Motorista Fantasma y Kamen Black Rider nº10


Título: Capítulo 10
Autor: Luis Guillermo del Corral
Portada: Pako Domínguez
Publicado en: Febrero 2017

¡Bajo Nueva York, tiene lugar una batalla que busca evitar la perdición de todo un mundo! El tiempo se acaba y los campeones de la Justicia no tienen tiempo que perder, pero Birugenia no cesa de poner obstáculos en su camino...
Stan Lee y Action Tales presentan
 

 




  El Espíritu de la Venganza dirigió su ósea mirada a Kamen Rider Black con una pregunta que no necesitaba coagularse en irritadas palabras.
 
—He sufrido demasiadas veces el poder de Birugenia. Lo conozco. Esto —alzó la pobre imitación—, es una burda falsificación.
 
— ¿Pero entonces donde está el verdadero? —se quejó el Motorista Fantasma. Como en tantas ocasiones, una sombra de premura acechaba su ánimo. La tenebrosa certeza de que a cada paso dado, se les acababa más y más el tiempo para derrotar al enemigo a quien se enfrentaban en aquella ocasión.
 
—En uno de los almacenes del sótano —dijo Puño de Hierro—. La organización de la exposición decidió que era demasiado valioso para exhibirlo de forma abierta. Lo que me gustaría saber a mi es que hacia esa especie de jaguar erguido aquí.

 —A eso puedo responder yo —replicó Kamen Rider Black—. Te he visto luchar. Sentiría tu poder. Y no queriendo arriesgarse, Birugenia lo envió a él.
 
El campeón de otro mundo no preguntó cómo sabía el artista marcial donde hallar el auténtico Birusable. Lo sospechaba. Y además, había interrogantes más urgentes a los cuales hallar solución. Sentía la justicia en los actos de Puño de Hierro. Eso era lo que contaba.

 —Perdemos el tiempo —se quejó el Motorista Fantasma—. Puño de Hierro, llévanos hasta ese sótano.




En contra de sus temores, el almacén se hallaba relativamente intacto. Era un espacio pequeño y atestado de cajas y estantes marcados con etiquetas de todas las formas y tamaños. En el suelo, junto a una cota de malla caída, se hallaba el cadáver de un guardia de seguridad. Un charco de sangre se acumulaba bajo su cuerpo, brotando de las múltiples heridas en su cuello.
 En un rincón había una caja de madera reducida a diminutas astillas, finas como agujas. En una de las paredes, había un agujero en el suelo, con el diámetro justo para que pasara un hombre fuerte. Un confuso borrón sanguíneo se dirigía del cadáver al agujero y se perdía en sus claustrofóbicas tinieblas.
 
Puño de Hierro se llevó la mano al cuello. Tomó aire y exhaló un prolongado suspiro.
 
 —Me encantaría acompañaros, pero otros deberes me reclaman. Alguien ha de lidiar con las autoridades e informar de lo ocurrido. Y procurar que la exposición siga adelante. Buena suerte.
 

Kamen Rider Black estrechó la mano que el arma viviente le tendía. La estrechó con firmeza y asintió con energía.
 

 —Veo que este mundo no está falto de campeones dignos y honorables. Ha sido un orgullo conocerte.
 

 —Lo mismo digo... amigo —El héroe le tendió la mano al Espíritu de la Venganza. Este estrechó la mano del otro héroe como se hace a alguien de quien se reconoce su valía.
 

—Si puedes, habla con el Doctor Extraño. Dile lo que ha ocurrido. Que no pierda de vista el escudo.
 
 

 
Bajo el museo
Cloacas de Nueva York

Los secuaces de Birugenia lamentaban su suerte. Los dos mutantes que les habían acompañado se hallaban ausentes. Su amo había decidido dejar a nueve de ellos detrás para retener a los héroes. Sabían que no podían derrotarles. Pero Lord Birugenia les mantenía esclavizados de un modo que no entendían.
 
Sencillamente, eran incapaces de huir. Su miedo a los héroes era tal que el impulso de huir les empujaba contra los héroes. Su desgraciada idea era destruirles para así dejar de temerles.
Se hallaban escondidos tras un montón de basura imposible de identificar. En las apestosas tinieblas, solo el sucio eco del arroyo de basura líquida (que no agua) daba una engañosa idea de lo claustrofóbico de aquella obstruida arteria de la ciudad.
Solo podía contar con su propia habilidad que no era poca. Las armas que habían empleado tras desertar de la Mano se habían quedado con el resto del grupo. Eran prescindibles y lo sabían.
 
