardándolo con aguante” – recitó de la Biblia de nuevo – No pierdas la esperanza, Tom. Nunca. Ni ante la muerte.

El Espectro desapareció. Thomas meditó sobre aquellas sabias palabras mientras observaba el cuerpo sin vida de su padre.

-Nunca podré expresarte con palabras cuanto te amo y cuanto te agradezco por haberme dado la vida – le dijo – Fuiste el mejor padre del Universo. Gracias por hacerme el hombre de bien que soy, por estar siempre ahí cuando te necesité. Por enseñarme mí camino en la vida y creer en mí. En suma, gracias por haber sido simplemente mi papá – unas lágrimas rodaron por sus mejillas. Las dejó fluir – Hasta siempre.


Instantes después, Thomas llevaba por el vacío del espacio el ataúd de cristal hacia el Sol. Se acercó lo más que pudo y lo arrojó a su caliente superficie. Lo vio desaparecer entre las purificadoras llamas y con una ultima oración en su corazón, lo dejó.

Volvió a la Tierra.


Epilogo: La nueva vida de Thomas Kent

Metrópolis. WGBS-TV. Poco después…

Tom entró en la redacción de noticias de la WGBS como de costumbre. Ya no se lo veía triste sino sereno. Había salido templado como el acero después de la experiencia vivida. Una nueva etapa comenzaba en su vida…

-¡Atájala, Kent! – dijo Steve Lombard y le arrojó su pelota de fútbol americano. En ésta ocasión, Tom la atajó sin problemas.

-Creo que esto es tuyo, Steve – se la devolvió con fuerza. Lombard –que estaba sentado en su silla, reclinado– la atajó, pero del golpe que se dio, se cayó para atrás patas para arriba ante la carcajada general de todos en la redacción.

Tom caminó hasta su escritorio, silbando por lo bajo y esbozando una semi-sonrisa.

-Esa fue buena, Tommy – le dijo Chloe, guiñándole un ojo.

Lana apareció. Se acercó a ellos de inmediato.

-Hey, Tom. Hoy te ves muy bien.

-Gracias. Tú también te ves muy bien hoy – comentó él. Chloe abrió la boca, sorprendida. Lana sonrió ante el pícaro cumplido.

-Hola, Lana – Lombard, el pesado de siempre, intentaba ligar con ella otra vez – ¿Qué tal si salimos ésta noche al cine? Y después podemos ir a…

-Lo lamento, Steve. Thomas y yo ya tenemos planes para ésta noche. ¿Verdad, Tom?

-Por supuesto – dijo él – ¿Paso a buscarte a los ocho a tu apartamento, como acordamos?

-A las ocho, así es – Lana sonrió. Lombard no se lo podía creer. Pestañeó perplejo, y se dio la media vuelta. Se fue, derrotado.

-¡Pero miren nada más! – exclamó Chloe, divertida – ¿Cuándo pensaban decirme ustedes dos que estaban saliendo juntos, eh?

-Pues… no lo hemos hecho – admitió Lana – Todavía no. Hasta hoy.

Miró a Tom con dulzura. Él le devolvió la mirada con igual gesto de cariño.

-¿A las ocho? – le preguntó.

-Por supuesto – le contestó ella.


Edificio de LexCorp.Al mismo tiempo.

Lex acababa de despedirse de los periodistas que asistieron a la conferencia de prensa organizada en el lobby del edificio. Su próxima campaña presidencial ya estaba en marcha.

Apenas entró en su oficina, una bruma negra recorrió el suelo y se elevó en el aire, enfrente de él.

-El plan está en marcha, mi Señor – dijo Lex a la sombra – Todo como usted lo planeó.

De la bruma surgió una figura grande, con ojos color rojo. Su cara era un rostro pétreo e inescrutable. Su sola presencia infundía respeto y temor.

-No podía ser de otra manera – dijo el ser oscuro – Aunque es solo la primera etapa de mi plan. Ya llegaran otras. Hay tiempo.