El túnel que había excavado el mismo Lord Birugenia comenzaba en el techo de la cloaca. Habían perdido la noción del tiempo varias veces ya, cuando algo cambió en aquel pozo negro de basura y descomposición.
Por el túnel apareció el extremo de una cadena, apenas dos palmos de eslabones que oscilaron como un badajo descompuesto y huérfano de campana. Pasaron unos segundos más hasta que aparecieron las figuras que esperaban. Un motorista cuya cabeza era un cráneo llameante y un humanoide negro que hacía pensar en un saltamontes erguido.
Contuvieron el aliento. El líder del grupo hizo una ansiosa seña para que detuvieran el impulso de abalanzarse sobre los héroes. Quizás pudieran seguirles y atraparlos entre dos fuegos cuando alcanzaran a lord Birugenia. El Motorista Fantasma recuperó la cadena al tiempo que Kamen Rider Black  se llevaba el dorso de las manos a la cara.
 

 — ¡MULTIOJO! —El sucio entorno de la alcantarilla se reveló en sanguíneas sombras de tonalidad carmesí, con aquello que la componía cercado por fugaces siluetas blancas.
 

Los ninjas atacaron una fracción de segundo después de que la vista reconstruida del ciborg les descubriera escindidos como cucarachas tras la acumulación de porquería al extremo de la cloaca. El ciborg rechazó a los dos que iban en cabeza con una única patada. El Motorista fantasma saltó, estrellando sus puños contra quienes avanzaban desde atrás.
 
 La alcantarilla era  tan ancha como tres hombres hombro con hombro, aunque con estrecheces. Uno de los ninjas se colapsó con la mandíbula desencajada y rota. A pesar del miedo que les inspiraban los héroes, el terror causado por su amo era todavía mayor y lucharon con todo su empeño.
 
 — ¡Servís a un malvado! ¡No tenemos por qué luchar! —Black esquivó un puñetazo y se agachó, recibiendo una patada que le arrojó contra la pared de la alcantarilla.
 

— ¡No seas tan inocente! ¡Pelea o serás derrotado! —Al tiempo que amonestaba a su acompañante, el espíritu de la Venganza golpeó a un ninja mientras este saltaba, rompiéndole varias costillas. El hombre cayó como un peso casi muerto, salpicando a sus compañeros al tiempo que hacia tropezar al resto de los que estaban en pie.

Fue una lucha confusa, absurda y caótica. Los ninjas de Birugenia peleaban sin esperanza de victoria. Los héroes peleaban con contención, reprimiendo su poder. Necesitaban a uno al menos en condiciones de hablar para averiguar todo lo que pudieran de Birugenia y sus planes.
La paupérrima iluminación lo convertía todo en una movediza sombra llena de gemidos de dolor, salpicaduras y el chillido de ratas escabulléndose del combate.
 
Kamen Rider Black esquivó una patada a su cara sin moverse del sitio. Agarró el pie con una mano y lo apartó a un lado, arrojando al ninja contra la pared que él mismo había golpeado. El ninja quedó noqueado al instante.
 

— ¿Queda alguno en pie?
 
 El cráneo llameante se volvió hacia él. Su dueño tenía a uno de los secuaces de Birugenia sujeto por el pecho. El ninja lloraba aterrado. Se sacudía con débiles espasmos, como queriendo huir de un enemigo que le acosara. Pero no tenía fuerzas para ello. Ya no.
 

 —Este era el último... y hablará. Porque si no lo hace, experimentará de nuevo el poder de la Mirada de Penitencia. Hasta que diga lo que sabe.
 

El defensor de otro mundo se estremeció. ¿En qué mundo se hallaba que precisaba de campeones tan terribles como el Motorista Fantasma? ¿A qué clase de peligros se enfrentaban en nombre de la Justicia? Tenía preocupaciones más inmediatas y en ellas se centró.
 

El ninja comenzó a hablar. De hecho, reveló que tenía órdenes de hacerlo si era capturado. Cuando acabó, el Motorista Fantasma le dejó caer en el rio de inmundicia.
 

— ¿Cómo puede nadie ser tan arrogante?
 
 —En mi mundo, solo yo me oponía a sus designios —respondió Kamen Rider Black
 
 —Ya veo. Vamos. Hay inocentes que salvar.


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