-¿Puedo preguntar cuanto hemos de esperar la llegada de Apokolips, mi Señor?

El ser de sombras sonrió. No era una sonrisa benevolente ni pareciera estar acostumbrado a ese gesto, pero lo hizo: sonrió.

-Pronto, muy pronto. Ya está en camino hacia este sistema solar – informó.

-¿Y la Liga de la Justicia? ¿Y el nuevo Superman? Perdonadme el atrevimiento, pero, ¿no os estorbaran?

-Ninguno de ellos podrán hacer nada. Poco pueden hacer los héroes de éste insignificante planeta ante la furia de DARKSEID.

El cruel amo de Apokolips se disolvió en bruma oscura otra vez. Lo ultimo que Lex vio antes de que desapareciera, fueron sus ojos rojos.

Brillaban como ascuas encendidas.


En el Sol, algo increíble sucedía.

Su superficie en llamas se agitó. Hubo un burbujeo y finalmente, una erupción solar se produjo. Una figura de traje azul y capa roja surgió, volviendo a la vida, rejuvenecido y más poderoso que nunca.

Con una gran sonrisa en su rostro, Superman voló hacia la Tierra, listo para proseguir con su eterna lucha contra el Mal.


Fin

2 comentarios:

  1. "¡Que no les engañe ese “fin” del final! ¡Las aventuras del Hombre de Acero continuaran y mas pronto de lo que creen!

    Quiero darle las gracias a mi amigo Roberto Cruz por permitirme publicar mis relatos en Tierra-53 y a la gente de Action Tales también. Y, por supuesto, gracias a ustedes, los lectores, por seguir fielmente mis historias.

    ¡Aquí no acaba la historia! ¡Hay mucho más Superman para rato! ¡Atentos todos!

    Abrazos y besos!

    FEDERICO H. BRAVO"

    Comentario publicado originalmente por el autor con fecha 06/02/2014

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  2. “ELSEWORLDS MAN OF STEEL es una de las series más longevas y regulares de la página, con un incansable Federico Hernan Bravo que lleva, con este número, más de dos años ofreciéndonos su particular visión del universo de Superman (y nosotros hemos cometido el crimen de comentar públicamente muy poquitas de esas historias. Ha llegado la hora de subsanar ese error). Con fuertes reminiscencias al universo “Smallville la serie de TV” en sus comienzos, poco a poco ha ido evolucionando hacía otras versiones más “canónicas”, ofreciéndonos al mismo tiempo un repaso a la hipotética vida del personaje, viendo su crecimiento y madurez (¿se dice así?) como si de una personal real se tratase. Le hemos crear su identidad heroica, afianzarla, iniciar su relación con Lois y llevar esa relación a sus lógicas consecuencias y un probable final… todo ello rodeado de grandes dosis de aventuras y acción, dignas de una serie protagonizada por el Hombre de Acero. Y cuando todos habíamos pensado que con una aventura como “Forever” que parece construida para reivindicar la figura de Thomas como nuevo “Superman”, llevándonos al “final lógico” al que parecía ir todo… Federico nos sorprende con ese espectacular final, lleno de épica y emoción. ¡Y encima nos adelanta que hay mucho más!!! ¡Ganas tenemos de ver que con nos sorprende a partir de ahora!

    Respecto a las portadas de esta serie, han sido muchos los autores que han pasado por ella, todos con gran calidad: Dani Mendoza, Edgar Rocha, Alfonso Pinedo, Jose Baixauli, Moises Lopez… Es muy difícil quedarse sólo con uno de ellos. Esta serie ha tenido la suerte de tener un baile mínimo de autores a lo que portadistas se refiere (muchos han realizado varias portadas seguidas) y eso se agradece, pues daba a cada saga una “uniformidad gráfica” que enriquecía el resultado final.”

    Comentario que publiqué con fecha 22/02/2014

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